Las prendas hablan: cómo investigar desapariciones en colectivo
La séptima generación de la UIP con Marcela Nochebuena (Foto: Adriana Kong).

¿Cómo dar seguimiento a un hallazgo cuando la cobertura se concentra en el momento? Esa fue la pregunta que atravesó la clase magistral de la periodista Marcela Nochebuena, quien presentó Las prendas hablan a los estudiantes de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de CulturaUNAM. La investigación colaborativa sigue el rastro de la desaparición y el reclutamiento forzado en torno al rancho Izaguirre, en la localidad de Teuchitlán,  en Jalisco, donde el colectivo Guerreros Buscadores documentó la operación de un centro de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación.

El proyecto —realizado por Animal Político, Zona Docs, A dónde van los desaparecidos y la organización Tejer Red— surgió tras el hallazgo de prendas y artículos personales en ese sitio, en marzo de 2025. La cobertura mediática de la mayor parte de los medios de comunicación se concentró en documentar el momento: recorridos, conferencias y la exhibición de objetos.

Pero, como planteó Nochebuena, el reto para el equipo de periodistas era otro: “¿Qué más podemos hacer para darle seguimiento y que no se pierda?” Porque, después del impacto inicial, lo que queda es el vacío.

El punto de partida para la investigación fue la información difundida por la Fiscalía del Estado de Jalisco, que tras el hallazgo publicó un catálogo con fotografías y registros de cientos de prendas y objetos personales encontrados en el rancho. La intención era que familiares pudieran identificar pertenencias. Sin embargo, ese esfuerzo no fue suficiente.

El archivo —presentado en formatos como listados y bases de datos— resultaba “intransitable para las familias”, señala Nochebuena, ya que no contaban con los recursos o las herramientas necesarias para consultarlo y navegarlo.

Además, la publicación de este listado por parte de las autoridades abrió más preguntas que respuestas sobre quiénes habrían pasado por ese lugar y en qué condiciones.

Fue entonces cuando el sociólogo y programador Ángel Abundis, integrante de Tejer Red —un colectivo que desarrolla herramientas tecnológicas de código abierto para documentar, analizar y acompañar procesos vinculados a la desaparición de personas—, transformó esa información en una plataforma digital que permite a las familias hacer búsquedas de prendas por tipo, color o características.

A partir de esa herramienta, los equipos periodísticos construyeron una ruta propia. Diseñaron un formulario dirigido a familiares y colectivos , en el que podían registrar qué prenda reconocían, a quién pudo haber pertenecido y en qué contexto había ocurrido la desaparición de esa persona.

“Lo que pretendíamos era sistematizar esa información”, explicó Nochebuena, “pero también convertir esos datos en historias”.

Marcela Nochebuena durante una ponencia sobre análisis de prendas en investigación forense
Marcela Nochebuena explica cómo se construyó el proyecto Las prendas hablan (Fotografía: Adriana Kong)

Lo que revelan las prendas

El nombre del proyecto no es casual. “Las prendas nos están diciendo cosas que la fiscalía no”, explicó Marcela Nochebuena, reportera de Animal Político.

Los objetos dejan de ser solo indicios y se convierten en una forma de evidencia narrativa, hablan de trayectorias, de ausencias y de lo que no ha sido esclarecido, relató la periodista. 

Aunque la intención inicial era reconstruir el circuito de la desaparición, la información obtenida permitió identificar patrones: personas jóvenes, desapariciones en estados cercanos a Jalisco y, en varios casos, ofertas de trabajo engañosas que derivaron en posibles reclutamientos forzados.

De ese proceso surgieron al menos cinco historias, publicadas en una serie de reportajes. En ellas, las familias cuentan que tras reconocer ciertos objetos con características específicas —una mochila, una cangurera—, y reportarlos ante las autoridades, no obtuvieron respuesta.

El reconocimiento visual no se tradujo en certeza legal: no hubo pruebas científicas, como ADN, que pudieran confirmar la identidad de los objetos ni su vínculo con las personas desaparecidas. “Nadie tenía plena certeza de que su prenda hubiera sido identificada”, señaló la periodista.

Frente a ese panorama, la pregunta no es solo qué investigar, sino cómo hacerlo. “Las omisiones no se cuentan como lista, se cuentan a través de las historias”, dijo, pero esas historias no existen sin quienes las sostienen.

La investigación periodística también documentó fallas institucionales, por ejemplo, el manejo del sitio por parte de las autoridades —incluida la intervención del entonces fiscal general Alejandro Gertz Manero— que generó cuestionamientos: la apertura del rancho al público pocos días después del hallazgo, la falta de resguardo de evidencias y el traslado de las prendas a Ciudad de México sin mecanismos claros para las familias.

“El lugar mismo debe ser considerado una evidencia”, explicó Nochebuena, en referencia a lo señalado por especialistas.

A esto se suma la opacidad en las respuestas brindadas por las Fiscalías de Jalisco y la Fiscalía General de la República (FGR), a las solicitudes de transparencia realizadas por el equipo de periodistas y la falta de seguimiento a los casos reportados por las familias. Incluso, algunas personas señalaron que prendas vistas en transmisiones o recorridos ya no aparecían en el catálogo oficial.

Marcela Nochebuena conversa con estudiantes sobre el uso de prendas como evidencia en investigaciones
Nochebuena con estudiantes e invitados a la clase magistral (Fotografía: Adriana Kong)

Contar en colectivo

Para Nochebuena, este tipo de investigaciones no pueden llevarse a cabo de manera individual. Las prendas hablan se construyó como un proyecto colaborativo entre medios con estructuras, ritmos y recursos distintos. Esto implicó no solo repartir tareas, sino adaptar métodos y tomar decisiones conjuntas para sostener una investigación de largo aliento.

El proceso —explicó— exige construir rutas en conjunto, pero también reconocer que no todos los equipos parten del mismo lugar. Aun así, este modelo permite ampliar el alcance de las investigaciones y realizar trabajos que, de forma individual, difícilmente podrían hacerse.

Además del trabajo de campo, la investigación implicó preguntarse cómo contar. El proyecto no solo se publicó como una serie de textos, sino que incorporó diseño, ilustración y piezas audiovisuales que acompañan cada historia.

Sin embargo, esta parte no fue planeada desde el inicio, lo que obligó a resolver en poco tiempo la producción gráfica y de video. La experiencia dejó una lección clara: los formatos no son un añadido, sino parte del proceso de investigación.

También destacó que a la par de investigar es importante el trabajo colectivo y la relación con las familias. Son ellas quienes sostienen la búsqueda, reconocen las prendas y, en muchos casos, aportan la información que permite reconstruir las historias. Sin ellas, los datos no alcanzan.

Frente a un país marcado por la desaparición de personas, el reto no es solo documentar, sino insistir. Dar seguimiento, volver sobre los casos, exigir respuestas.

Porque contar estas historias también es una forma de acompañar la búsqueda y contribuir, desde el periodismo, a la exigencia de verdad y justicia.

El trabajo se puede leer aquí.

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