Cuando el huracán Katrina tocó tierra en Nuevo Orleans, Luisiana, en agosto del 2005, la periodista y editora del Texas Observer, Lise Olsen, vivía en Houston, una ciudad texana ubicada a más de 500 kilómetros de dónde aconteció la catástrofe, pero que aún así fungió como un refugio para miles de damnificados. Lise, quien recuerda con claridad las imágenes, decidió escribir un reportaje para hablar sobre los estragos que, a 20 años del desastre natural, aún siguen siendo visibles.
La idea para realizar la pieza “Veinte años después, Katrina aún persigue al Golfo desde Nueva Orleans hasta Houston” —publicada originalmente en inglés como Twenty Years Later, Katrina Still Haunts the Gulf from New Orleans to Houston—, surgió a raíz de un evento realizado para escuchar los testimonios de quienes vivieron el huracán, considerado el más mortífero de la historia moderna en Estados Unidos. Comenzó a recabar información y escribió una nota narrativa que incluyó las historias de los damnificados: “Tuvimos la idea de honrar la memoria de la cantidad de personas que no sobrevivieron”.
La periodista explicó que rescatar historias de sucesos ocurridos tiempo atrás contribuye a reflexionar y a evitar que se repitan los errores cometidos al enfrentar tragedias de gran magnitud como lo fue Katrina. “Todavía sigue siendo importante hablar de cómo podemos prevenir muertes durante inundaciones y desastres naturales que son cada vez más frecuentes con los cambios del clima”.

Durante la clase magistral “El poder del periodismo: Katrina y su impacto 20 años después”, que impartió a los estudiantes de la sexta generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP), Lise aconsejó a quienes estén interesados en contar sucesos del pasado, preguntarse: “¿Qué quieres contar tú de un hecho histórico?”.
Contó que ella quería conocer qué había pasado con las personas que llegaron de Nuevo Orleans a Houston, específicamente al Astrodome, un estadio de fútbol americano que se habilitó como refugio. Pero también deseaba que su texto se convirtiera en un recordatorio sobre “cómo podemos prevenir muertes durante inundaciones y desastres naturales, que son cada vez más frecuentes con los cambios del clima”, pues parece que “siempre repetimos los mismos errores”.
La editora dijo que primero hizo una investigación preliminar y luego le llevó unos dos meses encontrar los testimonios para su texto. En ese periodo, se dedicó a consultar fotos en internet, archivos documentales, pronósticos del clima, notas periodísticas, letreros de búsqueda y redes sociales para conseguir los testimonios que utilizaría.
Al mismo tiempo entrevistó a varias personas, no solo las que incluyó dentro de su reportaje. “Yo creo que con más tiempo hubiera (tenido) una narrativa más impactante de lo que yo hice en poco tiempo”, menciona.
La información recabada fue tanta, que está considerando en retomar parte de ésta para alguna otra pieza periodística con ciertos datos que dejó fuera de lo ya publicado. Su principal reto, dijo, fue seleccionar las tres historias más impactantes e interesantes que conformarían el reportaje.
Su labor, que vió frutos con la publicación del texto en septiembre del 2025, la llevó a una reflexión muy clara: “Tu trabajo realmente es contar (la historia) honestamente” por respeto a la generosidad de quienes te dieron la confianza y compartieron sus vivencias.
Jóvenes en el periodismo de investigación
La destacada periodista señaló que el periodismo de investigación se puede realizar desde un tema local o un hecho histórico cercano al periodista, siempre y cuando sea “algo que te llame la atención”.
Una vez que se ha identificado el tema, también hay que informarse sobre el mismo: consultar archivos documentales y con base en lo encontrado, buscar a las personas que nos parezcan interesantes para entrevistar. En el caso de este reportaje, trató de “elegir voces distintas de diferentes personas, diferentes edades, diferentes situaciones” pero que se encontraran conectadas, de algún modo, por la tragedia.

En este proceso, considera importante que se elija un personaje principal y “un coro”, es decir, las personas que con sus testimonios abonarán a la narrativa del personaje principal.
Con estos elementos se puede comenzar la redacción del reportaje. Olsen añadió que una forma útil de organizar la información es plasmar los hechos de manera cronológica y siempre tener en la mente una idea sobre cómo iniciar y cómo cerrar las piezas periodísticas. “A lo largo del camino tú estás armando tu información y construyendo tu plan para la narrativa”.

