“Mirar la tierra es como mirarme al espejo”: Delcy Morelos

Un abrazo de barro, con olor a hojas de clavo y canela, envuelve el cuerpo. Así es El espacio vientre, instalación monumental que se apodera de la Sala 9, del Museo de Arte Contemporáneo (MUAC). La artista colombiana Delcy Morelos (Tierralta, 1967) es la autora de esta obra que invita a reflexionar sobre la tierra, el origen y lo femenino.

En sus más de 30 años de trayectoria, la artista ha transitado de una etapa pictórica —centrada en la denuncia de la violencia y el racismo— hacia la construcción de cuerpos de tierra que exploran lo femenino, entendido como un espacio generador de vida, creatividad y escucha.

Delcy Morelos frente a la instalación de tierra señalando la obra en el museo.
La artista colombiana Delcy Morelos y su instalación El espacio vientre. Foto: cortesía Barry Domínguez.

Morelos tiene una carrera consolidada en la escena internacional. Su obra Madre se presentó en Berlín, en 2025; Poetics of Decomposition se exhibe en Seúl, Corea del Sur, desde enero de 2026 y estará ahí hasta mayo. Y El espacio vientre se puede visitar en el MUAC, del Centro Cultural Universitario, al sur de la Ciudad de México. 

En estas tres obras, la tierra se manifiesta como un cuerpo vivo en un ciclo constante de vida y muerte, un ente que es necesario cuidar: “Si tú supieras lo unido que estás con la tierra, no le harías daño a nada. Nunca hemos salido realmente del vientre de la madre tierra”.

Para la instalación en el MUAC, se contó con la ayuda de especialistas en bioconstrucción y permacultura; se usó paja, agua y tierra rojiza arcillosa recolectada cerca de Valle de Bravo, Estado de México.

Textura de tierra en la instalación artística de Delcy Morelos.
La tierra es protagonista de la instalación de Delcy Morelos. Foto: Cristian Vázquez

En entrevista, Delcy Morelos explica que El espacio vientre es “un espacio de gestación, un espacio donde surge la vida, donde se manifiesta y donde se crea todo lo propicio para que la vida ocurra, puede ser un espacio mental donde tú estás creando. El vientre es redondo, como una figura que engloba tanto lo masculino como lo femenino en sí mismo, que es lo que hace que se genere la vida y la creatividad”.

Esta obra también surge de la memoria de la artista. “Delcy conoció a la tierra en forma de abuela. Su abuela vivía en una casa con un piso de tierra. Muchos tenemos ese recuerdo: de estar dentro de la falda de nuestras abuelas, en sus piernas y entonces ahí tocar la tierra”, destaca Alejandra Labastida, quien junto con Daniel Montero, realizó la curaduría.

El olor como evocador de memoria

¿Alguna vez has olido algo que te transporta a un momento en específico? Esa pregunta es el nodo central de la obra El espacio vientre. Cuando se está dentro del cuerpo de tierra, el olor es el sentido que actúa como punto de partida durante el recorrido de la obra. Los tonos de clavo, canela y tierra mojada transportan a una memoria relajante que hace recordar los orígenes ligados a la tierra.

Crear un olor a tierra mojada tuvo sus desafíos. Labastida explica que se recurrió a un perfumista especializado. El objetivo fue lograr un olor agradable, que no pareciera un perfume, que fuera algo natural.

Curador aromatiza la instalación de tierra de Delcy Morelos en sala de exposición.
La instalación tuvo un proceso de “curaduría aromática”. Foto: Cristian Vázquez

¿Cómo se conecta el aroma a tierra húmeda con nuestra memoria ancestral? La artista lo explica de esta forma: “Cuando estás en una caverna y hueles esto, inmediatamente te relajas. La parte del cerebro que procesa los olores está junto a la memoria; por eso despierta recuerdos no solo de esta vida, sino de nuestros linajes”.  

Este recurso olfatorio que utiliza Delcy Morelos ha sido una constante en otros de sus proyectos. 

​​—¿Ha experimentado con olores más complejos en otras obras?

—En otras piezas, como Madre, quería que oliera a tierra, pero también a miel y dulces. Incluso, hice una pieza donde busqué replicar el olor a leche materna, porque es algo instintivo que, aunque no recuerdes conscientemente, hay algo en ti que lo recuerda y te hace sentir a salvo.

La tierra volcánica y un ombligo 

El cuerpo de tierra no solo dialoga con el espectador por su inmensidad y el olfato, también con el paisaje volcánico que rodea al museo: el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria, la zona arqueológica de Cuicuilco y el volcán Xitle, palabra en náhuatl que significa “ombligo”. 

—¿La estructura que tiene El espacio vientre se inspiró del Xitle? 

—Sí, pero fíjate que también en el ombligo, porque el ombligo es una cicatriz con la que naces y esa cicatriz es la unión que tuviste con tu madre que te dio todo el alimento. Entonces, el ombligo también te está señalando que tú estás, sigues unida con todo.

En su obra, Morelos refleja su búsqueda del “origen”. Incluso, comenta que el término latín origo (origen), le recuerda al ombligo: “porque el origen tiene que ver con esa conexión de la vida”. 

Labastida comparte: “estar dentro de la obra es como un anfiteatro al que no le puedes dar la espalda, porque siempre te la encuentras de frente. Estar en medio de la sala te hace sentir como si el ombligo fueras tú”.

La curadora Alejandra Labastida contempla la instalación de tierra creada por Delcy Morelos.
Alejandra Labastida, curadora de El espacio vientre. Foto: Cristian Vázquez

Cultivar lo femenino y la tierra como espejo

Para la artista, El espacio vientre es una invitación a repensar lo femenino, incluso desde lo masculino: “un hombre que no cultiva su parte femenina no alcanza a madurar del todo. Para que un ser esté completo debe cultivar ambos poderes”.

En la cosmovisión de la artista, lo femenino no es una categoría de género, sino un estado mental y físico, una esencia que recibe, crea y transforma; un generador o fecundador de ideas que se encuentran en este “espacio mental”. 

Es en esta concepción de lo femenino que Morelos mira a la tierra: “para mí es generadora de vida, recibe todo y lo transforma. La tierra es la esencia misma de lo que es lo femenino”.

Persona en silla de ruedas recorre la instalación de tierra de Delcy Morelos.
Visitantes dentro de la instalación de Morelos. Foto: Cristian Vázquez

La autora no deja de reflexionar sobre la tierra: “Mirar la tierra es como mirarme al espejo, todos mis minerales y todo lo que yo soy, mis huesos, mi hierro y calcio, todo estuvo en un momento en la tierra”. 

La instalación motiva a detenerse a pensar sobre la conexión con la naturaleza. Actualmente vivimos en una sociedad en donde no se prioriza la capacidad de observación, un acto necesario y urgente cuando se habla de la tierra: “No somos seres aislados —remarca Morelos— ni nada en la naturaleza es aislado, todo está relacionado”.

—Usted menciona que hemos perdido esa capacidad de observación que tenían nuestros ancestros…

—Mis ancestros sabían cuándo iba a llover porque observaban a los animales. Hoy vamos al campo y estamos en el chat o tomando fotos, pero nunca estamos en el lugar maravillados de lo que existe, como el oxígeno que las plantas exhalan para que nosotros respiremos. Somos seres que están conectados con los procesos de la tierra, desde la zanahoria siendo nutrida por la tierra y posteriormente siendo reencarnada dentro de ti, hasta el cuerpo que va a estar por debajo de la tierra, formando parte del ciclo de la vida.

Mujer camina frente a la instalación monumental de Delcy Morelos.
Recorrido silencioso por la instalación de Delcy Morelos. Foto: Cristian Vázquez

La obra provoca una experiencia inmersiva a través de los sentidos, evoca sensaciones de unión con la tierra y la vida. Juega con el olfato como el principal vehículo de la memoria para conectar con la naturaleza.

La instalación de Morelos se extiende más allá de la Sala 9, a través del programa Bitácora ¡Punto extra!, que diseñó un taller para las infancias y sus familias, donde exploran con aromas y texturas los orígenes ligados a la tierra. 

El espacio vientre como organismo vivo habitará la Sala 9 del MUAC, hasta el 7 de junio de 2026; la tierra utilizada en la obra regresará a sus orígenes, en Valle de Bravo, Estado de México. Así cumplirá su ciclo de vida en el museo y volverá a reintegrarse a su “ombligo”, llevando la carga simbólica de los espectadores que visitaron la obra.