Desde las casas, calles, andenes del Metro, hasta el Paseo de la Reforma; niñas, jóvenes y mujeres vestidas en su mayoría de morado, con mantas o pancartas, convirtieron este 8 de marzo a la Ciudad de México en un espacio para gritar contra la inconformidad de un sistema que, históricamente, las excluye, las invisibiliza y las violenta.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, múltiples contingentes se organizaron en diferentes lugares y horarios de la ciudad para después sumarse a la manifestación, comenzando a marchar desde las 10 de la mañana.
En espacios como la Plaza de la República, el Monumento a la Madre y la Glorieta de las Mujeres que Luchan, grupos de mujeres se congregaron para pintar pancartas con leyendas que exigían el respeto a sus derechos y alto a la violencia.
Hacia la tarde, el contingente llegó al Zócalo de la Ciudad, en donde las manifestantes alzaron la voz en contra de la múltiples formas de violencia que existen en contra de las mujeres y que se manifiestan desde el hogar, la escuela, el trabajo y el espacio público.
Las escenas de la Ciudad de México se replicaron a lo largo del país, en un unísono que grita que la lucha de las mujeres sigue en pie y no ha terminado.
La noche del domingo, a la plancha del Zócalo continuaron llegando mujeres a pesar de que ya había caído la noche; sin embargo, la Plaza de la Constitución estuvo a oscuras, pues ni siquiera fue encendido la iluminación alusiva al 8M que anunció el gobierno local.
La jefa de gobierno de la Ciudad, Clara Brugada, informó en su cuenta de X (antes Twitter) que se estimaba una asistencia de unas 120 mil personas a la marcha.

“Las mujeres indígenas somos convocadas sólo a actos protocolarios, pero olvidadas pasando el momento de noticia pública. No estamos dispuestas a ser usadas como imagen de las mujeres blancas.” Foto: Ariel Estrada.

“Hoy no es un día de fiesta, es un día de resistencia. Las mujeres indígenas existen porque resisten”, exclamó el Movimiento de de mujeres indígenas, residentes de la CDMX. Foto: Ariel Estrada.

Ivanna y su madre denuncian abuso sexual durante la marcha del 8M. Foto: Ariadne Manríquez.

Ivanna y su madre Verónica marchan con el contingente Génesis. Foto: Angie Mar.

María del Carmen Volante busca a su hija Pamela Gallardo Volante, desaparecida el 5 de noviembre de 2017 en la carretera Picacho-Ajusco. Foto: Angie Mar.

“Las mujeres indígenas somos doblemente violentadas no sólo por ser mujeres sino por la etnia a la que pertenecemos”, expresa el Colectivo de Mujeres Tzotzil y Mazahua Residentes de la CDMX. Foto: Angie Mar.

Las mujeres que llegan a la plancha del Zócalo queman pancartas al término de la marcha. Foto: Ariel Estrada.

Mujeres del colectivo “Mujeres señantes” formaron parte de la marcha de este 8M con consignas en lenguas de señas. Foto: Ariadne Manríquez

Entre brochas y pintura morada, madres e hijas se prepararon para manifestarse desde la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Foto: Ariadne Manríquez

Durante la marcha hay diversas formas de manifestación pacífica a través del arte; entre ellas, grupos de baile, música, grabado, bordado, entre otros. Foto: Ariadne Manríquez

Después de la marcha los colectivos se reunieron en el Zócalo para escuchar y compartir sus demandas. Foto: Ariel Estrada.

De camino al zócalo, en una manta blanca sobre el piso, las asistentes de la marcha plasmaron sus manos en un ejercicio de convergencia y denuncia. Foto: Andrea Aviña.

Joana marcha para exigir justicia por la desaparición de su hija Lilith, mujer trans. Foto: Angie Mar.

Las infancias nombraron y visibilizaron sus preocupaciones con pancartas y consignas. Foto: Angie Mar.

Mujeres de la periferia existen y resisten, Valle de Chalco es sacudido por la marcha del 8M. Foto: Mariana Zúñiga.

En su llegada al Zócalo, las mujeres que marcharon pegan sus carteles en las vallas que cubren la Catedral. Foto: Angie Mar.

Un grupo de mujeres hace una coreografía antes de comenzar la marcha. Foto: Ariadne Manríquez.

La indignación por la impunidad de la violencia es el motor de muchas mujeres que siguen asistiendo todos los años a la marcha del 8M. Foto: Ariadne Manríquez.

Una banda acompañó con música al colectivo de mujeres indígenas en las calles de la CDMX. Foto: Ariadne Manríquez.

Las consignas y percusiones no pararon, durante la marcha se escuchaban consignas. Foto: Andrea Aviña.

Miles de mujeres marchan en Paseo de la Reforma con pancartas. Foto: Ariel Estrada.

Una niña baila durante la marcha del Día de la Mujer. Decenas de miles de mujeres marcharon en la capital del país. Foto: Ariel Estrada.

Colectivos de mujeres indígenas reclaman su lugar como sujetos de derecho: “No somos escultura, somos cultura viva.”. Foto: Ariel Estrada.

Entre confeti y brillantina, José Luis Castillo, de 65 años, marchó sin dejar de buscar a su hija Esmeralda, desaparecida en 2009 en Ciudad Juárez a los 14 años. Foto: Ariel Estrada.

Con pancartas y fichas de búsqueda, familiares y conocidos exigen justicia por feminicidios. Foto Ariel Estrada.

Desde hace seis años Julieta Vera y su amiga ponen sellos en cada marcha del 8M. Foto: Ariel Estrada.

Decenas de miles de mujeres se reunieron en la marcha del 8 de marzo en la Ciudad de México. Foto: Angie Mar.
Está manifestación fue cubierta por integrantes de la Séptima Generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP), de CulturaUNAM.
Fotografía: Andrea Aviña, Ariel Estrada, Ariadne Manríquez, Mar Zúñiga y Angie Mar.
Mesa de redacción: Mariana Monsalvo, Sthef Canales y Diego Gutiérrez Tecuapacho.
