Yesenia Mollinedo
/ Foto: redes sociales.

Yesenia Mollinedo fue amenazada antes de su asesinato en Veracruz

Violeta Santiago, reportera / Corriente Alterna | publicado el 09-05-2022

Antes de su asesinato ocurrido el 9 de mayo en Cosoleacaque, Veracruz, la periodista recibió una llamada telefónica donde le exigían que dejara la cobertura de información policiaca. 

Dos semanas antes de su asesinato, Yesenia Mollinedo Falconi le contó a Ramiro, su hermano mayor, que había recibido una amenaza telefónica: “Le dijeron que con la (información) policiaca no se metiera”, comenta Ramiro a Corriente Alterna, mientras viaja a Cosoleacaque, donde la tarde del 9 de mayo Yesenia y Sheila Johana García Olivera fueron asesinadas con armas de fuego.

“Yo le dije que no les hiciera caso”, recuerda Ramiro. A través del teléfono su voz transmite coraje y pena. 

Yeni, como le decía de cariño, era la más joven de nueve hermanos de la familia Mollinedo Falconi. Nació en Coatzacoalcos un 13 de marzo, pero se desarrolló como periodista en Cosoleacaque, Veracruz, municipio sureño donde se asienta la refinería Lázaro Cárdenas del Río, la misma que cada 18 de marzo visita el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Hacer periodismo en Veracruz

Yesenia Mollinedo tenía 45 años cuando la asesinaron. “Desde que tengo uso de razón, Yesenia siempre ha sido periodista”, comenta Diana Vasconcelos, periodista veracruzana.

Los hermanos periodistas trabajaron juntos durante 13 años en el medio Ahora 3030. Ramiro fundó hace 22 años aquel tabloide que circulaba una vez por semana en la zona sur de Veracruz, pero se convirtió en medio digital cuando “la modernidad nos alcanzó”.

“¿Oye, Ramiro, me das la oportunidad de fundar mi medio?” Hace cinco años Yesenia le pidió a Ramiro, en buenos términos —aclara él—, separarse para iniciar un proyecto periodístico propio. Su hermano aceptó sin problemas. Solo le pidió ser cuidadosa. Él ya había vivido amenazas durante el período de Javier Duarte de Ochoa y le recomendó que no cubriera información policíaca.

Entonces Yesenia fundó El Veraz, cuyo lema era “periodismo con sentido humano”. Publicaba en Facebook pues, aunque logró tener su página web, ésta ya no funcionaba porque ya no le alcanzaba para pagar el servicio de hosting

La periodista veracruzana escribía, sobre todo, de política. Compartía las publicaciones del alcalde de Cosoleacaque, Ponciano Vázquez Parissi; así como las actividades que anunciaba el Ayuntamiento: el evento por el Día del Niño, el baile del Día de las Madres o los descuentos para el pago anual del agua. 

A diferencia de Ramiro, quien no cubría hechos de sangre, “era ella muy dada a ir a los homicidios”. Las amenazas llegaron hace dos semanas, a partir de que Yesenia “estuvo subiendo información en contra de la SSP”, asegura Ramiro.

Su hermano desconoce de qué número le marcaron a Yeni: solo tiene conocimiento de lo que le confió ella. Pero Insiste que Yesenia no tenía problemas con ninguna fuente. Solo con la Policía Estatal.

Contrario a lo que se suele pensar, las estadísticas de la organización Artículo 19 exponen que el principal agresor de periodistas no es el crimen organizado, sino funcionarios y fuerzas de seguridad civiles.

Muerte en directo

A Yesenia la asesinaron dentro de su Ford Ikon 2014, en el estacionamiento de un Oxxo. Rondaban las tres de la tarde. Ella iba al volante del auto plateado, con el cabello recogido en una coleta y su chaleco café de reportera con grandes letras rojas que anunciaban “Prensa”. La acompañaba Sheila García, una joven que llevaba seis meses trabajando en El Veraz.

El asesinato de las dos periodistas ocurre a cuatro días del crimen contra Luis Enrique Ramírez, en Sinaloa; antes de ellas, ocho periodistas habían sido asesinados en México, según Artículo 19; y para organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, este convulsivo arranque de año posiciona a México como el país más mortífero para la prensa a nivel mundial.

Su muerte se transmitió en directo vía Facebook. La Policía Estatal custodió la escena: dos patrullas se atravesaron para cubrir el auto donde yacían ambas periodistas y los uniformados colocaron los cordones reflejantes a decenas de metros. Eso no impidió que las fotografías del interior circularan pronto. Tampoco la criminalización.

Desde el lugar donde ocurrió el crimen, cuentan Ramiro y otros periodistas, la Policía Estatal comenzó a difundir información para vincular a Yesenia Mollinedo y Sheila García con la portación de drogas; datos que otros reporteros retomaron e hicieron circular junto con las imágenes de sus muertes. 

“Es indecente”, apenas puede articular Ramiro, mientras se acerca a Cosoleacaque para ver el cuerpo de su hermana. Su mayor preocupación ahora es la madre de ambos: tiene trombosis en las piernas y Yeni trabajaba para pagar su tratamiento, además de ser su compañía, pues vivían juntas. 

Desde esa misma tarde, los periodistas veracruzanos convocaron a marchas regionales para exigir justicia en la entidad más peligrosa para ejercer el periodismo en México: ahí, donde entre 2020 y 2022 han sido asesinados 32 periodistas, incluyendo a Yesenia y Sheila. 

“Se tiene que investigar la muerte de una reportera. No puede quedar impune”, es lo último que menciona Ramiro, antes de colgar el teléfono y llegar a Cosoleacaque.

Eso y que, a pesar de todo, seguirá ejerciendo el periodismo en Veracruz.

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