Club Mopasa: de taxidermia a galería de arte
Interior de la galería Club Mopasa. Foto: Andrea Aviña

En una calle del barrio de Santo Tomás Tlamatzingo, en Azcapotzalco, se levanta una construcción que se distingue por los dos largos tubos de desagüe, uno azul y otro rojo, que recorren la fachada desde lo alto hasta el suelo. En la puerta, un discreto letrero da la bienvenida a Club Mopasa, una galería de arte creada con la intención de dislocar las ideas establecidas sobre los espacios para relacionarse con el arte en la Ciudad de México.

El edificio antes albergó una taxidermia, después estuvo vacío por varios años. En 2024, Alejandra Hauser, fotógrafa de origen mexicano, y Niccolò Hébel, curador y museógrafo de origen francés, transformaron el lugar para convertirlo en una galería. Su objetivo fue insertar el espacio en su comunidad, que formara parte del barrio y fuera visto por la gente vecina como un sitio en donde el arte no sea ajeno. 

Además de sus trabajos regulares, de vivir entre México y París, Alejandra y Niccolò se encargan de todo lo necesario para que Club Mopasa tenga vida: realizan la dirección de arte, hacen la escenografía, la curaduría, organizan eventos, pintan, planean y se ocupan del manejo de redes sociales. 

En la fotografía aparecen Niccolò Hebel y Alejandra Hauser, creadores de la galería Club Mopasa.
Niccolò Hebel y Alejandra Hauser, creadores de la galería Club Mopasa. Foto: Andrea Aviña

La experiencia de ambos les ha permitido comprender el arte como un medio para comunicarse y contar historias, por eso Club Mopasa está pensado como un proyecto centrado en la comunidad local para que sea ocupado de forma dinámica, lúdica y accesible. El objetivo de sus creadores es que sea un espacio de cultura contemporánea en constante movimiento, “que no sea el museo con polvo, que sea algo vivo, con gente que vive, que se mueve”, comenta Niccolò. 

Para Alejandra y Niccolò todo el proceso de creación y vida de Club Mopasa “ha sido prueba y error, muy Montessori”. Ese es uno de los retos de tener una galería independiente, sin ningún apoyo institucional y que no ha escogido el camino de una galería comercial que muestra solo lo que tiene posibilidad de vender. 

Taxidermia que se transforma en galería

En 1982, en el barrio de Santo Tomás Tlamatzingo, en la zona industrial de Azcapotzalco, Manuel Cervera Loría inauguró Montaduras del Pacífico S.A., taxidermia especializada en la creación de trofeos de pesca. El fundador y abuelo de Alejandra falleció de forma sorpresiva en 1999. El espacio continuó operando hasta el 2016. “Mi papá decidió que siguiera abierta la taxidermia hasta que la última persona que trabajaba ahí se retirara. Y después de eso, ya se cerró”. 

El padre de Alejandra puso sobre la mesa la posibilidad de vender el espacio, pero eso no sucedió. Durante varios años Alejandra tomó fotografías del lugar; ese proceso artístico fue una forma de no desprenderse del orgullo más grande de su abuelo y de las historias familiares que se vivieron ahí.

La fotografía muestra cómo se veía la sala antes del montaje de la exposición de la artista Chiara Bonetti
Una de las salas de Club Mopasa que recuerda su pasado como taxidermia. Foto: Andrea Aviña

En 2021, Alejandra invitó a Niccolò al sitio. Él quedó impresionado al conocer el espacio. Coincidieron en su potencia para albergar arte, reunir historias y personas, así como para motivar el redescubrimiento del barrio de Santo Tomás Tlamatzingo. Emergió un cosquilleo, una idea: crear una galería de arte. 

Un año después, la pareja se plantó frente a la familia de Alejandra y con la frase “no tenemos dinero, pero sí muchas ganas”, comenzó el proceso de darle forma al espacio: un año se renovó todo lo eléctrico, el siguiente se pintó, unos meses después se amplió el lugar para las residencias artísticas. 

“¡Nadie va a venir aquí! Esa fue una de las frases que Alejandra y Niccolò escucharon cuando la galería comenzó a tomar forma. Ese, sabían, era uno de los retos a enfrentar: posicionar el espacio, ubicado fuera del circuito habitual de la actividad artística y cultural de las colonias Roma, Condesa y Polanco. Sin embargo, para ellos el desafío mayor era que Club Mopasa fuera habitado por los vecinos de Azcapotzalco.

En sus dos años de existencia, Club Mopasa ha creado un programa de residencias artísticas y ha albergado la obra del artista italiano Roberto Alfano y del músico mexicano Rafael Durand. También ha abrigado el proyecto “Playatepec” de la mexicana Alejandra Hauser y la obra del fotógrafo francés Julien Mignot. Y hasta marzo de 2026, la galería presentará las exposiciones “¡Ay Familia!”, de la fotógrafa italiana Chiara Bonetti, y “La vida en rosa”, del fotógrafo maliense Malick Sidibé.

Aparece una infancia mirando una de las fotografías de Malick Sidibé
Sala del Club Mopasa donde se exhiben las fotografías de Malick Sibidé. Foto: Andrea Aviña

El Mali de los sesenta en la CDMX

Niccolò era niño cuando su mamá organizó la primera exposición en París del fotógrafo Malick Sidibé (Mali, 1936-2016). Desde entonces, Niccolò mantiene una amistad con la familia del fotógrafo maliense. Esos lazos de amistad fueron los que permitieron que ahora Club Mopasa exhiba “La Vida en Rosa”, una selección del trabajo fotográfico de Sidibé, el primer artista africano en recibir un León de Oro a la trayectoria en la Bienal de Venecia en 2007.

Sidibé fue un fotógrafo reconocido como el gran cronista visual de Malí. En 1960, año de la independencia de su país, fundó su estudio en Bamako, ciudad a la que se mudó a los 17 años. Su trabajo marcó un hito en la manera de hacer retrato en una época en la que la juventud del nuevo Estado atravesaba por un proceso de emancipación, rebelión y descubrimiento de modas como los peinados afro, las minifaldas y los pantalones acampanados. Todo ello acompañado con los ritmos de James Brown o Jimi Hendrix.

En la fotografía aprecen dos visitantes mirando las fotografías de Malick Sidibé
Visitantes a la exposición de Malick Sibidè. Foto: Andrea Aviña

El estudio de Sidibé, además de ser un espacio de trabajo, también fue un punto de encuentro local e internacional, un sitio donde se daban largas conversaciones e intercambios. “Era el lugar donde iban todos y podían platicar; encontraban más que una fotografía, encontraban amigos, encontraban comunidad, encontraban fiesta y eso nos nos gustaría hacer (en Club Mopasa)”, dice Alejandra sin ocultar su entusiasmo. 

“La vida en Rosa” reúne más de 50 fotografías tomadas en las décadas de los sesenta y setenta. En el material guía que acompaña la exposición, la curadora y directora artística Laura Serani resalta: “Con su (cámara) Solex, (Sibidé) recorría las fiestas privadas, los bals poussière o ‘bailes polvorientos’, las celebraciones organizadas en casas u hoteles, a veces incluso programadas en función de su disponibilidad”. La exposición en Club Mopasa muestra esas imágenes y también algunos de los retratos de estudio que realizó el fotógrafo de Mali. 

Y llegaron los danzoneros

Club Mopasa, situado a unos minutos de la estación del metro Ferrería, busca ser un punto de encuentro para artistas de México y de Europa, para conseguirlo apuesta por un programa de residencias artísticas. La más reciente es la realizada por la fotógrafa italiana Chiara Bonetti; durante su estancia creó la obra “¡Ay Familia!”, una serie de fotografías sobre los danzoneros del Salón Los Ángeles, ubicado en la colonia Guerrero. 

Cada año, a principios de febrero, la Semana del Arte se instala en la Ciudad de México: se realizan ferias internacionales, exhibiciones, conferencias y actividades en museos y galerías. En ese marco, Club Mopasa inauguró la exposición “¡Ay Familia!”. 

Una de las dos salas que ocupa la exposición tiene iluminación natural, en las paredes cuelgan fotos que muestran la vida diurna de los danzoneros. A un lado de la puerta de la sala, se proyecta el cortometraje realizado por Chiara Bonetti como parte de la exposición. 

En otro de los espacios, un dibujo de dos peces que posan como si fueran una pareja de danzón da la bienvenida al “Salón Mopasa”. Después de atravesar las cortinas rojas de terciopelo y un pasillo oscuro, se llega a una amplia sala iluminada por luz roja y focos sensibles al movimiento. Ahí las fotografías comparten el lugar con moldes que recuerdan a la taxidermia que en otro tiempo habitó el sitio.

Un fotografía en la que se muestra a una madre con su hija viendo el cortometraje de la exposición "¡Ay Familia!"
Una madre y su hija ven el cortometraje de la exposición “¡Ay Familia!” Foto: Andrea Aviña
Sala iluminada con luz roja del Club Mopasa en donde se exhibe “!Ay Familia!”
Una de las dos salas del Club Mopasa en donde se exhibe “!Ay Familia!” Foto: Andrea Aviña

La inauguración de la exposición de Chiara convocó a hombres y mujeres que hacen del danzón todo un ritual, personas vecinas de la galería comentaron las fotografías sentadas en sillas de plástico; otras platicaron de pie y algunas más se asomaron a la canasta de tacos que acompañó el encuentro.

Entre los asistentes estaba Daniel Mendoza, egresado de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG) “La Esmeralda”. Él creció en Azcapotzalco, pero dejó de vivir en esta zona de la ciudad en 2001. Regresa cuando visita a su abuela, quien tiene una tienda a cinco minutos de la galería de arte.

Club Mopasa lo confronta. Le gusta la posibilidad de que la Casa de Cultura de Azcapotzalco deje de ser el único espacio en el que la comunidad local puede relacionarse con el arte, lo que sucedía cuando era niño. “A mí me gustan esos proyectos que se expanden y que no solo se quedan en un cierto grupo… Eso es lo que a mí me interesa, que el arte se democratice, tristemente también es muy utópico”, dice.

Daniel también advierte que el impacto que busca tener Club Mopasa en la comunidad puede no suceder y le preocupa que un espacio así contribuya a la gentrificación del barrio de Santo Tomás Tlamatzingo. 

Dos personas ven la proyección del cortometraje de la exposición "¡Ay Familia!"
Una de las salas de Club Mopasa. Foto: Andrea Aviña

El ingeniero José Manuel López deambula por el amplio patio de Club Mopasa. Él vive en Santo Tomás Tlamatzingo. Para él, la galería es una iniciativa fuera de lo común, sobre todo porque está acostumbrado a desplazarse a la zona céntrica de la Ciudad de México cuando desea estar en contacto con alguna exposición artística.

Él ha percibido que la gente del barrio que ha asistido a la galería “sí queda como impactada y le gusta la experiencia”. Un lugar como Club Mopasa, considera, puede darle visibilidad a la colonia y al mismo tiempo involucrar a quienes habitan Santo Tomás. 

Alejandra y Niccolò piensan en Club Mopasa como un lugar en donde el arte se mire como algo cercano, donde “los niños, los jóvenes vean que tal vez con la cultura, con el arte hay cosas de hacer; puedes viajar, puedes vivir, o sea, es también un futuro posible”, dice Niccolò. 

A dos años de su comienzo, Club Mopasa no pierde de vista uno de sus desafíos: lograr que la galería sea lugar habitado por sus vecinos del barrio de Santo Tomás Tlamatzingo.