Son pequeñas y discretas. La mayoría se “ilumina” cuando buscan pareja, un fenómeno que la ciencia ha llamado “bioluminiscencia”. Eso sí, todas son muy importantes para mantener el equilibrio ecológico de los lugares en donde habitan: cuando aún están en estado de larva son depredadoras de caracoles, lombrices y otros insectos. Además, su presencia puede ser un valioso indicador de la calidad ambiental de cualquier sitio en el que se las observe. Hablamos de las luciérnagas.
Para dar a conocer la importancia de su conservación, un grupo de investigadores del Instituto de Biología de la UNAM creó el Festival de las Luciérnagas México en el año 2021. Desde entonces, cada año este evento de divulgación científica busca acercar a personas de todas las edades al luminoso mundo de las luciérnagas.
El sábado 4 de julio de 2026, la sexta edición del Festival de las Luciérnagas México se celebrará por primera vez en el Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental, ubicado en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México. El mismo fin de semana que se conmemora el Día de las Luciérnagas a nivel mundial.
“La intención es informar sobre la importancia de las luciérnagas y de todo lo que conllevaría su conservación”, explica en entrevista la doctora Sara López, profesora de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza y una de las organizadoras del festival.

País de luciérnagas
En México existen alrededor de 350 especies de luciérnagas, lo que convierte al país en el segundo más diverso en este tipo de coleópteros solo después de Brasil, explica en entrevista Ishwari Gutiérrez, investigador adscrito al Instituto de Biología de la UNAM y uno de los fundadores del festival.
Para el académico, que en 2024 participó en el descubrimiento de una nueva especie ubicada en el Bosque de Chapultepec, esta riqueza representa un motivo de orgullo nacional y también una “gran responsabilidad” por darlas a conocer y promover su conservación.
Estos insectos, enfatiza, son vitales para la regulación de los ecosistemas en los que habitan y se han convertido en un elemento cultural para muchas comunidades. Su ausencia en la naturaleza sería lamentable:
“A una escala de microcosmos, las luciérnagas están como en el pináculo de su hábitat. Entonces, cuando se quitan esos elementos de la naturaleza, pues no sabemos qué consecuencias puede tener con las demás dinámicas en el suelo”.

Ishwari Gutiérrez explica que las luciérnagas, además, son un elemento clave en términos culturales porque evocan nostalgia y memorias. “Si quitas ese elemento de un paisaje cultural, pues sí estaría bastante triste nada más recordarlas de fotografías o videos”.
Gutiérrez y López participan en el proyecto de investigación de largo alcance titulado “Luciérnagas de México”. En los últimos tres años, esta iniciativa científica ha identificado más de 100 especies nuevas y en pocas semanas publicará la descripción de 39 más.
Para la doctora López, las luciérnagas son “especies bandera” cuya presencia es vital para la conservación de otras e incluso de los ecosistemas mismos: “Al conservarlas, conservamos todo el hábitat y todos los organismos que viven con ellas”.

Falta de regulación y poca investigación científica
Gutiérrez y López coinciden en que algunas de las principales amenazas que enfrentan las luciérnagas son los cambios de uso de suelo, la utilización de pesticidas y el aumento de la contaminación lumínica asociado al crecimiento de las ciudades que interfiere con su capacidad de comunicarse a través de destellos.
Sin embargo, no son las únicas. Existe otra gran barrera que se interpone entre las luciérnagas y su posibilidad de protección: el avance lento de la investigación científica.
Los investigadores explican que el poco conocimiento que se tiene sobre la gran mayoría de especies que habitan en México es el principal obstáculo para la creación de normativas y mecanismos de protección para las luciérnagas.
“A pesar de que hay gran interés del público en general, realmente los especialistas que nos dedicamos a estudiarlas no somos tantos como quisiéramos (…). Quisiéramos conservar luego luego, pero primero tenemos que conocer qué es lo que hay para poderlo conservar”, afirma Ishwari.
Esa falta de investigación se traduce en escasa regulación dentro de los sitios turísticos de avistamiento, lo que ha puesto en riesgo incluso a las especies más comunes.
Por ejemplo, la Photinus palaciosi, que está en casi todos los sitios de avistamiento, pasó a la categoría de riesgo como una especie vulnerable porque, en casi la mitad de los sitios donde se les puede mirar, no hay una regulación del turismo.

Una prueba de lo mucho que aún falta por conocer y hacer para conservar a las diferentes especies que hay de luciérnagas en México es que en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), no hay más de cinco especies mexicanas evaluadas, es decir, menos del dos por ciento.
“No podemos darles una evaluación. ¿Por qué? Porque no conocemos el sitio exacto donde viven, porque no conocemos su ciclo de vida. Entonces todos esos datos se necesitan para poder evaluar qué tipo de riesgo tienen esas especies”, explica la doctora Sara López.
De acuerdo con los investigadores, la NOM 059, aquella encargada de identificar las especies en riesgo en México, actualmente contiene muy pocos insectos, y aunque se ha propuesto la inclusión de algunas especies de luciérnagas, todavía no están oficialmente publicadas.

El Festival de Luciérnagas: un paso más hacia la conservación
En este contexto de poca regulación y falta de conocimiento científico, el Festival de las Luciérnagas México 2026 se presenta como una iniciativa para acercar a diversos actores de la sociedad al mundo de las luciérnagas y con ello avanzar cada vez más hacia su protección.
Desde las 10:30 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde, el evento contempla un total de cuatro charlas especializadas, una exposición, cinco talleres y dos juegos, los cuales, en palabras de la doctora Sara López, no solo buscan compartir conocimiento sino concientizar y promover la participación colectiva.
“Dentro de los talleres no es que solo vayas y pintes o armes algo, antes de hacerlo, tienes que escucharnos y tienes que reflexionar sobre la conservación (…) es ahí cuando se dan cuenta que al momento de encariñarnos con algo podemos hacer extensivo ese cuidado”, explica.
“Al momento de encariñarnos con algo podemos hacer extensivo ese cuidado”
-Doctora Sara López
Tras seis años organizando el festival, ambos investigadores son testigos del impacto positivo que esta actividad ha tenido en la conservación. Un ejemplo es el aumento de prestadores de servicios turísticos que se han acercado con ellos para recibir asesorías: antes de la primera edición sólo habían visitado un sitio de avistamiento, hoy ya han asesorado a más de veinte.
Por otro lado, según Ishwari, cada año el número de asistentes al festival aumenta de forma “exponencial”.
Para esta edición, las instituciones involucradas son el Instituto de Biología de la UNAM, la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, el Instituto de Ecología A.C. (INECOL), el grupo de comunicación social de la ciencia Nanosapiens y la Preparatoria 8 de la UNAM.
El costo de la entrada general al museo es de 39 pesos; para menores de edad, maestros y estudiantes, el acceso es de 19 pesos. Adultos mayores, personas con discapacidad y menores de 3 años tienen acceso libre.

