Fotografías para descubrir la llamarada de Siqueiros

Ojos grandes, que aún en blanco y negro sugieren el verdor “impresionista” descrito por el periodista Julio Scherer. Pestañas largas, rostro anguloso y un discreto bigote estilo Chaplin. Es difícil reconocer a quien aparece en esa fotografía, sobre todo porque no guarda semejanza alguna con las imágenes más difundidas del muralista José David Alfaro Siqueiros (1896-1974). Lo único que remite a él es la mirada desafiante que lo caracterizó durante toda su vida. 

La fotografía es de 1920, cuando el pintor aún era estudiante en París, Francia. Antes de su alianza con el escritor José Vasconcelos para construir la identidad gráfica mexicana. Mucho antes de su reclusión en el Palacio Negro de Lecumberri, la cárcel donde pasó cuatro años de su vida. 

Esa imagen del joven artista inaugura la exposición Siqueiros. Encarcelar la llamarada, que se exhibe en la Biblioteca Teresita de Barbieri, del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

La exposición busca acercar a la figura de José David Alfaro Siqueiros, reconstruir al personaje cronológicamente y contar su evolución al mismo tiempo que va cambiando México, explica en entrevista la historiadora y archivista Karina Villegas, investigadora del IIS y coordinadora de la muestra.

La historiadora Karina Villegas, coordinadora de la exposición Encarcelar la llamarada de Siqueiros
La historiadora Karina Villegas, coordinadora de la exposición en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Foto: Samantha Ortega

La muestra no hace énfasis en la producción artística del muralista, sino en su pensamiento político presente en todas sus obras, entre ellas los tres murales de la Torre de Rectoría de la UNAM.

Las más de cuarenta fotografías que se exhiben no son inéditas. Antes se presentaron en el edificio donde Siqueiros estuvo preso: el Antiguo Palacio de Lecumberri, edificio que hoy alberga al Archivo General de la Nación (AGN). 

Las imágenes llegan a la UNAM, como fruto de una colaboración. El AGN prestó las fotografías y documentos que se exhiben, entre ellos parte del expediente sobre Siqueiros que integró la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía secreta que funcionó entre 1947 y 1985, y que fue la responsable de perseguir y desaparecer a disidentes políticos de aquellos años. 

Militancia artística

Las fotografías son memoria que va más allá de expedientes burocráticos; son las firmas notariales de los hechos, y buena parte de la vida de Siqueiros, al menos la que es resguardada por el AGN, fue “notariada” por los Hermanos Mayo. Este colectivo de fotoperiodistas españoles que no se apellidaban Mayo, ese fue el seudónimo que adoptaron después de una manifestación reprimida un primero de mayo en Madrid, España. 

David Alfaro Siqueiros se volvió personaje frecuente en las coberturas de los Hermanos Mayo, desde su participación en la Guerra Civil Española. En la exposición, la foto del muralista junto a un general republicano marca el rumbo del recorrido. 


La exposición Encarcelar la llamarada de Siqueiros se adaptó al espacio de la Biblioteca Teresita de Barbieri,
La exposición Encarcelar la llamarada de Siqueiros se adaptó al espacio de la Biblioteca Teresita de Barbieri, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Foto: Samantha Ortega

Varias de las fotografías no muestran a Siqueiros pintando, sino en actividad política: en mítines, manifestaciones y en la cárcel. Ahí, en ese gesto de no posar para el arte sino para la historia, se asoma la voluntad crítica que siempre lo caracterizó, donde la revolución no era telón de fondo ni teoría leída desde un sofá. 

En el libro La piel y la entraña (1965), el periodista Julio Scherer reunió las entrevistas que le realizó a Siqueiros. En esas conversaciones, el pintor afirmó: “¡Yo nunca me abato, nunca!”. Scherer le insistió: “¿Nunca?” El muralista, firme, le respondió: “No, nunca. Y menos en la cárcel. Aquí soy un preso político y para el preso político la cárcel es lo mismo que un campo de batalla. Usted podrá encontrar soldados llenos de miedo, empavorecidos, coléricos, pero nunca soldados tristes. Y éste es mi caso. […] Yo siempre he sido igual. Si me dan un golpe, contesto con cinco”.     

La crítica y militancia del muralista se afianzó y entrenó a la par de su técnica pictórica. Las consecuencias también se acrecentaron: desde regaños tempranos, por parte de hacendados amigos de su padre, que lo llamaban“¡Majadero!”, hasta frecuentes encarcelamientos. 

Aguerrido comunista, su apoyo a la huelga de los ferrocarrileros lo llevó a ser detenido acusado de “disolución social”.  Su estancia más larga en la prisión ocurrió entre 1960 y 1964; estuvo en la entonces Cárcel Preventiva del Distrito Federal, conocida como el Palacio Negro de Lecumberri, lugar donde fueron recluídas varias figuras políticas de aquellos años.

“Algo que sabemos es que en esa estancia en prisión, él se desgastó mucho, estaba en constantes huelgas de hambre. Sale de esa prisión y 10 años después muere”, resalta la maestra Villegas, historiadora y coordinadora de la exposición.

Biombos en la exposición Encarcelar la llamarada de Siqueiros
Reproducción de los biombos que Siqueiros realizó en la prisión. Foto: Samantha Ortega

Imágenes de una época

La exposición es una ventana para asomarse a una época, pero también una invitación para conocer más sobre figuras clave de la lucha social. Ahí está, por ejemplo, Demetrio Vallejo, líder del movimiento ferrocarrilero; se muestra sonriente, a pesar de estar rodeado de oficiales armados. 

La férrea ideología comunista de Siqueiros guió su actuar público y creativo, además de trazar su mapa social. En una de las fotografías, se le mira en un estrado dando un discurso frente a una asamblea de ferrocarrileros. En otras, asomándose por un hueco entre las rejas de la prisión o siendo fichado a su entrada a la Penitenciaría, sin perder esa mirada desafiante. 

Hay una fotografía que llama la atención: una protesta solicitando el indulto del pintor, encabezada por la periodista Angélica Arenal, entonces esposa de Siqueiros. También aparece un joven José Revueltas, autor de obras como Los Muros de agua o El Apando y que también estuvo preso en Lecumberri entre 1968 y 1971.

También hay imágenes de los diarios de la época y copias de los oficios de la penitenciaría, ahí se detallan las acciones del artista cuando su obra iba más allá de la pintura. 

Documentos y fotografías integran la exposición. Foto: Samantha Ortega

Por ejemplo, hay una reproducción del Diario de la Federación de 1964, donde se publicó el Acuerdo Presidencial que otorgó el indulto al pintor, acompañado de una fotografía de Siqueiros sosteniendo victorioso dos ramos de flores, “izado en hombros por un grupo de estudiantes que empezó a entonar La Internacional” (el himno comunista), como detalla uno de los documentos que  se puede consultar en la muestra. 

La curaduría de la exposición busca sembrar el deseo de saber más sobre Siqueiros y su época; es una invitación para acercarse a las diferentes fuentes documentales con las que cuenta la UNAM, más allá de la Biblioteca Central o las bibliotecas de cada facultad o escuela, explica la maestra Karina Villegas.

La idea, sostiene, es invitar a los jóvenes a aprovechar todos los recursos disponibles en la universidad para hacer investigación: adentrarlos a un mundo de posibilidades que invitan a investigar, a conocer más e involucrarse con el mundo más allá de internet

¿Y las mujeres?

Casi al final de la muestra aparece la imagen emblema de la exposición: desfigurado de cariño, el rostro de Siqueiros parece fundirse con el de Angélica Arenal. El motivo no es menor. El 13 de julio de 1964, el pintor finalmente recibe el indulto que le permite dejar Lecumberri. 

La maestra Villegas comenta que es necesario “conocer más trabajos sobre las mujeres que acompañaban a Siqueiros. Y verlas no como compañeras de Siqueiros, sino verlas por ellas mismas”. Es justo la presencia de las mujeres lo que se extraña en la exposición, ya que hay pocas fotografías de ellas.

Fotografía de Angélica Arenal y Siqueiros.
A la izquierda se mira la fotografía de Angélica Arenal y Siqueiros. Foto: Samantha Ortega

La historia de Siqueiros no sería la misma sin las cuatro mujeres con las que se casó: Graciela Amador Sandoval, Blanca Luz Brum, Mercedes Salazar Rendón y Angélica Arenal Bastar. Cada una con su propia creación y postura política.

Amador fue militante del Partido Comunista Mexicano. La poeta uruguaya Blanca Luz Brum participó en diversos movimientos políticos de Latinoamérica. Y Angélica Arenal, además de ser la última compañera del pintor, fue periodista y gestora cultural de la obra de Siqueiros aún después de su muerte. 

Arenal apoyó la producción artística como plataforma colectiva de lucha y libertad. Ella fue más que la modelo de obras del muralista, como Aurora de México y Nueva Democracia, este último exhibido en el Palacio de Bellas Artes. De hecho, en la exposición se exhiben fotografías del proceso de creación de ese mural.

Además, no hay que olvidar que Siqueiros, junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco, bloquearon a la pintora María Izquierdo para que no realizara un mural en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento.

Reapropiarse de la llamarada

En el Palacio Negro de Lecumberri, el Jefe de la Policía Secreta, le preguntó a Siqueiros: “¿No puedo explicarme qué es lo que lo impulsa a sacrificar su producción artística por la política?”. En el libro de Scherer, el pintor describe la escena y lo que respondió: “ …es un problema de convicción.” 

Encarcelar la llamarada de Siqueiros, exposición fotográfica.
Fotografías que integran la exposición Siqueiros. Encarcelar la llamarada. Foto: Samantha Ortega

Esa convicción de Siqueiros seguro resuena en la juventud que es crítica con el mundo y sus contradicciones; que protesta en contra de las injusticias. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, como dijo en algún momento el presidente chileno Salvador Allende. 

Esa convicción es la que se plasma a lo largo de Siqueiros. Encarcelar la llamarada, una exposición que también es una provocación para conocer al artista más allá de la vitrina del patrimonio cultural, para recorrer a través de su vida el siglo XX, para acercar a los visitantes al acervo del Archivo General de la Nación y de la UNAM. Y, en especial, para conocer los diferentes matices de una figura artística y política del siglo XX. 

Porque como señala la maestra Villegas, “la figura de Siqueiros es tan importante que ofrece una lectura diferente para cada persona… es una figura que está abierta a muchas interpretaciones”.

La exposición Siqueiros. Encarcelar la llamarada se podrá visitar hasta el 20 de marzo, en la Biblioteca Teresita de Barbieri, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, en un horario de 9:00 a 18:00 horas.