Angélica Arias tiene 61 años y, antes de la pandemia de Covid-19, solamente usaba su teléfono para tomar fotos y hacer llamadas. Fue durante el confinamiento que, por primera vez, se unió a una videollamada. Una experiencia que recuerda como agradable porque pudo ver y escuchar a sus hermanas con claridad. “Es fabuloso que con el teléfono puedas estar en comunicación sin necesidad de desplazarte”, dice.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de la Información en los Hogares (ENDUTIH), en 2024 el 42.1% de la población de 65 años y más utilizaba internet, casi 14 puntos porcentuales más que en 2021, cuando el 28.3% de este sector demográfico usaba este servicio. La misma encuesta registra que en 2024, sólo 1.4 millones de personas adultas mayores eran usuarias de computadora y 8.2 millones manejaban telefonía celular.
Si bien este crecimiento conlleva numerosas ventajas en materia de comunicación y entretenimiento, la doctora en Neurociencias de la Conducta, Maura Ramírez indica que el uso inadecuado o no vigilado de los dispositivos electrónicos, puede ponerles en riesgo de caer en estafas, informaciones falsas o situaciones de acoso. Así mismo, el uso prolongado puede provocarles enfermedades cibergenéticas, es decir, malestar físico como mareos, náuseas, dificultades en la visión y disminución de los ciclos de sueño, esto último debido a la exposición a luz de gama azul que emiten las pantallas.
Maura Ramírez explica que las personas adultas mayores también pueden tener dificultad para distinguir contenido producido con inteligencia artificial (IA) y están expuestos a recibir información falsa al relacionarse con la misma: “estas aplicaciones donde interactúas para ver tu salud mental pueden llevarte al contrario, a perder tu salud mental”, comenta.
A nivel cerebral, explica que el uso excesivo de dispositivos electrónicos limita la capacidad de atención y memoria. Además, desvincula a las personas en la parte emocional y debilita las habilidades de comunicación cara a cara, lo que puede provocar una disminución cognitiva.
“Pero esto no solamente en adultos mayores, se ve desde adultos jóvenes o niños que entre mayor sea el uso de estos aparatos sin una vigilancia, también la disminución de procesos cognitivos e incluso psicomotores, puede verse disminuido con ellos”, afirma la doctora Maura Ramírez.
Mejorar el proceso cerebral
Tras enfermar de coronavirus durante la pandemia, Angélica Arias padeció “niebla mental”: olvidaba las cosas, no sabía qué decir. “Aunque lo tengas en tu cabeza, no llega el concepto, no me acordaba de cien mil cosas y me dio mucha tristeza”.
Sabiendo que no era la única persona que sufría estos efectos, luego de una búsqueda en internet, en 2025 se enteró de un estudio convocado por la Facultad de Psicología de la UNAM, titulado “Desempeño de la memoria de trabajo a través del uso de una aplicación de estimulación cognitiva en línea”, al que se unió como participante.
La investigación, coordinada por la doctora en Ciencias Biomédicas Laura Ramos, se encuentra en proceso, sin embargo, esta especialista señala que las personas adultas mayores participantes muestran motivación por aprender a utilizar un móvil cuando se les enseña a usar las plataformas de estimulación cognitiva, como fue el caso de Angélica.
Como parte de las pruebas realizadas, Angélica fue entrevistada por videollamada; realizó ejercicios en la computadora y le recomendaron usar la plataforma de estimulación cognitiva Neuronation. Luego de recibir orientación para descargar la app, comenzó a hacer ejercicios de memoria, razonamiento y rapidez durante 45 minutos 4 veces a la semana.
Jugó durante 36 días y al concluir dicho periodo, notó que podía hacer sus actividades más rápido y que tenía mejor comprensión lectora. A la fecha, utiliza la aplicación a diario y aunque dice que se le dificultan los ejercicios de matemáticas, no deja de realizarlos.
Angélica es una de las 17.1 millones de personas mayores de 60 años que hay en México, según datos a 2025 del Consejo Nacional de Población (CONAPO).
Cuenta que tuvo contacto con una computadora por primera vez en la década de 1990. En aquella época, cuenta, no aprendió muchos programas pero ahora es diferente porque en los últimos años: “me gustó mucho mucho aprender en la computadora […] Ay, cómo lo disfruto, de veras no deja de asombrarme”.
Recuerda que cuando utilizó un teléfono táctil por primera vez, se frustró porque no alcanzaba a ver los caracteres y decía “Ay, esto no es para mí”. Después, con la ayuda de su hijo, ajustó el tamaño de la letra y gracias a la práctica, dominó el uso del dispositivo.
Cada mañana, Angélica se toma el tiempo de saludar a sus seres queridos por mensaje y calcula que utiliza el celular durante tres horas diarias. Ella mantiene un estilo de vida activo, se dedica al hogar y asiste al programa Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes (PILARES), del Gobierno capitalino, donde ha tomado clases de baile, manualidades, caligrafía, gastronomía, entre otros.
“De hecho en un PILARES empecé a ir a unas orientaciones que dan para el uso del celular porque me saturé de fotografías, entonces fui a pedir ayuda y me dijeron ‘no, pues a usted le conviene que aprenda a usar su celular’, y sí me orientaron”, dice y resalta: “los maestros que conocí en los PILARES a los que yo fui son muy amables y muy atentos”.

Las personas expertas concuerdan en que el uso de la tecnología representa un nuevo aprendizaje para las personas adultas mayores y que a diferencia de la creencia popular, sí son capaces de utilizar dispositivos electrónicos. Sin embargo, la autopercepción de que no van a aprender, las aleja de su uso. “No por ser mayor quiere decir que no va a aprender. Sí va a costar más tiempo que aprenda, pero al final aprende”, menciona la geriatra Blanca López, investigadora de la Red de Investigadores Latinoamericanos (Redital).
De acuerdo con la doctora Maura Ramírez, “lo que necesitamos es saber qué dispositivos son de mayor utilidad para los adultos mayores, porque habrá algunos de ellos que le permitan acceso a disfrute, salud, bienestar social y psicológico”.
Aprendizaje y frustración
María Antonieta Nieto, secretaria jubilada de 81 años, comenzó a utilizar un celular touch en 2015. Recuerda que al inicio experimentaba frustración porque no entendía cómo funcionaba el dispositivo: “incluso me enojaba porque yo me decía que no tenía ninguna necesidad de estar padeciendo esos momentos de inconformidad, de coraje, puesto que para mí el teléfono no era indispensable”. Sin embargo, le generó curiosidad que la gente a su alrededor ya dependía del mismo y aprendió a usarlo.
Actualmente, usa su móvil para consultar información sobre herbolaria y filosofía estoica en Youtube: “Me gusta aprender y entonces yo le busco a los programas que te enseñan algo”, señala. También le es útil para comunicarse con sus amigos y familiares, en especial para hacer videollamadas con su hija que vive en el extranjero. Recuerda que la primera vez que se conectó en este formato “fue algo muy bonito y además muy muy enriquecedor porque yo ya podía hablarle [a mi hija] y verla directamente”.

María Antonieta utilizó por primera vez una computadora en la década de 1990. En su trabajo le informaron que utilizaría Word para hacer oficios y contestar circulares, y Excel para sacar promedios, pero recuerda que batalló mucho porque en ocasiones no sabía cómo deshacer una acción y al pedir ayuda a sus compañeros, a veces hacían como que no la oían.
Luego de algunos años sin utilizar un ordenador, en febrero de 2026, se acercó al PILARES más cercano a su casa para tomar clases de computación. Hasta el momento ha repasado cómo prender una computadora, el nombre y el uso de los íconos principales de Word y Excel; ha aprendido a organizar archivos en carpetas y a crear tarjetas digitales, así como tablas con imágenes para clasificar información. “Para mí es muy importante porque ahora sí ya puedo decir que estoy estudiando computación”, afirma María Antonieta.
En su casa lee acerca del software y hardware con un libro que le facilitó su profesor. Aunque le cuesta trabajo entender los términos de origen inglés, ella recurre a su familia para resolver sus dudas y prepararse para sus exámenes.
La doctora Maura Ramírez, especialista de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que el uso de la tecnología en adultos mayores es una responsabilidad en conjunto, que va desde la orientación de los gerontólogos para que el aprendizaje sea más fácil y accesible, hasta los desarrolladores de los dispositivos. Recalca la importancia de “voltear a ver a los adultos mayores, ver qué necesidades tienen, no sólo qué limitantes”.
Datos personales y seguridad
En otro taller de emprendimiento, Angélica aprendió a usar Instagram, Facebook y Tik Tok, para promover productos o servicios, sin embargo considera que las redes sociales quitan mucho tiempo. Sólo utiliza la segunda aplicación para unirse a grupos de temas de su interés y no le gusta publicar información sobre su vida.
Angélica no se siente segura usando la tecnología debido al funcionamiento de los algoritmos, ya que le aparecen anuncios sobre temas que le interesan o de los que habló en voz alta, y le da miedo que accedan a su información incluso cuando rechaza los permisos de las aplicaciones.
Recomendaciones
La doctora Maura Ramírez recomienda influir confianza en las personas de edad avanzada para que no tengan miedo de usar dispositivos electrónicos. Resalta la importancia de recordarles que “si se descomponen se pueden arreglar o si se equivocan, se puede corregir”.
Una vez que se vayan familiarizando, menciona, “podemos ir incorporando situaciones donde les ayudemos a comparar información verídica o incluso ayudarles a crear un video o imagen con inteligencia artificial para que ellos vean qué tan fácil es confundir información”. Ante estafas, recomienda mantener la calma y recordarle a las personas adultas mayores que individuos de cualquier edad pueden caer.
Blanca López también recomienda a los acompañantes de personas de edad avanzada, dar instrucciones cortas y dirigidas al momento de orientarlos en el uso de los dispositivos, así como fomentar el uso activo de los dispositivos electrónicos: para redactar textos, buscar información en internet o entretenerse con juegos de estrategia.
Las especialistas recomiendan aumentar el tamaño de la letra en los dispositivos de las personas adultas mayores, así como el volumen del teléfono en caso de pérdida de audición y cuidar los contrastes de color entre el fondo y el texto.
Más allá del uso de tecnología, las doctoras aconsejan a las personas adultas mayores mantenerse activas y que se reúnan con familiares y amigos físicamente, ya que la percepción de satisfacción de esa interacción es mayor que al estar frente a un dispositivo. Por ello se recomienda que busquen lugares donde puedan realizar actividades recreativas, que sigan aprendiendo y cuiden su alimentación.
La doctora Laura Ramos, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, aconseja crear una bitácora o calendario sobre el tiempo invertido en el uso de pantallas y coincide con Blanca López en la importancia de que las personas adultas mayores lean, resuelvan crucigramas o sopas de letras, aprendan idiomas, bailen o realicen ejercicios de estimulación cognitiva, con el fin de que mantengan una red neuronal activa.
La doctora Ramírez reconoce que a cualquier edad se puede desarrollar una adicción a la dopamina, el neurotransmisor que se libera ante la visualización constante de videos cortos y que genera sensaciones de placer de manera inmediata. Sin embargo señala que a cualquier edad se puede identificar esta dependencia y hacer algo al respecto para que “no nos limite en la interacción de la vida de manera cotidiana”. De lo contrario, indica, alguna persona cercana puede externar su preocupación por el uso excesivo de dispositivos.
Retos de las próximas décadas
La CONAPO estima que en 2030 habrá 20.6 millones de personas adultas mayores en México y que para 2070 este sector de la población ascenderá a 48.3 millones, por ello la doctora Blanca López tiene algunas recomendaciones para que las personas adultas jóvenes tengan un envejecimiento cerebral saludable en los próximos años:
- Procurar alimentación y sueño.
- Mantener contacto social con familia y amigos, para platicar, salir o compartir una actividad.
- Tener un motivo de vida (así sea cuidar una plantita).
- Aplicar el Brain Test Score en personas de 40 y 50 años para identificar a través de puntajes, el estado de salud cerebral. (Con esta información las personas pueden hacer cambios en su estilo de vida y prevenir efectos adversos durante su envejecimiento).


