Durante el conversatorio “Nombrar la esclavitud: el reto de investigar la trata de México”, la periodista Marcela Turati, con más de dos décadas de experiencia en la cobertura de temas de violencia y desapariciones, habló sobre la necesidad de construir una organización colectiva y politizada que permita a la sociedad analizar y cuestionar los contextos de violencia que atraviesa el país para comprender estas problemáticas e ir educando el corazón.
La especialista invitó a no quedarnos solamente en el horror, sino preguntarnos qué podemos hacer frente a estas problemáticas: “Ir viendo qué se puede hacer: ver el tamaño del monstruo, la dimensión del monstruo, cómo se mueve, para dónde va, porque esto no es nuevo. Y estamos viendo cada vez más reclutamiento forzado en jóvenes”.
Turati, junto con los periodistas Thelma Gómez Durán y Eliezer Budasoff, presentó el 18 de agosto de 2026 en la Biblioteca Central de la UNAM la investigación “Esclavos de la Sierra Tarahumara: sobrevivir a los campos de trabajo forzado del narco”, que cuenta las historias de hombres víctimas de una red de trata de personas y trabajo forzado vinculada al crimen organizado en el norte de México.
Durante el evento, organizado por la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de CulturaUNAM y la Cátedra Extraordinaria sobre Trata de Personas y Violencias de la UNAM, los periodistas compartieron los retos que enfrentaron durante el proceso de investigación, desde los protocolos de seguridad que implementaron y las decisiones éticas para nombrar a las personas cuyos testimonios incorporaron, hasta el impacto emocional que les generó trabajar con un tema de alta sensibilidad.
Gómez Durán recordó que durante el sexenio de Felipe Calderón se registró un aumento en el número de desapariciones, una situación que, señaló, tenía antecedentes en las décadas de los sesenta y setenta, años en los que se registraron las primeras desapariciones forzadas en México.
Fue en la década de los ochenta, de acuerdo con lo que documentaron, que se registran los primeros casos de personas engañadas con ofertas de trabajo como jornaleros, pero que terminaban laborando en campos de cultivo de marihuana.
Durante el sexenio de Calderón, explicó, familiares de personas desaparecidas comenzaron a sospechar que quizá algunos de aquellos a quienes buscaban podrían seguir con vida. “Faltaba contar qué es lo que pasaba con los desaparecidos que estaban vivos”, manifestó Gómez Durán. Esa inquietud que compartía en sus conversaciones con Marcela Turati las llevó a abordar este tema en una investigación que les tomó cinco años en total.

Un hecho clave durante la investigación ocurrió en 2019 cuando la Fiscalía del estado de Chihuahua dio a conocer durante una conferencia de prensa el “rescate” de 21 hombres víctimas de esclavitud. Según informó, habían sido engañados con falsas ofertas de empleo y trasladados por los tratantes a sembradíos de amapola, donde eran obligados a trabajar en jornadas inhumanas, desde el amanecer hasta el anochecer, sin descanso y, en muchas ocasiones, sin comida.
Turati indagó más y obtuvo la lista con los nombres de las 21 personas. Entonces surgió una nueva pregunta, ¿estaban ante un caso aislado o era una práctica que ocurría en otras regiones del país? A medida que avanzó la investigación hemerográfica, recuperación de testimonios y revisión de información oficial, ella y Gómez Durán encontraron que definitivamente no era un hecho aislado.
Además, encontraron que de los 21 hombres presentados por la Fiscalía, sólo cuatro habían sido reportados como desaparecidos. El hallazgo amplió el alcance de la pesquisa: ya no se trataba únicamente de desapariciones, sino de un fenómeno relacionado con la trata de personas y la esclavitud en el siglo XXI.

Las periodistas comenzaron a identificar patrones: por ejemplo, los estados de procedencia de los cautivos; las situaciones de precariedad o vulnerabilidad en las que vivían; los trabajos que se les ofrecían o los oficios en específico por los cuales se les llegaba a buscar. Gracias a los testimonios también pudieron obtener información relevante como “qué les pasó, cuánto tiempo duraron, cómo eran los castigos”, recordó Turati. Uno de los aspectos que más llamó su atención fue la repetición de varios testimonios que señalaban “allá quedaron muchos”, porque eso evidenciaba que los esfuerzos de las fiscalías eran insuficientes.
Una vez obtenidos los datos y las historias que se querían plasmar en el reportaje, se unió al equipo Eliezer Budasoff como editor del proyecto. “Uno de los grandes esfuerzos que hicimos fue tratar de romper esa distancia que existe entre nosotros y las potenciales víctimas”, manifestó el también presentador del podcast El Hilo.
Para el equipo de periodistas, dijo, era sumamente importante honrar las historias de las víctimas sobrevivientes. El hecho de profundizar en lo que habían vivido, destacó Budasoff, podía contribuir a desmontar mitos comunes sobre la cultura del narcotráfico, que alimentados por la academia y los productos culturales populares, ofrecen una visión errónea de lo que implica formar parte de un sistema en el que la violencia es el estándar.

Periodismo que dignifica y no estigmatiza
Marcela Turati contó que durante las conversaciones donde debatían cuestiones editoriales sobre el reportaje, el equipo de trabajo estuvo de acuerdo en que los desaparecidos sí tenían que estar mencionados. “Necesitamos saber quiénes nos faltan”, manifestó. Thelma Gómez insistió en que es vital para el periodismo recordar que el país tiene una historia de desaparición “para evitar que estas violencias históricas se transformen para existir”, refiriéndose a la importancia de no olvidar que los antecedentes también pueden evidenciar cómo ha mutado la situación de inseguridad en México y permiten comprender mejor la forma en la que se replican esas condiciones en la actualidad.
Otra de las decisiones editoriales importantes que tomaron fue incluir el término “esclavos” en el título. “Lo que me parece que duele de tener el título acá es que no estamos usando esclavitud en sentidos metafóricos, o sea, uno tiene que asumir que estamos hablando literalmente del esclavo”, contó Budasoff.
También se cuestionaron cómo representar visualmente la esclavitud, señaló Turati. “¿Qué fotos usamos, qué fotos no usamos? Fue todo un debate”, mencionó la periodista cofundadora de Quinto Elemento Lab. Sin embargo, con el apoyo de Alejandra Saavedra, ilustradora del proyecto, se pudo traducir al lenguaje visual lo que el equipo de periodistas quería representar.

Saavedra, que estaba presente entre el público durante el conversatorio, contó que el reto fue complejo, porque teniendo testimonios muy dolorosos, no quería caer en la revictimización de los casos ni en mostrar con explicitud la brutalidad de los mismos, por lo que apostó por la “dignificación”. A través de la técnica de collage fue reconstruyendo las historias de las víctimas con la superposición de elementos que pudiesen representar cosas importantes para cada uno de los capítulos que desarrolla la investigación.
Thelma Gómez, también mentora de la UIP, agradeció a las personas que les compartieron su testimonio. “Realmente son a los que hay que honrar y agradecer, porque gracias a ellos podemos conocer lo que estaba sucediendo”. Reiteró que la esclavitud no corresponde a un momento específico, sino que forma parte de la historia del país. “No corresponde a un solo partido de gobierno, sino a todos… incluso es algo que creo que corresponde a todos los niveles de sociedad reflexionar, pensarlo y buscar formas de nombrarlo”.
Turati también habló sobre la importancia del autocuidado entre periodistas y apuntó que las universidades deberían enseñar a sus estudiantes “cómo encarar estos temas y lo que está pasando”. Aunque cada persona tiene sus propios métodos para asegurar su seguridad física, digital, emocional, psicosocial y espiritual, es importante el trabajo colaborativo. “Trabajar en red y en colectiva y en comunidad sí hace la diferencia”, expresó.

Budasoff coincidió con Turati en la importancia de trabajar en colectivo. “Creo que el mejor periodismo actualmente se hace de forma colectiva. Esa mirada de reporteros, reporteras, que van como lobos solitarios pertenece a otra época”, aseguró.
El evento contó con la moderación del doctor Mario Luis Fuentes, titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas y Violencias de la UNAM. También estuvo presente Elsa Margarita Ramírez Leyva, directora general de Bibliotecas y Servicios de Información de la UNAM; y la coordinadora de la UIP, Alma Delia Fuentes.


