Entre Escuintla, Guatemala, y Tapachula, Chiapas, hay 232 kilómetros. Esa fue la distancia que los migrantes Abner Hernández, de 29 años, y Roger, su pareja, tuvieron que recorrer en busca de un lugar lejos de la homofobia que enfrentaban en su entorno. “Los vecinos empezaron a tratar de ver cómo sacarnos de ahí. Esa noche tuvimos un pleito con ellos, nos dijeron que si no nos íbamos de ahí, iban a esperar la noche y nos iban a prender fuego mientras dormíamos”, recuerda Abner.
El joven creció en la aldea El Milagro, en el municipio de Escuintla, de unos 200 mil habitantes, delimitado por volcanes y conocido como la Ciudad de las Palmeras. Recuerda que durante su infancia, solo conoció a una persona abiertamente gay, a quien veía bailar en el patio de su casa. Nunca tuvo mayor contacto con él, aunque recuerda que sufría discriminación por su orientación sexual.
A los 10 años, Abner sufrió una agresión sexual por parte de un familiar. Pero sus padres, para evitar las críticas de su entorno, decidieron no denunciar. Esta situación desencadenó en Abner ansiedad constante que se fue agravando: llanto por las noches, conductas autolesivas, tres atentados contra su propia vida.
Al cumplir 27, decidió salir hacia México; quería llegar a Monterrey. Sin embargo, en Tapachula fue secuestrado por el narcotráfico. Durante una semana, estuvo privado de su libertad, hasta que lo hicieron decidir entre trabajar para ellos o dejarles sus pertenencias, entre ellas su identificación y certificados escolares.
Tras ser liberado, conoció a una familia venezolana con la que viajó a la Ciudad de México. Se separaron y él siguió su camino hasta San Luis Potosí. En ese punto recibió llamadas de su familia convenciéndolo de que regresara, usando la salud de sus abuelos como chantaje. Él aceptó volver.
De regreso en Guatemala, Abner conoció a Roger, su novio. Su nueva relación empeoró la situación con su familia. Al enterarse, su padre lo agredió físicamente y lo corrió de casa. Con solo su teléfono y un poco de dinero se mudó con Roger; sin embargo, ambos fueron discriminados por sus vecinos y tuvieron que irse de ahí.
Juntaron dinero y con ayuda de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dedicada a velar por la seguridad de personas en contextos de migración, salieron de Guatemala y solicitaron asilo en México. Como Abner, 58 mil 800 personas solicitaron asilo en México de enero a septiembre de 2025, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Este proceso no solo es difícil por lo que implica huir de un país en donde se atenta contra la dignidad o la vida misma, sino que las personas de las disidencias sexuales se exponen a una doble vulnerabilidad: por las condiciones de sus traslados y por la discriminación hacia su orientación e identidad de género.

La doble violencia contra migrantes por homofobia
Cristian Ricardo Montes de Oca, guatemalteco de 31 años, entró a México huyendo de una grupo criminal que lo perseguía tras denunciarlos por sus actividades fraudulentas.
A su llegada a México, le fue difícil encontrar un refugio, ya que suponía un riesgo para cualquier organización que pudiera brindárselo. Llegó al municipio de Comitán, en Chiapas, en donde estuvo 15 días hasta que sus persecutores lo encontraron.
Mientras estaba en Comitán, estableció contacto con Casa Frida Refugio LGBTI+, que lo recibió en el municipio de Tapachula. Casa Frida es una organización dedicada a la protección, acompañamiento e integración social de personas LGBTIQ+ víctimas y sobrevivientes de violencias extremas, como el desplazamiento forzado.
Su estancia en Tapachula empezaba a parecerle cómoda, ya se había acostumbrado al lugar y le gustaba salir a trabajar, hasta que fue detenido por la policía municipal.
Ese día Cristian salió del refugio hacia la embajada de Guatemala. Cuando iba de regreso, lo interceptaron para hacerle una revisión. En el cateo le preguntaron por el origen de un teléfono que llevaba consigo, mismo que le había prestado otro usuario de Casa Frida, los policías le exigieron la factura pero como Cristian no la tenía, lo arrestaron.
Durante su detención, alega, los policías se enteraron de que estaba solicitando asilo a través de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), que es la institución encargada de analizar y resolver solicitudes de refugio en el país. No fue hasta que les mencionó que estaba bajo el resguardo de Casa Frida, junto a otras personas LGBTI+, que empezaron los comentarios de odio y que justificaron la tortura que sufrió durante dos días. Casa Frida emitió un boletín de búsqueda y sólo así fue liberado.

México como un país de refugio
Humberto Hernández, un hombre cubano de 54 años, supo desde joven que tenía que dejar su país. Pero las condiciones económicas, sociales y personales postergaron durante años su salida.
Aunque desde 1979 dejó de estar prohibida la homosexualidad en Cuba, Humberto dice que su familia jamás aceptó su orientación sexual, discriminación que se sumaba al acoso por parte de la policía, que podía culminar en detenciones y abusos sin ningún motivo legal.
Salió de su país en avión a mediados del 2025. Aterrizó en Nicaragua y a partir de ese punto cruzó fronteras a pie. Pasó por Honduras, Guatemala y finalmente llegó a México. Cuenta que la travesía no fue agradable en lo absoluto, las circunstancias lo obligaron a cruzar por su cuenta terrenos difíciles, ”maltrato, montes, pantano, loma, bien feo verme solo”.
Aún así, tras haber sido reprimido durante toda la vida por su familia, la policía, su ambiente laboral, la religión y la sociedad, vio en México una nueva oportunidad para seguir desarrollando su vida. Llegó a fines de 2025, y desde entonces vive en Casa Frida. Dice que sale lo necesario, más que nada para realizar los trámites necesarios para regularizar su estancia en el país y poder trabajar.
Según la ACNUR, de las solicitudes de asilo recibidas en México entre enero y septiembre de 2025, Cuba es el país con el mayor número de solicitantes de Refugio en México: 28 mil 700 provenientes, le sigue Venezuela con 12 mil y luego Haití, con 7 mil.
En 2023, Casa Frida realizó una propuesta de reforma a la Ley sobre refugiados en México, que añade explícitamente la orientación sexual e identidad de género como motivos para otorgar esta condición a una persona extranjera.
Hasta el día de hoy, en el artículo 13 de dicha ley, los motivos que se toman en cuenta para otorgar la condición de persona refugiada son: raciales, de religión, nacionalidad, género o pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.
Raúl Caporal, presidente del consejo de Casa Frida, dijo en entrevista que no incluir explícitamente este motivo representa una problemática para las personas de la diversidad sexual. Ya que, al no ser un criterio establecido por la ley, queda al criterio de la COMAR otorgar o no el refugio.
“Nos dábamos cuenta, cuando les negaban el refugio, que las víctimas podían decir: ‘Toda la vida mi familia me rechazó, me golpeó, me violaron, me sacaron a la calle y luego llegó uno de la Mara y me empezó a cobrar cuota, y una vez me pegó’. Y aún así les decían que no estaban en riesgo y podían regresar a su país, dejando de lado la perspectiva de una violencia general que afecta a las personas en diversos ámbitos de su vida”, dice Caporal.
La iniciativa fue presentada por la diputada Patricia Mercado el 30 de abril de 2025. Hasta la fecha, la iniciativa está detenida en la Comisión de género de la Cámara de Diputados. En caso de que la reforma se apruebe, México daría reconocimiento legal y social a las identidades no cisheterosexuales, promoviendo así su protección e inclusión.

Nuevas fronteras
Haber encontrado refugio en el país y cobijo en Casa Frida, ha dado a estas personas la oportunidad de desarrollar un nuevo proyecto de vida, alejado de las situaciones de violencia de sus países, aunque con los desafíos propios en México.
Actualmente, Abner y Roger ya no se encuentran en Casa Frida. Lograron legalizar su estancia en el país y se mudaron a otro lugar fuera de la Ciudad de México. Abner ya tiene un trabajo y dice que todo va conforme a su plan de vida. El siguiente paso para ellos, dice, es seguir ahorrando e intentar conseguir una visa de trabajo en otro país, donde considera que puede tener mejores oportunidades laborales.
Por su parte, Cristian se siente inspirado por la labor de las abogadas que le han acompañado en todo el proceso. Por ello, quiere acreditar sus estudios de bachillerato e iniciar una licenciatura con enfoque en derechos humanos. “Sé que hay mucha discriminación en todo esto, me gustaría ayudar, poner mi granito de arena en algún momento”, dice.
Humberto mientras tanto, continúa en espera de regularizar su situación en México y, aunque aún sale a la calle con reservas, se siente con más libertades y más seguro de acceder a algunos servicios, por ejemplo, comenta que los lugares para conseguir medicamentos son más accesibles que en Cuba.


