“¿Qué es paz, cómo construimos esa paz y qué lenguajes ya están asentados en nuestro medio, en nuestra sociedad y qué puede esconder eso más allá de lo que creemos que explica para que no sigamos perpetuando esa normalización e inacción de la violencia?” Lisa Sánchez, exdirectora de México Unido Contra la Delincuencia, invitó a las personas asistentes a la Fiesta del Libro y la Rosa 2026 a reflexionar sobre el papel del lenguaje en la percepción de los hechos.
Al momento de construir productos periodísticos es relevante pensar y cuestionar cuál es el lenguaje que vamos a utilizar y cuál está normalizado, señaló.
Junto con Mario Luis Fuentes, titular de la Cátedra Extraordinaria sobre Trata de Personas, Sánchez participó en la mesa “¿Cómo comunicar hacia la paz? El papel del periodismo en la defensa de los derechos humanos” convocado por la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP). Fuentes destacó que el lenguaje “es un dispositivo que media entre lo social y lo que percibimos como lo social”.
“Tenemos que imaginarnos y debatir qué es la paz y dar cuenta de que esto tiene que reconocer el mundo plural, diverso, heterogéneo que somos”, añadió el también titular de México Social, proyecto periodístico que analiza las problemáticas sociales que afectan al país, como pobreza, desigualdad y violencias.
Tras hacer referencia al inicio del combate frontal al crimen organizado, iniciado en 2006 y etiquetado comúnmente como “guerra contra el narco”, Sánchez apuntó sobre el impacto del uso deficiente del lenguaje: “No nos hemos puesto a pensar que la sola palabra combate implica bandos en conflicto donde hay un enemigo y donde muchas veces ese enemigo […], termina siendo no sólo invisibilizado, sino unificado en una especie de estereotipo que hace muy difícil que se cuestione”.
Ejemplificó con las campañas de desprestigio que enfrentan las madres buscadoras en redes sociales: “‘Pero es que tu hijo era criminal’. Incluso si eso fuese cierto, ¿qué paz estamos intentando construir cuando lo que hacemos en ese cuestionamiento es negar el derecho a la búsqueda y negar la obligación de búsqueda de una persona que de todos modos sigue en condición de persona desaparecida, independientemente de las condiciones o el contexto en el que haya desaparecido?”, cuestionó la también activista.
Por su parte, Mario Luis Fuentes, con una larga trayectoria como analista en temas de desigualdad social, invitó a construir una noción de lo qué significa la paz e insistió en que ésta “sólo se constituye cuando hay una sociedad que garantiza todos los derechos a todos”. También destacó que el Estado no atiende las problemáticas sociales o lo hace muy tarde: “¿Cómo se puede construir la paz en una sociedad atravesada por desigualdades e injusticias?”.
Ambos especialistas reconocieron el trabajo de figuras como la escritora Cristina Rivera Garza y los periodistas Marcela Turati y Javier Valdés: “Ellos nos han narrado una realidad que nos ayuda a conocer algo que no estamos viendo”. Fuentes enfatizó que quienes se dedican a la comunicación, ya sea a través del periodismo, la literatura, la radio, o cualquier otra plataforma, deben ser conscientes de que lo que expresan construye, revela y esconde realidades.
Sánchez, analista en Aristegui Noticias y N+, apuntó: “Los activismos tenemos una responsabilidad muy grande de estar en este diálogo permanente con el periodismo”. Y compartió que al dar entrevistas ella se ha negado a usar la palabra combate y la sustituye por “atención o respuestas al delito” para cambiar las narrativas a través del lenguaje.
Añadió que “existe el valor, la necesidad y la obligación al cuestionamiento de los conceptos” e hizo una invitación para sumarse a áreas de resistencia, como negarse al lenguaje técnico de los números, a la invisibilización de las historias, así como descentralizar las problemáticas y estadísticas de las zonas urbanas al momento de hacer periodismo.
Tomando en cuenta que en la labor periodística existen muchas narrativas, Mario Luis Fuentes señaló que “hablamos de violencias, pero no hablamos de las desigualdades, del hambre, de la privación, de la falta de tener futuro” y advirtió que “le damos una centralidad a algo que también estructura la percepción de que todo es violencia”, por lo cual invitó a abordar las problemáticas sociales desde su complejidad y considerando que “este país es una enorme realidad de [casi] 140 millones de mexicanos, enormemente diversos, heterogéneos y plurales”.

La falacia de la neutralidad
Sánchez, también alertó sobre falacias de la neutralidad y objetividad del periodismo en tiempos de polarización como el que se vive en la actualidad y concluyó: “A pesar de que el periodismo tiene que ser profesional, fundado y tiene que tener la incorporación de todas las visiones, la neutralidad contra el mal, el daño, la violencia y la reducción de nuestras posibilidades sociales de construir paz, no es necesariamente lo que se demanda del periodismo ni lo que el periodismo puede entregar”.
Retomando esta reflexión, el académico aseveró que “el lenguaje pesa, y el lenguaje expresa lo que somos y percibimos de una realidad”. Al respecto enfatizó que “hay que resistir cuestionando y sospechando de cada palabra”.
También destacó que los medios de comunicación “son empresas que responden a mercados editoriales, que [a su vez] tienen una idea de ganancia”. Por lo mismo, aseveró que “es toda una noción de poder; tenemos que develarla o por lo menos sospechar que atrás [de la primera plana] hay una decisión que no es conocida y que no depende del periodista”.
“Sabiendo que las palabras pesan, que no hay palabra que sea neutral y mucho menos que no revele lo que somos, lo que pensamos”, Fuentes afirmó que: “Todo está permeado de una pugna del poder, […] todo lo humano tiene una historia […] y ahora nos hemos vuelto seres tecnológicos […]. Nuestra realidad social está mediada por máquinas […], que nos lleva a comunicar, a conocer, a tener una idea de realidad que no estamos conscientes”.

