Es noviembre de 2025, concretamente la Noche de las Estrellas en las islas de Ciudad Universitaria. Un grupo de infancias avanza por un tablero gigante lleno de dibujos. Comienza la explicación. Una escalera representa algún momento crucial en la formación del Universo como el Big Bang, el nacimiento de los primeros átomos o las primeras estrellas; cada galaxia, un modelo o proceso que explica fenómenos por los que el mundo no sería tal cual lo conocemos en la actualidad.
No se trata de una clase tediosa de física. Las infancias están jugando.
Galaxias y Escaleras, como la llamaron sus creadores, es una adaptación del juego Serpientes y Escaleras donde a través de la física de partículas podemos entender cómo nuestro Universo pasó de un estado extremadamente caliente y denso a un Cosmos en expansión donde se formaron partículas, átomos, estrellas, galaxias, planetas y finalmente la vida. Detrás de la elaboración de ese enorme tablero está Tlamatini (palabra de origen náhuatl que significa “el que sabe algo” o “el que sabe cosas”), colectiva que nació en la Facultad de Ciencias de la UNAM con el objetivo de transformar conceptos científicos en una experiencia lúdica y de disfrute para públicos de distintas edades.
Tlamatini es una iniciativa del profesor de Física Nuclear Vladimir Lemus y de Andrea Flores, egresada de la Licenciatura en Física. Cuando surgió la idea, no iban en blanco. Flores ya había colaborado de manera independiente en la revista de divulgación científica ConSUMIendo Ciencia y en 2024 cuando se alió con el profesor para crear la colectiva Tlamatini, misma que inscribieron al Programa de Fomento a la Difusión y la Divulgación de la Ciencia de la Facultad (FODIDCIE).
A más de dos años, no han recibido respuesta sobre el apoyo, que consiste en el financiamiento de un proyecto ganador durante 12 meses. Pero eso tampoco les ha frenado para armar juegos y proyectos, muchas veces, de manera autogestiva.

Galaxias y partículas
En su sitio web, los miembros de Tlamatini han publicado cápsulas sonoras acerca de videojuegos y sobre el reciclaje de computadoras, iniciativa que se lleva a cabo en la Facultad de Ciencias, pero también difunden temas de física a través de juegos como el ya mencionado Galaxias y escaleras o Partículas Elementales.
En este último, cada participante recibe un mazo de cartas y debe combinar distintos tipos de quarks (las partículas fundamentales que forman protones y neutrones). Para lograrlo se guía por colores y anticolores, nombres que los físicos usan para describir una propiedad de los quarks y la forma en que se mantienen unidos, no colores reales.
Al reunir tres quarks, se forman bariones, una familia de partículas que incluye a los protones y neutrones presentes en los átomos de todo lo que nos rodea. También pueden formar antibariones, sus “gemelos” de antimateria, y mesones al juntar un par de quarks.

Esta dinámica busca explicar cómo se construyen algunas de las “piezas” más básicas del Universo. Si bien el proyecto sigue en fase de prueba y diseño, el plan es que sea un juego libre para que cualquier persona lo pueda descargar a través de Internet.
La intención principal de volver interactivos varios conceptos físicos es desmitificar la idea de que estos son exclusivos de un gremio especializado. Por ejemplo, el profesor Vladimir Lemus explica que los quarks le dan masa y estructura a todo lo que puedes ver, tocar o con lo que puedes interactuar, desde el dispositivo en el que estás leyendo esto hasta tu propio cuerpo.
La apuesta de Tlamatini por aprender a través del juego no es trivial. De acuerdo con el artículo To access your creativity, start playing, la creatividad (cualidad imprescindible en el mundo científico) no se limita a las actividades tradicionalmente artísticas, sino que incluye las formas cotidianas en que los seres humanos resuelven problemas, hacen planes y dan forma a sus vidas. En ese sentido, jugar puede convertirse en una vía para fortalecerla.

Una alternativa de trabajo
Además de su misión de divulgación, el profesor Lemus concibe esta colectiva como un espacio de desarrollo profesional para estudiantes de los últimos semestres, ya que ha detectado que es en esta época cuando el estudiantado se suele desmotivar por factores como la alta competencia laboral y la dificultad de la misma carrera.
El Informe de Actividades 2024-2025 de la Facultad de Ciencias señala que en el semestre 2026-1 recibieron a 365 alumnas y alumnos de primer ingreso en la Licenciatura en Física, cifra que contrasta con 98 personas que se titularon en 2025.
Así, el profesor Lemus busca que Tlamatini sea un espacio de desarrollo de habilidades tanto de trabajo en equipo como de aprendizaje técnico para hacer divulgación. “Mi interés es incentivarlos un poco [para] que se queden en la carrera y busquen otras opciones”, esto con el fin de que posteriormente los jóvenes puedan replicar lo aprendido en proyectos propios.
Frente a la falta de oportunidades laborales en el área, a la que ya se han enfrentado las físicas Flores y López, la primera menciona: “No todos vamos a llegar a desarrollar la vida académica hasta doctorado, pero eso no implica que todos tus años de estudio en la licenciatura, todo lo que pasaste de dificultades, no hayan dado frutos”.
Tan sólo en el primer trimestre de 2026, el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores contó con 48,054 miembros registrados. Por su parte, el Grupo Banco Mundial señaló que en 2024, en el país había 428,24 personas dedicadas a la Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D) por cada millón de personas.
Por ejemplo, Andrea Flores se ha desempeñado como profesora de informática y robótica en niveles de educación básica. Sin embargo, cuenta que por salud mental, dejó de buscar trabajo y más tarde ingresó a la Licenciatura en Diseño de la Comunicación Gráfica en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con lo que busca integrar ambas formaciones en su labor profesional. “Creo que si me dedicara a algo de ciencia, sería a enseñar o a la divulgación”, comenta.
Un espacio para hacer comunidad
Tanto Flores como López describen el ambiente de la Facultad de Ciencias, en general, estresante y abrumador, pues la comunidad estudiantil está bajo presión “todo el tiempo”. Por esta situación, las personas integrantes de Tlamatini tienen un objetivo: “Buscamos hacer comunidad, más allá de solo estar en equipos de laboratorio o para entregar trabajos”, señala Andrea Flores. Asimismo, la agenda de Tlamatini está abierta a abordar temas de interés personal.
Para lograr este sentido de comunidad, consideran el hecho de que cada integrante tiene proyectos personales y profesionales propios, por lo que a la colectiva le dedican su tiempo libre y publican conforme van avanzando en los proyectos. No hay fechas delimitadas pues su principal objetivo es que Tlamatini sea una actividad que hacen por gusto y no sea una obligación.
Sus miembros no tienen actividades preasignadas, pero colaboran de acuerdo a los recursos con los que cuentan en el momento. “Este proyecto ha sido desarrollar las habilidades de llegar a acuerdos con ideas diferentes”, menciona Flores.

Otros espacios para divulgar
Si alguien quisiera buscar las redes de Tlamatini, notaría que no cuenta con un perfil en las redes de Meta, ni en X (antes Twitter). En su lugar, utilizan el Fediverso, es decir, redes libres a las que puede acceder cualquier persona con conexión a Internet, muchas veces sin necesidad de crear una cuenta. Con esta decisión buscan que la información esté abierta y que haya plataformas para que todos se puedan comunicar.
Más allá de convencer a las personas de no usar las redes sociales, explican que su objetivo es que la gente apueste por conexión real, humana y no condicionada por una red social. “A lo mejor las redes sociales no van a ser nuestro ‘fuerte’, pero creo que también eso es muy congruente con nuestro mensaje, porque a veces, por más conectados que nos hagan parecer las redes sociales, estamos muy desconectados unos de otros”, expresa Flores.
Aunque actualmente el equipo sólo está compuesto por personas especializadas en Física y Ciencias de la Computación, Tlamatini está abierto a colaborar con académicos y estudiantes de otras disciplinas para demostrar que la ciencia también se construye y dialoga en espacios que van mucho más allá de los laboratorios o la universidad.
“Incluso con otras profesiones que uno no pensaría que están realizando este trabajo [como Filosofía, Biología o Psicología], también aportarían mucho”, concluyó Avelina López.
A futuro, sus integrantes esperan consolidar la colectiva como una asociación civil y ampliar tanto sus colaboraciones como el alcance de sus materiales. Mientras tanto, continúan reuniéndose en un cubículo del Edificio de Matemáticas para imaginar nuevas formas de contar la Física.

