El regreso de los discos de vinilo

En una época en donde la música se reproduce desde la nube y las plataformas de streaming dictan los gustos de millones de oyentes, los antiguos discos de vinilo regresan para girar con fuerza. 

La experiencia de colocar la aguja sobre el surco, escuchar cómo la amalgama de notas cobra vida y sentir la saturación armónica que caracteriza al sonido analógico retorna a estos tiempos como un ritual que combina técnica y sensibilidad.  

Quienes saben de audio mencionan que si se busca la mayor calidad de grabación, algunos formatos digitales, así como el disco compacto son lo ideal. Sin embargo, el vinilo tiene la saturación que le da carácter y calidez al sonido. Además, cada disco es una pieza única que requiere cuidado y atención. 

A comienzos del siglo XX, el formato LP marcó un antes y un después en la historia del sonido grabado, acompañando durante décadas a varias generaciones hasta que casetes, discos compactos y archivos digitales desplazaron su uso cotidiano. Aun así, el vinilo nunca desapareció del todo: permaneció latente. 

Los discos de vinilo vuelven a girar. Foto: Yael Lima

Experiencia sonora compartida

El disco de vinilo llegó a México a principios de la década de los cincuenta, marcando un antes y un después en la forma de consumir música. Las portadas de los discos eran, muchas veces, lienzos de arte gráfico; las tiendas, puntos de encuentro y el simple acto de colocar la aguja sobre los surcos era un ritual que demandaba paciencia y atención. 

Más que un medio de reproducción, el vinilo fue una experiencia completa que conectaba a las personas con la música de manera sensorial y comunitaria. 

“Te juntas con tus cuates y escuchas todo, te echas una chelita así. Es parte de esa tradición que vivimos nosotros los setenteros, ochenteros de cuando juntabas una lana, lo comprabas y lo que querías era llegar a tu casa para escucharlo completo y así es todo una fiesta”, dice Guillermo Herrera, melómano y creador de la tienda Factotum Records.

Guillermo Herrera sosteniendo un disco de su tienda Factotum Records. Foto: Yael Lima

Hoy, en plena era de la inmediatez y el consumo fugaz, el vinilo regresa como símbolo de una escucha más consciente. Ya no se trata sólo de una pieza de colección, sino de un medio vivo que utilizan melómanos, DJs y coleccionistas para devolverle a la música su peso material. Su presencia también ha dado lugar a espacios como los listening bars, donde la experiencia de escuchar un disco completo, sin interrupciones, se convierte en un acto casi ceremonial dedicado al placer sonoro. 

Más allá de la nostalgia, el regreso del vinilo se explica por varios factores: la búsqueda de una experiencia más íntima con la música, el valor del objeto físico frente a la inmaterialidad de lo digital y la calidez sonora que muchos melómanos aseguran no encontrar en otro formato. 

El vinilo no sólo se escucha, también se colecciona, se muestra y se comparte como un ritual en la era de lo inmediato. Para una generación acostumbrada a la velocidad de las playlists, poner un disco significa detenerse, escuchar con atención y darle un sentido más profundo al acto de disfrutar la música.

Parlantes ALTEC VOTT 7, junto al disco Sound of Silver de LCD Soundsystem en un listening bar. Foto: Yael Lima

Coleccionistas y “selectores” 

Dentro del mundo del vinilo hay coleccionistas que también son “selectores” de música en vivo, una práctica que combina la pasión por la música con la búsqueda casi obsesiva de sonidos únicos. En este ámbito se encuentra Maximiliano Flores, ingeniero en audio, músico y DJ especializado en el formato de vinilo, quien desde hace cinco años ha hecho de la exploración sonora un estilo de vida. 

Para Flores, la relación con los discos es un “vicio” que mezcla disciplina y emoción, una rutina que lo lleva a recorrer los tianguis de la Ciudad de México en busca de tesoros ocultos. 

“Realmente casi a diario voy a buscar discos si el dinero lo permite”, comenta, mientras recuerda hallazgos que van desde ediciones raras hasta clásicos olvidados adquiridos por apenas cinco pesos. 

Espacios como el tianguis de la colonia Portales o los puestos ambulantes que se instalan afuera del Metro Balderas se convierten en auténticos santuarios del vinilo, donde cada búsqueda es también un acto de resistencia cultural y de amor por el sonido analógico.

Más que reproducir canciones, los “selectores” buscan crear momentos, encontrar la canción correcta para ese instante, generar una narrativa sonora que envuelva a quien escucha. Un proceso que convierte la sesión en una experiencia compartida y memorable.

Maximiliano Flores busca los discos adecuados para una selección musical. Foto: Yael Lima

“Hay bastantes personas que se dedican a esto, tanto hombres como mujeres, y todos aportan algo al movimiento”, comenta Flores. “Los encuentros entre los coleccionistas de vinilos van más allá de lo musical: se trata de intercambio cultural, descubrimiento de géneros y fortalecimiento de la comunidad del vinilo”.

Maximiliano Flores considera que el formato del vinilo va a perdurar: “Aunque tuvo su caída a finales de los ochenta y principios del 2000, creo que ahora sabemos apreciar como todo este tipo de música porque aunque ya tenemos las plataformas, ya tenemos muchos formatos musicales”.

¿Los vinilos son una moda pasajera? ¿Escucharlos es un acto de resistencia frente a la fugacidad de la era digital? ¿Quizá pura nostalgia o una forma de reivindicar el sonido que surge cuando un vinilo gira a 33 revoluciones por minuto? 

Para seguir explorando el universo del vinilo, escucha este podcast: una conversación que entrelaza sonidos, arte y memoria analógica.