Un viaje por la poesía para las infancias
La poesía tiene formas infinitas y te lleva a lugares donde la imaginación es el límite. (Ilustración: Cecilia Falcón)

¿Alguna vez has leído poesía para niñas y niños? Si tu respuesta es un “no”, te invito a que hagas memoria. Toma en cuenta que la poesía no siempre se presenta en forma de verso. A veces llega como adivinanza o canción. En otras ocasiones, las palabras hechas poesía permiten descubrir el mundo o mirar desde otra perspectiva aquellas cosas que ocurren en nuestra cotidianidad. En otros casos, la poesía es visual o nos lleva a soltar una carcajada. Aun así, no todos le abren la puerta a la poesía creada para acompañar a las infancias.  

Si te adentras en el universo de la poesía para infancias, tal vez descubras a “El elefante elegante” creado por Denisse Pohls y plasmado en el libro ABC Absurdo.

El elefante elegante lee eles

eles elegantes lee el elefante.

(…)

eléctricas, elevadas, elefantinas

elevadoras, electrodomésticas, electricidades

¡Elefancias!

Gerardo lee el poemario Quiere a ese perro, escrito por Sharon Creech. Foto: Victor Rivera
Gerardo lee el poemario Quiere a ese perro, escrito por Sharon Creech. Foto: Victor Rivera

Las personas intrépidas que se adentran en la poesía no sólo leen eles, sino todo un abecedario de sensaciones. Como lo describe la escritora mexicana María Baranda, este género literario te “lleva más allá del pensamiento. Te suscita un montón de imágenes, de lugares emocionales y emocionantes”.

María Baranda, por cierto, es una de las escritoras mexicanas que han puesto su atención y creatividad en la poesía para las infancias.  Digo de noche un gato y otros poemas, Máquinas imaginadas y Soñemos un sueño forman parte de la larga lista de obras de su autoría. Su experiencia en el género, le permite señalar que en México hace falta que “las editoriales apuesten más por la poesía para las infancias, a lo que tiene que ver con el libro para las infancias y que haya más festivales culturales para niños donde haya poesía”.

Karla Jiménez Cruz, filóloga por la Universidad Autónoma Metropolitana, y Donovan Herrera Santillán, profesor del CCH Sur, resaltan algunos mitos que es necesario derrumbar sobre la poesía. Por ejemplo, que la poesía es “difícil de entender, [que] debe de seguir una estructura tradicional” o “que solamente está en un formato de libro empolvado”. Quien realiza una exploración en el género, encontrará  todo lo contrario.

Paola conoce Una extraña seta en el jardín, libro ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia. Foto: Victor Rivera
Paola conoce Una extraña seta en el jardín, libro ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia. Foto: Victor Rivera

Poesía que se juega

¿Recuerdas que en un inicio te dije que era muy probable que hayas tenido contacto con la poesía para las infancias? Este género, “la mayoría de las veces está de manera oral”, recuerdan Karla y Donovan, quienes comentan que “está en las canciones, incluso, en los juegos que los niños inventan”.

La escritora y poeta Martha Riva Palacio, ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños, destaca que las niñas y los niños son los que más juegan con el lenguaje y los sonidos: “Tal vez no van a articular [la poesía], especialmente las primeras infancias, como la  articularía un adolescente o una persona adulta, pero ahí hay una poética”.

Si conoces a algún adulto que crea lo contrario, cuéntale que en su texto La experiencia literaria, de 1952, el escritor y diplomático mexicano Alfonso Reyes señalaba, que “en lo que dicen, juegan y cantan los niños, reconocemos formas poéticas primitivas, y reconocemos en los impulsos rítmicos que los alienta la necesidad de ciertos ruidos y pausas, la autonomía interna del poema”.

 Cielo de agua, poemario del escritor Aramís Quintero. Foto: Victor Rivera
Cielo de agua, poemario del escritor Aramís Quintero. Foto: Victor Rivera

Cuántas veces no cantaste y jugaste “La rueda de San Miguel“, cuántas veces te echaste a correr mientras entonabas “Jugaremos en el bosque”. Es más, cuántas veces no te reíste al buscar a uno de tus amigos y mencionarle la frase: “¡Di girasol!”.  Desde aquellos momentos, la poesía ya estaba presente en tu vida. Donovan Herrera dice que algunas personas no ven lo poético en estas rondas y juegos por su contenido didáctico, “[consideran que] como es la rimita chistosa, no tiene ningún valor”.

Martha Riva Palacio, autora de Lunática y Pequeño elefante transneptuniano, comenta que la poesía infantil atraviesa otra problemática particular: existe un “relato único de lo que debe de ser la infancia”, es decir, que muchas veces, los poetas y las editoriales no se arriesgan a explorar la diversidad de historias, experiencias y sensibilidades que tienen los niños y las niñas. 

Un libro que se atreve a explorar a otras infancias, en específico a las migrantes, es el Cancionero de los niños invisibles, escrito por Emilio Lome. Ahí se puede encontrar el poema “Ese oficio no me gusta”: 

Chuma quiere ser portero

del Isidro Metapán

y jugar en la Selecta 

para un día ir al mundial.

(…)

Chuma está destinado

a ser parte de La Mara;

se tatuará todo el cuerpo,

la calle será su casa.

Diversos poemarios dedicados a las y los lectores más pequeños. Imagen: Adriana Kong
Diversos poemarios dedicados a las y los lectores más pequeños. Imagen: Adriana Kong

Liberar poemas 

María Baranda cree que “si le diéramos más poesía a los niños, el mundo cambiaría”.  Tal vez eso la motivó a participar en el Primer Festival de Poesía para Infancias, realizado en  marzo de 2025, un experimento que acercó a la poesía a decenas de chicos (y no tan chicos).

Durante ese festival, las letras se entonaban entre dibujos, canciones y coreografías en el patio de una casona ubicada en el barrio de Mixcoac, al sur de la Ciudad de México. Los infantes, entre risas y bulla, redescubrían el mundo que creían conocer. El entusiasmo  era enorme.

Una de las actividades llevaba el nombre de Libera un poema: dentro de una jaula había decenas de pájaros-poemas o poemas-pájaros, pequeñas aves de cartón que tenían un trocito de papel donde estaban escritos un par de versos. Esas aves esperaban que niños y adultos los liberaran de su celda y se maravillarán con su contenido.

La jaula con las aves de cartón de la actividad Libera un poema del Primer Festival de Poesía para Infancias. Foto: Victor Rivera
La jaula con las aves de cartón de la actividad Libera un poema del Primer Festival de Poesía para Infancias. Foto: Victor Rivera

La poesía tiene muchos mundos que ofrecer, muchos sentimientos y experiencias, y nunca es tarde para sacarlos del librero, ponerlos sobre nuestras manos, leerlos y  liberarlos, como aquel elefante elegante que sólo lee eles:

Eléctricas, elevadas, elefantinas

elevadoras, electrodomésticas, electricidades

¡Elefancias!”. 

¿Quieres conocer más sobre poesía para acompañar a las infancias? ¿Te gustaría escuchar algunos poemas en voz de niñas y niños? Continúa esta travesía en el podcast  “Un viaje por la poesía para las infancias”.