¿Y si no me quiero embarazar? Esterilización femenina 
A Jacqueline, joven y sin hijos, le tomó casi tres años de cuestionamientos y valoraciones médicas poder acceder a la esterilización femenina. (Ilustración: Cecilia Falcón)

A los 19 años, Jacqueline decidió que no quería embarazarse. Solicitó una ligadura de trompas en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Pero lo que parecía un procedimiento sencillo se convirtió en una espera de casi tres años: trámites, valoraciones médicas, negativas y cuestionamientos constantes.

“Hubo un doctor que fue muy grosero. Me preguntó si sabía que era permanente y por qué lo había hecho. ‘¿Qué tienes en la cabeza?’, ‘¿Por qué no piensas en el futuro?’, ‘¿Qué tal que tu pareja sí quiere?’”, cuenta Jacqueline.

La Oclusión Tubaria Bilateral (OTB), también llamada ligadura de trompas, es un procedimiento anticonceptivo permanente con una eficacia del 99%, según la Organización Mundial de la Salud. Consiste en bloquear las trompas de falopio para impedir el encuentro entre óvulos y espermatozoides.

Las normativas mexicanas e internacionales establecen que este derecho no puede condicionarse a la edad ni al número de hijos. Por ejemplo, en México, el acceso a este procedimiento está reconocido en la NOM-005 de servicios de planificación familiar. La normativa indica que “la edad y paridad de la mujer no serán factores de contraindicación del método”. 

El Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) plantea que los Estados deben asegurar el acceso universal a los servicios de atención médica. El acceso incluye los servicios relacionados con la salud reproductiva para garantizar. La CIPD defiende “la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir si hacerlo o no, cuándo y con qué frecuencia”.

Aun así, mujeres jóvenes como Jacqueline enfrentan obstáculos en hospitales públicos: prejuicios médicos, protocolos internos y valoraciones que cuestionan su decisión.

“Hay médicos que en pacientes jóvenes se rehúsan a realizar la cirugía porque es probable que puedan arrepentirse”.

Fernanda Sarabia, ginecóloga y obstetra de atención privada

“Hay médicos que en pacientes jóvenes se rehúsan a realizar la cirugía porque es probable que puedan arrepentirse”, señala la ginecóloga Sarabia.

La ginecóloga Carrillo explica que para acceder a este servicio se debe realizar un procedimiento que incluye distintas revisiones antes de la intervención:

“En los hospitales públicos, cuando una paciente solicita la oclusión tubaria bilateral por deseo de no ser mamá. Antes de llevar a cabo el proceso, se hace un interrogatorio, una historia clínica completa de la paciente y se solicita una valoración con psicología para que platique con ella sobre por qué esa decisión”, detalla.

Jacqueline, de 23 años, cuenta que creció convencida de que la maternidad no era una obligación. Hubo momentos en que lo deseó, dice. Pero la carga de los cuidados, su diagnóstico de distimia (un trastorno depresivo de baja intensidad, pero crónico y persistente), la distrofia muscular y las dificultades económicas la llevaron a decidir que la salpingoclasia era la mejor opción para su vida.

En México, cada vez más mujeres tienen menos hijos: en 1970 el promedio era de 6.5; hoy es de 1.9, según la organización México, ¿Cómo vamos?. La esterilización femenina se ha convertido en el método anticonceptivo más utilizado. En 2023, el 45.9% de las mujeres en edad fértil la eligió, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica.

El fenómeno de ser childfree —vivir sin hijos por elección— está vinculado a distintas motivaciones. En 2022, El Colegio de México publicó un estudio donde identifica cinco razones principales. La primera es la violencia y pobreza estructural del país. Además, se nombra la crisis ambiental y la sobrepoblación mundial; la falta de recursos económicos o de tiempo para la crianza; la ausencia de afinidad o paciencia hacia los niños; y condiciones personales como la orientación sexual o enfermedades hereditarias.

“Yo estoy tranquila con mi decisión”, dice Jacqueline. “No porque no quiera, sino porque no es para mí. Y no quiero que me obliguen a algo que no quiero vivir”.

Para quienes defienden el derecho a decidir, el mensaje es claro: la maternidad no puede ser impuesta, ni por la cultura, ni por la burocracia, ni por el sistema de salud. Y aunque en teoría cualquier mujer en edad fértil y con vida sexual activa que lo solicite debería poder acceder a este servicio, en la práctica no es así.

¿Te gustaría saber más de esta historia? Continúa escuchando el podcast ¿Y si no me quiero embarazar? Esterilización femenina.