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El día que amaneció dos veces
Acapulco después del huracán Otis

Foto: Dassaev Téllez Adame / Cuartoscuro

Las voces de la tragedia: Huracán Otis en Acapulco y Coyuca de Benítez

Ethan Balanzar, reportero; Carlos Acuña, mentoría / Corriente Alterna el 28 de octubre, 2023

El golpe del huracán Otis sobre Acapulco y otros municipios costeros de Guerrero no tiene precedentes. Estas son algunas de las voces de quienes lo sobrevivieron.

Nicolay Ramírez Castellanos corta un tronco con una motosierra prestada, en medio de la Calle Vicente Guerrero, en Coyuca de Benítez, municipio del estado de Guerrero. Trabaja como checador en el sitio de taxis Coyuca–Los Barrios, donde los usuarios lo conocen por dos sobrenombres: el Bon Ice o Pinkie. Tiene 38 años y ha vivido aquí toda su vida: jamás había visto un aironazo semejante pasar por estos lares. 

Hoy es jueves 26 de octubre. Ayer, miércoles, el huracán Otis tocó tierra en la costa de Acapulco, 35 kilómetros al este de Coyuca de Benítez. Fue un caso insólito, que sorprendió a los científicos: en menos de doce horas, el meteoro detectado como una tormenta tropical al mediodía del martes 24 de octubre pasó a ser huracán categoría 5. Vientos de 260 kilómetros por hora impactaron en la Bahía de Santa Lucía apenas después de medianoche.

Toda la madrugada y parte de la mañana Nicolay escuchó el tremendo golpe del viento. Fue inevitable que recordara, como muchos de los guerrerenses, lo ocurrido hace 26 años cuando, también en la madrugada, el huracán Paulina azotó las costas guerrerenses el 9 de octubre de 1997.

Apenas se asomó un poco el sol, la gente de Coyuca salió a la calles a intentar evaluar los daños. Ahora, junto con sus vecinos, Nicolay acompaña los trabajos de elementos de la policía estatal y de protección civil. Ya perdió la cuenta de cuántas veces ha prestado su equipo para lavar tinacos: una manguera de agua eléctrica a presión que ahora sirve para empujar todo el lodo que inundó todo: las casas, los patios, los autos.

Vive con su tía Emigdia Goméz, de 75 años. Ha pasado las últimas noches acompañándola, iluminados apenas por un par de veladoras y una linterna, mirando por la ventana cómo se mueve el árbol de mangos que tienen en el patio: temen que el tronco de más de cuatro metros caiga sobre la casa. 

Municipio de Coyuca Benìtez, bajo el agua
El municipio de Coyuca Benìtez tras el paso del huracán / Foto: Marco Antonio Bravo Pineda, cortesía

Oficialmente, el gobierno federal ha reconocido 27 fallecidos por el paso del huracán y cuatro desaparecidos; después, el presidente municipal de Coyuca de Benítez informaría sobre otros cuatro muertos en su demarcación.

Nicolay apenas logra dormir. Hoy el patio amaneció lleno de ramas y mangos regados por el patio. En un recorrido por Coyuca puede ver el teatro del pueblo convertido en una ruina. El agua, la luz, la telefonía e internet dejaron de funcionar para los 73 mil habitantes del municipio. No funciona ninguna de las telecomunicaciones. Sin posibilidad de llegar a la costa, hablamos con Nicolay y otros pobladores desde la Ciudad de México, a través de chats de WhatsApp y por intermitentes llamadas telefónicas.

El río San Miguel está desbordado y sus aguas llegan hasta el mercado viejo. La primera autoridad en hacerse presente es la policía estatal: elementos que habían sido desplegados en Coyuca por los asesinatos de Alfredo Alonso López, el secretario de Seguridad Pública del municipio, y Honorio Salinas Garay, director de la policía de Coyuca de Benítez, el pasado lunes 23 de octubre.

El temor por los saqueos en Acapulco

—En Paulina había mucha agua, yo me acuerdo, pero en este (refiriéndose a Otis) había mucho viento. Fue más mortal el viento: arremolinaba láminas y tinacos en el aire.

Quien habla es Camelia Mayo, ama de casa de 48 años y habitante de Coyuca. Tiene una pequeña tienda de abarrotes de la cual dependen su madre, una mujer de la tercera edad que padece síndrome de Parkinson, y una hermana con retraso psicomotor severo. Camelia es la encargada de cuidarlas. 

La noche del huracán escuchó al viento arrancar láminas y vigas de la azotea del último piso. En medio de la tromba, alcanzó a subir a la azotea y rescatar a sus dos perritas, Bomby y Molly. Pasó la noche en vela alumbrando su casa con veladoras. 

Al tener a su hermana y a su madre bajo su cuidado, no puede salir ni apoyar en las labores vecinales. Tiene lo necesario para subsistir varios días gracias a la estantería de su tienda de abarrotes, aunque no ha dejado de vender a los vecinos y familiares más cercanos. Tiene miedo por los saqueos que se han reportado en Acapulco. 

—Hasta ahorita no he sabido de ningún saqueo en Coyuca  —dice.

Habitantes de Acapulco tomaron las tiendas departamentales en búsqueda de artículos de primera necesidad.
Ante la falta de víveres y ayuda gubernamental, sin agua ni comida disponible, habitantes de Acapulco tomaron las tiendas departamentales en búsqueda de artículos de primera necesidad. / Foto: Dassaev Téllez Adame / Cuartoscuro

Buscando a mamá

La falta de vías de comunicación ha hecho crecer la incertidumbre. Fuera de Coyuca de Benítez, no se sabe mucho sobre lo que aquí ocurre. Carlos Orlando Carranza, estudiante de 22 años radicado en Puebla, no ha dejado de preguntar en grupos de Facebook y de Whatsapp por su madre, quien estaba en Coyuca de Benítez al momento en que el huracán tocó tierra.  Junto con un grupo de compañeros de Acapulco, Carlos ha estado organizando una colecta de víveres por Instagram y ha instalado un centro de acopio en plaza Crystal y en la Universidad del Valle de Puebla (UVP). Él recibe las donaciones. 

Su padre también está preocupado. No hay forma de contactar a su esposa. Apenas amainó un poco el clima, el miércoles, Carlos Carranza Castillo salió de la colonia Los Cantiles, en Acapulco, en busca de Sugey Ramírez, la madre de su hijo, hacia Coyuca de Benítez. Caminando y tomando aventones avanzó los 35 kilómetros que separan a Coyuca de Acapulco.

Sugey Ramírez supervisaba la remodelación de la casa familiar, ubicada justo en los límites del río San Miguel, en Coyuca. Llevaba meses trabajando en ese pequeño patrimonio. Allí la encontró su esposo, refugiada en el segundo piso de la casa recién construida: el desborde del río había llenado de agua y lodo todo el primer nivel.

Las violentas ráfagas de viento derribaron las letras de colores con el nombre de “Coyuca” que pretendían imitar a los pueblos mágicos. 

Los habitantes intentan cruzar la ciudad a pie o tomando aventón para saber de sus seres queridos ante la falta de comunicación. Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro

Parece que una bomba ha caído en Acapulco

Las redes sociales fueron la herramienta predilecta para localizar a los paisanos y difundir información. La presidenta municipal de Acapulco, Abelina López Rodríguez, a las nueve de la noche del martes, cuando ya se temía que Otis pudiera alcanzar la categoría 5, publicó un comunicado en el grupo de memes de Facebook Acapulco Posting:

“Se hizo canon (…) Eviten salir de casa. Hablen con sus papás sobre el peligro que representa este ciclón. Y si su hogar está en una zona de alto riesgo, acudan cuanto antes al refugio más cercano”.  

Los primeros corresponsales llegaron en el transcurso de la tarde y noche del 25 de octubre. Las primeras imágenes se concentraron en las tres zonas turísticas de Acapulco: Tradicional, Dorada y Diamante. Pocos  relatos y videos mostraban los efectos del huracán más allá de la franja costera. 

Enrique Acevedo, corresponsal de N+, dijo a su cámara:

—Parece que una bomba ha caído en el puerto de Acapulco.

El presentador destacó la falta de iluminación, incluso a pesar de los comunicados de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que afirmaban haber repuesto el 40 por ciento del suministro eléctrico en la zona afectada.

Punta ‘Diamante’ se encuentra devastada, los vientos arrancaron paredes y plafones de casi todos los edificios. Foto: Dassaev Téllez Adame / Cuartoscuro

En Xaltianguis, un pequeño pueblo perteneciente al municipio de Acapulco, los pobladores bloquearon la carretera libre a la Ciudad de México desde la mañana del miércoles 25. A las caravanas de soldados que llegaban en jeeps y camionetas les gritaron que necesitaban ayuda y que también ellos eran damnificados. Pero los militares no se detuvieron y continuaron hacia Acapulco. Operativos del Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre (DN-III) de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y del Plan de Asistencia a la Sociedad en Casos de Emergencia (GN-A) de la Guardia Nacional se desplegaron por las zonas afectadas, en coordinación con autoridades locales.

La Sedena informó que se desplegaron 8 mil 391 elementos por los municipios de Chilpancingo de los Bravo, General Heliodoro Castillo, San Miguel Totolapan, Ajuchitán del Progreso, Petatlán, Tecpan de Galeana, Atoyac de Álvarez, Benito Juárez, Coyuca de Benítez y Acapulco. A estos elementos se sumaron mil 334 integrantes de la Fuerza de Apoyo en Caso de Desastre y 447 efectivos del Batallón de Atención a Emergencias.

 —Parece un episodio de The Walking Dead —dice Camila Hernández, estudiante de preparatoria.

La estudiante Camila Hernandez, de 16 años, cursa el bachillerato en Acapulco. Acompaña a su padre José Anastacio la mañana de este jueves, 26 de octubre.  

José Anastacio tiene 50 años y maneja un viejo March blanco; es supervisor de ventas en SuKarne, una compañía dedicada al comercio de carne. Quiere comprobar el estado de las tiendas a su cargo, pues dos han sido saqueadas: una en Pie de la Cuesta y otra en el Mercado “El Parazal”. Pero  Camila no lo deja solo en todo el viaje. 

—¿¡Cómo te voy a dejar ir solo papá?! ¿¡Acaso no ves que están saqueando todo?!

El padre acepta a regañadientes. Debe hacer el inventario de las tiendas y tomar fotografías para sus superiores. Encuentran los estantes vacíos.

—Al menos se llevan carne, que es de primera necesidad –dice José Anastasio.

En su recorrido, ambos miran cómo grupos de personas allanan tiendas y comercios en busca de agua y comida.

Estamos sobrepasados

Karyme Susana, estudiante de ingeniería en la Benemérita Universidad de Puebla (BUAP), dice que han pasado más de 35 horas sin saber de sus padres, quienes viven en una zona cercana a la plaza Galerías Diana: una fotografía en donde la plaza luce destrozada circula en diarios nacionales. Tampoco sabe nada de sus abuelos, quienes viven en la Colonia Jardín.

—Tan sólo veo las fotos y me estreso… quiero llorar.

Mientras espera noticias de sus padres y hermana, Karyme se dedica a compartir información sobre centros de acopio en Puebla y a preguntar novedades en los chats de Whatsapp. 

Quisiera dejarlo todo para ir a buscar a su familia. Pero recién consiguió un trabajo en una compañía de software y no puede ausentarse. La detienen también las noticias y publicaciones que denuncian una ola de “rapiña” y asaltos en el puerto.

En Facebook encontró una lista de vínculos que redirigen hacia chats de Whatsapp separados por barrios y colonias de Acapulco. El propósito es contar con información de primera mano sobre los habitantes de dichas comunidades. Todo el tiempo, estudiantes foráneos, paisanos migrantes y gente de otros países preguntan por sus amigos y familiares. Lo mismo sucede con los albergues que publican listas con nombres de sus refugiados.

Pero la comunicación todavía es escasa: los sistemas telefónicos fallan todo el tiempo y la luz eléctrica no ha sido restablecida por completo.

Elementos de la Guardia Nacional continúan con los trabajos de remoción de escombros en las calles  afectadas de Acapulco.
Elementos de la Guardia Nacional continúan con los trabajos de remoción de escombros en las calles afectadas de Acapulco. Foto: Rogelio Morales/ Cuartoscuro

Elthon Aaron es enfermero en el Hospital Regional del ISSSTE de Acapulco desde hace dos años. Tiene 23 y vive al lado del arroyo del Camarón, cuyo cauce principal está ubicado en la colonia Palma Sola, célebre por su cercanía con una zona arqueológica en la parte montañosa del puerto. 

La madrugada del miércoles 25 de octubre, Elthon Aaron escuchó cómo el rumor del arroyo y el aire junto a su casa se fue haciendo cada vez más fuerte. Se fue la luz, se cortó el agua, perdió señal de telefonía.

Ninguna cámara de televisión, ningún reportero ha ido a su colonia a grabar los destrozos. Tampoco le importa. 

La mañana de este jueves, tuvo que esquivar los troncos y láminas regadas por toda la Avenida Adolfo Ruiz Cortines para llegar al hospital a trabajar. Vio cómo los soldados cortaban con machetes los troncos para despejar el paso, pues esta es una de las principales en el puerto de Acapulco.

—Estamos sobrepasados –dice desde el hospital–. no hay material y… estamos solos.

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