Para que el Fast Fashion siga funcionando requiere de un ejército de trabajadores precarizados.
Para que el Fast Fashion siga funcionando requiere de un ejército de trabajadores precarizados. / Foto: Eunice Adorno

Adictos al ‘fast fashion’ y víctimas de precariedad laboral

Fernanda Negrete, estudiante; Carlos Acuña, mentoría / Corriente Alterna | publicado el 14-05-2022

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Son jóvenes, en su mayoría. Más de 6,000 mexicanas y mexicanos trabajan en alguna de las 382 tiendas de Zara, Zara Home, Pull & Bear, Massimo Dutti, Oysho, Stradivarius y Bershka. Muchos de ellos ni siquiera habían nacido cuando, en 1992, el corporativo Inditex instaló la primera tienda Zara en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El imperio del fast fashion apenas comenzaba a construirse.

La industria de la moda rápida no sólo viste, calza y adorna a la juventud; también la emplea para doblar ropa o para recibir, clasificar e inventariar mercancía, atender al cliente, montar exhibidores, doblar y doblar más ropa. Todo ello por sueldos que van de 6,000 a 12,000 pesos mensuales; muchas veces excediendo las jornadas laborales con horas extras no remuneradas o cambios espontáneos de horario que terminan en conflictos por despido injustificado, falta de pago de prestaciones o de liquidación.

Brenda Fuentes, por ejemplo, entró a Stradivarius a los 19 años y, ya con 25, a Massimo Dutti. Amaba pasar el día bajo esas luces blancas, detrás de amplios mostradores, en ambientes bien perfumados. Le gustaba el estilo juvenil de la marca. Recibía, doblaba y apartaba ropa de la última línea lanzada antes de que cualquier cliente pudiera probársela, para después comprarla con su tarjeta de empleada: una tarjeta de crédito que sólo pueden usar en las tiendas Inditex.

–Literal, yo me gastaba mi quincena ahí. El sueldo era redondo: me lo volvía a gastar en pura ropa.

Más que un empleo, trabajar en Stradivarius era una manera de ser clienta premium

Stradivarius y Massimo Dutti, las dos marcas hermanas para las que trabajó Brenda, pertenecen a Industria de Diseño Textil (Inditex), un grupo empresarial de origen español que también maneja las marcas Zara, Pull & Bear,  Oysho y Bershka. En sus primeros siete años en México, el grupo abrió 29 tiendas. Según los reportes anuales de la misma empresa, en 2015 contaba con más de 6,108 trabajadores en un total de 340 tiendas. Y en los últimos seis años abrieron 42 establecimientos más sin aumentar su planilla laboral.

Decenas de personas esperan que abra la tienda Zara: el fast fashion atrae a multitudes, sobre todo en temporada de rebajas / Foto: Germán Romero, Cuartoscuro

En su último reporte anual (2021), Inditex informa que a nivel mundial emplea a más de 165,000 personas de 177 nacionalidades. El 86% de sus trabajadores  se encuentra en las tiendas: 143,000 trabajadores dedicados a doblar ropa sin tregua y atender a los clientes. Son ellos quienes llevan a cabo el layout —montaje de aparadores en cada cambio de temporada o colección—, reciben y etiquetan mercancía varias veces a la semana, la acomodan todos los días en los mostradores y atienden los caprichos de la clientela, usualmente jóvenes y adolescentes: sus iguales.

“Yo me salí por salud mental”, reconoce Brenda mientras detalla la hostilidad que enfrentó cuando trabajó en Massimo Dutti. La mayoría de la planta laboral de Inditex en México se encuentra en las tiendas: asistentes generales, subgerentes y gerentes que tienen poco o nulo contacto con personal directivo o administrativo. Este poco control, según cuentan algunos de sus trabajadores, genera dinámicas de abuso que se justifican con la competitividad ante la promesa de subir de puesto.

—Salía llorando —dice Brenda—. Me hicieron la vida de cuadritos todo el tiempo, me ponían cuatros entre ellas… Decidí salirme por eso.

Escándalos en todo el mundo

Buen Fin, Navidad, Fin de Año, Día de Reyes: entre diciembre y febrero aumenta la carga de trabajo en las plazas comerciales. Es común que en esta época se abran vacantes de trabajo en las tiendas de fast fashion, casi siempre temporales. 

Jacob Ruiz, de 21 años, trabajó en Zara durante la última temporada alta por 2,000 pesos quincenales sin comisiones. No contaba con descuento en la propia marca ni ningún otro beneficio: para lograrlo se necesita acumular seis meses de servicio.

En 2021 los contratos temporales representaron 19% del total de empleos en Inditex. La empresa reconoce en su página oficial que las personas que trabajan bajo estas condiciones “se compaginan a menudo con otras actividades, principalmente, los estudios”. Sin embargo, los horarios pactados no se respetan.

—Yo les había comentado que no estaba disponible en las mañanas porque estudiaba y en las tardes procuraba trabajar —cuenta Jacob—. Pero les valía y me pedían que fuera desde temprano.

Estos cambios de horario se combinaban con la obligación de atender varios departamentos a la vez. Así, las jornadas cortas se convierten en cansancio puro: 

—En el mismo día me tocaba en las cuatro secciones: dama, caballero, niño y bebé. Era agotador. No siempre nos dejan escoger; más bien, nunca. 

Más de 6,000 mexicanas y mexicanos trabajan en alguna de las 382 tiendas de Inditex: la marca de fast fashion más grande del planeta / Foto: Eunice Adorno

Jacob ha normalizado prácticas que transgreden los derechos laborales. “Ya estoy acostumbrado a ese ritmo”, dice. Según el artículo 59 de la Ley Federal del Trabajo, el trabajador y el patrón fijarán la duración de la jornada, la cual quedará por escrito en el contrato. Y aunque todos los trabajadores de Inditex entrevistados declaran trabajar bajo contrato, los acuerdos firmados no siempre se cumplen. Modificar estos acuerdos, sin previo aviso, amerita sanciones; pero, en México, las denuncias laborales contra Inditex son escasas, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo.

En 2011 Zara enfrentó al Ministerio de Trabajo de Brasil por utilizar mano de obra esclava: inmigrantes ilegales, muchos menores de edad, trabajaban en condiciones insalubres durante más de 16 horas diarias por menos de 340 dólares al mes. En 2013, en Argentina, se denunció que en varios talleres de ropa, inmigrantes bolivianos trabajaban jornadas de más de 13 horas. En 2015, los trabajadores de Zara en Nueva York exigieron mejoras salariales y contratos por jornadas completas. Los de España, en 2018, pidieron incrementar el número de empleados por tienda debido a la carga de trabajo excesiva. En 2020, además de los bajísimos sueldos de 62 dólares al mes, los obreros de varias fábricas textiles en la India, donde se manufacturaban prendas para Zara, no recibieron sus sueldos durante un año y ocho meses.

En México, se han hecho públicas denuncias contra Zara y otras marcas por plagiar diseños de comunidades indígenas. Por lo demás, la relación de las marcas de Inditex con sus jóvenes trabajadores parece, a simple vista, color de rosa y sin escándalos a la vista. Las Juntas de Conciliación y Arbitraje en las entidades de la República, las secretarías estatales del Trabajo y la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet) registran, entre 2010 y 2021, al menos 159 conflictos laborales contra las marcas que integran al grupo Inditex; esto, de acuerdo con solicitudes de información realizadas por Corriente Alterna. Los juicios van desde demandas por pago de prestaciones o reinstalación, hasta indemnizaciones por despido injustificado.

Que haya, apenas, 159 denuncias contra una multinacional con más de 6,000 empleados parece poco. Liliana Nieto y Carlos Espinoza, integrantes de la Red de Solidaridad con Trabajadorxs en Riesgo, una organización que se ha dedicado a registrar denuncias laborales y a asesorar legalmente a trabajadores durante situaciones de crisis como la pandemia de Covid-19 o los sismos de 2017, opinan que el problema con la industria de la “moda rápida” es su diversificación: en México, las principales quejas contra este tipo de empresas se concentran en la maquila, no tanto en las tiendas. 

Fast Fashion: el imperio de la moda rápida y de la precariedad laboral
Muchos jóvenes que aguantan malas condiciones laborales dentro de la industria del ‘fast fashion’ porque piensan que sólo es un empleo temporal / Foto: Eunice Adorno

Aunque las tiendas registran muy pocas denuncias realizadas por trabajadores de tiendas de ropa en plazas comerciales, lo cierto es que no es una constante. Esto no implica que las violaciones no existan sino que muchos empleados no son conscientes de sus derechos laborales o de la posibilidad de denunciar.

—Nos hemos encontrado con muchos jóvenes que aguantan malas condiciones porque piensan que sólo es un empleo temporal; pero, en realidad, muchos de ellos se vuelven trabajadores de tiempo completo y durante varios años.

La Red de Solidaridad con Trabajadorxs en Riesgo recomienda denunciar cualquier violación o irregularidad en las condiciones laborales, que pueden ser, incluso, de forma anónima. Otra alternativa es ejercer el derecho del trabajador a solicitar a las secretarías del Trabajo una inspección en materia de seguridad e higiene, condiciones generales de trabajo y/o en capacitación y adiestramiento.

Trabajar por “adicción”

De acuerdo con la Encuesta de Jóvenes en México de 2019, 80% de los jóvenes que trabajan ganan menos de 6,200 pesos al mes; la mitad de ellos (casi 6 millones entre 15 y 29 años) no cuenta con seguridad social y 63% no tiene un contrato fijo.

Lizbeth C., quien ha pedido el anonimato porque aún trabaja para las tiendas de Inditex en México, ingresó a Pull and Bear como encargada de sección y cajera. Cuando tenía 25 años compraba ropa de Pull and Bear y Oysho. Después de dos años de trabajar para ellos, se percató de que nueve de cada diez prendas de su ropa eran de alguna marca Inditex. 

Al igual que Brenda, regresaba su salario a la misma empresa para la que trabajaba. Además, Zara Home había entrado en su hogar con sus tapetes, cubiertos y vasos para darle su “estilo único”. Dice que el trato siempre ha sido bueno; se siente cómoda y a la moda gracias a su 25% de descuento como empleada y a la tarjeta que le otorga 10 mil pesos de crédito anual. No le importa mucho tener que quedarse hasta tarde para montar todos los aparadores de la tienda, siempre y cuando le paguen la comida y el taxi de regreso a casa.

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La ropa se vuelve algo con sentido, algo hermoso, algo deseable, porque implica reconocimiento, exclusividad. Brenda entró por el gusto a la marca Stradivarius; Jacob sigue trabajando para marcas de ropa, pues no sólo ha trabajado para Zara sino para Calvin Klein y, ahora, para Cuidado con el Perro: por alguna razón, que él no logra definir, quiere trabajar vendiendo ropa. Lizbeth, por su parte, a veces considera que la carga de trabajo es abrumadora, pero decir que trabaja en Oysho lo vale.

Inditex ha aprovechado la necesidad de empleo que tienen los jóvenes mexicanos sin experiencia laboral previa con el fin de saciar las necesidades de mano de obra barata requeridas por el fast fashion

—Es irritante que la marca no vea por ti —reflexiona, finalmente, Jacob con un aire de resignación—. Claro, no van a ver por ti. Al fin y al cabo, uno está chavo y lo que piensas es: “Necesito la lana”.

Fast fashion: una industria poco transparente

Para la elaboración de este reportaje se buscó, en varias ocasiones, una entrevista con representantes de Inditex en México. No se obtuvo respuesta.

Al parecer, el silencio y la opacidad marcan la pauta. De acuerdo con el Índice de Transparencia de la Moda en México, realizado desde hace dos años por la organización Fashion Revolution junto con Arte, Lenguaje e Investigación para el Cambio Social, las 31 marcas evaluadas suelen “no divulgar sus políticas y compromisos para mejorar los derechos laborales y las cuestiones ambientales a lo largo de su cadena de valor”. Zara –la marca más antigua de Inditex y la única de la empresa que fue analizada en 2021– obtuvo una calificación de 38% en materia de transparencia.

Pese a las condiciones en las que laboran sus trabajadores, Inditex es una de las empresas de moda rápida más grandes del mundo. 

Apenas en abril pasado, la española Marta Ortega asumió la presidencia de Grupo Inditex, empresa fundada en 1963 por Rosalía Mera, costurera desde los 11 años, y por el hijo de un ferroviario español, Amancio Ortega, que más tarde sería reconocido como el hombre más rico del mundo por la revista Forbes

Fast Fashion: un imperio basado en la explotación
El imperio del fast fashion necesita, para funcionar, de un ejército de trabajadores jóvenes trabajando en jornadas extenuantes / Foto: Eunice Adorno

Marta es hija del segundo matrimonio de Amancio y, hace unas semanas, a principios de mayo, se dejó ver en la boda de un empresario en el antiguo Colegio de las Vizcaínas, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. A sus 38 años, suele atraer los reflectores: viste siempre a la última moda, especialmente las colecciones de Zara. Estudió negocios internacionales en la Universidad de Londres y, después de licenciarse, comenzó a trabajar en distintas oficinas y tiendas de Inditex alrededor del mundo. Ocupó puestos en distintos departamentos, desde logística hasta piso de venta. 

“Te vuelves un poco adicto a la tienda”, dijo en entrevista para el Wall Street Journal. “Algunas personas nunca quieren irse”.

Lo mismo sucede con los trabajadores mexicanos de Inditex: muchos trabajan no, precisamente, por el salario o por las condiciones laborales sino por la mera adicción a la moda rápida.

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