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El día que amaneció dos veces
Una madre y sus hijos intercambian pequeñas casas de cartón por artículos de despensa en la calle Diez y Periférico. Aunque el gobierno promueve una política de bienestar, éste es subjetivo y algunas familias no viven en condiciones de bienestar.

Una madre y su hija e hijos intercambian casas de cartón por despensa. De acuerdo con Unicef, las repercusiones económicas de la pandemia de COVID-19 podrían provocar que otros 86 millones de niñas, niños y adolescentes vivan en pobreza en México. / Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro.

Más allá del PIB… ¿cómo se mide el bienestar subjetivo?

El presidente López Obrador dice que el objetivo de su gobierno es mejorar el bienestar general de la población, pero académicos consideran que faltan políticas públicas para atender el “bienestar subjetivo”, aquel que incluye las experiencias individuales de vida y no sólo los criterios económicos.

Xareni Márquez Chora, becaria / Corriente Alterna el 2 de octubre, 2020

Ciudad de México.- El presidente Andrés Manuel López Obrador, integrantes del gabinete y otros funcionarios se han referido más de 870 veces al bienestar en las conferencias matutinas del presente año. En el documento La nueva política económica en los tiempos del coronavirus, donde se establecen las líneas estratégicas para enfrentar la emergencia sanitaria, López Obrador sostiene que “un objetivo superior” de su gobierno es “el bienestar general de la población”; y precisó: “el bienestar material y el bienestar del alma”.

Una de las instituciones dedicadas a procurarlo es la Secretaría de Bienestar, antes Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). María Luisa Albores, quien fue su titular hasta el pasado 2 de septiembre, explica que el cambio de nombre se debió a que el anterior  “no le decía mucho a las y los mexicanos que escuchaban la palabra Sedesol”.

De acuerdo con Albores, “el centro del bienestar es la vida”, y esto implica mejorar las condiciones de salud, educación, vivienda, comunicación, transporte, etcétera. Todo ello desde una perspectiva integral, pues “la salud no solo es física sino mental, y, también, espiritual. Eso es lo que yo considero que te genera, realmente, bienestar”.

No obstante lo anterior, académicos y especialistas en la materia consideran que en el país no existen políticas públicas diseñadas para atender el “bienestar subjetivo”. Según René Millán, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, “toda esa área está un poco inexplorada en México, estamos concentrados en la pobreza, en la parte de bienestar objetivo”.

El bienestar subjetivo, continúa Millán, es la evaluación de cómo define cada persona su satisfacción de vida, su felicidad. Y, para ello, existen parámetros o dominios de vida generalizados que se asocian con experiencias satisfactorias.

Una encuesta para medir el ánimo

Pero no se trata, como pudiera parecer, de conceptos abstractos. Hace unos años, México adoptó los acuerdos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para medir el grado de bienestar entre la población. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la investigación sobre “bienestar autorreportado”, estudió tres aspectos: “satisfacción con la vida en general y ámbitos específicos de la misma”; “fortaleza de ánimo y sentido de vida”, y “balance anímico”.

La encuesta, levantada durante el primer trimestre de 2020, arrojó que el 44% de las y los mexicanos se dicen satisfechos con su vida. El dominio específico mejor valorado es el de las relaciones personales, con 61% de satisfacción, mientras que en materia de seguridad ciudadana la calificación cae a 7 por ciento.

En el segundo aspecto, fortaleza de ánimo, 49% de las personas ve con optimismo su futuro y 59% está satisfecho con su actividad u ocupación.

Finalmente, en el último módulo, se registra que 71% se siente “de buen humor durante la mayor parte del día”, mientras que 25% dijo tener “episodios de mal humor” y el 2% restante que “está de mal humor todo el tiempo”.

De lo material a lo subjetivo

María Luisa Albores rechaza que los programas prioritarios de la Secretaría de Bienestar consistan, únicamente, en la entrega de apoyos económicos; y pone como ejemplo Sembrando Vida, “un programa bastante integral y transversal” que se instrumenta sólo en las comunidades donde la asamblea local lo aprueba. Al aceptar, los campesinos se comprometen a “cuidar plantas” a cambio de la “seguridad de que tienen una entrada segura (de) 4 mil 500 pesos en efectivo y 500 pesos en ahorro”, además de recibir capacitación de asistentes técnicos.

Maria Luisa Albores González, ex secretaria de Bienestar, y Luisa María Alcalde Luján, secretaria del Trabajo y Previsión Social, participan en una de las conferencias del Bienestar, en Palacio Nacional.
La exsecretaria de Bienestar, Maria Luisa Albores (izquierda), señala que bienestar implica mejorar las condiciones de educación, vivienda, salud física, mental y espiritual. / Foto: Victoria Valtierra / Cuartoscuro.

Sin embargo, advierte Millán, la participación de la comunidad en la toma de “decisiones políticas”, que se traduce en ingresos en efectivo, “no asegura, pero tampoco niega”, que se logre un bienestar subjetivo. “La idea sería poder construir una sociedad que le permita a uno construir una biografía de un modo más satisfactorio, internamente, subjetivamente, y no sólo que me digan ‘tienes trabajo, estate en paz’”.

El PIB no dice todo

El bienestar subjetivo consiste en valoraciones individuales de experiencias de vida. El bienestar depende de los recursos económicos pero, también, de la valoración de las personas sobre su vida, su entorno, de lo que hacen y pueden hacer, según la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico, dirigida por Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía. Esta comisión se creó en 2008 a iniciativa del entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, con la encomienda de “determinar los límites del Producto Interno Bruto (PIB) como indicador de los resultados económicos y del progreso social”.

En tales coordenadas, explica Millán, no se puede presuponer que una persona vive con altos niveles de bienestar subjetivo porque habita en un país rico o porque tiene un trabajo bien remunerado y seguridad social, pues “ese conjunto de variables no se traducen, ni obligada ni necesaria ni mecánicamente, en un bienestar individual. Tenemos que verificarlo”.

¿Y cómo se verifica el bienestar subjetivo? Preguntando a las personas sobre su experiencia de vida, sobre cómo se sienten en ese hipotético trabajo “bien pagado” y sobre qué tan satisfechas están con la atención que reciben en su seguro social. De ahí deriva la complejidad de dimensionar, analizar y diseñar políticas públicas que atiendan los huecos del bienestar reportados por la gente.

La comisión encabezada por Stiglitz estableció que “el PIB puede no proporcionar una evaluación adecuada de la situación de la mayoría de la población”, ya que “es posible que las estadísticas empleadas habitualmente no reflejen determinados fenómenos que influyen, cada vez más, en el bienestar de los ciudadanos”. Por ejemplo, es posible que crezca el PIB si se incrementa el consumo y la venta de gasolina, pero ese crecimiento no se traduce en una mejor calidad de vida para las personas que están preocupadas o se ven afectadas por los niveles de contaminación del aire.

Bajo esos términos, la comisión recomendó diseñar un sistema estadístico que refleje “la diversidad de las experiencias personales y de las relaciones entre las diferentes dimensiones de la vida de las personas”.

Medición del bienestar ‘a medias’

En México, las y los ciudadanos pueden medir su bienestar individual y, hasta antes de la pandemia, el Inegi ofrecía datos trimestrales en materia de bienestar subjetivo. Sin embargo, los esfuerzos por recopilarlo y medirlo son calificados como experimentales por el instituto mismo.

Acaso, por ello, el 21 de mayo el presidente López Obrador anunció el desarrollo de un “índice de bienestar” complementario al PIB, “un nuevo parámetro que va a medir, sí, crecimiento, pero también bienestar, grados de desigualdad social y felicidad.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador y la exsecretaria de Bienestar Maria Luisa Albores anuncian en una conferencia matutina que otorgarán becas en los municipios con altos índices de robo de combustible.
El Presidente López Obrador ha asegurado que su gobierno tiene por objetivo mejorar el bienestar material de la población y “el bienestar del alma”. / Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.

Ante la posibilidad de contar con criterios estadísticos que permitan identificar las necesidades no satisfechas de bienestar subjetivo, la secretaria Albores destaca que “el planteamiento del gobierno federal es que generar bienestar material no sólo tiene que ver con una política social de desarrollo de una institución”, sino con el trabajo colaborativo entre varias secretarías que provean de “muchos elementos”, como “vivienda, salud, educación y comunicación”, con los cuales se “da el piso mínimo”; y en ese piso mínimo, “varias instituciones fortalecemos estos programas integrales”, con los cuales se busca “acortar esa brecha de desigualdad que es visible en nuestro país”.

La perspectiva de Millán es otra. Según su experiencia, costó mucho trabajo que los expertos en políticas públicas, para no hablar de los académicos, entendieran que sólo se puede conocer el grado de felicidad y de bienestar subjetivo a través de la recopilación de las vivencias individuales de la gente, y no de traducciones mecánicas de índices que contemplan el empleo, la seguridad social, la vivienda y la riqueza de un país.

“El bienestar subjetivo debe ser asumido como algo distinto al bienestar objetivo”. Cuando se habla de bienestar subjetivo primero hay que resolver cómo medirlo, para después identificar sus rasgos significativos y, de ahí, proceder a diseñar, por medio de “esfuerzos de imaginación creativa”, políticas públicas. “En esas estamos ahorita”.

La felicidad desde Cherán y Polanco

“Para mí el bienestar es tener un hogar”, dice Rosi Huaraco, que ha vivido 23 de sus 27 años en Cherán, Michoacán. Rosi quiere criar a sus hijos ahí. En ese lugar encuentra todo lo que necesita: seguridad; la posibilidad de trabajar en proyectos culturales y la casa que comparte con su pareja. También comunidad: sus padres y abuelos, los vecinos con quienes platica en la calle, y el clima húmedo que arropa los quelites en temporada de lluvias.

A más de 400 kilómetros de distancia de Cherán está Polanco, un barrio exclusivo al poniente de la Ciudad de México, donde vive Nathalie Pelletier en su penthouse de cuatro habitaciones, chimenea y “cosas así”. Rodeada de cafés y restaurantes, se siente segura al caminar por el Parque Lincoln, del que es vecina.

Nathalie dice que lo tiene todo, incluyendo libertad y “la seguridad de que voy a estar bien”. Mejorar su calidad de vida no depende de programas gubernamentales, pues “la verdad ni los conozco”, reconoce.

Rosi, por su parte, asegura que vive muy bien y que mejorar su vida depende de ella, “es algo que debo trabajar yo”. Pero piensa que falta apoyo del gobierno en el terreno cultural, “donde me estoy desarrollando”. Aunque da clases de lengua, literatura y gramática en la preparatoria de su municipio, “el trabajo no es estable, es por contrato”, no tiene prestaciones ni beneficios laborales. A pesar de eso, afirma: “Sí me siento contenta en mi vida profesional”. Sobre todo ahora, que anda “más metida” en proyectos editoriales que le permiten tejer lazos con los integrantes de su comunidad.