CU
El día que amaneció dos veces
medicos depresión méxico coronavirus

Lidiar con el insomnio tras 24 horas en la sala de urgencias

La depresión, el alto nivel de estrés, el insomnio y el aislamiento familiar acechan a los médicos que luchan contra el Covid-19.

Asunción Cabrera Castellanos, becaria / Corriente Alterna el 23 de mayo, 2020

Corintia “N” es médico residente en uno de los primeros y más grandes hospitales en la Ciudad de México que transformaron por completo su dinámica para atender exclusivamente a pacientes con Covid-19 en estado crítico. La pandemia, dice, ha instalado un futuro incierto en la cabeza de todos. Y el estrés, la depresión y el insomnio comienzan a trastocar el ánimo del personal médico. Corriente Alterna verificó la identidad de Corintia y accedió a cambiar su nombre para proteger su anonimato.

A menos que se hayan recuperado y estén a punto de salir de terapia intensiva, en este hospital todos los pacientes están intubados. Porque sólo atendemos los casos complejos. Si llegan aquí es porque ya están graves. Y los casos son en serio complicados. Recuerdo a una paciente que padecía una obesidad mórbida con un índice de masa corporal de 64: un número muy elevado. Era una paciente muy difícil de manejar como tal, difícil de poner en una cama y manejarla ya sedada. Ventilar a un paciente con obesidad es un reto terapéutico muy grande por su propia fisiología.

Yo ahora soy responsable de sedar a los pacientes con Covid-19 y de monitorear su estado junto con un adscrito a la unidad de terapia intensiva. También me encargo de modificar los parámetros ventilatorios, tomar muestras de sangre, ver los gases arteriales, los gases venosos… en fin, todo lo relacionado a las condiciones del paciente. Esto sirve para modificar los medicamentos que se aplican a cada caso, por ejemplo, porque los pacientes deben estar sedados por completo.

Este hospital cambió drásticamente. Antes era un hospital que trataba a pacientes con enfermedades complejas: diario tenía consultas y diario operaba a pacientes. Ahora se han cancelado todas las cirugías, todas las consultas. Además, al personal médico que sufría algún factor de riesgo ante una posible infección de Covid, como insuficiencia renal, lupus o que tomaran medicamentos que los inmunosuprimieran, la institución les dio la opción de no trabajar, de que se fueran a sus casas. Los demás decidimos quedarnos, aunque se nos dio la opción de no atender a pacientes con covid. Aceptamos porque hay un déficit de personal médico y lo sabemos. Falta demasiado personal de salud. 

Por eso la mayoría de los residentes estamos aquí. La mayoría del personal de enfermería está trabajando, nuestros médicos adscritos están trabajando. Y los médicos residentes que estábamos en dermatología, en endocrinología o en cirugía ya no estamos operando, sino acompañando a pacientes en terapia intensiva. Tenemos que hacerlo y apoyar. 

Las jornadas laborales cambiaron por completo. La mayoría del personal, si no es que todo, estamos trabajando por guardia y 24 horas por turno.

Insomnio y tristeza. Eso es lo que veo de manera generalizada en mis compañeros. Trabajar en en un área donde todos los pacientes están graves, en donde tienes que darle el mejor tratamiento a todos, implica una carga elevada de trabajo y estrés. No sabemos cuánto tiempo pasará y qué pasará. 

A la fecha no han hecho falta insumos de protección, ni cubrebocas, ni caretas, ni el material aislante. Hemos contado con todo lo necesario. Pero, en este momento (finales de abril), la terapia intensiva ya está llena. Quisiéramos recibir más pacientes críticos pero no hay manera. Y por paciente crítico me refiero a aquellos que van a requerir el ventilador. No podemos expandir el área de terapia intensiva porque los ventiladores disponibles ya están ocupados completamente. Necesitamos más ventiladores.

Pero no es sólo eso.

Otro factor de estrés es que las personas que trabajan en el hospital y tienen que regresar a sus casas, deben mantenerse aislados por completo. Yo como médica residente cuento con seguro médico que me cubre a mí y a mi familia. Pero si vives acompañado y trabajas en un hospital, debes comer en otro lado, tener tu propio cuarto, no estar en contacto con nadie. Eso hace crecer un sentimiento de desolación.

Todos estamos haciendo el esfuerzo, todos sabemos que podemos infectarnos en cualquier momento. Pero para todo trabajo se quieren las mejores condiciones. Ahora nosotros las tenemos pero hay otros colegas de otros lugares donde estas condiciones no existen. Es muy injusto que los obliguen a trabajar sin el equipo necesario.