Se incrementa violencia familiar en México con coronavirus
Foto: María Barajas

Mujeres en cuarentena: En casa con tu agresor

Asunción Cabrera Castellanos, becaria / Corriente Alterna | publicado el 26-05-2020

27 de mayo de 2020.

Un hombre amenaza con golpear a su esposa. Se contiene. Le pega al muro más cercano de su casa, luego patea el corral y la andadera de su hija de tres años. El mal humor es cotidiano, no tanto el llanto y los gritos. Hoy no es posible escapar al miedo, además debe compartir espacio con él, aislarse con aquel sujeto que golpea las paredes.

Ocurrió durante la primera semana de confinamiento, el último jueves de marzo. La hija de Andrea (se ha cambiado su nombre por seguridad) no paraba de llorar: estaba enferma, tenía temperatura alta provocada por una infección de garganta. Su padre es limpiador de vidrios en edificios altos pero tenía días sin recibir trabajo. 

Antes tenía mal carácter —dice Andrea— pero desde que perdió su trabajo por lo del coronavirus, estar todo el día en la casa hacía que su mal humor empeorara como nunca.

Quedarse en casa y compartir el espacio 24 horas con un potencial agresor implica otro riesgo grave para muchas mujeres en México. Después de los golpes en el muro, Andrea decidió dejar su vivienda en Ixtapaluca y regresar con su madre. En el trayecto volvió a mirar ese paisaje apretado de casas y calles mal pavimentadas. El Estado de México es la entidad más poblada del país; junto a Ecatepec, Chimalhuacán y Toluca, Ixtapaluca está entre sus municipios más pobres. Les sigue Valle de Chalco, donde vive la madre de Andrea.

En el Estado de México, además, la Secretaría de Gobernación ha emitido la alerta por violencia de género en dos ocasiones: 2015 y 2019. Antes del confinamiento, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró un promedio de 25 incidentes diarios relacionados con violencia doméstica.

La elección parece un volado: el riesgo de contagio en la calle o la violencia familiar en casa.

La familia, ¿seguridad social?

Como en muchos otros países, en México se ha exhortado a la población a no salir a la calle para prevenir el contagio de Covid-19. No obstante desde antes de la pandemia, en México se registraron más de tres millones de llamadas relacionadas con incidentes de violencia familiar, de enero de 2016 a abril de 2020, de acuerdo con el informe de Incidencia delictiva y llamadas de emergencia al 911 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

La Organización de las Naciones Unidas alertó sobre el aumento de la violencia familiar durante la crisis sanitaria. En Francia, unas 200 mil mujeres son víctimas de violencia de género cada año; en París, desde el confinamiento, las denuncias crecieron 36 por ciento. Aumentos similares ocurrieron en Singapur, en Chipre, en Australia. Entre febrero y marzo, la línea de ayuda nacional de violencia doméstica en Reino Unido reportó un aumento de 65 por ciento en llamadas.

El 5 de abril, ante la incertidumbre por el posible colapso del sistema de salud en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló durante su informe trimestral que: “La familia mexicana es la principal institución de seguridad social del país”.

Pero la palabra “familia” no siempre evoca seguridad o refugio. Así lo explica la doctora Lucía Núñez Rebolledo, investigadora de tiempo completo en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), de la UNAM y quien durante años ha investigado el cruce del derecho penal con la perspectiva de género.

—Cuando un hombre es violento, su violencia se exacerba en casa: en un espacio cerrado hay más contacto con la familia. Hoy sabemos por estadísticas como la Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) que muchos abusos suceden en la familia, (sobre todo) hacia niñas y mujeres. La familia no es esta figura romántica como seno de protección: ahí ocurren abusos de poder.

Crece la violencia familiar durante la cuarentena
De 2016 a abril de 2020 se realizaron más de tres millones de llamadas de auxilio, relacionadas con violencia familiar.

Con la prole a cuestas

En Ixtapaluca las cosas no han cambiado mucho. Las calles no se han vaciado del todo. Ahora además hay niños y niñas. Como Viany, de cinco años, sentada junto a Nancy, su madre, quien trabaja en una panadería.

Las escuelas y estancias infantiles cerraron sus puertas. Ahora Nancy, mantiene sus empleos de siempre: editar y repartir catálogos para un arquitecto; trabajar por las tardes en una panadería; cocinar, barrer, trapear, lavar ropa y trastes, ahora debe lidiar con los humores de una hija adolescente y andar cargando a Viany a todos lados.

—Viany es hiperactiva y la mayor tiene 13 años, justo la edad en la que todo le molesta —resume Nancy.

La violencia familiar crece año con año. En 2017, el SESNSP consignó 169 mil 579 casos: 464 agresiones diarias. Para 2018 aumentaron a 493 y, en 2019, 559 agresiones. Es decir, una denuncia cada tres minutos.

Durante los primeros cuatro meses de 2020, en México se acumularon 68 mil 468 delitos de violencia familiar confirmados por el Ministerio Público, lo que representa un incremento de 10 por ciento respecto del mismo periodo del 2019, y los delitos relacionados con violencia de género se incrementaron 27 por ciento.

Entre enero y abril de 2020 los delitos relacionados con corrupción de menores aumentaron 22 por ciento; los casos de acoso sexual, 55 por ciento; los de hostigamiento sexual, 23 por ciento, y los de violación (simple y equiparada) 3.3 por ciento, en contraste con el mismo periodo del año anterior.

Entre enero y abril de 2020 se recibieron más de 230 mil llamadas relacionadas con incidentes de violencia familiar (6.5 por ciento más que en los primeros cuatro meses de 2019). El caso más alarmante es la capital del país, donde alguien llama para pedir auxilio cada seis minutos.

Las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señalan el país como el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidio de menores. Ante ese panorama las escuelas y las estancias infantiles funcionan también como refugios para la población infantil, aunque sea unas horas al día. Pero ahora están cerradas.

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