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El día que amaneció dos veces

"No es normal que todas tengamos una historia de abuso", marcha #8M2024 en CDMX. (Foto: Julieta Toledo).

¿Somos las mismas?: A cinco años del #MeTooMéxico

Por: Estefany Flores, Karla Hernández
Mentoría: María Luisa López
Fecha de publicación: 12 de marzo, 2024

A cinco años de la irrupción en redes sociales del #MeTooMéxico, la sociedad mexicana llegó este año a un 8M con muchos cambios y temas sobre la mesa para denunciar y reclamar justicia frente a la violencia de género.

“Ha habido un impacto muy fuerte al posicionar la realidad de las niñas y las mujeres en la sociedad. Nombrar sin eufemismos las violencias de las que somos objeto sólo por el cuerpo que habitamos. Mostrar que muchas actividades artísticas, sociales, en muchas escuelas, en muchos deportes, se había naturalizado un trato abusivo, la violencia psicosexual y la discriminación hacia las mujeres de todas las edades”, señala Ligia Colmenares, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La especialista añade que #MeTooMéxico “nos permitió saber que el haber vivido abuso, violación u otras violencias en la pareja o en el trabajo no eran casos aislados, producto de las malas decisiones de una mujer, sino un problema repetido, reeditado, y siempre silenciado. Que no estábamos solas. Que además podíamos hablar con alguien que nos entendería por qué no dijimos nada, por qué tardamos en denunciar, por qué a pesar de que ha pasado tanto tiempo no lo hemos podido ‘dejar atrás’”.

La abogada feminista y académica Jimena Ávalos, coincide con Colmenares en que se llegó al #8M 2024, también a cinco años de distancia del #MeToo mexicano, con un vínculo más abierto entre mujeres de diversas edades, creencias, profesiones, ocupaciones, que se reconocen iguales frente a una lucha común frente a la violencia de género contra mujeres.

“Las jóvenes han sido muy creativas en su movilización. Han sido contundentes, serias, se han informado, han estudiado para argumentar. Las hemos visto también tejer redes y cuidarse mutuamente de maneras muy afectivas y poderosas”, destaca Colmenares, que también es cocordinadora del Seminario Permanente de Género y Feminismos de la UNAM. 

“Somos revolución”, una de las consignas que se pudieron leer en la marcha del 8M en la CDMX. (Foto: Corriente Alterna).

Las denuncias del #YoTambién surgieron en 2019, dos años después de que The New York Times y The New Yorker publicaron decenas de acusaciones contra el productor cinematográfico y ejecutivo estadounidense, Harvey Weinstein, por acoso, abuso sexual e incluso violaciones. 

Días después de la publicación, la actriz Alysa Milano invitó a la gente a denunciar abusos sexuales en sus redes sociales con el hashtag #MeToo. 

Diez años atrás, la activista afroamericana Tarana Burke utilizó por primera vez la frase “yo también” en un Myspace, una de las primeras redes sociales, para incentivar a que mujeres y niñas afrodescendientes “supervivientes” de violencia sexual contaran su historia. 

Con el caso Weinstein y el acceso masivo a redes sociales, #MeToo  abrió la puerta a que mujeres de otros ámbitos pudieran abandonar el silencio frente a las violencias ejercidas contra ellas en el mundo laboral de cualquier profesión, académico y de relaciones personales. 

Llegó la hora de México

En México, las primeras denuncias del #MeToo apuntaron sobre todo a figuras públicas: periodistas, escritores y artistas. 

En marzo de 2019, un grupo de diez mujeres denunció a través de Twitter (ahora X) al escritor y traductor Herson Barona, de violencia sexual, física y sicológica. Ese fue uno de los casos más destacados pero no el único. 

El impacto de las denuncias públicas se intensificó con el suicidio del músico Armando Vega Gil, quien había sido nombrado anónimamente en Twitter por una mujer que narró haber sido acosada y abusada por Vega Gil cuando ella tenía 13 años. Surgieron en ese contexto cuentas y hashtags como MeTooCineMx, Metoomusicamx, MeTooAcadémicos, PeriodistasPUM, MeTooTeatroMx y MeTooCreativos, entre otras.

En 2021, con ese hashtag fue denunciado el diplomático, economista y promotor cultural, Andrés Roemer. A la denuncia de la bailarina Itzel Schnass se sumaron más de 60 nombres, entre otros, Fernanda Lascuráin, Martha Cristiana y Mariana Flores, por violación, acoso sexual y agresiones. 

Formalmente, Roemer es acusado de cinco casos de violación. Fue detenido en Israel, donde reside, en octubre de 2023 y liberado en diciembre. Actualmente, permanece en prisión domiciliaria.

Durante la marcha #8M2024, madres buscadoras y otras mujeres compartieron testimonios de distintas violencias sufridas. (Foto: Paulina Padilla).

¿Qué ha cambiado?

En palabras de Jimena Ávalos,  abogada feminista, la noción de ver en redes sociales la denuncia de las diversas formas de violencia ejercida contra las mujeres,  a través del #MeToo en EU y luego en México, permitió “darnos cuenta de que esto es sintomático de un tema estructural, o sea, en ningún momento será nuestra culpa, tiene que ver con cómo las mujeres y las disidencias sexuales y de géneros somos sancionadas en el patriarcado por cualquier cosa que pueda retar a este orden patriarcal”.

Colmenares enfatiza que en estos cinco años, han cambiado las sensibilidades de las personas en general.

“Se habla de violencias de maneras más explícitas, directas. Se nombra y se exige que se nombre lo vivido, y se ha avanzado incluso en el reconocimiento legal. Por ejemplo, la Ley Olimpia en 2020 que tipifica el ciberacoso y la violencia contra la imagen de las personas; la Ley Ingrid en 2022 para penalizar la revictimización de las víctimas de violencia de género a través de la difusión de imágenes”.

O la Ley Malena, de muy reciente aprobación, que nombra la violencia a través de los ataques con ácido, que ocurrieron muchas veces en la realidad y que la ley tardó en registrar y reaccionar ante ella, puntualiza Colmenares.

“Las profesoras universitarias fundadoras nos narran lo complicado que era hacer estudios de género y feminismos en nuestras facultades hace 30 o 40 años, y podemos observar cómo desde 2016-2017 ha habido un crecimiento exponencial de lo que se está trabajando”.

Las personas y las instituciones están más sensibles a los temas vinculados con violencia de género, coinciden ambas especialistas, a pesar de encontrar aún resistencias y disgustos por estos avances, intentos de volver a las condiciones anteriores o salirse por la tangente de la discusión. Pero el avance, reconocen, ya es irreversible.

Justicia 8M2024 CDMX
Una de las exigencias de las mujeres al marchar sigue siendo la reparación del daño. (Foto: Julieta Toledo).

Ávalos plantea matices:

“Me gustaría decirte que hay un antes y un después. La verdad es que no estoy segura de que sea el caso, creo que definitivamente ha habido avances a nivel jurídico, tenemos por ejemplo la Ley General de Educación Superior, en donde es obligatorio que se tengan mecanismos de atención a la violencia sexual y de género, por ejemplo”.

Añade que a partir de estas denuncias que se hicieron, hay una resistencia desde luego patriarcal. Discursos como el de: ‘ahora ya todo es acoso’. También vemos esas reacciones en donde se van al otro lado. Y me parece que es muy importante que continuemos la lucha, ojo, por mecanismos efectivos de investigación y sanción de la violencia de género, por supuesto”.

Lo que falta

Lo que produjo #MeToo fue una sacudida de consciencia sobre una barrera que había permanecido muy silenciada, enfatiza Colmenares.

“Nos ha permitido ir configurando acciones para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en las escuelas, las instituciones, las empresas. Se han creado comisiones de atención, canales de denuncia, protocolos de acción, y todo ello es producto innegable de la movilización en las calles y en las redes de todas esas mujeres.

“Se ha dejado claro que además de la responsabilidad personal de quien ejerce violencia de género, hay una responsabilidad institucional de crear las condiciones para que eso no suceda, de reaccionar en caso de que ocurra, de poner a salvo a las víctimas, de reparar los daños. Y eso es un gran y muy valioso cambio”.

Mujeres de diversas edades y condiciones marcharon el 8M para exigir el respeto a sus derechos. Foto: Alejandra Valentina Serrano.

Ávalos señala que se debe seguir trabajando en la prevención a la violencia de género, porque “sabemos que lo que más funcionan son esos mecanismos de prevención que buscan cambiar la cultura escolar o laboral, por ejemplo, que tienen a ser desde luego patriarcales y bajo el paradigma masculino. Otro de los pendientes es fortalecer los esquemas de justicia restaurativa”.

Añade que “no hemos logrado aún crear espacios seguros para las mujeres, tenemos que seguir cuidándonos en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestras calles, en nuestro país. Las denuncias aún cargan el peso de las pruebas de la violencia de género sobre las víctimas, aún cuando se ha probado que son casos especialmente silenciados y manipulados de manera que es prácticamente imposible tener evidencias hasta que ya es tarde”.

“(Las jóvenes) son creativas, valientes, diversas, difunden medidas de seguridad, se cuidan en las movilizaciones, aprenden defensa personal, generan redes de cuidado. Las percibimos muy claras para expresar pensamientos, emociones, necesidades y politizarlas para tomar decisiones colectivas. Esa ha sido su fuerza en la protesta y es algo muy valioso que podríamos aprender en general todas las personas que hemos estado inmersas en alguna movilización social”, concluye Colmenares.