Imagen: Cortesía de colectivas scout.

Violencia de género contra niñas y mujeres scouts: el pacto de silencio

María Rocha, Mónica Castro Cruz, Jocelyn Álvarez, estudiantes / Corriente Alterna | publicado el 17-09-2021

Escucha aquí el podcast:

El 18 de septiembre de 2020, decenas de mujeres protestaron por la violencia de género frente a la Oficina Scout Nacional. Con 120 testimonios de abusos sexuales al interior de esta organización de todo el país, exigían espacios más seguros para las mujeres, jóvenes y niñas que participaban en las actividades. La Asociación de Scouts de México (ASMAC) respondió con un buzón de denuncias que, según afectadas, es revictimizante. Corriente Alterna habló con integrantes de cinco colectivas de scouts feministas, quienes denuncian el pacto de silencio en la organización.

“El scout es leal con su patria, sus padres, sus jefes y subordinados”. Así reza el artículo 2 de la Ley Scout y sus valores. Miles de familias de distintos países del mundo confían a sus hijas e hijos a esta organización con 114 años de existencia para que, a través del campismo y otras actividades recreativas, cultiven valores cívicos y morales.

Pero la “lealtad scout” tiene otros rostros. Luisa, una adolescente que se describe como scout desde que estaba “en la panza” de su madre, lamenta que el artículo de la ley scout sea utilizado como un pacto de silencio para encubrir la violencia sexual en contra de las niñas y adolescentes que participan en la organización.

Su identidad, como la del resto de las scouts consultadas, ha sido omitida en este trabajo periodístico para evitar colocarlas en una situación de mayor vulnerabilidad por haber sido víctimas, o favorecer represalias.

“Los Scouts no son una institución justa”, dice Luisa. Tratándose de violencia de género, quienes admiten y dan trámite a las denuncias “son los mismos que violentan”, añade.

El 18 de septiembre de 2020, mujeres afiliadas a la Asociación de Scouts México (ASMAC) se manifestaron frente a la Oficina Scout Nacional, en la colonia Roma Norte de la Ciudad de México, mediante un tendedero en el que expusieron la violencia de género sufrida, desde los comentarios machistas hasta las agresiones sexuales al interior de la organización, por parte de superiores jerárquicos o, incluso, de compañeros del mismo rango: “Sólo tenía siete años…”, “Hablé y no me creyeron…”, “Era mi consejero de clan…”, se lee en algunos de los 120 testimonios recabados.

A un año de esta manifestación, Corriente Alterna revisó 50 de esas denuncias de diversas violencias sexuales, en las que se exponen lo que pudieran ser seis casos de violación (penetración); 23 de abuso sexual (tocamientos, en su mayoría); 18 de acoso sexual y hostigamiento sexual; dos de violencia psicológica; uno de violencia física; y un caso en donde una menor denunció haber sido obligada a realizar videos íntimos.

En los testimonios es posible inferir un patrón en las denuncias. Entre las agredidas se cuentan mujeres menores de edad y adultas, y las agresiones fueron perpetradas, sobre todo, por hombres scouts con un rango jerárquico superior al de niñas y adolescentes a las que tenían bajo su cuidado, aprovechando la ausencia de padres o madres de familia en las reuniones grupales, campamentos y salidas recreativas.

El concepto de “lealtad” en los scouts es usado como pacto de silencio ante los actos de violencia de género en esta agrupación, tal como señalan las escultistas organizadas contra esta problemática. En la imagen se muestra una de las estampas colocadas en la sede de la Asociación de Scouts de México (ASMAC). Foto: Cortesía colectivas scout.

Tras la manifestación del año pasado, la ASMAC anunció públicamente su postura “a favor de la cultura de la denuncia y (…) en contra de todos los actos de agresión y violencia que vulneren la integridad de cualquier integrante de la organización”. Al poco tiempo, las autoridades scout lanzaron Conecta!, una plataforma digital para recibir denuncias por violencia de género; no obstante, Luisa advierte que se trata de un espacio que busca desmotivar a las scouts que busquen reportar una agresión.

Para empezar, la plataforma no ofrece confidencialidad ni admite el anonimato. Este requisito es exclusivo para las denuncias de violencia sexual y de género; otro tipo de reporte, de cualquier índole, puede ser denunciado de manera anónima a través de la plataforma Tips anónimos.

Si la víctima decide seguir adelante y revelar su nombre, lo primero que recibe es una advertencia: la plataforma le aconseja evaluar sus intenciones y evitar “caer en difamaciones que puedan causar un daño moral a quien se acuse”. Después, la ASMAC solicita “pruebas” y “testigos” de los ataques sufridos, además de un acta ministerial que certifique que los hechos fueron denunciados penalmente.

La página de la Asociación de Scouts de México establece que todos estos requisitos no derivan, necesariamente, en una investigación sobre las agresiones. Sólo sirven para determinar si el reporte “procede”.

El silencio como respuesta

La plataforma de denuncia Conecta! establece que, para analizar cada reporte de violencia sexual o de género, la Asociación de Scouts de México debe integrar un “comité verificador”. Si este comité lo considera “procedente” se realizará una investigación para sancionar al responsable.

No se especifica qué autoridades scout integran este comité ni si deben ser personas capacitadas para atender casos de violencia de género. Tampoco se dice qué criterios deberán aplicarse para aceptar el trámite de una denuncia. A la fecha, no se sabe cuántas denuncias han recibido, cuántas han considerado “procedentes” e investigado ni cuántas sanciones se han impuesto.

Corriente Alterna solicitó una entrevista a la Asociación de Scouts México en cuatro ocasiones distintas, durante los meses de mayo, junio y julio de 2021. Sólo en la cuarta solicitud la ASMAC pidió copia de las credenciales de prensa de las reporteras. Finalmente, la organización se negó a proporcionar información sobre las medidas emprendidas contra la violencia sexual denunciada.

En cambio, mediante una videoconferencia simultánea, adolescentes y jóvenes mujeres scout, de cinco entidades de la república y distintas colectivas feministas, aceptaron explicar su demanda común: la erradicación de la violencia de género del mundo scout y del “pacto patriarcal” que la protege.

Habla Rebeca, joven scout del centro del país: “El proceso [de denuncia] es horrible, ya lo viví. Revictimiza a las denunciantes. Yo hice una denuncia hace como tres meses. Te dicen que esperes, ‘máximo, dos semanas’ y [después] no te dan respuesta”.

Imagen colocada en la Oficina Nacional Scout, durante la protesta realizada en septiembre de 2020 para denunciar la problemática de violencia sexual en esta organización. La ilustración alude a Pedro Díaz Maya, que ocupa el cargo de jefe Scout Nacional. Foto: Cortesía colectivas scout.

La plataforma Conecta! establece que toda persona que denuncie una agresión de género o sexual podrá conocer, en cualquier momento, el progreso de las investigaciones realizadas por la ASMAC. Sin embargo, Rebeca nunca fue informada de los avances en su denuncia y cuando solicitó esta información no fue atendida.

Lorena, joven scout del sur del país, advierte que, además de formular estos reportes, “no se puede hacer nada para que saquen a alguien del movimiento. Tiene que haber una denuncia ante el Ministerio Público y ya sabemos cómo funciona. Te dicen: ‘No, no es cierto. Si no nos traes 10 testigos y ocho videos del momento en que te agredieron, no puedes hacer la denuncia’. En infinidad de casos hemos visto que no procede la denuncia, porque no tienes ‘pruebas’ de las agresiones”.

Lorena insiste en que el hostigamiento, el abuso sexual e, incluso, las violaciones son comunes en los campamentos. Este tipo de agresiones, sin embargo, no necesariamente dejan rastro tangible. “¿Cómo quieren que [las personas que han sido víctimas] tengan pruebas?”, cuestiona Lorena.

“No pasó nada con mi agresor porque era amigo del Jefe de grupo”, “Conté lo que me pasó. El Jefe de grupo defendió a mi agresor”. Los testimonios recabados por las colectivas feministas coinciden en que este es otro patrón de la violencia scout contra jóvenes y niñas: a pesar de que existan y se utilicen los canales de denuncia, en todos estos casos la respuesta de la ASMAC es el silencio.

Las cinco colectivas feministas scout consultadas por Corriente Alterna coincidieron en que, ante la violencia de ante la violencia de género, la solución no es abandonar la organización, sino quedarse y pelear por la erradicación de esas prácticas en beneficio de todas las scout. Foto: Cortesía colectivas scout.

“Las niñas que no tocarás”

Mariana se considera scout desde su nacimiento. A sus 17 años desconoce qué se siente no ser parte de la comunidad scout: su identidad está unida de manera intrínseca a los parches e insignias bordadas a su uniforme, al campismo y a las otras actividades de su grupo, donde ocupa el rango de “scouter”: es decir, responsable de guiar a un grupo de niñas de hasta 13 años de edad.

–¿Qué viene primero –se le pregunta a Mariana–: el feminismo o el escultismo? ¿Eres “feminista scout” o “scout feminista”?

Mariana titubea, se toma unos segundos para pensar bien la respuesta:

–Mi acercamiento con el feminismo vino a partir de experiencias que viví y presencié en los scouts. Mi lucha es, en parte, por meter el feminismo en el escultismo. Entonces, sí: soy scout feminista.

Mariana reconoce que su acercamiento al feminismo es peculiar. Luego de que se expresó en favor de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT+ ante el grupo de niñas que dirige, éstas “se atrevieron a contar” las agresiones perpetradas en contra de ellas por otros scout y, también, por autoridades scout.

“Para mí fue súper traumático saber que habían ocurrido agresiones cuando yo estaba a cargo”, dice.

En una situación similar estaba Norma, quien desde hace dos años comenzó a sentirse insegura en la comunidad scout luego de enterarse de la agresión hacia una de sus compañeras. Comenzó a preguntarse seriamente si debía abandonar aquel espacio que había hecho suyo durante tantos años.

“Me asusté mucho. Como le pasó a ella, nos pudo pasar a nosotras. Dejé de asistir a los scouts”, recuerda y dice que por dos años tuvo que alejarse de la comunidad.

En 2021, sin embargo, pensó que sólo había una posibilidad de regresar: hacer algo para ayudar a otras jóvenes scouts: “Cada quien se hace feminista con su propia historia, es un golpe bastante duro. Entonces dije: ‘Esto no se puede quedar así, a mí no me van a hacer correr. Yo me quiero quedar para construir un espacio seguro’”.

Norma hace una pausa, torna su mirada hacia arriba como queriendo encontrar las palabras adecuadas: “Me quedo por los niños y las niñas. Las infancias son quienes, en serio, me preocupan”.

“Me quedo”, repite.

Lo mismo hizo Mariana, quien fue tejiendo redes con otras niñas, jóvenes y adultas que, como ella, trataban de convertir los grupos scouts en espacios seguros para las niñas y las jóvenes: “En ellas encontré un espacio de refugio, de apapacharme con otras y de sentir que no estaba sola”.

La decisión de permanecer en el movimiento tiene un objetivo: combatir “las situaciones que antes no pude prevenir”, dice, y luego lanza al aire una advertencia a todos los agresores: “Yo soy la scouter de las niñas que jamás van a tocar”.

La cultura de la violencia de género

La Organización Mundial del Movimiento Scout –WOSM, por sus siglas en inglés– reporta 50 millones de afiliados, de 6 años de edad en adelante, en más de 200 países y territorios.

Fundado en Inglaterra a principios del siglo XX por Robert Sthepenson Smyth Baden-Powell, un militar que participó en las campañas para sojuzgar a diversos pueblos africanos. En 2010, autoridades británicas desclasificaron una serie de cartas que revelan contactos entre el fundador de los scout y oficiales de las Juventud Hitleriana, en 1933.

En ese mismo año, en México se realiza el primer Campamento Nacional de scouts, que venían trabajando en el país desde 1916. Hoy, la ASMAC reporta la existencia de alrededor de 700 grupos. En México, no fue sino hasta 1981 que la Asociación aceptó la integración de “brigadas femeninas” en sus filas.

En los últimos años, las denuncias de violencia sexual en contra de menores scout han surgido en muchos países.

Durante 2019 y 2020, en Estados Unidos se denunciaron 95 mil casos de abuso sexual en los Boys Scouts of America, ocurridos a lo largo de siete décadas. Esto llevó a la organización a declararse en bancarrota, ante la imposición del pago de indemnizaciones por 850 millones de dólares.

En Gran Bretaña, la firma de abogados Bolt Burdon Kem, que por 30 años ha representado a víctimas de abuso infantil, mantiene en línea un mapa que muestra, al menos, 250 casos de abuso sexual contra scouts menores de edad en Inglaterra e Irlanda, de las que se responsabiliza a líderes o miembros de la misma organización.

En febrero de 2020 las asociaciones de jóvenes Scouts España y Movimiento Scout Católico reconocieron cuatro casos de abuso sexual acumulados en los siete años previos.

En Chile, donde el movimiento está asociado con la Congregación de Hermanos Maristas, la Asociación de Guías y Scouts dio a conocer a principios de 2021 un aumento en las denuncias de abuso sexual durante los últimos años.

Las denuncias en los grupos scout mexicanos se inscriben en este debate internacional. No obstante, a pesar de que en México fueron denunciadas estas prácticas desde septiembre de 2020, para febrero de 2021 la Asociación de Scouts de México todavía buscaba personas con “conocimientos sobre igualdad y equidad de género” que pudieran encargarse de garantizar condiciones de igualdad al interior de la agrupación, tal como se desprende de su comunicado “21.007”.

Mediante este comunicado, la ASMAC anunció su intención de contratar a una mujer en cada “provincia” del país para “organizar pláticas, conferencias y talleres” sobre violencia de género. Hasta septiembre de 2021, el calendario de actividades de la organización no incluía ninguna plática o actividad relacionada con la prevención de la violencia sexual y de género.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, sólo entre 2019 y junio de 2021, en México se han denunciado penalmente 52,505 casos de abuso sexual, 11,477 de acoso sexual, 4,136 de hostigamiento sexual, 38,694 violaciones sexuales y 8,251 delitos vinculados con otras formas de “violencia de género”.

La violencia sexual no es algo natural, aislado ni espontáneo. Lo explica Laura Martínez Rodríguez, psicóloga, directora y fundadora de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas AC (ADIVAC). Se trata de una forma de violencia que “se presenta de manera premeditada, con alevosía y ventaja”. En grupos cerrados, con organizaciones jerárquicas, los agresores suelen ser quienes ocupan posiciones de poder. Esto es especialmente peligroso en grupos con población infantil donde “el niño, la niña o la adolescente dice: ‘Él es mi jefe’”.

No obstante, aclara, en sociedades patriarcales y adultocéntericas como la mexicana, cualquier hombre puede creerse en condición de superioridad frente a una mujer, niño o niña. Es por eso que las agresiones sexuales y de género en grupos cerrados, como los scout, en realidad pueden provenir de cualquier integrante de la organización, sin necesidad de que ocupe formalmente una posición jerárquica superior a la de sus víctimas.

En el caso de menores de edad, los agresores cuentan en su favor con la “desacreditación” de las víctimas. Es frecuente, explica Martínez, que a las y los menores que viven violencia sexual se les califique como “mentirosos” o se crea que otros adultos los manipulan.

Los detalles de los testimonios y denuncias de violencia psicológica, hostigamiento, acoso y abuso sexual, así como de violaciones, violencia física y pornografía infantil, se omiten en este trabajo periodístico con el fin de no revictimizar a las afectadas.

Luisa, Mariana, Rebeca, Lorena y Norma no pertenecen a la misma colectiva ni residen en los mismos estados de la República. Sus edades son variables y, como ya se dijo, esos tampoco son sus verdaderos nombres.

Dentro de los scouts, dice Mariana, debe existir “un tipo de anonimato a causa del acoso institucional. Las compañeras de otros colectivos no saben quiénes somos ni nosotras sabemos quiénes son ellas”.

Pero, incluso a distancia y en el anonimato, el mensaje contra el silencio corre entre las scouts y ha despertado interés acerca de sus derechos, empezando por el derecho a una vida libre de violencia y el derecho a organizarse.

“Las niñas ya se dan cuenta de que la violencia no es normal. Ven que no es normal que a los 14 años un adulto te haga insinuaciones sexuales”. Eso es una muestra, dice Lorena, de que “cada vez estamos más juntas” y de que así, en colectivo, se combate mejor la violencia de género.

violencia de género scouts
Derivado de lo que calificaron como “acoso institucional”, las scouts organizadas contra la violencia de género han creado colectivas de trabajo, que operan en el anonimato. El movimiento scout admite denuncias anónimas sobre abusos e irregularidades, excepto cuando se trata de violencia de género. En esos casos se exige que la víctima exhiba su identidad, pruebas, testigos y actas ministeriales. Foto: Cortesía colectivas scout.

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