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Kike Vázquez, psicólogo, terapeuta familiar y activista

“Busco incomodar: que las ideas que ya tenías por ciertas y que estabas cómodo pensando se vean movidas con mis chistes”. Kike Vázquez (Foto: Eunice Adorno)

Kike Vázquez: “Lo mío, lo mío… es la parálisis cerebral”

Gilemy Montiel Hernández; mentoría: Sergio Rodríguez-Blanco / Corriente Alterna el 3 de marzo, 2024

Escucha aquí el podcast:

La entrevista con Kike Vázquez, de 35 años, psicólogo, terapeuta familiar, activista por los derechos de las personas con discapacidad y con diversidad funcional, comediante, fanático de la música, la guitarra, los libros y los ajolotes se hizo el 15 de abril del 2023.

Ahí está el micrófono en el escenario, quieto, en espera de que el comediante que lo sostenga entre sus manos sepa robar carcajadas para un día largo, quizá hasta tortuoso; o para quienes, simplemente, encuentran un gozo particular en transportarse a una realidad hilarante.

Se anuncia al dueño del micro: Kike Vázquez. Las luces parpadean en medio de la oscuridad del bar. Una silueta, a paso corto, poco a poco llega al centro del escenario: las risas y algunos aplausos invaden el lugar. Al llegar, lo primero que hace es explicar por qué tardó en aproximarse al micrófono y tuvo que hacer un esfuerzo considerable para lograrlo:

–Tengo una condición muy evidente: estoy muy pinche guapo.

Estallan las risas y, en un par de segundos, Kike no sólo se adueña del escenario de Comedy Central sino del público. Continúa:

—Y no les voy a mentir, es bien pinche difícil vivir así. Uno va por la calle y me gritan: ¡Dame tu autógrafo!, ¡Fírmame a mi hijo! Y, aunque mi condición es difícil, no puedo negar que también es una herramienta muy útil, sobre todo para que no se note que tienes parálisis cerebral. O qué dijeron: ¿polio? No, ¡eso es de pobres!

Remata el chiste: él sí fue un hijo deseado, planeado, y a él sí lo vacunaron contra la poliomielitis:

—Lo mío, lo mío, es la parálisis cerebral.

Las carcajadas se incrementan cuando empieza a hablar sobre diagnósticos equivocados: 

—A veces confunden ser pendejo con tener parálisis cerebral… Si naciste pendejo no se cura, pero quienes tenemos parálisis cerebral sí podemos ir a rehabilitación. 

Kike Vázquez, de 35 años, es psicólogo, terapeuta familiar, activista por los derechos de las personas con discapacidad y con diversidad funcional, comediante, fanático de la música, la guitarra, los libros y los ajolotes. Nació en la Ciudad de México a los cinco meses y tres semanas de gestación. Ser prematuro causó un episodio de hipoxia, lo que le ocasionó una parálisis cerebral que afectó su desarrollo motriz.

La gente reconoce a Kike Vazquez por la calle y sus fans quieren tomarse fotos con él (Foto: Eunice Adorno)

Comediante por accidente

Su protagonismo en la comedia empezó por accidente, cuenta. Recuerda que en sus discursos de oratoria él intentaba ser muy serio, pero la gente terminaba riéndose. Dice que siempre se preguntó qué ocasionaba ese efecto, hasta que descubrió el stand up comedy por televisión y recordó aquellas escenas de la preparatoria. Como buen apasionado de la mente humana, ya como psicólogo de profesión, se encaminó a darle respuesta a las carcajadas que robaba, “sin tener la intención”, a través de la investigación de campo: así entró a un curso de stand up. El resultado: le gustó tanto que decidió quedarse. 

La comedia ha sido una oportunidad para decir lo que piensa expresando sus observaciones sociales. En su canal de YouTube tiene un programa, “¿Cómo lo explico?”, donde aborda temas de psicología a través de memes, y colabora en diversos podcast, como los llamados Discapítulos para el canal de “Shishis pa la banda”.

Kike habla de la “funcionalidad hegemónica” cuando se refiere a la preconcepción que se tiene de la diversidad funcional:

—Los discapacitados no existen: lo que sí existe es el entorno discapacitante; formado por  las personas que promueven los prejuicios, clichés y etiquetas por la condición física.

En sus espectáculos de Comedy Central realmente no se burla de la discapacidad sino de lo que sucede alrededor de ella y de lo que el público piensa al respecto.

Tal como indica el primer artículo de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad que México suscribió en 2007, “Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”. Esto implica que tener una limitación o discapacidad no configura una vulnerabilidad por sí misma sino que ésta se concreta cuando el entorno o la sociedad no aceptan, toleran o comprenden esta diferencia. Las personas con discapacidad viven excluidas como consecuencia de un entorno hostil, violento, ignorante y discriminatorio. 

Cuerpos “normativos”

Kike no enfoca sus chistes en el “lisiado” y el “ciego” sino que trata de plantear escenarios que la gente no imagina en una persona con discapacidad; por ejemplo, que pueda sacar ventaja de su condición, que quiera tener relaciones sexuales o buscar trabajo.

En otro de sus espectáculos, en el bar de comedia Beer Hall, le cuenta al público:

—Hay cosas que disfruto, como ir a la feria; porque cuando paso por La casa del tío Chueco siento que estoy en mi país y que yo soy el presidente.

El comediante no utiliza como único recurso el “reírse de uno mismo”, sino que hace ver la realidad desde una perspectiva que no es la de los cuerpos que llama “normativos”, es decir, los cuerpos considerados “normales”.

Kike considera que, cuando se piensa en las personas con discapacidad, no se asocia la idea de una profesión o de un noviazgo. Por ello, a través del stand up comedy busca mostrar a las personas que no tienen una discapacidad lo “estúpidas que, a veces, se ven” cuando tratan a una persona que sí la tiene.

Un ejemplo, su experiencia en los masajes de rehabilitación:

—Empieza la sobada y dicen: “Oye, mi amor, aquí sigue muy durito”. Y le contesto: “Y si sigues así se va a poner peor, porque yo tengo parálisis cerebral, no disfunción eréctil”.

Kike se burla, así, del paternalismo y la infantilización; de las personas que no saben convivir con alguien que tiene una discapacidad. En otro show, presentado en 2018, insistía en que la mayoría de las veces se considera a las personas con discapacidad como seres sin sexualidad o demasiado ingenuos e inocentes. Incluso se burla de cómo se comunican con él las personas cuando acaban de conocerlo:

—Todos los que saben que tengo parálisis cerebral (y no secuelas de poliomielitis), hacen la misma mamada: “Hola mi vida, hola mi amor, me llamo María, mi cielo, y ¿tú?”. No, yo no. ¡Wey!, voy a poner algo en claro: el de la discapacidad ¡soy yo! 

Su activismo, dice, surge a partir de que su familia diera el consentimiento para que le practicaran una cirugía sin que él estuviera convencido. No pudo decidir porque era menor de edad.

Más tarde, cuando hacía su servicio social en una asociación para personas con diversidad funcional, se hizo amigo de un niño con parálisis cerebral que falleció a causa de una cirugía. Así lo contó en el programa Aprendiendo en Familia transmitido por Facebook en julio de 2022. Con dolor y justificado coraje decidió dedicar su vida a cuestionar a la sociedad con interrogantes como estas: ¿Por qué es más importante caminar “normalmente” que estar vivo? ¿Acaso la movilidad hegemónica vale más que una vida?

La comedia de Kike Vázquez busca desafiar la “normalidad” y a quienes, desde la hegemonía funcional, quieren imponer la ignorancia (Foto: Eunice Adorno)

Una metáfora de Toy Story

El recurso de la comedia ha sido el lenguaje elegido para recordar a su público que todos somos iguales. Cuando hace un chiste sobre la película de Toy Story habla del personaje de Forky como alguien a quien tratan como si fuera un juguete de fábrica para que no se sienta mal ni discriminado por no serlo, porque en realidad es una manualidad. Esta metáfora le sirve para comparar el comportamiento de las personas de su entorno y el modo en que lo tratan para que no se sienta excluido por ser diferente a las demás personas.

—Pero es, otra vez, lo mismo: hacer énfasis en la diferencia, y esto se vuelve a convertir en una de las mayores discriminaciones.

Hace unos meses Kike explicaba en Podcasmo Múltiple, podcast donde fue invitado:

—Esta creencia de que yo soy muy diferente hace que la gente me trate como alguien muy diferente, a pesar de que no lo sea. Es uno de los mayores problemas al que me he llegado a enfrentar: creen que soy tan diferente que no creo cosas similares a ti o que no me agradan las mismas cosas o me desagradan las mismas cosas. Más bien, tus ojos están tan centrados en la diferencia que se te olvida que soy un ser humano y que en esa cualidad hay más cosas en las que podemos coincidir. 

Según datos del informe que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió el 7 de marzo de 2023, se calcula que mil 300 millones de personas, es decir, 16% de la población del planeta viven con una discapacidad. Constituyen un grupo diverso, por lo que sus experiencias vitales y sus necesidades en materia de salud se ven afectadas por factores como el sexo, la edad, la identidad de género, la orientación sexual, la religión, la raza, la etnia y la situación económica. Las investigaciones de la OMS son claras: las personas con discapacidad mueren antes, tienen peor salud y experimentan más limitaciones en su actividad cotidiana.

Sin embutirnos conceptos que, quizá, son complejos de entender, Kike nos ilustra con un escrito que elaboró en 2020 a partir de anécdotas que aprendió de sus padres: la “Carta a alguien que va a criar un bebé con diversidad funcional”:

  • Diversidad Funcional: La forma en que funciona el cuerpo (y el cuerpo de todos es diferente).
  • Ejemplo de mi papá: “Hijo, tú caminas y te mueves así porque así es tu cuerpo y porque así naciste y te tocó ser”.
  • Discapacidad: Las barreras que la gente pone (arquitectónicas, actitudinales o sociales) que no deja que participemos en lo que queremos.
  • Ejemplo de mi mamá: “Hijo, si alguien te dice que no puedes, te hace algo o te trata mal, yo voy y me lo chingo, porque si yo no te dije que no podías, no voy a dejar que cualquiera venga y te lo diga a ti”.

Citando a José Antonio Flores Farfán, lingüista y promotor de lenguas indígenas: “El ajolote no nació de la nada. Y aunque para cualquier hijo de vecino no tiene perfil griego ni es lo que se dice guapo ni apetecible, en la época precolombina los indígenas nahuas lo consideran un verdadero manjar, un platillo de dioses”.

Un verdadero manjar: así es la comedia de Kike Vázquez. Quizá de ahí provenga su afición por estas míticas criaturas anfibias, casi extintas, originarias de la cuenca lacustre donde se asienta la Ciudad de México.