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Foto: Shashenka Gutiérrez / Cuartoscuro

Foto: Shashenka Gutiérrez / Cuartoscuro

Un chavo estrafalario: sobre la muerte del Sax

Carlos Acuña, reportero / Corriente Alterna el 16 de marzo, 2021

Eulalio Cervantes, El Sax, icónico saxofonista de Maldita Vecindad & los Hijos del Quinto Patio, murió este domingo 14 de marzo, víctima de COVID-19. Su colega José Luis Paredes Pacho, baterista y hoy director del Museo Universitario del Chopo, recuerda lo que significó su sonido para unos años donde la juventud era una épica en sí misma.

A los diecisiete años llevaba ya la greña suelta y los lentes oscuros, facha que en aquella época significaba un atrevimiento ante los ojos de la policía. Llegó quizás atraído por el escándalo: la colonia Roma era entonces menos bulliciosa, no era común escuchar guitarras y tamborazos salir de alguna ventana.

 —Estábamos grabando en el departamento de un amigo que tenía un equipo muy codiciado entonces: una consola de cuatro canales. Algo que hoy es una cosa de nada, pero que entonces era inconseguible. Queríamos sacar 500 casetes con canciones nuestras. Estábamos esperando a que llegara el dueño del depa cuando los vimos pasar: una vez, dos, tres veces. Dos chavos muy estrafalarios que se nos quedaban mirando. Uno de ellos era El Sax

Era 1986, recién había pasado el terremoto que definió la historia política y la identidad del Distrito Federal. Quien recuerda es José Luis Paredes, Pacho, fundador y baterista de La Maldita Vecindad & los Hijos del Quinto Patio durante más de dos décadas; desde hace nueve años, director del Museo Universitario del Chopo. 

—Nosotros no éramos músicos propiamente, no en esos años. Por eso nos impresionó tanto su presencia y su sonido. Porque El Sax sí sabía tocar pero además venía de San Luis Potosí, de un pueblo cerca de la capital del estado. Tenía ese ímpetu de querer pertenecer a una generación, de vincularse con el mundo. Y venía de tocar en las bandas municipales, tenía ese sonido gangoso, muy de las bandas de alientos de las comunidades. Era muy impactante. Su presencia lo cambió todo. 

Un último homenaje a El Sax

Eulalio Cervantes, El Sax, murió el domingo 14 de marzo. Tenía 52 años y era capaz de tocar guitarra, bajo, acordeón, piano, batería, clarinete, trompeta, trombón, flautas y decenas de instrumentos de origen árabe.

No por nada su apodo era también su instrumento.

En vivo solía tocar dos saxofones al mismo tiempo para emular el sonido envolvente que se logra al sobreponer pistas en un estudio de grabación. Solía también alargar las notas interminablemente mediante la técnica de respiración circular –un truco que había aprendido de imitar a Rahsaan Roland Kirk–, para evitar interrumpir el sonido por la necesidad de respirar. Según la Sociedad de Autores y Compositores de México, tenía el récord mundial de respiración circular por una sola nota con el saxofón.

Durante más de 35 años militó en la Maldita Vecindad & Los Hijos del Quinto Patio. De tocar en antros míticos como el Tutti Frutti, el Nueve, el L.U.C.C., junto a Caifanes, Santa Sabina, Simples Mortales o Baraja, pasó a producir a Tijuana No!, tocar con Mano Negra, presentarse junto a jazzistas como Net Coleman o acompañar la música tradicional marroquí de Bachir Attar

–Fuimos una generación con una épica impetuosa, empeñada en tocar y en escuchar una música que en ese momento era perseguida –dice Pacho–. El Tianguis del Chopo era nuestro internet: en la economía informal de la calle encontramos la forma de globalizarnos; yo estaba clavado en el afrobeat, en Fela Kuti, y El Sax estaba explorando el raï, el rock de los migrantes argelinos en Francia. Él era un terco: aprendía a tocar con cualquier técnica y cualquier instrumento a golpe de tenacidad. 

El interés del Sax y el resto de los integrantes de Maldita Vecindad por los sonidos del Medio Oriente y de ciertas tradiciones africanas fue notorio y se expresó en canciones como Solín, Toño o la misma Kumbala. El Circo, álbum emblemático antes de que rompieran su relación con la industria discográfica, marcó la identidad chilanga de los años noventa e inauguró un nuevo folclor para una juventud cada vez más global. 

Hace dos semanas El Sax hizo público su contagio de COVID-19. Fue hospitalizado el 6 de marzo debido a una baja oxigenación; Jessica Franco, su pareja y manager, solicitó a los fans y amigos de Maldita Vecindad donaciones para el tratamiento cada vez más costoso. Su salud ya estaba deteriorada por un daño renal y una infección en la columna vertebral que lo mantenían bajo seguimiento médico. Pero había aprendido a sobreponerse.

Todavía hace unos días, en plena recuperación, lanzó un nuevo sencillo con su saxofón como protagonista. Había aprovechado los meses de confinamiento para escribir nueva música, pese a su condición médica. Su familia y seres queridos esperaban una recuperación pronta.

Pero no lo logró.

El informe médico declaró “paro respiratorio”, aunque Sax nunca fue intubado. Su esposa acusó negligencia, aseguró que los médicos de la Clínica 72 del IMSS desestimaron sus padecimientos y decidieron no suministrarle el medicamento necesario para sobrellevar su condición previa al COVID-19.

–La muerte de alguien como El Sax es difícil de nombrar –lamenta Pacho–. Yo todavía no sé qué significa lo que acaba de ocurrir. Hace mucho que casi todo lo que sucedió en esa época terminó, poco de esos años perdura.

Sax murió en domingo. La noticia arrojó a la ciudad a una nostalgia hinchada por la pandemia, el encierro y un año entero sin música en vivo, sin épica desde donde musicalizar nuestro presente. Apenas se conoció la noticia, las canciones de Maldita Vecindad volvieron a escucharse en las rocolas de las cantinas, en las bocinas de los comerciantes callejeros. Pocos homenajes tan reales para quien hizo de la música una vida. Desde las ventanas de los edificios, El Sax hoy suena en toda la ciudad.