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Leo ya salió de prisión, pero ahora debe seguir medidas de vigilancia que complican su reinserción social. Foto: Mónica Castro / Corriente Alterna.

El complicado camino de Leo hacia la reinserción

Dulce Soto, reportera, y Mónica Castro, estudiante / Corriente Alterna | publicado el 18-12-2021

Leo Martínez viste de rosa. Lleva una camisa de manga corta desabotonada y, debajo, una playera blanca. Nada que recuerde al uniforme azul marino que usó durante 18 años en el penal femenil de Santa Martha Acatitla.

Esta escena ocurre el 9 de diciembre de 2021, una semana después de que obtuvo, por fin, la libertad condicional. Leo espera afuera del centro penitenciario a que le entreguen las pocas pertenencias que acumuló mientras estuvo preso: una caja de libros sobre derecho penal, copias de expedientes, una bolsa de ropa.

En Santa Martha Acatitla, Leonardo o Leo, como prefiere que lo llamen, transicionó de género. Fue detenido en 2003, cuando todavía se llamaba Érika Martínez, por el supuesto delito de robo y homicidio. Lo condenaron a 96 años de prisión. En 2020 obtuvo la libertad condicionada con la condición de usar un brazalete electrónico, pero seguía preso porque no podía pagar los 92 mil pesos que costaba ese dispositivo. Después de luchar años por este beneficio que se otorga a las personas sentenciadas que cumplieron la mitad de su condena con buena conducta, Leo salió libre.

Mientras aguarda, varias personas que trabajan en la cárcel lo saludan con sorpresa y lo felicitan. Tras casi dos décadas en esta prisión, casi todos conocen a Leo.

-¿Ya saliste? -le pregunta un señor moreno, de cabello oscuro, al verlo afuera del penal. Leo asiente.

-Te felicito. Me da mucho gusto por ti -agrega el hombre que imparte talleres a las personas privadas de la libertad en Santa Martha Acatitla. También lo saludan una trabajadora de “La Cosmopolitana”, como llaman al área de cocina, y una profesora del área cultural.

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Leo agradece las muestras de afecto. Sin embargo, la espera lo pone nervioso. Son las 12 del mediodía y debe reportarse, cuanto antes, a la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México para explicar por qué no está en casa. Así será su vida desde ahora: debe permanecer las 24 horas del día en su hogar, salvo cuando tenga permiso de ir a juzgados, a la escuela o a la Clínica Condesa, donde continuará con la transición de género que inició en reclusión. También debe realizar cinco reportes telefónicos al día.

Aunque Leo ya abandonó la prisión, después de luchar años contra el sistema penal que lo condenó sin respeto a sus derechos humanos, el camino hacia su total libertad todavía presenta obstáculos.

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Con una bolsa y una caja de libros y copias, Leo dejó atrás el penal femenil de Santa Martha Acatitla. Foto: Eunice Adorno / Corriente Alterna.
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Algunas trabajadoras del penal de Santa Martha Acatitla felicitaron a Leo por su liberación. Foto: Eunice Adorno / Corriente Alterna.

Los primeros días libre

Leo salió de prisión la noche del 2 de diciembre de 2021. Fue el único fin de semana que pudo hacer actividades en libertad, mientras esperaba a que le notificaran las medidas de vigilancia que deberá cumplir.

Los primeros dos días fuera de Santa Martha Acatitla los dedicó a reunirse y hablar con su familia, con la que hace años no tenía contacto. El tercer día cumplió un deseo: comer hamburguesas de Carl’s Junior, de las que había oído hablar en la cárcel.

“Esta primera semana de libertad fue muy bonita porque, el fin de semana, estuve con mi familia, a quienes no veía desde hace mucho tiempo, muchos años. Nos volvimos a reencontrar y ha sido muy padre toda esta parte de la dinámica de conocernos, de volver a adaptarme otra vez a ellos y ellos conmigo”.

Al cuarto día todo cambió. Realizó los trámites correspondientes ante el sistema penitenciario y recibió el plan de actividades que debe cumplir mientras siga en libertad condicional. 

A falta de presupuesto para que el sistema penitenciario pague un brazalete electrónico para monitorearlo mientras cumple el resto de su sentencia en libertad, el Juez Segundo de Ejecución de Sanciones Penales en la Ciudad de México, Víctor Hugo López Sarmiento, le impuso las medidas descritas en los párrafos anteriores. Además, Leo debe presentarse cada 15 días ante la Subdirección de Coordinación de Control y Seguimiento a Externados. Y personal de esta área realizará supervisiones en su domicilio. Elementos de seguridad también vigilarán su casa, de manera eventual, para “constatar” que permanece ahí.

Aunque Leo está feliz por salir de prisión, reconoce que estas medidas limitan su plena reinserción a la sociedad. 

“La reinserción que tiene planeado el sistema no funciona. Siempre lo he pensado. Ya, una vez que estamos aquí (en libertad), la reinserción no debería de ser complicada porque nos colmamos de actitudes allá adentro (en prisión): con cursos que, aunque no te obliguen a tomarlos, uno las toma porque tiene las ganas de salir adelante, las ganas de saber, las ganas de conocer”, explica Leo.

Con él coincide José Luis Gutiérrez Román, director de Así Legal, una organización de la sociedad civil que defiende los derechos humanos de las personas privadas de la libertad. El experto explica que las medidas de libertad condicionada que imponen los jueces controlan los cuerpos de las personas y esto impide que ejerzan su derecho a la realización social.

“Un principio fundamental del derecho a la reinserción social es el contacto con el mundo exterior”, detalla. Por eso, considera, recluir a una persona en domicilio es sentenciarla de nuevo. Esto se debe a que los jueces “no entienden lo que implica el derecho a la reinserción social y tampoco entienden que el hecho de que una persona haya obtenido su libertad implica darle la gran oportunidad. Y este tipo de dinámicas no les permite que sean libres”.

El director de Así Legal subraya que el cambio al nuevo sistema de justicia penal acusatorio no implica únicamente hacer juicios orales sino cambiar el modelo, centrarse en la reinserción social de las personas privadas de la libertad y mirarlas como sujetas de derecho.

“Y esto implica su derecho al libre tránsito, al libre desarrollo de la personalidad. Implica darle la gran oportunidad para que se pueda reinsertar, con todos sus derechos, a una sociedad que la requiere libre”.

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Tras 18 años preso y después de luchar contra el sistema penal, Leo obtuvo su libertad. Foto: Eunice Adorno / Corriente Alterna.

La lucha sigue

Sabe que el camino será difícil, pero Leo mantiene el tesón. Se ha trazado objetivos claros.

“Lo primero en puerta es mi titulación, es mi primer objetivo. Una vez logrado eso, quiero seguir estudiando una maestría y dedicarme de lleno a gente que, como a mí, le ha costado mucho trabajo (llevar su proceso penal)”, cuenta.

También desea luchar por su absolución. Para ello busca que el sistema penal reconozca que fue torturado para declararse culpable. Y comienza a revisar los expedientes de mujeres privadas de la libertad en Santa Martha Acatitla que le pidieron ayuda. Sueña con litigar para ayudarles con los procesos penales irregulares que enfrentan.

La certeza que ahora tiene Leo es que por la libertad se lucha.

“Yo les digo queé nunca se rindan, siempre luchen, perseveren. Insistan y no se dejen caer porque les digan: ‘“No, no se puede”. Todos tenemos que luchar por nuestra libertad. Eso es lo principal. No podemos tener una vida plena si no tenemos la libertad junto con ella”.

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