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/ Foto: Daniela Sánchez.

Los “muñecos sanadores” de las buscadoras de desaparecidos: construir memoria para alcanzar justicia

Aranza Bustamante y Odarys Guzmán, estudiantes; Violeta Santiago, reportera / Corriente Alterna el 3 de marzo, 2024

Les llaman “muñecos sanadores”. Son figuras de tela que representan a personas desaparecidas. 

Con los muñecos sanadores las integrantes del “Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba” buscan recuperar la memoria de sus familiares, algunos de ellos desaparecidos desde hace más de 10 años. 

Cada muñeco es diferente: la ropa y el cabello de estambre intentan contar la historia de un hombre adulto, una madre, un joven adolescente o alguno de los 87 mil 855 casos de desaparición que reconoce oficialmente la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) de la Secretaría de Gobernación, entre 2006 y 2011 .

Según datos de la CNB, en 2021 Veracruz ocupa el cuarto lugar nacional en registros de personas desaparecidas y no localizadas con 5 mil 453 casos, sólo detrás del Estado de México, Tamaulipas y Jalisco. 

La idea de hacer los muñecos surgió durante la pandemia, cuenta Araceli “Liz” Ledezma Flores. Oriunda de Orizaba, Veracruz, desde hace 23 años Liz quería diseñar muñecos personalizados, pero nunca creyó que su proyecto se enfocaría en personas desaparecidas. 

La inquietud de Liz surgió a partir del trabajo de Araceli Salcedo, también originaria de Orizaba, quien fundó el “Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba” y ha confrontado autoridades e instituciones, además de organizar búsquedas de fosas clandestinas, desde la desaparición de su hija Fernanda Rubí Salcedo el 7 de septiembre de 2012. Liz le preguntó, a finales de 2020, si podía hacer una muñeca en memoria de Rubí. Al día siguiente Araceli llegó al taller de Liz con alguna de las prendas que su hija usaba en vida.

La voz se corrió rápido y otras buscadoras comenzaron a buscarla.

Araceli Salcedo es la fundadora del “Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba”. La muñeca que carga representa a su hija Rubí, desaparecida desde 2012 en Veracruz. / Foto: Daniela Sánchez.

La artesana explica que cada “muñeco sanador” representa un relato narrado por las madres de las personas desaparecidas; esto le permite tejer una conexión con las figuras: sus niños, les dice de cariño.

Los ojos, la nariz y la boca son trazos de hilos bordados a mano con los que Liz registra las miradas, los gestos. Gracias a ello, los muñecos también narran su historia a quien los mira. Pero no es fácil.

Escuchar tantos relatos y atestiguar los encuentros entre los “muñecos sanadores” y las buscadoras la afecta emocionalmente. “Soy una persona muy sensible. La verdad es que siempre lloro”, dice Liz al otro lado del teléfono. Lo único que le ayuda a tranquilizarse es enmarcar sus procesos creativos en un ritual que contenga el dolor.

Cuando teje un “muñeco sanador”, cierra las cortinas, enciende una vela, coloca una flor en un vaso de agua cerca de la imagen de la persona desaparecida y pide permiso antes de cortar su ropa o agregar cualquier detalle. 

Calcula que más o menos ha hecho unos 20 muñecos, pero no se atreve a dar una cifra exacta.

—Estoy muy agradecida con cada una de las mamis a las que les he hecho sus niños. Agradezco su confianza, que hayan puesto la ropa de sus seres queridos en mis manos. Siempre les mandaré mucha luz, mucho amor.

Para Araceli Ledezma la historia de las personas desaparecidas va ‘cosida’ a los “muñecos sanadores”. / Foto: cortesía, Araceli Ledesma.

Sanar con el recuerdo, crecer con la memoria

Una gorra blanca, un pantalón de mezclilla y una playera a rayas blancas y azules son las prendas que Ana Lilia Jiménez escogió para el muñeco que representa a su hijo Yael Zuriel Monterrosas Jiménez, desaparecido el 1 de septiembre de 2012 en Orizaba. 

La búsqueda inició en 2012 y ha estado llena de deficiencias en las investigaciones, pese a los cambios de gobiernos locales, estatales y federales. “No me quiero morir sin saber de mi hijo”, reclama Ana. Y a pocos días de que se cumplan 9 años de la desaparición de Yael, dice: ”No sé a dónde ir a buscarle”.

Cuando Araceli le contó de la idea de los “muñecos sanadores”, Ana tardó en responder. “La tarea de desempolvar su ropa fue un proceso  difícil, la había tenido que guardar”. Finalmente decidió encargar un par de muñecos de su hijo para que los integrantes más jóvenes de su familia pudieran conocer al “tío Yael”. 

El muñeco de Yael mide menos de un metro y está relleno de los retazos de tela sobrantes de la ropa intervenida. Lleva su gorra favorita y los pantalones “a media pompa”, como solía usarlos. Tiene un aro en la ceja, el que se hizo a los 15 años sin permiso de su madre. Ana Lilia también entregó los audífonos que siempre cargaba su hijo.

Ella y otras madres del colectivo de búsqueda recibieron sus “muñecos sanadores” en la marcha que realizaron en Orizaba el 10 de mayo de 2021.

—En el punto donde iniciamos la marcha, junto a una barda, ahí tenía [Liz] a todos los niños sentaditos, bien portaditos —recuerda Ana—. Nos los fueron entregando y así fue como volví a tener a Yael. Ese día caminó conmigo a gritar su nombre y los de los demás compañeros del colectivo.

Estos fueron los accesorios y la ropa favorita de Yael que Ana Lilia escogió para los muñecos. / Foto: cortesía, Ana Lilia Jiménez.

Ni perdón ni olvido

A finales de agosto, Yael y otros “muñecos sanadores” viajaron con una comitiva de buscadoras lideradas por Araceli Salcedo hasta el Centro Cultural Los Pinos. El colectivo de Araceli presentó la exposición fotográfica “Una Madre Nunca Olvida”, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora el 30 de agosto.

Aunque Ana Lilia no pudo acompañarlo, se muestra emocionada por el viaje de Yael y bromea diciendo que “ojalá se haya portado bien”. Pero al mismo tiempo espera que la representación de su hijo ayude combatir la criminalización que pesa sobre las personas desaparecidas y exponga las dificultades a las que se enfrentan las buscadoras como ha sido mantener las búsquedas en campo sin seguridad ni recursos y en medio de la pandemia

Durante la inauguración de la exposición fotográfica en Los Pinos el 27 de agosto, Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, población y migración, habló sobre las deudas del Estado hacia las buscadoras.

Entre 2010 y 2021 han sido asesinadas 12 rastreadoras que activamente trabajaban para hallar a sus familiares. Apenas en julio de 2021 fue asesinada Aranza Ramos, integrante colectivo de “Guerreras Buscadoras de Sonora” que buscaba a su esposo. El proyecto A dónde van los desaparecidos consigna que, además de que las buscadoras trabajan bajo amenazas, el número de muertes podría ser mayor al que se conoce.

En junio de 2020 los colectivos de búsqueda instalaron un plantón en el Zócalo por el recorte del 75% del presupuesto (unos 134 millones de pesos) de la Comisión Estatal de Atención a Víctimas (CEAV), impulsado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Tras un mes de manifestación lograron la renuncia de la titular de la CEAV, Mara Gómez, y que Alejandro Encinas se comprometiera a reunirse cada mes con los colectivos para informar sobre la reestructuración de la comisión.

Así que junto el hecho de que su hijo esté en Los Pinos, Ana Lilia lo ve como una conquista:

—Hoy llegar a Los Pinos es demostrarle a las autoridades que esta es nuestra realidad, que no la podemos esconder. 

Eloisa Campos carga a Yael (izquierda) y al muñeco que representa a su hijo, Randy Jesús (derecha). Los jóvenes desaparecieron en 2012 y 2014, respectivamente. / Foto: Daniela Sánchez.