Sobrevivir al ácido
Retrato de Yazmín mientras sostiene unas flores / Foto: Aranza Bustamante y Sofía Carbajal

Ataques con ácido: sobrevivir a la violencia machista 

Aranza Bustamante y Sofía Carbajal, estudiantes; Dulce Soto, mentoría / Corriente Alterna | publicado el 26-11-2022

Aunque no existen cifras oficiales respecto a los ataques con ácido en México, fundaciones y activistas señalan que en 94% de los casos de ataques con ácido, la víctima es una mujer, mientras que en 87% de los casos, el agresor es un hombre.

Yazmín es una mujer de 35 años, tiene cuatro hijos y trabaja en una fábrica recicladora de plásticos en la alcaldía Iztapalapa, al oriente de la Ciudad de México. El 21 de mayo de 2021 fue atacada con ácido por otra mujer cuando iba de camino a casa después de su jornada laboral. A partir de ese momento se ha enfrentado a los estragos de la “violencia ácida, como las intervenciones quirúrgicas, el seguimiento del proceso legal y la discriminación laboral que han cambiado por completo su rutina, su cuerpo y su vida. 

El 25 de noviembre se conmemora el Día de Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, ahora conocido como 25N. La exigencia de una vida libre de violencia se fortalece, cada vez más, a través del constante trabajo colectivo de las feministas. Son ellas quienes hacen visible el abandono del Estado mexicano ante los distintos tipos de violencia machista y patriarcal, tal como los ataques con ácido.

Los ataques con ácido son una forma de agresión violenta que se define como el acto de arrojar ácido en el cuerpo de una persona con la intención de desfigurarla, mutilarla, torturarla o asesinarla, de acuerdo con el texto “Aspectos generales de la agresión con ácidos, un delito que deja huella”, de Judith Beltrán. En años recientes, la Fundación Carmen Sánchez MX ha hecho un registro del perfil de los agresores, lo que conduce a estas agresiones y de la forma en que suceden. 

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Actualmente no existen registros oficiales sobre violencia ácida en México. La fundación ha registrado, al menos, 34 ataques en el país en las últimas dos décadas, a los cuales 28 mujeres han sobrevivido. La mitad de estos casos ocurrieron en un lugar conocido para la víctima como su casa, el lugar de trabajo o en las vías públicas cercanas a su domicilio o empleo. Puebla, Estado de México y la Ciudad de México son las entidades que más concentran este tipo de crímenes. 

Judith Beltrán afirma que estas agresiones buscan causar tanto un daño físico como moral. Al utilizar estos ácidos, el daño en la piel de las víctimas suele ser letal o dejar secuelas de por vida. En el caso de Yazmín, el lado izquierdo de su cuerpo fue el que recibió el ataque. La mitad del rostro, sus ojos, cuello, mano y brazo fueron afectados por las quemaduras. “La intención de ella era echarme todo el ácido de frente”, cuenta. 

“Ella”, sí: el agresor de Yazmín fue una mujer. Esto es muy poco común. De acuerdo con los registros de la Fundación, en 94% de los casos de ataques con ácido, la víctima es una mujer; en 87% de los casos el agresor es un hombre. Según la investigación de Izabel Solyszko, “Femicidio y feminicidio: Avances para nombrar la expresión letal de la violencia de género contra las mujeres”, este tipo de violencia es ejercida como un mecanismo de control de las mujeres. “La violencia es ejercida por los hombres que cuando se sienten amenazados o desafiados […] típicamente utilizan cualquier fuerza que sea necesaria para mantener su poder”.

“Las mujeres también pueden ser violentadoras de género”, dice Montserrat García, asesora jurídica de la Fundación. “Las mujeres también sufrimos violencia de género por parte de otras mujeres. Porque, a lo mejor, ‘tú te metiste con mi novio’, o eres la amante. Por razones, casi siempre, patriarcales”. 

Aquel 21 de mayo, cuando llegó la ambulancia, Yazmín escuchó lo que decían los paramédicos sobre la gravedad de sus quemaduras. “No me quisieron quitar el pantalón porque era pegado y tenían miedo de que, al bajármelo, se desprendiera la piel de las piernas”. Además, le comentaron a su familia que la tendrían que rapar y tallar todas las áreas que habían sufrido quemaduras hasta sangrarle.

“Tú te imaginas lo peor, porque pues no sabes ni cómo vas. Entonces, hago referencia a una de las paramédicos: [yo les dije] que ya no me ayudaran, que ya mejor si ellos querían que mejor ya me inyectaran, que me dieran algo para ya morir”. 

El efecto del ácido provoca deformaciones y cicatrices de forma permanente que retraen la piel, dificultando la movilidad de las zonas dañadas. Para poder recuperar lo más que se pueda del rostro, los ojos y extremidades, las sobrevivientes deben someterse a varias cirugías de reconstrucción. 

Desde el día del ataque estuvo internada durante un mes. En ese tiempo sólo le brindaron atenciones primarias para que, poco a poco, pudiera recuperar la movilidad del cuerpo. Sin embargo, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no cubría las intervenciones en ojos, cuello y rostro, que necesita para una recuperación física y emocional. Ahora, la atienden doctoras y doctores privados en alianza con la Fundación Carmen Sánchez, donde ha podido seguir con los tratamientos dermatológicos. 

Los daños de la violencia contra las mujeres y las secuelas de la violencia ácida se reflejan en las cicatrices y la movilidad del cuerpo. También en el estilo de vida de las sobrevivientes. Yazmín Hernández, hoy, tiene miedo de caminar por la calle y que la agredan de nuevo: no existe ninguna persona detenida por el ataque.

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