IN-BI-SIBLES: DÍA INTERNACIONAL DE LA VISIBILIDAD BISEXUAL
/ Foto: Eunice Adorno

Cuando Alejandro Reyes llega al paradero de Indios Verdes en su camino a casa, se quita el maquillaje y se cambia de ropa. De pantalones pegados a la cintura y cinturillas a pantalones rectos y camisas de hombre. “Probablemente si me dejara todo puesto al siguiente día estaría en las noticias del periódico”, dice. Es un joven bisexual de 19 años, y para él el maquillaje es símbolo no sólo de libertad, sino de sentirse en casa. 

Su vida es ir y venir entre la Escuela Nacional de Trabajo Social en Ciudad Universitaria, donde estudia el primer semestre de la carrera, y su hogar a las faldas de la Sierra de Guadalupe, en el corazón de Ecatepec, el municipio del Estado de México, considerado inseguro por ocho de cada diez habitantes, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Viaja gustosamente trayectos de 3 horas con tal de llegar a la escuela, porque ahí puede ir maquillado y vestido como quiera, puede mostrar cariño a su pareja de manera pública. En la casa familiar siempre ha tenido que esconderse. Aunque eso, últimamente, ha mejorado.

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/ Fotografia: Eunice Adorno

Mientras que su padre finge que la bisexualidad de Alejandro no existe, su madre empieza a tener sus dudas. Se ha dado cuenta de que tiene que empezar a conocer al hijo con el que vive. Alejandro le comparte con agrado cachitos de su mundo cuando ella pregunta, pero no deja de pesarle la incomprensión que toda la generación de su madre tiene hacia algo tan simple para él: “Solamente somos personas queriendo ser queridas, y queriendo a otras personas”.

Las violencias y el rechazo con el que lidia Alejandro son comunes para toda la población LGBTIQ+, pero para las personas bisexuales existe un rechazo extra: la invisibilización por dentro y por fuera de la comunidad de la diversidad sexual, de acuerdo con las personas entrevistadas para esta nota.

Cuando Silvia Sánchez, periodista de ciencia y mujer bisexual, camina en la calle con su novia, a menudo tienen que ocultar que son pareja. Se sueltan de la mano para evitar agresiones, como “una forma de supervivencia”. Sin embargo, puntualiza que aquellos desconocidos, agresores en potencia, no la lastimarían específicamente por ser bisexual, pues no se acercan a preguntar por las especificidades de su orientación. Para ella sería queerfobia, y si las agreden sería por rechazar el vínculo que tiene con su pareja. Considera que la bifobia, en cambio, viene principalmente de la comunidad LGBTIQ+.

/ Fotografia: Eunice Adorno

Cuando ella salió del clóset buscó conocer a más mujeres bisexuales, ya que no tenía ningún referente. Acudió a apps de citas y recuerda ocasiones en la que la bloqueaban tras aclarar que era bisexual y no lesbiana. “Sólo estás jugando. Estás confundida. No me interesa”, le respondían. “Fue como ‘Ah, ¿tú quieres sólo lesbianas pura sangre?”.

También ha enfrentado dentro de la comunidad el estigma de que las personas bisexuales son infieles y promiscuas. Por otro lado,Silvia se ha encontrado con hombres que la sexualizan cuando se enteran de su orientación. Considera que hay una diferencia entre ser hombre y mujer bisexual: “Ser mujer bisexual es ser invisibilizada o ser sexualizada”. 

Brandon Salazar, joven músico y bisexual, considera en cambio que ser hombre bisexual es “estar en la frontera entre la invisibilización y el privilegio”: ha recibido rechazo en la comunidad LGBTIQ+ al estar con parejas mujeres, incluso parejas bisexuales “me han dicho “Es muy hetero de tu parte, no?””; pero pasa desapercibido en la calle o en cualquier espacio heteronormado cuando ha estado con ellas.

Silvia Sánchez recuerda que no salió del clóset en el momento en que sentía atracción por más de un género: “Yo me reconocí como bisexual hasta que me enamoré. Hasta que sentí amor”.

Myriam Brito, por su parte, no sufrió rechazo cuando se reconoció como bisexual a mediados de los años 90, aunque reconoce que tuvo la suerte de caer en los primeros colectivos bisexuales del país, en los que ella misma empezó su activismo. 

“Las mujeres fueron las pioneras del movimiento bisexual en México. Eso es indiscutible. Fueron las que dieron la cara públicamente en un principio”, señala Jorge Yáñez, también activista bisexual. 

Dentro del activismo lésbico, allá en los 90, comenzaron a hablar mujeres que no se sentían igual que sus compañeras: sentían deseo por mujeres y por hombres. Al grito de “traidoras”, “cobardes” e “indefinidas”, se desprendieron de los colectivos lésbicos para formar un espacio propio que les permitiera nombrar lo que eran: mujeres bisexuales. A partir de esos espacios sólo de mujeres se crearon los primeros grupos mixtos, como Opción Bi, del que Myriam Brito y Jorge Yañez fueron co-fundadores.

Brito recuerda un performance que hicieron en este grupo, que salió de un “cadáver exquisito”; un juego donde ensamblaron colectivamente frases sobre la bisexualidad. A ella le tocó decir “la parte de la burla”, y declamó frente a la audiencia: “¡Los bisexuales son personas indecisas, que no saben lo que quieren!”. Suelta una risa al recordarlo. 

Años atrás ni siquiera habría considerado participar en esta actividad, ya que le daba terror hablar en público; su activismo le hizo perder el miedo a alzar la voz. Hoy, su aspecto no da pistas de haber sido penosa alguna vez. Usa colores llamativos y el pelo suelto. Es de risa fácil y habla “hasta por los codos”. 

El momento más amargo del paso de Brito como activista fue la Marcha del Orgullo del año 2012, cuando al contingente bisexual sólo llegaron ella y Jorge. Esto provocó que dejara de asistir a estas manifestaciones por un par de años.

Sin embargo, diez años después, el Inegi presentó por primera vez datos que revelan que la comunidad bisexual es la más numerosa de las poblaciones de la diversidad sexual. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG), en México hay 2 millones y 387 mil personas que se definen como bisexuales; casi la mitad (47.75%) de toda la comunidad. Para Brito, ver esos datos publicados “fue justicia poética por todas las veces que nos decían [al interior de la comunidad LGBTIQ+] que no existimos”.

Brito hoy ve con felicidad la cantidad de banderas que se enarbolan en las Marchas del orgullo. Se siente satisfecha por el tiempo que invirtió en Opción Bi, pero dejó el activismo años atrás; dice que ya cumplió “su cuota”. Desde la  enseñanza, ahora como profesora de género en la UNAM, visibiliza lo que para ella es lo más básico de la bisexualidad: decidir sobre nuestros propios cuerpos, emociones y muestras de cariño. Hoy y hace 30 años, se trata de ejercer la libertad.