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El día que amaneció dos veces
Frenaaa: la ultraderecha en plena calle

Foto: Eunice Adorno

Frenaaa: la ultraderecha toma las calles

Carlos Acuña, reportero / Corriente Alterna el 23 de septiembre, 2020

Esta es la primera vez que Francisco Carmona, de 60 años, participa en un plantón. Llegó el sábado 19 de septiembre a sumarse a la movilización del Frente Nacional Anti-AMLO (Frenaaa). 

Unas horas antes, la fuerza pública había impedido que el contingente de Frenaaa llegara al Zócalo de la Ciudad de México, en donde pretendía instalar su campamento para exigir la renuncia del presidente Andrés Manuel López Obrador. Como no los dejaron llegar a la Plaza de la Constitución, desplegaron tiendas de campaña en Avenida Juárez, entre Reforma y el Eje Central Lázaro Cárdenas. 

Esa noche, Francisco solicitó una casa de campaña. Le asignaron una de las más grandes. Él participa en Frenaaa desde principios de año, casi desde que supo de su existencia a través de Facebook. Y, aunque acudió a varios mítines en el Monumento a la Revolución, en los últimos meses tuvo que alejarse: para evitar riesgos sanitarios, el Frente convocó a manifestarse en caravanas de automóviles por el Paseo de la Reforma. Pero Francisco vive en Ecatepec y no tiene auto.

–No todos somos “fifís” ni de la clase alta. Yo soy trabajador, jubilado, y no pertenezco a ningún grupo ni me paga nadie. Estoy aquí por convicción.

Foto: Eunice Adorno

Le pregunto a Francisco si cree que logren la renuncia del presidente con este campamento.

–No, pues, yo sé que eso ya es muy difícil –admite–. Pero alguien tiene que hacerle saber a ese señor que a los mexicanos no nos gusta ser tratados como idiotas. 

Luego enlista las razones de su enojo: la rifa del avión, la consulta para juzgar expresidentes y las acusaciones de corrupción a líderes de la llamada Cuarta Transformación: Napoleón Gómez Urrutia, Manuel Bartlett, Yeidkol Polevnsky. 

De shopping en el plantón

Desde el 19 de septiembre por la noche, las 840 casas de campaña instaladas sobre Avenida Juárez lucían, en su mayoría, desocupadas. Algunas fueron usadas para resguardar maletas, víveres y hasta paneles de energía solar.

A buena parte de los manifestantes se les mira pasear afuera de la torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, envueltos en banderas de México y portando gorras con estampados con la cara de Marx cancelada,  almorzando en alguno de los Starbucks cercanos, haciendo shopping en Plaza Alameda o discutiendo con algún transeúnte: “No, no, no hay que dar el pescado: hay que enseñar a pescar. ¿Por qué darle tantos millones a los pinches ninis y limitar a los empresarios?”.

Frenaaa: de shopping en el plantón
Foto: Eunice Adorno

–¡Pinches ridículos! –grita cada tanto alguno de los ciclistas que rueda hacia Eje Central.

El sábado, a las 10 de la mañana, unas cuantas miles de personas acudieron a la convocatoria #OcupaZócalo919 en el Monumento a la Revolución. Su intención era instalar un plantón multitudinario frente a Palacio Nacional y quedarse hasta lograr la renuncia de López Obrador. Pero, en el cruce de Avenida Juárez y Eje Central, cientos de policías les bloquearon el paso. Así que optaron por plantarse sobre avenida Juárez.

–¡200 mil muertos por Covid! ¡Esas son las cifras que no quieren que sepamos! –grita un hombre al megáfono, vestido con la camiseta de la selección nacional de fútbol–. ¡López al penal! ¡López al penal!

Resulta inevitable recordar el plantón de simpatizantes de López Obrador en 2006, en estas mismas calles, en protesta por los resultados oficiales de la elección presidencial. Con el paso de los meses, según las crónicas de aquel año, también mostraba cientos de casas de campaña vacías.

Pero hoy es lunes, no han pasado ni dos días y, por momentos, los estandartes de la Virgen de Guadalupe son más numerosos que los manifestantes. 

Sobre la calle Iturbide, cerca del cine Palacio Chino, algunas familias en situación de calle acampan en algunas de las tiendas que han logrado hurtar del campamento de Frenaaa.

Cae un chipichipi; dentro de unas horas se convertirá en tormenta.

“El problema son los centroamericanos”

Prisca Elvia Lozano Reyes está instalada al principio del campamento, cerca de la Torre del Caballito. Explica que se involucró en Frenaaa porque una amiga de su grupo de oración y de coaching integral la invitó a unirse. Dice estar harta de que los niños con cáncer se queden sin quimioterapias y de las feminazis que vandalizan monumentos sin que la autoridad haga nada. Se manifiesta, anuncia, para que México no se convierta en la Nueva Venezuela. 

Elvia no está sola. La acompaña su hermano y Petra, “la señora que trabaja en su casa desde hace veintitantos años”. Con orgullo, narra que la familia ha participado en todas y cada una de las protestas de Frenaaa; más de una vez ha obligado a su esposo a gastarse el claxon de su camioneta en aquellas caravanas de domingo, mientras ella hace sonar una matraca hasta quebrarla.

–Yo no te voy a decir que extraño a Peña Nieto. Pero, por lo menos, estaba guapetón; por lo menos se arreglaba. ¿Y este viejito? O sea, sí parece que se fue la familia de Beverly Hills y se quedaron los de Tepito: son una porquería. ¡Yo no los soporto!

Frenaaa: ¡Viva Cristo Rey!
Foto: Eunice Adorno

Elvia reconoce que coincide al cien por ciento con las ideas del fundador de Frenaaa. “Nuestro líder”, lo llama sin reparos. Gilberto Lozano es un regiomontano de ánimo bronco que, en estos días, se ha dejado ver caminando por el campamento mientras divulga videos en redes sociales convocando a más personas o increpando a los policías que bloquean las calles aledañas: “¡Guatemaltecos! ¡Mara Salvatruchas! ¡Infiltrados de López!“

Nacido en Monterrey, Nuevo León, de 1995 a 2000 Lozano se desempeñó como director del Fomento Económico Mexicano (FEMSA) –un conglomerado de empresas que aglutina a Coca-Cola, Heineken, Oxxo, entre muchas otras. También fue oficial mayor de la Secretaría de Gobernación durante los primeros meses de gobierno de Vicente Fox y presidente del club Rayados de Monterrey.

Su objetivo, afirma reiteradamente, es derrocar a López Obrador, “tal como se quita a una persona en el gobierno cuando se desquicia, como se quita a los dictadores”.

Para participar en Frenaaa, a Elvia se le pidió organizar una “pirámide” de 10 personas. Ella invitó a primos, hermanos, amigos; cada uno de los cuales tuvo que invitar a otras 10 personas.  Le han dicho, comenta, que “López” no es mexicano sino guatemalteco o salvadoreño, nacionalizado después en el estado de Tabasco. Ya encarrerada, especula que por eso “AMLO está dejando entrar a tantos centroamericanos” (aunque la política migratoria mexicana es la más restrictiva en la historia reciente).

–Eso explicaría muchas cosas, ¿no? ¿Por qué dejar entrar a tantas caravanas de salvadoreños? ¿Para después integrarlos a la Guardia Nacional?  Porque yo creo que un mexicano se lo piensa dos veces antes de dispararle a otro mexicano, ¿no crees?

Una mujer sensata

Beatriz desespera. 

No entiende por qué sus compañeros le prestan atención a quienes llegan a provocarlos. Es lunes 21, cinco de la tarde, y cerca del Palacio de Bellas Artes una pequeña turba de obradoristas lanzan insultos hacia el campamento.

 “¡Déjenos 15 minutos con ellos y les partimos su madre, oficial!”, dice un cincuentón de lentes oscuros a unos policías que, aburridos, se interponen entre los dos grupos.

 –¡Ignórenlos, por Dios! –dice Beatriz.

A sus 64 años, parece una mujer sensata, afable. Lleva un suéter gris, anteojos redondos y cubrebocas desgastado. Acepta otorgarme un recorrido por las carpas y que nuestra conversación sea grabada.

Explica que, aquí, hay gente de distintos estados, de Chihuahua, de Guerrero, de Puebla. Ella misma viajó desde Guadalajara. Tiene la voz enronquecida: mal durmió anoche en el plantón y su garganta sufre los estragos de la tormenta.

Frenaaa: guadalupanos anticomunistas
Foto: Eunice Adorno

–El comunismo en su máximo esplendor –sentencia sobre el gobierno federal–. Pronto no podremos ni comprar papel de baño.

Beatriz habla sobre conspiraciones: por ejemplo, de la “agenda proaborto” financiada por George Soros y la Fundación Rockefeller, o de la “imposición de una ideología de género” para controlar la densidad poblacional. “Yo nací mujer y por más operaciones que haga, voy a seguir siendo mujer”, dice sobre las personas trans y luego recalca: “Son millonarios que invierten millones de dólares para traficar con las partes de bebés abortados que asesinan. Yo sé, yo sé que las mentadas vacunas vienen con partes de bebés abortados”.  El movimiento Black Lives Matter, acusa, es otro ardid de “globalistas sin patria para desestabilizar a Estados Unidos, lo mismo que todo lo que está ocurriendo en Latinoamérica”. 

Le pido que me diga dónde puede una persona común y corriente estar al tanto de lo que ella llama “El Nuevo Orden Mundial”. Responde con el nombre de Salvador Borrego, el autor de Derrota mundial, un libro publicado en 1953 que niega el Holocausto judío y hace una abierta apología del nacional-socialismo; con más de medio centenar de reediciones hasta la fecha, el libro de Borrego denuncia una supuesta conspiración judeo-masónica-comunista para dominar el mundo. 

Son las 7 de la noche. Una docena de personas avanza en procesión, rosario en mano, entre las tiendas de campaña. El cura que dirige la improvisada homilía habla del Espíritu Santo y de la necesidad de santificar cada una de las acciones de la vida.

–¡Viva Cristo Rey!

–¡Viva!

La Alameda a oscuras

Que la mayor parte de las tiendas esté vacía no implica que el plantón no tenga efectos en el tránsito. Paseo de la Reforma continúa cerrado en ambos sentidos. Las calles José Azueta, Revillagigedo, Luis Moya, Dolores y López permanecen bloqueadas con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, lo mismo que la salida hacia Eje Central.

La circulación de Avenida Hidalgo también fue suspendida, pese a que aquí no se ha instalado una sola tienda de campaña. En cambio, permanecen estacionados 10 camiones de la Policía Montada, sin un solo caballo dentro, como una suerte de muralla en el costado norte de la Alameda, ya de por sí fortificada –desde hace meses– con enormes vallas alrededor de Palacio de Bellas Artes y el Hemiciclo a Juárez.

Hoy es martes, 22 de septiembre. Son las ocho de la noche y la iluminación de la Alameda Central brilla por su ausencia: al campamento de Frenaaa lo rodea una oscuridad de boca de lobo.

Frenaaa llega al Zócalo

Es miércoles, cinco de la tarde.

La Plaza de la Constitución parece más enorme que nunca ante las cien casitas que se han instalado en un pequeño rincón, al poniente de la plancha.

–¡Aquí te puedes quedar, ya te apartamos la tuya! –me dice un hombre de lentes oscuros.

Esta mañana, el juez Octavo de Distrito en Materia Administrativa otorgó un amparo a los más de 700 integrantes del Frente Nacional Anti–AMLO (Frenaaa) y ordenó que se permitiera el paso hacia el Zócalo. Algunos manifestantes agradecieron de rodillas cuando llegaron a la plancha, de frente a la Catedral Metropolitana.

Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, aprovechó la oportunidad para explicar que la presencia policiaca era para protegerlos de posibles ataques. “Ya vimos cómo están sus casas de campaña: ayer se volaban con el viento. Entonces, pues si van a poner casas de campaña, sería bueno que se quedaran a dormir allí”, ironizó.

Algunos manifestantes llegan con empleados que cargan su equipaje detrás de ellos. Otros hacen cadena humana desde avenida Juárez para transportar, de mano en mano, las pequeñas cajas de las tiendas de campaña. La mayoría continúa en avenida Juárez.

Ahora, un grupo de religiosas comparten estampitas de José Sánchez del Río, un adolescente que a los catorce años de edad que fue ejecutado por el gobierno mexicano durante la Guerra Cristera; en 2016, el papa Francisco lo convirtió en santo.

–Él es muy milagroso, ya viene con agua bendita y agua exorcizada –dice una mujer con pinta de predicadora–.  ¡Y recuerden, la dizque pandemia no existe! Todo esto del COVID-19, todo se quita con dióxido de cloro. Se los aseguro. Yo he curado a unas 100 personas. Garantizado.

Frenaaa: una manifestación sin gente
Foto: Eunice Adorno

Alejada del barullo, una mujer sostiene un estandarte de la Virgen de Guadalupe. Se llama Adriana Rojas, es egresada del Instituto Politécnico Nacional y vive en Xochimilco. Aunque ahora está desempleada, dice que conoce las críticas hacía Frenaaa, así como el resquemor que provocan las protestas de la clase alta. Pero ella está convencida de que este es el lugar donde debe estar, pese a ser blanco de burlas y ataques. 

–Yo coincido con el señor Lozano: urge quitar a este señor.

–Muchas de las opiniones de Lozano son abiertamente racistas o xenófobas.

Adriana asiente en silencio.

–Aun así, a la fecha es el único que le ha plantado cara a López Obrador. Por eso lo apoyamos.