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/ Foto: Ángel Arián Huerta

Periodistas en México: entre la violencia y la precariedad

Redacción / Corriente Alterna | publicado el 26-01-2022

La oscuridad de la calle Abraham González, en la Ciudad de México, se rompió a las ocho de la noche. Dos luces alumbraron el punto de encuentro de más de un centenar de comunicadores en protesta por los homicidios de los periodistas José Luis Gamboa, Margarito Martínez y Lourdes Maldonado.

El violento arranque de año y la suma de agresiones acumuladas en la última década en México, país considerado el más mortífero del mundo para ejercer el periodismo, provocaron una ola de movilizaciones de trabajadores de los medios en más de 60 ciudades de 28 entidades de la república. 

Sobre la fachada del edificio de la Secretaría de Gobernación se proyectaba con luz blanca la consigna: “No se mata la verdad matando periodistas”. En la acera, con veladoras, se improvisó un altar frente a decenas de retratos de comunicadores asesinados en México; los mismos rostros se proyectarían también sobre los muros Sonaron las consignas: “¡Justicia, justicia, justicia!” Entre las pancartas en alto, una persona menor de edad sobre los hombros de un adulto sostenía un mensaje escrito a mano: “No mates a los periodistas”. 

La Ciudad de México no ha estado exenta de la violencia contra periodistas: en 2006 ocurrió el homicidio del periodista José Manuel Nava y en 2015, el del fotoperiodista Rubén Espinosa. Además, en el primer semestre de 2021, la capital encabezó la lista de entidades con más agresiones contra periodistas: 64 casos, de acuerdo con la organización Artículo 19.

Más de un centenar de periodistas acudieron a la Secretaría de Gobernación, en la Ciudad de México, para protestar ante los altos índices de violencia contra los periodistas. / Foto: Eunice Adorno.

La manifestación se convirtió en un espacio para exigir un alto a los crímenes contra periodistas que, en una década, superan el centenar y, en su mayoría, siguen impunes. Sin embargo, la protesta también sirvió para ventilar otros conflictos que enfrenta el gremio: las condiciones laborales en los medios de comunicación, por ejemplo, como parte de la cadena de violencia que merma la libertad de expresión. 

“No he sufrido violencia física, pero la violencia laboral es algo constante y a lo que he estado expuesto”, dice Humberto Basilio, periodista de ciencia y medio ambiente, quien asistió a la movilización para exigir justicia por los asesinatos de José Luis, Margarito y Dulce; aunque no deja de mencionar los bajos salarios y la ausencia de prestaciones laborales para sus colegas. 

“La precarización contribuye, también, a las condiciones de violencia”, agrega Estefanía Camacho, reportera independiente especializada en temas de género.

Raquel Prior, periodista de investigación, coincide: “No me he sentido vulnerada ni he sufrido violencia como la que están viviendo en otros estados. Sin embargo, la precariedad laboral me hace sentir vulnerable”. No debería considerarse un asunto menor: esta situación, subraya Prior, la ha llevado a replantearse si continuar ejerciendo este oficio.

A lo anterior se suma la violencia de género, que se replica al interior de los medios. Raquel considera que es necesario “que en las redacciones se creen mecanismos para protegernos de violencias como los abusos o el acoso”; además de que haya salarios igualitarios y reconocimiento similar al de los periodistas varones.

Montserrat Reyes es fotodocumentalista. Frente a la Secretaría de Gobernación, explica que parte de su trabajo es documentar hechos noticiosos en la periferia, sobre todo relacionados con violencia y violencia de género. Por cuestiones de seguridad, procura trabajar en colectivo con otras fotógrafas y periodistas. Más de una vez, mientras realiza su trabajo, ha tenido que “elegir si quedarme parada o correr”. El periodismo, dice, “quizá no pueda cambiar el mundo, pero puede generar empatía o una reflexión”.

“Pese a este clima de violencia que se vive –reitera la reportera Estefanía Camacho–, éste es uno de los momentos más importantes para seguir ejerciendo el periodismo”.

Con tres asesinatos en enero de 2022 y más de un centenar de homicidios de periodistas en la última década, México es el país más mortífero para la prensa. / Foto: Sofía Carvajal.

Yucatán se solidariza 

“Si todos vienen por la foto o la nota ¿quién va a estar en la protesta?”, cuestiona el periodista Oscar Rodríguez al inicio de la movilización convocada en Mérida, Yucatán, para condenar la violencia contra periodistas.

No hay un registro oficial del número de personas que ejercen el periodismo en Yucatán, pero alrededor de 60 asistieron la noche del 25 de enero a la movilización frente al Monumento a la Patria, en Mérida.

A través de un megáfono, la voz de Rodríguez resuena con la lectura del posicionamiento colectivo: “Matar a un periodista en México es como matar a nadie. Lejos de que haya investigaciones serias por parte de las Fiscalías, en los estados y la federal, para que sepamos por qué matan a periodistas en este país y haya justicia, la cifra va en aumento”.

Yucatán es uno de los pocos estados del país sin homicidios de comunicadores, según el registro de Artículo 19 de periodistas asesinados en relación con su labor informativa.

Sin embargo, en Mérida, “la segunda ciudad más segura de América”, según el gobernador Mauricio Vila, sí se han registrado casos de violencia contra periodistas. La reportera independiente Lilia Balam enumera dos casos ocurridos, apenas, en el primer mes de 2022: el intento de homicidio del periodista Jaime Vargas y la agresión de un funcionario del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) al fotoperiodista Ramón Celis.

Para Balam, dos de los principales obstáculos a los que se enfrenta la prensa local es que se desconocen los mecanismos de denuncia frente a una agresión o intimidación y, por otro lado, las autoridades se resisten a brindar información pública. 

Martín Zetina, fotoperiodista y colaborador de la agencia Cuartoscuro y el periódico Por Esto Yucatán, complementa: la censura institucional, marcada por las líneas editoriales, impide que, en ocasiones, se publique su trabajo. A ello se suma la pandemia de covid-19, porque hay comunicadores sin seguridad social y con sueldos bajos, pese a que trabajan largas jornadas.

Periodistas de Mérida, Yucatán, exigieron justicia y un alto a la violencia contra periodistas. / Foto: Mariana Beltrán.

Justicia desde Michoacán

En Michoacán hay 17 casos de periodistas asesinados y desaparecidos desde 2006, de los cuales ninguno ha sido esclarecido ni se ha encontrado a los responsables. “En Michoacán como en México, la justicia permanece ausente, la apuesta pareciera ser que sus nombres se diluyan con el tiempo”, reclaman los periodistas.

Con veladoras, fotografías, pancartas, cámaras y micrófonos, alrededor de 130 periodistas —acompañados por amigos y familiares— cubrieron su propia manifestación en el Centro Histórico de Morelia.

Recordaron a los periodistas michoacanos víctimas de la violencia: Jaime Arturo Olvera, Israel García Pimentel, Juan Pablo Solís, Miguel Ángel Valle, Martín Javier Miranda, Hugo Alfredo Olvera, Rosa María Ríos Campos, Salvador Adame, Fidel Ávila Gómez, Luis Eduardo Ochoa Aguilar y Abraham Mendoza Mendoza.

También se escucharon los nombres de José Antonio García Apac, Cristian Axel López Cruz, Mauricio Estrada, Rafael Pérez, María Esther Aguilar y Ramón Ángeles Zalpa, periodistas desaparecidos en el estado. Mencionarlos fue un recordatorio “de que nadie está seguro, que cada palabra emitida, cada imagen tomada, puede ser sentenciada”.

“Exigimos justicia para nuestros colegas y sus familias”, dice la periodista Patricia Monreal en la lectura del posicionamiento. “No más periodistas asesinados, no más periodistas desaparecidos: ni silencio ni olvido. No se mata la verdad”.

En medio del pronunciamiento, los periodistas comentaron la muerte de Indira Rascón García, corresponsal de Tv Azteca Michoacán, quien murió atropellada en 2015 mientras realizaba su trabajo. La televisora desconoció una relación contractual porque había sido contratada de manera externa, por lo que sus padres no recibieron una indemnización. Lo cuentan porque hay más de una forma de matar a un periodista y la precariedad de las condiciones laborales es una de ellas.

Con información de Ivan Ortiz, Mariana Beltrán y Jacqueline Silva, integrantes del tercer taller de inducción al periodismo de investigación, Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM / Corriente Alterna.

Las impresiones de los periodistas sobre su profesión apuntan a que las malas condiciones laborales también forman parte de la violencia contra el gremio. / Foto: Rebeca Herrera.

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