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El día que amaneció dos veces
Patricia Torres

/ Ilustración: Natalia Vargas

A Patricia Torres le preocupa cómo afectará el desplome a su hijo

Tonatiuh Lima, estudiante / Corriente Alterna el 13 de diciembre, 2021

“Afortunadamente, es un pueblo muy unido. Cuando supieron que me accidenté todos estuvieron aquí, tratando de apoyar para localizarme. Esa fue la primera ayuda que recibimos. La segunda: todos cooperaron con despensa. Yo recibí despensa de toda la comunidad, hasta de las escuelas.”

Habla Patricia Díaz Torres, una sobreviviente del desplome en el tramo elevado de la Línea 12 del Metro.

El pueblo al que se refiere es San Juan Tezompa. Allí vive desde que tiene memoria. Corriente Alterna se reunió con ella en su casa, ubicada en un pueblo de Chalco, en el Estado de México, que colinda con los límites de la alcaldía Tláhuac, en el suroeste de la Ciudad de México. 

Para llegar a este pueblo hay que subir por calles rodeadas de terrenos baldíos y parcelas de siembra, más allá de los embarcaderos de las trajineras y de campos donde pastan vacas. El trayecto en coche es de hora y media partiendo de la Avenida Tláhuac, en la estación Olivos de la Línea 12, a la altura de donde ocurrió el siniestro.

La entrada de su casa es una pequeña tienda de abarrotes que atienden unos niños que no parecen tener más de 10 años. Son los hijos de Patricia Torres, quien se encuentra en el cuarto contiguo a la tienda, con un pie vendado, descansando sobre una de las dos camas. Los muebles y las camas parecen ser viejos y se percibe cierto descuido en la pintura de las paredes. Los niños miran caricaturas de la televisión pública mientras desayunan.

Patricia, un poco apenada, se peina el cabello con las manos. Sonríe y nos invita a pasar a su sala.

Ella era el único sostén económico de su familia. Laboraba como elemento de seguridad privada en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y parte de sus ingresos eran destinados a la tienda de abarrotes. Ella mantiene a sus tres hijos y a su marido, quien padece una enfermedad incapacitante. A raíz del percance de la Línea 12, su hijo mayor, Lenin, se convirtió en su apoyo principal. Él prepara la comida, acompaña a su madre a donde tenga que ir y realiza las labores del hogar.

Hasta julio del 2021, cuando la visitó Corriente Alterna, le habían hecho dos cirugías en el tobillo a causa de las lesiones ocasionadas por el desplome del tren. Los médicos le han dicho que no descartan el riesgo de que pueda haber secuelas, luego de las intervenciones quirúrgicas. 

Cuando la Línea 12 fue inaugurada, Patricia Torres estaba contenta porque esto significaba que se ahorraría, al menos, la mitad en tiempo y dinero para transportarse de su casa en la periferia a su trabajo en la capital.

“En ese tiempo yo estaba pasando por una situación muy terrible. Empezaba la enfermedad de mi esposo ¿y qué pensé? Pues que sí nos iba a facilitar, ¿no? Que era un beneficio”.

Antes del funcionamiento de la Línea 12, para que Patricia llegara de su casa al trabajo tenía que tomar tres transportes desde la carretera que conecta Chalco al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, lo que implicaba un gasto de 70 pesos diarios; y con el riesgo de quedarse sin transporte por las noches. Con la llegada del Metro, el costo se redujo a 40 pesos, lo que permitió un ahorro significativo para su bolsillo, ya de por sí apretado. 

Una vez por semana, durante el mes de julio, el gobierno capitalino le mandaba un taxi que la trasladaba al Instituto Nacional de Rehabilitación, en la alcaldía Tlalpan. Este transporte y el costo de la terapia han sido los únicos apoyos que ha recibido por parte de las autoridades. 

También le han ofrecido una “indemnización” de 250,000 pesos. Sin embargo, dicho monto obedece a la cobertura que brinda la póliza de seguro del Sistema de Transporte Colectivo-Metro de la Ciudad de México. Es decir, en realidad no es una indemnización. Aceptar este dinero —nos explica el abogado de Patricia— significaría deslindar a las autoridades de la responsabilidad por las afectaciones a la salud que sufrió luego del desplome. 

Todos los medicamentos que ha requerido los ha pagado ella misma. 

Sin embargo, Patricia Torres no está sola en esta situación. La gente que la rodea se ha movilizado para apoyarla de alguna forma: su hijo Lenin la acompaña a la rehabilitación y es el encargado de hacer la comida para la familia; su suegra cuida la casa mientras ella no está; sus hijos despachan en la tienda de abarrotes y la comunidad les compra despensa. 

Una de sus mayores preocupaciones es su hijo Lenin, pues ha perdido el tercer semestre del bachillerato debido a las múltiples actividades que desempeña: cuidador de dos enfermos (sus padres) y el mantenimiento del hogar.

“Me da tristeza por mi hijo, que tiene que pasar por todo esto. Y él, desde los 6 años… Empezamos con la enfermedad de su papá y luego pasa esto. A mí me da tristeza porque a su edad yo era ¡n’ombre!: que la tardeada, que la disco, que los amigos y que vete a bailar. Y mi hijo, no. Y yo digo: quieras o no, sicológicamente lo va a afectar. Es un chico muy inteligente, pero siento que es al que más le ha afectado esto.”

—Patricia, ¿usted qué consideraría que sería lo justo para una reparación del daño?

—¿Qué sería lo justo? Sí, una indemnización de por vida y tener un depósito de cada mes. ¿Por qué? Porque yo ya no tengo el gasto nada más mío  sino tres hijos a los que tengo que darles la educación; y, aparte, la enfermedad de mi esposo. En realidad, los medicamentos son carísimos, no hay tratamiento, el medicamento sólo es para frenar un poquito los síntomas que van a generarse, pero no hay tratamiento, sólo terapia.

Su trabajo como guardia de seguridad implicaba mantenerse parada por 12 horas. Las cámaras de vigilancia están para evitar que los empleados descansen. Patricia teme que, después de la lesión de su tobillo, le sea imposible realizar esta tarea. Ella piensa en el futuro de sus hijos y en los gastos inevitables que habrá en un futuro.

Pero, a pesar de las circunstancias, se mantiene optimista respecto al resultado de la demanda que emprendió junto con otras víctimas. Tiene a su familia, tiene a su comunidad y está agradecida con las oportunidades que la vida le ha dado. 

“Gracias a Dios, pues dentro de la tragedia me dio una oportunidad de vida e, igual, una lección para aprender a valorar a las personas”.