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El día que amaneció dos veces
Unidad habitacional Infonavit Iztacalco

Cortesía: Facebook Unidad habitacional Infonavit Iztacalco

Apagón en Iztacalco: Diario de una rebelión vecinal

Un apagón en Iztacalco dejó sin luz a sus residentes durante tres días, después del sismo de 7.5 con epicentro en La Crucecita, Oaxaca, en junio pasado.

Aranza María Flores Alva, becaria / Corriente Alterna el 31 de julio, 2020

Se va la luz en la colonia Infonavit Iztacalco después de una tormenta. Los que están conectados a aparatos de oxigenación —así sean los peces de la veterinaria o los adultos mayores con problemas respiratorios— empiezan a padecer el apagón en Iztacalco. Cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad van y vienen pero no resuelven nada: les falta un tornillo imposible de conseguir… hasta que una rebelión vecinal encabezada por mujeres le pone un ultimátum a las autoridades.

Colonia Infonavit-Iztacalco, Ciudad de México.

Martes 24 de junio de 2020, un día después del temblor de 7.5 con epicentro en La Crucecita, Oaxaca.

Evelyn Martínez Morales se levanta muy temprano para ir al trabajo. Son las seis de la mañana y de lo primero que la joven madre se percata es de que no hay luz en casa, luego de la tormenta que vino horas después del temblor.

Todo bien, piensa. Saca velas y linternas para que sus dos hijas se alumbren cuando caiga la tarde. Y los celulares pueden ir a cargarlos al negocio familiar.

Pronto repara que, en realidad, no todo está bien. El abuelo Ernesto Morales, de 82 años, padece apnea del sueño, un trastorno que provoca la interrupción constante de la respiración. Ernesto debe estar conectado a un sistema de oxigenación las 24 horas del día.

Y su aparato funciona con electricidad.

nieta cuidando a su abuelo
Cortesía: Evelyn Belén Martínez Morales

Después de la tormenta, el temblor y en medio de la pandemia, Evelyn tiene los nervios de punta pero sabe que no puede hacer nada. Los ingresos de la casa dependen de ella y debe salir a trabajar.

Está segura de que los vecinos ya reportaron el corte. No tiene más opción que confiar  en que, a pesar de la incomunicación y la falta de luz, las niñas y el abuelo estarán bien. “A la a buena de Dios, de ahí en adelante la buena de Dios”, dice Evelyn, triste y sorprendida.

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Miércoles 25 de junio

La veterinaria Laura Hernández atiende en su vivienda a los animales de la colonia que llegan heridos o están en recuperación.

Tiene una pecera de 240 litros en la que nadan diversos tipos de peces. También necesitan oxigenación, pero están muriendo por el corte de energía eléctrica, que ya suma 24 horas.

Laura instala una bomba de baterías para salvar a los peces que aún quedan, pero está molesta. Ha visto llegar a la colonia varias cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad, pero en cada caso la explicación de los trabajadores es la misma: hay un transformador descompuesto y no lo pueden reparar por la falta de una tuerca, dicen unos, o de un tornillo, dicen otros. Luego se van.

Incluso, al insistir en su reporte telefónico sobre el corte, la misma CFE le ha indicado que el asunto ya está resuelto, aunque no es así. Para entonces el apagón ya lo habían reportado unas 100 personas, de acuerdo con las cuentas que hace Laura en las pláticas con vecinos.

Tras la extinción en 2009 de Luz y Fuerza del Centro, antiguo organismo público encargado de la distribución de energía eléctrica en la Ciudad de México y municipios próximos, la CFE no se ha dado abasto para atender el Valle de México, por lo que abrió un padrón de Contratistas o Proveedores que, como en este caso, componen las cuadrillas que van a revisar los reportes de la gente. Actualmente, son más de cuatro mil empresas registradas las que trabajan para la CFE.

En realidad, las cuadrillas que Laura ve pasar son contratistas.

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La quinta cuadrilla da vueltas por el laberinto de edificios de colores chillones de la colonia Infonavit Iztacalco.

Para los vecinos parecen más venir de paseo que a trabajar, así que la desesperación comienza a adueñarse de ellos.

Evelyn es una de ellas: necesita una solución rápida para reconectar a Ernesto al sistema de oxigenación.

El corte eléctrico sólo ha afectado a la mitad de la colonia, y aprovechando que parte de la familia vive en la mitad que sigue electrificada, “tuvimos que correr una extensión eléctrica grandísima (desde una vivienda lejana que sí tenía electricidad), para poderle suministrar el oxígeno al abuelo”, dice Evelyn, seria.

El cable, sin embargo, apenas llega a la entrada de la casa de Evelyn, por lo que sus hijas deben acomodar al abuelo pegado al zaguán, en el patio.

Así debe pasar todo el día, y por la noche se va a acostar sin el oxígeno, a pesar del riesgo latente de un paro respiratorio, porque tampoco puede dormir a la intemperie.

La colonia Infonavit Iztacalco, como muchas zonas de la Ciudad de México, vive del comercio local: su mercado surte a la comunidad, también los vecinos venden en sus viviendas verduras, comida preparada, artículos de uso personal y un largo etcétera.

Captura del apagón en Iztacalco
Foto: Captura de pantalla de Google maps

Por eso, cuando llegó la pandemia, los iztacalquenses crearon grupos de WhatsApp para apoyarse unos a otros.

Gracias a esa comunicación, y a pesar de todos los negocios que tuvieron que cerrar, muchas familias pudieron seguir ganándose el sustento.

Fue en uno de esos grupos que varias personas se ofrecieron a cargar celulares o prestar energía a los vecinos que ya sumaban tres días sin luz por el apagón en Iztacalco.

Hubo quienes incluso pusieron extensiones eléctricas en la calle, para quien necesitara cargar un celular o una laptop para poder seguir con el home office.

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Jueves 26 de junio

Laura está desesperada, quizás un poquito más que el resto de sus vecinos porque las vacunas que mantiene refrigeradas corren el riesgo de perderse por el apagón en Iztacalco.

Harta de evasivas, al ver retirarse a la más reciente cuadrilla de la CFE, aborda su auto y lo cruza a mitad de la calle Xoconoxtle, el lugar donde se encuentra ubicado el transformador afectado, para impedir que los electricistas vuelvan a irse de la colonia, como han hecho en días anteriores, sin solucionar el problema.

“Atravesé mi coche de un lado y otra vecina lo puso del otro lado”, cuenta Laura entre risas.

Pronto, la barricada de autos se convierte en un cerco de varios vehículos y muchos vecinos y vecinas, una horda de personas desesperadas y furiosas, aunque todas con su respectivo cubrebocas, rodea los cuatro camiones de la CFE, con los trabajadores dentro.

Comisión Federal de Electricidad atiende el apagón en Iztacalco
Un camión de la Comisión Federal de Electricidad atiende a vecinos por el apagón en Iztacalco. / Foto: Aranza Flores

Uno de los electricistas se asoma para explicar la misma cantaleta de los últimos tres días: que para poder arreglar el transformador necesitan ir a por una pieza especial que en ese momento no tienen.

Se trata, explica el trabajador, de un tornillo de tamaño y grosor específico que en tres días no han logrado conseguir.

Una de las vecinas ofrece una opción: “Sale usted dice al trabajador, pero los demás no se mueven de aquí hasta que regrese con el equipo”.

“No se van de aquí hasta que lo arreglen, porque ya llevamos varios días así: van por una tuerca y ya nunca regresan”, les advierte Laura.

“Llevo dos días sin ver mi novela”, suelta doña Lucha, con coraje.

Los electricistas no atinan a dar una respuesta. La organización en línea de los vecinos hace efecto: las características del tornillo que se necesita se difunden a través del chat vecinal y, en quince minutos, habitantes de la zona aportan la pieza: un tornillo de más o menos un centímetro de grosor, metálicoy con la cabezahexagonal.

Una hora después, la luz vuelve a la colonia Infonavit Iztacalco y los trabajadores de CFE son liberados por los vecinos.

Según la página oficial en Internet de la compañía, uno de sus compromisos es “restablecer el suministro […] de un sector o área de distribución fallada” en un tiempo máximo de cuatro horas. En la Infonavit Iztacalco tardó tres días.