Cinco mujeres científicas mexicanas que están abriendo brecha
La educación básica es clave para que más niñas se interesen por la Ciencia. Imagen: Adriana Kong

La desigualdad entre hombres y mujeres es evidente en muchos ámbitos de la sociedad, y la ciencia es un ejemplo muy claro. Por esta razón, cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para visibilizar el papel de las mujeres, combatir la brecha de género y fomentar vocaciones científicas.

En México, el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) -el programa del gobierno federal para estimular y premiar la producción científica nacional- reporta poco más de 48 mil personas investigadoras registradas, de las cuales, cerca del 40 por ciento son mujeres. A mayor nivel en el SNII, el porcentaje de mujeres disminuye; lo mismo pasa con el nivel de Investigador Emérito, donde solo tres de cada diez personas investigadoras es mujer.

Como estrategia para visibilizar el trabajo de diferentes mujeres en la Ciencia, Corriente Alterna entrevistó a cinco jóvenes científicas: Sofía Probert, bióloga, artista y activista; Fernanda Torres, física y divulgadora de la ciencia; Alejandra Vásquez López, médica; Iliana Fonseca, bióloga marina; y Camila Paulino, estudiante de Ciencias Forenses. 

Todas coincidieron en la importancia de que desde la educación básica, las infancias sepan que la ciencia también es cosa de niñas.

Sofía Probert – Bióloga, artista y activista

Recuerda que desde niña mantuvo contacto íntimo con los árboles, los hongos y los animales. Sumado a la educación familiar del cuidado de las plantas, desarrolló una fascinación por la naturaleza desde temprana edad. Le resulta sorprendente cómo la Biología estudia el comportamiento del planeta: “Las millones de formas de vidas que hay o cómo se puede ver de forma microscópica y también de forma macroscópica dependiendo de lo que estés estudiando”.

Sofía Probert, bióloga y artista. Cortesía: Sofía Probert.

Primero realizó estudios artísticos y después cursó la Licenciatura en Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco porque, cuenta, descubrió que se “quedaba con muchas ganas de saber más sobre la vida” y la naturaleza.

Sofía es la primera científica de su familia y dice que siempre tuvo su apoyo porque “fueron los primeros que vieron mi amor por la naturaleza”. Sin embargo, en el mundo de las artes cuestionaron su capacidad e inteligencia científica: “Socialmente se cuestionaba mucho mi posibilidad para dedicarme a la Ciencia”.

Entre los obstáculos ligados a ser científica, Sofía compartió que “hay un cuestionamiento constante en términos de cómo las mujeres podemos vincularnos con un ejercicio científico más numérico, más matemático”. 

Además cuestionó que “está muy bien visto que una mujer haga comunicación científica, porque la comunicación es algo que ha sido sexualizado hacia lo femenino”. 

En su opinión, es importante “sacar a las niñas de un rol donde tienen que ser perfectas y limpias”, para romper con la idea de que ir a campo, ensuciarse, tomar una lupa y convivir con la naturaleza es un ejercicio masculino, así como quitar el estigma del peligro de la naturaleza. 

“Tenemos toda la posibilidad de hacer sumas, restas, multiplicaciones, de hacer conclusiones y de hacer preguntas igual de importantes que los hombres”, afirmó. 

Su carrera profesional cambió de enfoque después de que una profesora de la universidad le presentó “los grandes problemas del mundo: el capitalismo, el racismo, el clasismo y todos los sistemas que avalan que se esté destruyendo el planeta Tierra por la avaricia de menos del uno por ciento de la humanidad”. Así que desde entonces encaminó su carrera “No sólo visibilizar y hablar de la naturaleza, sino hablar sobre la resistencia natural que estamos viendo hoy”, afirmó. 

Sofía enumera los retos que tiene como activista y científica: ser mujer, defender el territorio y hacer frente a grandes industrias, empresas y gobiernos que destruyen los ecosistemas a costa del dinero, ya que en México se vulneran los derechos de las mujeres y de las personas que actúan a favor de la naturaleza. De acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA), durante 2024 se documentaron 94 eventos de agresión, entre las cuales 25 personas defensoras fueron asesinadas. 

Actualmente, Sofía se dedica a la sensibilización ambiental: “Siempre quise hacer arte que hablara sobre la importancia de la vida”. Da talleres de dibujo de forma presencial y en línea; a veces son en el bosque, organiza caminatas y trabaja para invitar a las personas a defender el territorio a través del arte, así como hacer frente a la crisis ambiental. Dice que el 98% de quienes asisten son mujeres.

Fernanda Torres – Física y divulgadora de la ciencia

Dice que desde pequeña era muy curiosa de su entorno, pero su familia no sabía darle respuesta al por qué de los fenómenos que observaba, ella sólo escuchaba: “Porque sí”. 

“A mí me impresionó que hay cosas con las que convivimos todos los días y no tenemos ni idea de cómo funcionan”, recuerda.

Fernanda Torres, física investigadora y divulgadora de la ciencia. Cortesía: Fernanda Torres.

Siendo aún niña, conoció al divulgador científico Sergio de Régules, quien resolvió sus preguntas y le planteó muchas más: “Y entonces ahí me tenías rascándome la cabeza de, ¿por qué?”.

Sergio le contó que los físicos se dedican a responder todas las preguntas de la Tierra y del Universo. Después le aclaró que él era divulgador científico y se dedicaba a contarle la ciencia a la gente y Fernanda pensó: “Yo de grande quiero ser como tú, yo de grande quiero responderle las preguntas a la gente que no tienen idea de por qué pasan”.

A los 9 años, Fernanda supo que sería física. Sin embargo, su familia desconocía qué era esta ciencia y la confundían con “educación física”. Creyendo que moriría de hambre, le dijeron que mejor estudiara economía, pero su mamá la apoyó y la esposa de Sergio de Régules le recomendó dedicarse a varias actividades en torno a la Física para tener estabilidad financiera, por ejemplo: escribir, dar clases o publicar contenido científico. 

Actualmente estudia un Posgrado en Materiales y dedica parte de su tiempo a estudiar la complejidad del agua. Además realiza divulgación científica en redes sociales sobre “lo que sabemos que no sabemos”. En Instagram tiene 102 mil seguidores, mientras que en Tik Tok son 192 mil.

En la comunidad de personas divulgadoras científicas, Fernanda ha notado que la mitad son hombres, pero quienes consumen ciencia ”siguen siendo predominantemente hombres”. De acuerdo con las estadísticas de sus redes sociales, el 75% de personas que ven sus videos son hombres y a veces recibe comentarios como “¿Por qué no te maquillas? Deberías maquillarte”.

Cuenta que cuando inició sus estudios de licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sólo el 30% de estudiantes era mujer, sin embargo considera que este porcentaje ha aumentado en los últimos años. Pero según Oferta Académica UNAM, en el ciclo escolar 2023-2024 de las 364 personas que ingresaron a la carrera de Física, 21% se identificaba como mujer. 

Cuenta que en alguna ocasión, en la universidad, escuchó a un profesor de Mecánica Vectorial decir que no aceptaba mujeres en su clase porque “distraían a sus alumnos”, así que desde entonces cursó al menos una materia por semestre con una profesora como su “guía científica femenina”. 

Fernanda piensa que hablar de mujeres científicas desde la educación básica, en lugar de sólo hablar de referentes masculinos, ayudaría a que más niñas se interesen por la ciencia. Por ejemplo, al hablar de Newton, Galileo Galilei o Einstein, también incluir a Marie Curie, a las mujeres que trabajaron en las misiones Apolo, además de darle visibilidad a mujeres mexicanas. 

Para Fernanda, el amor a la investigación no es suficiente, piensa que la investigación debe servir a la gente, por lo que el fin de la divulgación en redes sociales no es que haya “un ejército de científicos”, sino que las personas pasen un buen rato.

Alejandra Vásquez López – Médica 

Creció en las aulas de la Facultad de Medicina de la UNAM, donde sus papás son profesores, lo que quizá la llevo a que desde temprana edad se interesara por la complejidad del cuerpo humano. 

Alejandra Vásquez López, médica. Cortesía: Alejandra Váquez.

Pertenece en una familia de científicas y científicos que la apoyaron a cumplir su sueño de ser médica. Antes de estudiar medicina, estudió una carrera técnica en Urgencias Médicas, donde se dio cuenta que la vida es “súper frágil y efímera”. 

Desde su perspectiva, en la vida hospitalaria y en el mundo de las ciencias “el ser mujer viene con un peso y con un estereotipo con el que cargamos todas. Siempre cuando llegas a un lugar, a tus compañeros hombres les van a exigir menos, o van a esperar más de ellos solamente por ser hombres”.

Recuerda que en la universidad, el 80% de la población estudiantil era mujer, y ha notado que en el área profesional de la salud siguen siendo mayoría. Sin embargo, aún experimentan acoso laboral.

Cuenta que durante su servicio social, se llegaron a referir a ella como “señorita”, “chavita”, “flaca”, mientras que a sus compañeros hombres,  sí les llamaban “doctores”: “Te ven como menos por el simple hecho de ser mujer”. 

También escuchó decir a un médico del área de urología “Yo no le enseño a mujeres […] y menos a mujeres de la Anáhuac”, cuando ella fue asignada a esa unidad. 

Aunque considera que ha mejorado la equidad entre hombres y mujeres en la medicina y ha notado que los ambientes de trabajo son menos hostiles, esto no garantiza que las mujeres se sientan seguras, cómodas y en igualdad con los hombres. 

Cuando Alejandra ve a mujeres en puestos de trabajo alto, piensa “Claro que yo puedo estar ahí”. Además percibe que son ellas las que le brindan herramientas a las más jóvenes para seguir desarrollándose en los ámbitos de la salud. 

Desde su opinión “la curiosidad es independiente del sexo” y es necesario darle la oportunidad a las infancias de visitar museos, presentar carteles, participar en concursos de ciencia como las Olimpiadas del Conocimiento, así como permitirles a las niñas acceder a becas o incentivos para que estudiar una educación superior o que hagan investigaciones con el fin de que se acerquen a la Ciencia.

“Entonces creo que darle ese el reconocimiento que merecen a las mujeres en su trabajo, es fundamental. Y darse cuenta que no, que la ciencia no sólo es de los hombres, la ciencia es para todos y de todos”, dice Alejandra, que es  también coautora del libro La pandemia del síndrome metabólico y el continuum del riesgo cardiometabólico, vascular, hepático y renal, publicado en diciembre de 2025.

Iliana Fonseca – Bióloga Marina

Creció cerca del mar y durante la adolescencia, surgió su curiosidad por el trabajo de biólogas y biólogos, gracias a una amiga que trabajaba en campamentos tortugueros.  

Iliana es la primera bióloga de su familia. Desde 2014, hace investigación sobre la mantarraya gigante (Mobula birostris) en Bahía de Banderas, en los estados de Jalisco y Nayarit.

Iliana Fonseca, bióloga marina. Cortesía: Iliana Fonseca.

Recuerda que cuando comenzó con el Proyecto Manta, todos sus compañeros eran hombres. Para algunos pescadores y prestadores de servicios turísticos, era raro que hubiera mujeres en el mar, pero once años después, colaboran mitad y mitad. Aún así, Iliana dice que, aunque mínimos, aún existen comentarios machistas.

Trabaja en el Instituto Tecnológico de Bahía de Banderas. Además, ha colaborado con la UNAM para regular la circulación de embarcaciones en la zona y proteger a las especies marinas que habitan en ella. También ha cooperado con el Departamento de Mamíferos Marinos para estudiar la parte más profunda de la bahía.

Tanto en la Maestría en Ciencias en Manejo de Recursos Marinos en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), como en la colaboración con la Universidad de Oregon para investigar la Bahía de Banderas, notó que hay tolerancia y respeto entre los y las investigadoras sin importar nacionalidad ni sexo. 

Iliana cree que para que más mujeres se interesen en la Ciencia, es importante mostrarles desde pequeñas en qué consiste la Biología y cómo se trabaja en la práctica, porque “a veces pensar en cómo voy a andar en el mar […] o como voy a formar parte de esto, como que no lo ves realista”.

Además considera que hay obstáculos como falta de dinero, lejanía de las escuelas especializadas en Biología, imposición de roles de género o baja calidad y desigualdad en el sistema educativo mexicano.

“Yo creo que el problema muchas veces no es que uno no quiera, a lo que voy, es que a veces nuestra situación es muy limitada”. Sin embargo, aconseja a las jóvenes no desesperarse: “Eso no quiere decir que no puedes llegar, solamente va a ser más complicado tal vez”.

Camila Paulino – Científica forense

Su interés por las Ciencias Forenses surgió durante la secundaria al ver series policiacas. Por la indecisión entre estudiar Psicología, Derecho o Medicina, encontró la carrera que abarca estas tres disciplinas y durante su adolescencia se preparó para el ingreso a la universidad.

Camila Paulino, estudiante de la Escuela Nacional de Ciencias Forenses. Créditos: Camila Paulino.

Cuando dijo que quería estudiar una carrera científica, su familia entró en pánico porque no sentían que fuera de acuerdo con su personalidad y no habían visto su interés por las ciencias ni los laboratorios. Sin embargo, ahora, durante su último año de licenciatura, ya aceptan “que tienen a una científica entre ellos” y la escuchan hablar de temas médicos.

Su carrera consta principalmente de prácticas en áreas como: criminalística, hechos de tránsito y análisis de sangre o de genética a causa de eventos violentos. En ella simula estudios en campo y juicios legales como si fuera perito y realiza ejercicios de laboratorio para dictaminar resultados de un hecho real. “

“Los científicos forenses llegamos a ser como el pegamento entre [los científicos naturales, sociales y jurídicos], para que no se enfrenten a un lenguaje desconocido entre ellos en un proceso legal”, dice. 

Dentro de los grupos de la Escuela Nacional de Ciencias Forenses, le parece raro que más del 80% del estudiantado esté conformado por mujeres, cuando en las fiscalías, en la policía o en laboratorios, la mayoría de los trabajadores son hombres. Tan sólo en su generación hay 36 personas y 29 son mujeres, mientras que, de acuerdo con el INEGI, en 2023, de 75 444 personas que trabajaban en las agencias y fiscalías del MP del país, el 46% eran mujeres. 

Desde su opinión, una científica forense necesita empatía, dedicación y humanidad para tener conciencia de que trata con cuerpos que fueron personas, hijos, hijas, hermanos “y que hay una familia que lo puede estar buscando o lo quiere ya tener para poder velarlo”.