La NegrA MeXa: música como bálsamo para las heridas del racismo
Jessica Esther Moreno es La NegrA MeXa, compositora y cantante afromexicana. Foto: Cristian Vázquez

Rodeada de colores vibrantes, con su acordeón en mano y acompañada de mujeres afrodescendientes e indígenas, La NegrA MeXa eleva su canto que se transforma en un grito de denuncia: “No somos la mala raza”. Se trata del video de la canción “Mala raza” —incluída en el EP Afrocumbias—, y grabado en la Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. 

No es casualidad que la compositora, cantante y acordeonista haya elegido ese lugar para realizar el video que estrenó en enero de 2026.  Ahí, en la Plaza de Santo Domingo, está un símbolo de reconocimiento y visibilización de las comunidades afrodescendientes en el país: la primera placa memorial de la esclavitud en México, colocada en 2016. 

Jessica Esther Moreno Fernández, conocida en la industria musical como La NegrA MeXa, nació y creció en la Ciudad de México, en la alcaldía Magdalena Contreras. Gracias a sus padres y hermanos —quienes fueron “como unos segundos padres”— floreció en un ambiente amoroso y de profundo cuidado. Su experiencia puertas afuera del hogar, como mujer afrodescendiente y de la periferia en la Ciudad de México, ha constituido un desafío marcado por el racismo y la violencia de género. 

La NegrA MeXa, mujer afrodescendiente tocando acordeón en un espacio urbano con grafiti de fondo.
La NegrA MeXa toca el acordeón con dominio y carácter. Foto: Cristian Vázquez

Las poblaciones afromexicanas fueron reconocidas en la constitución recién en el año 2019. No obstante el nombramiento institucional, la comúnmente llamada “tercera raíz” sigue siendo poco visible para el resto de la población mexicana. Por ello, artistas afrodescendientes de diferentes partes del país han dedicado su obra a la visibilización de estas comunidades y a la denuncia de la discriminación que viven.

Este es el caso de La NegrA MeXa, quien inició su carrera musical en el año 2017 y para quien la música ha sido un componente vital en su proceso de autoreconocimiento. Sus letras, contundentes y directas, denuncian una problemática social, cuya existencia se minimiza en México: el racismo. 

“Siento que si no logramos entender esa historia (del racismo), podemos llegar a hacer un poco de endorracismo en nuestro propio cuerpo, al rechazarlo, al no entender de dónde viene todo esto”, explica en entrevista con Corriente Alterna.

La afroactivista rapea con voz suave pero determinada y crea letras profundas que denomina afrofeministas. Para ella, es esencial que la música tenga un pronunciamiento político y un contenido que incite a la sociedad a cuestionarse:

“Yo no quiero hacer música por hacerla, no quiero hacer cumbia por hacerla. Quiero hacer algo que me identifique, que me sane y con lo cual podamos gozarnos la vida, pero hablando de realmente lo que nos interesa y nos compenetra”.

Presentación musical de la NegrA MeXa en parque con varias mujeres tocando instrumentos frente a público sentado.
La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras México hacen vibrar el escenario. Foto: Cristian Vázquez 

Entre México y Colombia

La Negra MeXa se autodefine como “afrochilanga de nacimiento” y “afrocolombiana de corazón”, porque a pesar de ser muy chilanga, fue en Colombia donde se descubrió afrodescendiente. Desde hace 10 años reside en Colombia, pero México sigue siendo parte de su proyecto musical. 

—Como mujer afrodescendiente, ¿cómo fue crecer en la Magdalena Contreras, en la Ciudad de México?

—Fue realmente muy confrontante, porque el racismo es una de las violencias más fuertes que vivimos día a día. Nosotras no solamente vivimos la violencia de género, sino también la violencia de raza. Es un proceso que además es muy doloroso, porque cuando niñas, cuando adolescentes, por lo menos en mi caso, nadie nos cuenta: ¿qué es eso que estoy sintiendo?, ¿por qué me siento diferente?, ¿por qué me hacen sentir diferente?, ¿por qué la violencia, el rechazo, la exclusión? Eso es realmente muy doloroso.

Aunque Jessica Moreno creció en un entorno familiar amoroso, dice que salir al mundo exterior significó enfrentarse a una violencia racial que la llenó de cicatrices internas.

—Fui una niña afortunadamente con una familia muy amorosa, muy cuidadora… Pero fuera de casa fue violento, fue doloroso, fue llenarse de cicatrices, de memorias, de doloridades —como dice Vilma Piedagalli—, de experiencias que hasta siendo adulta, siendo ya una mujer adulta y estudiada —por decirlo así—, logré entender. Son heridas que se quedan, heridas que están ahí de a poco sanando. Yo las sano con mi música, con mi arte, con mi forma de escribir y con otras compañeras. Entonces no es fácil y me encantaría que eso cambiara para las niñas de hoy, que tuvieran más herramientas para entender, las cuales yo no tuve.

La NegrA MeXa con sombrero negro tocando acordeón al aire libre durante presentación musical.
La NegrA MeXa se considera afromexicana de nacimiento y afrocolombiana de corazón. Foto: Cristian Vázquez

—¿Cuál ha sido el papel de la música y de Colombia en tu proceso de descubrimiento como mujer afromexicana?

—Mi proceso de autoconocimiento como mujer afrodescendiente, afromexicana, fue en Colombia. Y fue gracias a otras mujeres que me enseñaron mucho, que me ayudaron en ese proceso, porque no es un proceso fácil ni simple. Es un proceso doloroso, muy confrontante y, después, de mucha reivindicación y mucho orgullo. Las compañeras me dieron su mano, su abrazo y me nombraron también “afrocolombiana”.

Una de las cosas que Colombia me regaló y es vital en mi trabajo es que todas las músicas de las cuales yo me enamoré (la cumbia, el bullerengue, la champeta) son música negra, de una raíz afro. Además, se desarrollan mucho en el Caribe colombiano, que es la zona que yo más adoro de Colombia y donde encontré mucho de mi ancestría y de mi identidad. Al acercarme a esas músicas, a esas sonoridades, me di cuenta que son un grito de rebeldía, incluso de una manera histórica. El bullerengue nace desde el grito de la rebeldía de las mujeres afrocolombianas, negras, caribeñas. Contando cómo se sienten, lo que sucede en sus cuerpos, en sus historias, en sus pueblos.

—¿Por eso eliges la cumbia para tus composiciones?

—Me doy cuenta que esas sonoridades me gustan tanto porque me ayudan a reflejar y a entender al otro. Entonces entiendo que ese es el tipo de música que yo quiero hacer, porque yo no quiero hacer música por hacerla, no quiero hacer cumbia por hacerla. Quiero hacer algo que me identifique, que me sane y con lo cual podamos gozarnos la vida, pero hablando de realmente lo que nos interesa y nos compenetra.

En mi álbum Afrocumbias le hice una canción a mi hermano y para mí ha sido una de las cosas más sanadoras que me ha podido suceder. Si no hubiera yo logrado hacer eso, no sé si hubiera podido salir del duelo que es perder a un hermano. Siento que eso es lo que las músicas afrocolombianas me dieron, esa posibilidad de, a través de ellas y de esos ritmos, poder sanar de otras maneras.

Primer plano de la NegrA MeXa tocando acordeón con expresión concentrada durante interpretación.
Para la compositora, la cumbia es medicina e instrumento de lucha. Foto: Cristian Vázquez

Ser afro en una ciudad

“Manifiesta Afrourbana” es un tema que combina la melodía del acordeón con una declamación cantada que enuncia la negritud en México y Latinoamérica. En esa canción, La NegrA MeXa expone la invisibilización de las comunidades afromexicanas y el lacerante proceso que es reconocerse y nombrarse en este país: “¿Cómo íbamos a nombrarnos si ni siquiera sabíamos que existíamos?” “La gente de afuera dice que no hay negras en México, pero apenas vienen acá y se dan color”.

En el minuto 1:06 de su canción, ella pronuncia: “El proceso de violencia que se vive es tan fuerte, que reconocerse en esta identidad se vuelve un proceso largo y doloroso. El orgullo es un lugar al que se llega, pero cuando llegas, cantas y bailas. ¡Soy una mujer afromexicana!”

—¿Cómo buscas retratar la experiencia afrochilanga o afrourbana, en general, en tu arte?

—”Manifiesta Afrourbana” fue como un espacio de gritar todo esto que estamos platicando: de cómo yo, una niña citadina, fue entendiendo estas violencias de mucho tiempo atrás y cómo se cambia ese dolor por un orgullo y una reivindicación. Lo compartía mucho con mis compañeras de Bogotá o compañeras chilangas, hablábamos mucho de que nosotras como mujeres urbanas, no somos “tan negras” para formar parte de una comunidad y aparte no crecimos en una comunidad negra, pero tampoco somos tan mestizas o blancas como para pertenecer a la ciudad. En ese manifiesto, lo que yo intenté hacer fue: “aquí estamos, nosotras también formamos parte esta urbe. Somos parte, construimos también la historia”. 

Yo soy muy chilanga. Llevo muchos años fuera de México, pero lo chilanga no se me va a quitar nunca y lo adoro, lo amo y eso es parte de lo que me construye y es parte de mi memoria. Entonces, ¿cómo junto eso con mi ancestría, con mi cabello, con mi nariz chata, con mis labios, con mi piel morena, prieta? Y exigir ese respeto, porque eso es lo principal. “Manifiesta” más que una canción, para mí sí fue literal una sonoridad de “aquí estoy, manifiesto y nos manifiesto a todas”.

Detalle de manos tocando acordeón durante presentación musical en vivo.
El acordeón de la NegrA MeXa resuena con fuerza. Foto: Cristian Vázquez 

Reivindicar la negritud

A través de sus letras, La NegrA MeXa denuncia el racismo en México y Latinoamérica y también reivindica la negritud. Cuestiona el ideal de belleza blanca y visibiliza la diversidad de corporalidades negras. Además, invita a gozar la cumbia como acto de lucha política.

—Si tuvieras que describir tu proyecto musical en tres palabras, ¿cuáles serían?

—Cumbia rap afrodiaspórica. Porque, creo que la cumbia es la unión perfecta de lo negro con lo indígena y la historia campesina. Yo no soy una mujer de la ruralidad, pero sí siento que compartimos con la historia campesina. Las que somos de periferia, de barrio, pues tendemos a contar nuestras historias. El proyecto lo que quiere es contar nuestras historias, nuestros dolores, a través de lo que somos y a través de lo que más me gusta que es la cumbia y el rap.

—Para ti, ¿qué significa llevar la música a nivel político?

—Cualquier arte es importante que pase por un proceso político, porque nació así. El arte nació desde esta posibilidad de expresar, de contar, de decir. Amo la música que realmente tiene un contenido que nos hace cuestionarnos qué estamos haciendo con nuestra sociedad, con nuestros relacionamientos interpersonales. Porque, para mí, lo político es también cómo me relaciono con la otra y con el otro, con mis padres, con los niños y las niñas que están alrededor mío, cómo cuido a la madre mayor que es nuestra naturaleza. Eso es político: cómo respeto también al otro, las relaciones interpersonales, el amor, la manera en que amamos. Todo eso para mí es político.

Estamos cuestionando un sistema que nos dice qué tenemos que hacer, qué cuerpos valen, qué cuerpos no valen, cuál es el tipo de relacionamiento que necesitamos y quiénes están más arriba que otros. Cada una de esas acciones, para mí, ya es un acto político. La música que yo amo y me llena es la que habla de ese tipo de cosas, que tiene un contenido. Incluso, el goce mismo, el gozar la vida y gozarme una cumbia, que puede no decir nada, pero si está proponiendo, por ejemplo, que cuerpos negros gocen la vida, eso ya es un acto político. Eso es lo que realmente amo de la música. Igual, de cualquier manera, respeto a las personas que hacen otro tipo de música y bueno, es otro camino.

La NegrA MeXa tocando en escenario abierto dentro de un parque.
Durante el concierto “Tiempo de mujeres”, con el acordeón al centro, La NegrA MeXa conectó con el público. Foto: Dulce Marshall

—¿Qué motivaciones, objetivos políticos y sociales estás ahora explorando en tu proyecto musical?

—Ahorita tengo algo muy reciente, que es el asunto de unir nuestros territorios: hablar del territorio, de la memoria y derribar fronteras de todo tipo. Es algo que a mí ahorita me está resonando mucho, porque vivo en Colombia, pero no dejo de ser la chilanga, no dejo de ser “la afromexicana” y hay cosas que me gustan de mi territorio y nunca voy a decir “no soy parte de ellos”, sino todo lo contrario. A veces siento que compartimos muchas historias, compartimos la manera en la que fuimos colonizados, la manera en la que también se desarrollan las políticas de nuestros países. Me parece tan absurdo que tengamos que hacer una serie de papeles y pagar para pasar de un territorio a otro. También de eso habla mi proyecto. Tengo una cumbia que se llama “Montes de María”, en la que justo trato de derribar esas fronteras entre los países latinoamericanos, porque siento que somos una sola cosa. 

Cumbiancheras: comunidad para enfrentar los desafíos 

Hacer música de manera independiente conlleva grandes retos, mismos que se multiplican al ser una mujer racializada. Afortunadamente, en el camino se forman lazos importantes con otras artistas y se tejen redes de apoyo, indispensables para afrontar las barreras de la industria musical. La NegrA MeXa ha encontrado apoyo y respaldo en sus compañeras latinoamericanas, con quienes ha constituído agrupaciones como Cumbiancheras. Se trata de un proyecto musical integrado por cantantes indígenas y afrodescendientes de México, Colombia y Brasil.

La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras interpretando música en vivo en espacio público con árboles alrededor.
La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras México tocan en “Tiempo de mujeres”, concierto organizado en Tlatelolco. Foto: Dulce Marshall 

—Has dicho que Cumbiancheras es un proyecto que se está consolidando no solo en México, sino también en Colombia y Brasil. ¿Qué diferencias notas en la escena musical afro de esos tres países? 

—En las Cumbiancheras México la mayoría son mujeres de la Ciudad de México, con herencia afrodescendiente o herencia indígena o afroindígena, barriales y periféricas. Son mis amigas, mis compañeras, mis hermanas y creo que con ellas comparto mucho. Está Krhis Giles que es afromexicana, gran representante del activismo afromexicano, artista, cantante, multidisciplinaria; con ella comparto la lucha del activismo afro. Con las demás compañeras comparto mucho esta afrodescendencia en la forma en la que nos relacionamos y hacemos música, porque estamos muy inspiradas en generar y en buscar ritmos de herencia africana. 

Hay una diferencia con Cumbiancheras en Colombia: independientemente de la identidad que cada una pueda tener, sí hay una presencia muy fuerte de los ritmos afrodescendientes en todo Colombia. 

Sí veo una diferencia en México con Colombia, porque en Colombia todo mundo —independientemente de que sea o no sea afro— conoce, baila, canta, absorbe y goza los ritmos afrocolombianos y son parte de una identidad cotidiana. Claro que, en el momento de estar creando con ellas o acompañando las canciones con ellas, eso también se ve, se permea, se goza. Es muy rico, porque lo que veo con las compañeras acá, voy y se lo comparto a las de México. Y las de México también hacen otras cosas que son exclusivas del país, como la cumbia chilanga, la cumbia rebajada, y vengo y se las comparto a las compañeras de Colombia. Es un bonito feedback

Y lo que pasa con Las Cumbiancheras en Brasil es una cosa muy loca, porque solo hay una brasileña y el resto son latinas viviendo en Brasil. Latinas dícese chilenas y colombianas. Eso genera otra cosa, porque cada una trae desde su territorio una apuesta. Y eso se volvió también algo muy rico, porque lo unimos junto con lo brasileño de Bahía, que además es la zona negra más importante de Brasil. Entonces, claro, se generó otra cosa. Creo que la negritud y lo afrodescendiente está presente en cada uno de los territorios. Lo rico y lo hermoso es cómo la particularidad de ese territorio hace que sea algo muy único y, a la hora de mezclarlo, se vuelve todo un goce.

La cantante afrodescendiente la NegrA MeXa con sombrero interpretando una canción frente a micrófono.
La NegrA MeXa tiene al acordeón como cómplice en sus creaciones. Foto: Cristian Vázquez

—¿Cuál consideras que es el mayor reto al que se enfrentan las artistas independientes de la escena afrolatina?

—Que tenemos que hacer todo nosotras y que parece ser que tenemos que demostrar todo el tiempo al triple. Es muy difícil, la industria musical es muy compleja, muy cerrada, muy blanca.

Como artista independiente, me toca hacer el diseño, me toca hacer las redes, me toca llamar aquí y allá, gestionar y al mismo tiempo pues no puedo dejar de tocar, de ensayar, ni dejar de escribir y de crear. Eso es muy desgastante.

El tiempo no alcanza, la vida no alcanza. Además, hay que buscar recursos económicos para que las cosas salgan y eso es muy desgastante: el tener que hacerlo todo y además tener que demostrar que lo haces bien todo. Para los hombres es más fácil. Y para un hombre blanco, más. Nosotras tenemos que hacer al triple todo. Lo que nos queda es apañarnos entre nosotras, que es un poco lo que yo hago en red con mis amigas, siendo afros o no. 

La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras posando con instrumentos tras presentación en parque.
La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras México. Foto: Cristian Vázquez

—En enero de 2026 lanzaste, junto a Krhis Giles, el videoclip de “Mala raza”, ¿cómo fue el proceso de creación de esta canción?

—”Mala raza” fue mi primera composición —una cumbia rap— ya en forma, por allá del 2016-2017. Yo estaba atravesando mi proceso de autoconocimiento como mujer afromexicana, en Colombia. Entonces, todo eso fue permeado por las letras, por todo ese proceso. También, estaba inmersa en la cumbia, entonces estaba encontrando esos ritmos con el acordeón, creando la melodía.

Esa primera versión la entregué con todo el amor a Corroncha Son, que fue una banda de la cual formaba parte con otras compañeras y amigas. Hicimos una primera versión, se grabó y la cantaba otra compañera. Para Afrocumbias, decidí retomarla e invitar a Krhis Giles, que para mí es la cabeza e imagen de la lucha política de las afromexicanas. 

Las Cumbiancheras México forman parte también del video, por lo mismo: todo ese proceso en el que me han acompañado. Y las más importantes son: Aleida, que es afromexicana, poeta, también activista. A ella le presenté la primera versión de “Mala raza” y me dio unas correcciones de la canción que se quedaron. Y la red de mujeres afrodescendientes de la Ciudad de México que, cuando yo regresé de Colombia por un tiempo a México, me apañaron totalmente. Yo tenía mucho miedo, porque a mí la Ciudad de México siempre me ha dado miedo, a pesar de ser chilanga, y cuando pasé un tiempo fuera, pues obviamente el regresar me daba nervios. Para mí esta canción nos representa a cada una de nosotras, es por nosotras, para nosotras y con nosotras. 

Fue así que decidí hacer ese video con todas ellas, en la plaza de Santo Domingo, que está la placa memorial de las personas que fueron violentadas por el proceso de esclavitud en la colonización española. Entonces, para mí sí es un video muy importante, una canción muy importante, creo que es como el clímax del EP.

—Tus letras son fuertes, disruptivas y directas: ponen el dedo en la llaga de un país como México, donde se niega la existencia del racismo, ¿eso te ha llevado a enfrentar censura o juicios hacia tu persona o hacia tu arte?

—Afortunadamente no he sido censurada. No hemos llegado a ese nivel. Sí me han dicho: “eres demasiado feminista” o “pero es que tú no eres negra, eres morena”. Pero justo los tomo de quien vienen, o sea, de hombres blancos, mujeres blancas privilegiadas. Bueno, hay batallas que no valen la pena y solo me río y ya.

La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras en el escenario.
La NegrA MeXa y Las Cumbiancheras México reivindican la negritud a través de la música. Foto: Cristian Vázquez