¿Imaginas dejar tu casa, ya no regresar a esos espacios que han construido tu identidad, tener que replantear tus planes de vida? ¿No poder volver a transitar por esa tierra donde están tus raíces familiares? Para la cineasta Marcela Zamora Chamorro, la periodista Carolina Amaya y la historiadora Elena Salamanca, eso ha sido exilio: una lucha constante por mantener su identidad y memoria.
En diferentes momentos, las tres dejaron El Salvador y se establecieron en México. Hoy, ninguna de ellas puede regresar a su país natal.
Los relatos de las tres salvadoreñas se escucharon durante el conversatorio “Llevarte un cachito de país; exilio y construcción de comunidad”, convocado por la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa 2026. Antes de escucharlas, se proyectó el documental Los ofendidos (2016), de la salvadoreña-nicaragüense Zamora Chamorro.

En el documental, Zamora aborda el pacto de silencio que vivió su familia por años, sobre los más de 30 días que su padre fue torturado en las cárceles de la policía, durante la guerra civil que vivió El Salvador entre 1980 y 1992.
Fue justo durante la guerra civil en el país centroamericano que mucha gente nacida en El Salvador dejó ese país para exiliarse en México. A partir de que Nayib Bukele llegó a la presidencia de El Salvador (2019), el exilio volvió a tocar esta nación. Y así lo destacó durante el conversatorio la historiadora y escritora Elena Salamanca: “La mayoría de mis amistades están ahora en México. No han venido por motivos felices, han venido por persecución política”.
Tan sólo en 2024, El Salvador fue el cuarto país con el mayor número de solicitudes de asilo a México: 5 mil 400, según datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados.

Vivir el exilio
Zamora Chamorro ha realizado documentales como María en tierra de nadie (2011), El cuarto de los huesos (2015) y Los ofendidos (2016). Sus trabajos cinematográficos retratan injusticias sociales, la labor política del cuidado y la preservación de la dignidad humana en contextos de crisis.
Para ella, el exilio es recorrer “un camino contigo misma y con todos tus demonios que acarreas desde el lugar donde saliste”.
La periodista Carolina Amaya es fundadora y directora de MalaYerba, productora especializada en periodismo ambiental. Ella dejó El Salvador después de que su padre fuera secuestrado tras la publicación de sus investigaciones sobre los negocios inmobiliarios de la familia del presidente Bukele. Llegó a México en agosto de 2024. En 2025, se le prohibió la entrada a su país.

Para Amaya, el exilio está ligado a la palabra “resignificarse”: “Ya no podemos ser las personas que fuimos en nuestros países, pero (al mismo tiempo) seguimos siendo. En mi caso, sigo siendo Carolina Amaya”.
La historiadora y escritora Elena Salamanca vive en México desde hace 12 años. Llegó al país para cursar un doctorado. Ella no se considera exiliada en el sentido tradicional, pero no puede volver a El Salvador por el acoso que ha recibido, a partir de las críticas que ha realizado al gobierno de Bukele.
“No soy exiliada, pero no puedo volver. Vuelvo porque sí, no puedo salir de mi familia, pero tomas otras precauciones distintas cuando volvés”, explicó Salamanca.

Mujeres ante el exilio
Durante el conversatorio se tejieron reflexiones íntimas sobre cómo el exilio afecta a las mujeres, sobre lo que implica en su desarrollo personal tener que frenar su ímpetu creativo.
Los hombres exiliados, destacó Salamanca, han tenido una narrativa más visible, en tanto han sido más frontales frente a los gobiernos que los orillan al exilio, mientras que las mujeres que también han sido “deportadas, pérdidas, encarceladas y torturadas” han tenido que dedicarse a sostener las labores del cuidado y sus experiencias han sido silenciadas.
En un reconocimiento de su propia labor de memoria, Zamora también destacó un signo común en el exilio femenino: “Lo que he percibido en la mayoría de mujeres son sus actitudes (sobre) cómo conservar las raíces, cómo trasladar la historia, cómo cuidar. En los hombres he sentido más qué es: cómo derrocamos, cómo hacemos la lucha, cómo me pongo en peligro”.
Es en este ejercicio de recuperación de la identidad que la cineasta tiene sus preocupaciones latentes: “Mi preocupación es cómo le traslado a mi hija sus raíces, su identidad centroamericana”.

El trabajo de memoria histórica llevado a cabo por las mujeres en el exilio ha sido históricamente invisibilizado, debido a que responde a otras formas de accionar desde el cuidado y el sostenimiento de la vida. Así lo mencionó Zamora, quien reconoce que dentro de la narrativa heroica masculina siempre se encuentra el discurso de la guerra y de la lucha, protagonizando quiénes y cómo se enfrentan al exilio:
“Para ellos estar en el exilio es estar en la guerra. Y las mujeres, y yo me cuento dentro de ellas, mantenemos la familia y es súper importante el trabajo de cuidado y también el trabajo de raíz, de raíces, de la memoria”.
Silencios necesarios
Las tres coincidieron en que el exilio no solo las alejó de su país, sino que han tenido que silenciar o modificar sus formas de trabajo y no enunciar las posturas críticas que tienen sobre la política y los gobernantes de su país, sobre todo porque sus familias siguen en El Salvador.
“Por el miedo a que le hagan algo a mi papá (en El Salvador) y por el miedo que le hagan algo a mi tía (en Nicaragua), hay un silencio. Y, como soy artista, el silencio me mata”, explicó Zamora. Ante ese panorama, la cineasta tuvo que “buscar un lenguaje diferente para narrar”.
Cada una tiene formas distintas de habitar el exilio y la relación con su país. La escritora Elena Salamanca, por ejemplo, decidió no hablar de lo que ocurre en El Salvador para no poner en riesgo a su familia: “Tengo un pacto de silencio que ha sido en detrimento de mi vida, de mi felicidad, porque me siento anulada por mí misma, borrada por mí misma. Tengo este impulso que es como de la víscera. Siempre siento ese impulso vital y me detengo”.

De la misma forma se expresó la periodista Carolina Amaya sobre su trabajo en MalaYerba: “Caímos en ese silencio como medio precisamente porque publicar algo significaba el que nos llevaran presos o el que llevaran presos a un familiar”.
Zamora y Salamanca hablaron de cómo, al llegar a México, fue su proceso para adaptarse a la comunidad centroamericana que radica en el país. “Era un rechazo muy grande a todo lo que tenía que ver con derechos humanos, con Centroamérica”, destacó Zamora, subrayando que “era, de verdad, un rechazo visceral”. Sin embargo, esta sensación de rechazo a la comunidad es algo que no permaneció, ya que ellas se integraron a espacios como Casa Centroamérica.

Salamanca relató que “en esas tejeduras de comunidades, no siempre todas las experiencias son amorosas y tiernas, pero uno va a encontrar su lugar. Es ver que hay formas de volver a tejerse y formas de separarse totalmente de la comunidad”.
En este sentido, la documentalista Zamora lanzó una reflexión que las atraviesa a las tres: “Yo no he dejado de hacer cosas, pero las estoy haciendo callada”.
El sueño del retorno
Durante el conversatorio, Salamanca, Zamora y Amaya discutieron sobre los motivos por los cuales ya no pueden regresar a vivir a El Salvador. En estas reflexiones, se dieron cuenta de que la idea de retorno es algo que siempre está vigente en sus vivencias en el exilio de formas distintas. Así relató su experiencia Salamanca durante un taller de poesía que impartió a mujeres exiliadas, en el cual en todos los escritos que realizaron, surgió el sueño de retorno sin ser esta la intención inicial del taller.
“Quien emigra, por las razones que sea, razones políticas, razones laborales, siempre hay un proyecto de retorno y siempre está la idea del retorno y el sueño del retorno”, comentó la historiadora Elena Salamanca. Sin embargo, en ella la idea del retorno “se disolvió”.
En esta idea de retorno, cada una de estas mujeres vive una experiencia distinta. La directora Marcela Zamora comentó que para ella el sueño de retorno se configura distinto: por ahora no desea regresar, pero sí desea querer hacerlo en el futuro: “Mi sueño es querer regresar. Quiero volver a sentir esa necesidad de regresar a mi país. Ahorita no lo quiero, todavía eso no”.

