La lenchitud es un concepto que resignifica el insulto lesbofóbico “lencha” y lo transforma en un término para designar las distintas maneras de experimentar las relaciones sáficas y el lesbianismo entre personas de las disidencias sexo-genéricas, como mujeres cis, trans, transmasculinidades y personas no binarias.
Desde 2021, la Ciudad de México es escenario de la Marcha Lencha, como un acto de protesta ante la discriminación e invisibilización de las personas sáficas dentro del colectivo LGBTIQ+, pero también para brindar un espacio de representación a trans y no binarias, explica Lorena González, activista. “La Marcha Lencha —enfatiza— es un movimiento demasiado político”.
En el marco del mes del orgullo LGBTIQ+, el pasado sábado 20 de junio, la lenchitud volvió a tomar el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, durante la sexta edición de la Marcha Lencha. Personas sáficas, trans y de la diversidad sexo genérica se reunieron para exigir el respeto a sus derechos y justicia ante los crímenes de odio, para levantar su voz por la crisis de desapariciones, feminicidios y transfeminicidios y también para mostrar su descontento frente al denominado “mundial del despojo”.

La Marcha Lencha es un evento autogestivo, organizado por la colectiva del mismo nombre. Pretende ser un espacio que conjunte las luchas por los derechos de las personas LGBTIQ+, la feminista, la anti-racista, la anti-fascista, la anti-especista, la anti-capacitista, entre otras.
Linette de la Paz, de 25 años, ha asistido a diferentes ediciones de la Marcha Lencha. Para ella, las diferencias entre la marcha del 2021 y la realizada en 2026 fueron notorias. Este año hubo más asistentes y más actividades. Y, sobre todo, en la primera marcha “había más tensiones entre feminismos radicales y la comunidad trans”. Entonces y ahora, remarcó, la marcha “se posicionó en contra de la transfobia”.

Para la sexta edición, la Marcha Lencha también buscó ser transincluyente. Quienes asistieron marcharon del Ángel de Independencia hasta el Monumento a la Revolución. Durante el recorrido protestaron en contra de los feminicidios, transfeminicidios, lesbofeminicidios, la incompetencia de las autoridades frente a las desapariciones en México, el genocidio en Palestina y la “putefobia”, es decir, la discriminación en contra de quienes ejercen el trabajo sexual.
La marcha contó con la presencia de colectivas, organizaciones y activistas, entre las que se encontraban madres y otros familiares de personas desaparecidas, quienes se manifestaron para exigir justicia y acciones concretas por parte del gobierno, ante las alarmantes cifras de víctimas de desaparición en el país.
“Hoy más que nunca en nuestra historia, ser lencha no es solo una identidad, es una posición política y todas esas luchas nos necesitan”, explicó Re Cabrera, psicóloga criminológica y una de las asistentes a la marcha. “No es normal que las madres buscadoras tengan que convertirse en investigadoras, peritas y rescatistas para encontrar a quienes aman”, agregó la también activista decolonial.
La movilización inició alrededor del medio día. El contingente pasó junto al Monumento a la Madre y avanzó hacia el Monumento a la Revolución, el punto de destino.

Diversidad en las colectivas lenchas
Entre los colectivos y organizaciones que participaron estaban Transcontingenta, Roller Sáficxs CDMX, Good Vibes CDMX, el contingente Kinky-BDSMero, Balance A.C y Sentir Bonito; agrupaciones con bases feministas, transfeministas, decoloniales, antifascistas, entre otras, conformadas por personas de la diversidad sexo-genérica. Sus objetivos abarcan la exigencia de justicia ante los crímenes de odio en contra de la comunidad LGBTIQ+, la dignificación del trabajo sexual, la desestigmatización de prácticas eróticas como el BDSM (bondage, sumisión, sadomasoquismo, entre otras) o el shibari, la promoción de la salud sexual, la búsqueda de justicia reproductiva, la conformación de espacios seguros para mujeres y disidencias, entre otros.
Mar Martínez, de 22 años, participó por primera vez en la Marcha Lencha. Lo hizo junto al contingente Kinky-BDSMero, convocado por la colectiva Kuukinbaku que, como menciona en redes sociales, busca “abrir espacios donde el deseo pueda ser habitado desde la escucha, el consentimiento y la ternura, pero también desde la rabia, la vulnerabilidad y la potencia”.
También conocida en instagram como Club del Suicheo, esta comunidad invita a cuestionar y desmantelar la normatividad del placer, para conformar comunidad desde las “cuerpas diversas, disidentes, que hacen del erotismo un lenguaje político”.
Mar decidió integrarse a este contingente porque se trata de una agrupación transincluyente, pero también porque el BDSM y el Kink forman parte de sus intereses personales y políticos.
Durante la marcha, mujeres percusionistas especializadas en batucada, Amaraxe, se encargaron de llenar el ambiente de música y energía con sus tambores. El colectivo nació formalmente el pasado 7 de marzo, ante la necesidad de crear espacios seguros donde mujeres que practican o quieren aprender sobre percusión puedan encontrarse y formar comunidad.

Tatiana Amador es el presidente y fundador del motoclub LGBTIBIKERS, comunidad conformada por miembros de la diversidad sexo-genérica con pasión por las motocicletas y las “rodadas”. El grupo se conformó en 2022, con el propósito de asistir a la marcha Pride de ese año; con el pasar del tiempo, se convirtió en un motoclub que participa en bazares, marchas y eventos de visibilización LGBTIQ+. También colaboran en rodadas con causa e imparten talleres gratuitos de mecánica básica.
Carmen Nava, integrante del motoclub desde hace dos años y esposa de Tatiana, resaltó las dificultades de “salir del clóset” para quienes tienen más de 30 años. Comentó que “ha sido difícil la transición. Piensas que tienes amigos, pero cuando dices ‘soy lesbiana’, ya no tienes amigos o son realmente muy pocos los que respetan y saben que sigues siendo tú”.

Marcha interseccional y transincluyente
Ebony Bailey es una cineasta de casi 35 años de edad, originaria de Porteville, California, Estados Unidos. Hace 10 años reside en México y cuenta con la nacionalidad mexicana. El pasado sábado fue su primera participación en la Marcha Lencha, aunque anteriormente ha asistido a la marcha Pride en la Ciudad de México.
La documentalista recuerda especialmente una edición del Pride en la que marchó junto al contingente de disidencias negras y afro. En esa ocasión, disfrutó “estar en esa intersección entre la disidencia sexual y el anti-racismo, la herencia afro”. Como negra y lesbiana, aseguró, estas experiencias le han permitido explorar las distintas formas en las que se manifiesta su identidad.
A la Marcha Lencha, Ebony acudió con su amiga Verónica Peñaranda, de 35 años, proveniente de Cali, Colombia. Para la colombiana, asistir a esta movilización representa una oportunidad de “pensar un mundo más equitativo”, pues le proporciona “una sensación de comunidad distinta, salida de esos parámetros capitalistas y consumistas”. Ella recomendó asistir a la marcha “para reclamar, para bailar, para danzar… hay que venir a ser felices en tiempos donde nos imponen tristezas”.

Micelio, artista multidisciplinario de 27 años de edad, supo de la existencia de Marcha Lencha en las redes sociales de Lenchas Kikiball, un grupo de eventos deportivos y de ballroom, vinculado al comité de Marcha Lencha.
El joven transmasculino no binario, quien se identifica como parte de la lenchitud, asistió a la primera Marcha Lencha en 2021: “Estuvo muy bonita, aunque todavía no me sentía del todo parte, porque por mucho tiempo no me identifiqué como lenchitud, sentía que era una etiqueta que no me pertenecía por ser una persona transmasculina. Platicando con banda lencha, me di cuenta que también es mi espacio”.
Como muchas de las personas que optan por asistir a la Marcha Lencha y no a la marcha LGBTIQ+, Micelio consideró que el también llamado Pride “ya perdió por completo el objetivo, que es marchar por nuestros derechos y por la lucha de la comunidad. Ya es más como un carnaval, ya es una marca registrada. Ni hablar de los coches alegóricos y de todas las empresas que entre comillas son aliadas, pero solamente lo hacen durante el mes del orgullo”.

En contraposición, la Marcha Lencha, dijo, “es algo más lindo, más unido, más de lucha”. Aunque considera que a esta le hace falta mayor interseccionalidad en cuanto a las luchas sociales que contempla.
Micelio acudió a la marcha, entre otras razones, para “darle visibilidad a lxs transmasc lenchxs”, pues consideró que la invisibilización de transmasculinidades y no binariedades lenchas es un problema vigente. “Siento que mucha gente que va a marchar no nos considera como parte de la lucha lencha… Las transmasculinidades lenchas existimos y resistimos. Somos historia lencha. Somos parte, somos representación. La lenchitud no solo abarca a las mujeres amando a las mujeres, es más que eso”.
Música, talleres y Revolución
En la explanada de la Plaza de la República, se colocó una mega carpa blanca que sirvió de refugio reconfortante ante los rayos del sol. Allí, se realizaron actividades culturales, artísticas e informativas, como parte de la llamada “feria de servicios”.
Asociaciones civiles y colectivas brindaron información sobre derechos humanos y salud integral. Ese fue el caso de Medical Impact, que ofreció pruebas rápidas y gratuitas para la detección oportuna y tratamiento de VIH y Sífilis, así como consejerías sobre medidas de prevención como el uso de condones y de Profilaxis Preexposición (PrEP).
Frente al Monumento a la Revolución, se montó un escenario donde se presentaron artistas de la comunidad lencha y/o trans, referentes del feminismo y el transfeminismo: lx autorx y vocalista, Sóffica; la dj y cantante Sasha Sathya; la compositora e intérprete de hip hop Real Venus; las djs y sonideras Kannabika Sonidera y Bruja Ramona; el dúo de pop conformado por Moran y Prochet; la cantante de regional mexicano, Jennifer Silva; entre otras personas y agrupaciones, que encendieron la tarima con géneros como reggaetón, pop, hip hop y cumbia sonidera.

La invitada especial fue la cantautora Vivir Quintana, conocida por su “Canción sin miedo”, himno del feminismo en Latinoamérica, desde su estreno en el año 2020. La artista mexicana comenzó su presentación lanzando una afirmación a la entusiasmada audiencia: “el amor entre mujeres es revolucionario”.
El evento finalizó con una serie de presentaciones que combinaron el erotismo, la resistencia, el placer y el gozo como actos políticos. Una de ellas fue el espectáculo de ballroom organizado por Lenchas Kikiball, con performance, vogueo y pasarela de voluntarias del público. Además de funciones de burlésbico (una variación de los espectáculos de burlesque, por y para lenchitudes), presentadas por la argentina Nudity.
Cuando ya eran poco más de las ocho de la noche, la Marcha Lencha cerró con algunas cumbias sonideras. “La lenchitudes estamos aquí y no vamos a retroceder ni un solo paso para atrás”, afirmó la artista visual y anfitriona de la noche, Issa Téllez.

“Para mí es un orgullo ser lo que soy. Hoy me siento libre”, dice Hécate Rocha, mujer lesbiana de 51 años, quien participó en la Marcha Lencha 2026. Foto: Angie Mar.

Una mujer decoró su vehículo motorizado con banderas de la comunidad LGBTIQ+ para asistir a la marcha. Foto: Angie Mar

Parejas de personas sáficas acudieron a Marcha Lencha a expresar su amor libremente. Foto: Dulce Marshall

Itan realizó “pintacaritas” durante la feria de servicios. Foto: Angie Mar

Taller de cerámica fría dirigido por Emma Serendipia como parte de las actividades de Marcha Lencha. Foto: Angie Mar

Sasha Sathya y Real Venus compartieron escenario durante la Marcha Lencha 2026. Foto: Dulce Marshall

Participantes en categoría butch realness with a partner, durante la sesión de ballroom de la Marcha Lencha 2026

En el escenario también se realizó una competencia de ballroom. Foto: Dulce Marshall


