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El día que amaneció dos veces

Foto: Graciela López / Cuartoscuro

Covid-19: la nueva rutina de la muerte sin luto

Pablo Padilla, Xareni Márquez, Ermilo Mendoza, Jorge Cruz, becarios; Paris Martínez, reportero / Corriente Alterna el 18 de enero, 2021

En México, donde al menos 137 mil personas han muerto en menos de un año por la pandemia de Covid-19, existe una nueva rutina para la muerte. María del Pilar, al otro lado del teléfono, la explica: “Llega la carroza a su domicilio, recogen el cuerpo. Lo pondrán en una camilla de traslado, para que llegue a la sala de velación, y que pase ahí la noche”.

María del Pilar hace una precisión, para evitar confusiones: en la sala de velación, aclara, “no puede haber (más) gente”, aparte de la fallecida. Luego remarca: “No pueden ir a visitarlo, ni irse a despedir de él”. 

En el mejor de los casos, añade, dos personas pueden ver por última vez el cuerpo, cuando se haga el reconocimiento previo a la cremación.

Si una familia en luto quiere despedirse de un ser querido, fallecido a consecuencia del Covid-19, sólo tiene una opción, sugiere María del Pilar: “Lo único es despedirse antes de que lo saquemos de su casa. Después de eso, físicamente ya no lo volverán a ver”.

María del Pilar es empleada de un servicio funerario al sur de la Ciudad de México, cercano a cuatro hospitales donde se atiende a personas enfermas de Covid-19, que permanecen saturados desde hace semanas.

El servicio que ofrece incluye traslado del cuerpo fuera del domicilio, resguardo, cremación y urna, por 12 mil pesos. Además, anuncia María del Pilar, “si el médico no puede hacerles el certificado de defunción, no se preocupe ni se desespere, si usted tiene la prueba positiva de Covid, nosotros podemos conectarlo con un médico que emita el certificado”.

Los servicios fúnebres están saturados, advierte la trabajadora, “ahorita no es nada fácil conseguir horarios para cremación, hay crematorios que te dicen que sí, pero lo hacen dentro de tres o cuatro días”.

Sin embargo, en el ramo funerario, la pandemia es una oportunidad, y María del Pilar pone el último clavo al negocio en ciernes: “Le quiero decir algo muy importante –advierte, al otro lado de la línea–. Ahorita le estoy diciendo que podemos cremar mañana porque se desocupó un horario de crematorio, porque una familia decidió sepultar en vez de cremar. Sé que platicará con su familia, no quiero que suene a amenaza, pero sí… le ofrezco un horario para el día de mañana”.

Corriente Alterna consultó a 12 funerarias de distintas alcaldías de la Ciudad de México, y sus operadores coincidieron en que los servicios se encuentran al límite. 

Para una cremación directa —la que se contrata cuando la causa de muerte es Covid-19 o posible Covid-19— hay que esperar entre uno y cuatro días, además de que los deudos deben pagar de 9 mil a 26 mil 500 pesos.

“Tenemos que buscar el horno crematorio –se explica en uno de los servicios consultados–, podría tardar 24, 48 o hasta 72 horas para encontrar dónde cremar, debido a que está lleno. Mientras, su familiar se quedaría en resguardo aquí (en las instalaciones de la funeraria). No hay velación, es cremación directa, está prohibidísimo velar a los de Covid.”

Pero con todo y la saturación, es difícil rechazar una posibilidad de trabajo. “Podemos pasar en la tarde –ofrece el representante de esta funeraria, para amarrar el trato–. Ahorita vamos a recoger a otro Covid, y después de desinfectarnos iríamos a su casa”.

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Luto en pausa

“En la vida atravesamos por una serie de cambios que son propios de la evolución y no siempre son afortunados los cambios, como lo es la muerte de un paciente”, explica la psicoantropóloga María Calderón, investigadora, terapeuta, docente del Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM e integrante del personal médico del Hospital General de México. 

Para ayudar a llevar este proceso, la ciencia ha desarrollado muchos conocimientos en materia de salud mental, y en algunas de estas áreas, México ha acumulado experiencia por décadas, como por ejemplo, para ayudar a la aceptación de la muerte en familias que tienen integrantes con cáncer terminal.

Sin embargo, detalla la especialista, el personal de atención a la salud mental no contaba con la preparación necesaria para atender a pacientes de Covid-19 y sus familias, en su luto, en las condiciones de aislamiento social impuestas por la pandemia.

“Con el cáncer al menos teníamos protocolos y manuales a los cuales recurrir –explica–. Con el Covid-19 no tenemos nada de eso.”

Las familias en luto pandemia de Covid-19 suelen desarrollar sentimientos de culpa, al creer que pudieron hacer más por sus seres amados, lo cual es un razonamiento injustificado, advierten especialistas. Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro.

Según las estadísticas oficiales sobre la pandemia de Covid-19, en México han muerto 136 mil 917 personas con resultado positivo a Covid-19. De ellas, al menos 10 mil 400 fallecieron en las siguientes 72 horas, luego del inicio de síntomas.

Las familias en luto por la pandemia de Covid-19 “pueden pasar por situaciones traumáticas, en caso de no poder realizar con normalidad sus rituales de despedida”, ya que el duelo sirve “para cerrar ciclos de cambio” por la muerte de un ser amado.

Luego ejemplifica: “uno conocido perdió a su familiar, y para él fue como si se lo hubieran desaparecido, lo internaron en cuidados intensivos en solitario. Y aunque estuvo ahí más de una semana, para él fue como si hubiera desaparecido de su vida desde el día que lo internaron”.

La pandemia, explica por su parte la maestra Guadalupe Medina Hernández, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, “nos ha llevado a interrumpir los lutos, o a hacerlos de manera diferente porque no nos permiten despedirnos de nuestros seres queridos, y después la gente sólo se queda con cenizas, por lo que está siendo difícil enfrentarnos a estas pérdidas”.

En esta crisis sanitaria, advierte la especialista, el único momento que queda a las familias para ver a sus fallecidos es inmediatamente después de la muerte, antes de que el cadáver sea trasladado al crematorio, “y esto es muy rápido, abrupto, y se convierte en una experiencia muy fuerte (…) porque fueron pocos días, la enfermedad se vino muy rápido y se los entregan sin vida”. 

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Esta situación, señala la doctora Medina, genera en muchos casos un luto con culpa. “Los familiares de personas que fallecieron por Covid-19 dicen ‘fue mi culpa porque lo traje a este hospital… si lo hubiera llevado a otro’, o piensan ‘fue mi culpa porque no me di cuenta’, ‘cómo no me di cuenta que estaba cansado’, ‘cómo no me di cuenta cuando empezó con tos’, ‘si le hubiera hecho caso cuando me pidió una aspirina’… entonces es mi culpa’”.

Se trata, afirma la especialista, de cargas absurdas, “porque uno nunca va a saber cuál hospital es mejor, no somos dioses para predecir si el que tiene tos está infectado de Covid-19”, pero que en muchos casos demandan ayuda profesional para su procesamiento, ya que los deudos deben asimilar que “muchas de esas cosas están fuera de nuestro control, que uno siempre actúa pensando en lo mejor para el ser querido, que uno quisiera que estuvieran en las mejores manos, con la gente que tome las decisiones más acertadas, y que uno se esfuerza en hacer siempre lo mejor, pero que con todo y eso, al final de cuentas, la gente puede morir”. 

A ello, concluye, se suman las dificultades de tratamiento y acompañamiento que impone la misma pandemia de Covid-19, ya que “estar guardados, confinados, nos dificulta el proceso de luto, de aceptación de la muerte, y de adaptación, ya que no podemos socializar el sufrimiento”. Sin embargo, reconoce, este mismo confinamiento “también es una oportunidad para seguir nuestra reflexión, nuestro duelo, y así adaptarnos a esta nueva vida, a la realidad ahorita, de hoy”.