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El día que amaneció dos veces
Rocío Aceves, mamá de Alitze, preserva la habitación de su hija en espera de su localización. Foto: Eunice Adorno

Rocío Aceves, mamá de Alitze, preserva la habitación de su hija en espera de su localización. Foto: Eunice Adorno

Algo suena fuera del Palacio: son las familias de los desaparecidos que llaman a la puerta

Karina Feliciano, Metztli Molina, Alondra Reséndiz, becarias; Paris Martínez, reportero / Corriente Alterna el 10 de mayo, 2021

La mañana de este lunes, 10 de mayo, madres de víctimas de desaparición protestaron frente a Palacio Nacional. Cambió el gobierno, dicen, pero la indolencia es la misma que en sexenios anteriores

Alitze Hernández Aceves tiene 23 años, es egresada de la Facultad de Psicología de la UNAM y su pasión es la danza árabe. Como no le gusta quedarse en un solo lugar por mucho tiempo, siempre está en busca de nuevos cursos, talleres y lugares. Así la describe Yessica, su hermana mayor.

La última vez que ella y sus padres vieron a Alitze fue el 26 de mayo de 2020, cuando abordó un vehículo de alquiler del servicio Beat, para reunirse con su pareja sentimental en la Ciudad de México.

La familia denunció su desaparición dos semanas después. Alitze solía quedarse con su pareja y no les extrañó su ausencia durante los primeros días.

Su padre acudió a la agencia del Ministerio Público de San Cristóbal, Ecatepec, Estado de México, pero se negaron a atenderlo: debía presentar la denuncia en la Ciudad de México, le dijeron, porque ese era el lugar al que Alitze se dirigía.

Pero en la Ciudad de México el Ministerio Público también se negó a recibir su denuncia. Debía regresar al Estado de México, al último lugar en donde se tuvo noticia de la joven, le dijeron.

Tres semanas tardaron las autoridades mexiquenses en recibir la denuncia. Lo primero que hicieron, recuerda su hermana Yessica, fue culpar a la familia por la desaparición.

“Mi papá viene a Ecatepec y le empiezan a hacer preguntas incómodas: si él o mi mamá tenían conflictos con ella que la orillaran a irse. Y le dijeron que, aunque levantara el acta, no le aseguraban nada”, relata.

Un año después, efectivamente, los resultados de la investigación realizada por el Ministerio Público son nulos.

Tres sexenios de indolencia

El pasado 8 de abril, durante la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Gobernación (Segob) presentó un informe sobre la desaparición forzada. Según el documento, en México permanecen sin ser localizadas más de 85 mil personas, cuyos casos se han acumulado en la última década, aunque se destacó como algo positivo que el número de reportes nuevos disminuyó 22% en el último año.

Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Segob, aseguró que durante la actual administración se han recuperado 2 mil 736 cuerpos de personas asesinadas e inhumadas clandestinamente. “Estamos teniendo buenos resultados”, aseguró.

Corriente Alterna solicitó copia de los registros de las más de 85 mil víctimas que se reconocen oficialmente, pero la Segob informó que solo cuenta con los nombres de 11 mil 187. Además, no fue capaz de documentar una sola localización, a pesar de que asegura haber recuperado 7 mil 736 cuerpos.

La difusión de supuestos logros en la búsqueda de personas desaparecidas ha sido una constante durante la última década, independientemente del grupo político en el gobierno, lamenta la activista Araceli Rodríguez. “He estado con tres presidentes y ¿qué he logrado? ¿Dónde está mi hijo, dónde está la verdad, dónde está la justicia?”

Araceli es mamá de Luis Ángel León Rodríguez, un policía federal radicado en el Estado de México que, hace 11 años, fue enviado a Michoacán, junto con otros seis agentes, para cumplir una comisión de trabajo. Los siete policías y un civil al que contrataron para llevarlos en su camioneta fueron secuestrados en el trayecto y desaparecidos.

“Con el expresidente Felipe Calderón (2006-2012) inicia mi proceso en el Movimiento por la Paz (agrupación de víctimas de todo el país conformada en 2011)”, recuerda Araceli. “En los Diálogos por la Paz a los que llega el Movimiento con Calderón sí nos escucharon, nos atendieron; pero, hasta el día en el que terminó su sexenio, no hubo una respuesta real a todo lo que escucharon de nosotras y nosotros”.

Con Enrique Peña Nieto (presidente de 2012 a 2018), señala la activista, “también tuvimos reuniones y acercamientos; también fue un proceso de escuchar, de atender… pero no de solucionar toda la barbarie que se había generalizado en el país”.

Y ahora, con López Obrador, advierte, la “indolencia” sigue:

“Andrés Manuel López Obrador prometió muchísimas cosas: que íbamos a estar mejor, que la Cuarta Transformación iba a generar un bien global paras todos, plural, prometió que nos iba a atender cada tres meses (…) Pero todo lo que promete no lo cumple, no cumple los procesos, no cumple la agenda que lleva con el Movimiento por la Paz. Entonces, lo que empezamos a ver nosotros es, realmente, un tema de apatía, un tema de no resolver las cosas, de indolencia. No hay memoria.

En la última década, advierte Araceli, los distintos colectivos que agrupan a las víctimas de la violencia han alcanzado logros como la Ley General de Víctimas que, entre otras cosas, ordenó la creación de un sistema de atención integral para las personas afectadas, además de esquemas de investigación científica evaluados por los mismos colectivos.

También se logró la emisión de la Ley contra la Desaparición Forzada y por Particulares, que ordenó crear la Comisión Nacional de Búsqueda, así como la integración de un registro público de víctimas de este delito.

Sin embargo, las actuales autoridades federales eliminaron los fideicomisos destinados a financiar la atención a víctimas. “Cercenaron la Ley General de Víctimas –dice Araceli–, ahorita es una ley que está agonizando”.

Más recientemente, por disposición federal, se promulgó una nueva Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República con el fin de impedir que las víctimas y sus familias puedan escrutar las investigaciones; además, la base de datos sobre personas desaparecidas, que permitía a la ciudadanía conocer los casos registrados de desaparición forzada en México, dejó de ser pública.

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Araceli Rodríguez (parte superior de la imagen) y Nancy Rosete, ambas activistas y madres del Estado de México, buscan a sus hijos desaparecidos en eventos separados hace una década. Foto: Cortesía.

Desaparición: la espera

La “indolencia” que describe Araceli es la misma que, en 2020, conoció la familia de la joven Alitze.

“Cuando se iba al Ministerio Público del Estado de México nunca tenían información –recuerda Yessica–. Le decían a mi papá que regresara la próxima semana, para ver qué tenían. Iba la siguiente semana y no estaban. Llamaba por teléfono y no le contestaban.”

Por estas demoras, la ficha de búsqueda de Alitze se comenzó a difundir varios meses después de que su familia denunció la desaparición. Hasta la fecha, no se ha logrado que la empresa Beat entregue el informe sobre el viaje que realizó Alitze en una de sus unidades.

A un año de los hechos, las autoridades tampoco han localizado al novio de Alitze, con quien ella dijo que se reuniría el último día que fue vista.

Sus familiares han buscado presionar por otras vías. El 18 de marzo pasado, por ejemplo, convocaron a utilizar el hashtag #BeatDondeEstaAlitze y arrobar a la aplicación Beat en redes sociales. Y, a través de la página de Facebook “Te buscamos Ali” y de hashtags como #NosFaltaAlitze y #TeBuscamosAlitze, mantienen la difusión de la ficha de búsqueda y de noticias relacionadas con el caso.

Alitze hace falta en las pláticas con su sobrina, a quien le contagió la pasión por la danza. Hace falta en los escenarios y en las pruebas de vestuario. Hacen falta su risa, su cara alegre. De acuerdo con su hermana Yessica, Alitze quiere viajar: “a lo mejor, conocer otro país y poder estudiar ahí”; planea empezar su tesis como una lectura de la danza desde una perspectiva psicológica; es decir, unir sus dos pasiones.

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De izquierda a derecha: Alitze, Rocío, su mamá; y su hermana, Yessica. A un año de que Alitze desapareciera, la autoridad no ha recabado informes sobre el vehículo de alquiler que abordó, ni ha localizado a la persona con la que se vería. Foto: Cortesía.

México: el país del olvido

Oficialmente, en el Estado de México se tiene registro de 9 mil 330 víctimas de desaparición, de las que nada se sabe hasta la fecha. La entidad ocupa el primer lugar nacional en número de mujeres desaparecidas (con 4 mil 290 víctimas) y el tercero en hombres desaparecidos (4 mil 527 casos).

No obstante, en respuesta a una solicitud de información presentada por Corriente Alterna, la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) presentó una lista con datos actualizados que sólo incluye 513 víctimas desaparecidas en el Estado de México.

El organismo no informó cómo cumple su misión de búsqueda de las otras 8 mil 817 víctimas mexiquenses, cuyos datos, empezando por el nombre, están “en fase de actualización”, como señaló la CNB.

Elvis Axell Torres Rosete es una de las víctimas que quedaron fuera del registro actualizado de casos de desaparición. Él fue desaparecido por el personal de un centro de rehabilitación de adicciones del municipio de Tultitlán, Estado de México, el 28 de diciembre de 2010. Tenía 17 años de edad en ese momento, le faltaban dos días para concluir su estancia en ese lugar.

Su mamá, Nancy Raquel Rosete, lo busca desde entonces. “Si no busco yo a mi hijo, ¿quién?” pregunta en entrevista por la plataforma Zoom.

A bordo de su camioneta, Nancy recorre distintos estados del país buscando algún rastro de su hijo en servicios médicos forenses, reclusorios, hospitales y centros de rehabilitación.

Durante los últimos diez años ha participado en protestas, marchas, plantones, incluso en huelgas de hambre. Fundadora del colectivo Deudos y Defensores por la Dignidad de Nuestros Desaparecidos, es parte también de las redes de familias que lograron la promulgación de la Ley General de Víctimas en 2013, de la Ley General en Materia de Desaparición en 2017, de la instauración del programa “¿Has visto a…?” de la Fiscalía General de la República en 2015 y del Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas en 2020.

Pese a ello, Elvis Axell, que ahora tiene 28 años, no está incluido en la lista actualizada de 11 mil víctimas de desaparición, integrada por las actuales autoridades federales.

Para las familias de desaparecidos, suspira Nancy, la realidad es que no hay reconstrucción de la vida. No es posible regresar a las labores cotidianas sin  padecer el dolor latente de la ausencia. Para todas esas familias, concluye, lo cotidiano es “no poder dormir con total paz y tranquilidad, no poder comer tu platillo favorito porque te lo comes y piensas: ¿y si mi hijo no está comiendo?”

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Elvis Axell Torres Rosete, hijo de Nancy Rosete, fue víctima de desaparición cuando se encontraba internado en un centro de rehabilitación.

Buscar sin descanso

La búsqueda de Alitze se ha convertido en la nueva rutina de la familia Hernández Aceves. “Ya nada se hace de la misma manera –resume Yessica, su hermana–. Cada vez que estamos juntos, la plática siempre es ella: qué vamos a hacer para encontrarla”.

No hay descanso. Acudir al servicio forense de Barrientos, en el municipio de Tlalnepantla; luego asistir a la cita al servicio psicológico en Tecámac, antes de ir a la Comisión de Búsqueda a la Ciudad de México y, finalmente, visitar en Ecatepec al abogado de oficio que les fue asignado como asesor jurídico. Esa es la rutina de su papá durante su día libre, cuando no está trabajando de chofer de transporte público.

Ha pasado un año.

“Yo veo a mi papá (de 53 años) mucho más delgado –lamenta Yessica–. Y para mi mamá (de 46 años), esta situación se ha hecho presente en enfermedades: que ya tiene gastritis, que ya tiene colitis, que ya se le inflamó el intestino. Todas estas cuestiones se van manifestando físicamente en el cuerpo.”

En este camino de las familias en busca de sus seres queridos, subraya Araceli Rodríguez, en el que no existe respaldo por parte de las autoridades, el desgaste físico es la norma. Se pasan por alto las enfermedades o los dolores; en su caso, el dolor de pies de tanto caminar.

“Mucho tiempo lastimé mi cuerpo –reconoce Araceli, que durante la entrevista porta una playera con la imagen de Luis Ángel y la leyenda ‘Haré retumbar tu nombre por todo el mundo’–. Ya le pedí perdón a mi cuerpo porque, por la búsqueda, no te das cuenta de que tus pies te sujetan, que tus pies son la clave para que puedas caminar (…) Es válido tomar fuerza, respirar y, después, le sigues, cuando creas que volviste a retomar el rumbo. Y a seguir buscando”.

Este 10 de mayo, Araceli fue una de las mamás de personas desaparecidas que exigieron justicia, congregadas ante las puertas cerradas de Palacio Nacional. Mientras que, dentro del inmueble, el presidente López Obrador y los reporteros que lo acompañan en su conferencia diaria celebraban el Día de las Madres con un recital de la cantante Eugenia León.

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Luis Ángel León, elemento de la Policía Federal, fue desaparecido en 2009 cuando se trasladaba hacia Michoacán, junto con otros seis agentes y un civil, para cumplir una encomienda de trabajo.