Bajo la sombra de los árboles que miran hacia la estatua de la Diana Cazadora, en el Paseo de la Reforma, las mujeres forman un círculo para escuchar a otras mujeres tocar instrumentos. En esta esquina de la Ciudad de México, los cuerpos se mueven para hacer sonar panderos, sonajas o tambores. Aquí, la música le da ritmo a la protesta: “Latinoamérica será toda feminista”, “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a mujeres en la cara de la gente”.
Entre las mujeres que tocan con fuerza los tambores hay integrantes del colectivo Dambó. Ellas conformaron un ensamble libre de percusión para participar a principios de marzo de 2025 en la marcha del 8M, que cada año reúne a miles de mujeres para tomar el espacio físico y sonoro del centro de la Ciudad de México.
Durante tres meses, las integrantes del colectivo Dambó ensayaron, se organizaron, sumaron a otras mujeres e impartieron un curso intensivo de percusión, explica Lorena Jordan, una de las cofundadoras del grupo de tambores cariocas.

Andrea Tautiva, también cofundadora de Dambó, cuenta que el colectivo se creó hace dos años: “Yo vengo de Colombia, de todo el movimiento artístico de Colombia. Pasé por varias batucadas. Dirigí otras batucadas que también vienen de Bogotá hasta que, en una de esas, coincidí con Lore y decidimos armar Dambó”.
Las integrantes de Dambó decidieron formar el ensamble libre de percusión, junto con otras organizaciones, como: We are women, Cracovia 32, Ella México y Es Tiempo de Hablar.
“Todas tenemos diferentes comunidades, diferentes motivadores. Dijimos: vamos a hacer algo en conjunto, y quisimos hacerlo muy alrededor de la expresión del arte”, menciona Lorena Jordan.

Algunas de las composiciones que este ensamble interpretó durante la marcha del 8M fueron creadas por ellas. Por ejemplo, “Bakata”: una fusión de cumbia colombiana y cumbia mexicana. Andrea Tautiva explica que tienen temas a los que se le han ido haciendo arreglos, pero que son originales de las batucadas de Brasil.
“Hice mancuerna con unas compañeras que requerían salir también con tambores, entonces se les invitó al contingente. Fuimos alrededor de 33 mujeres tocando en la marcha, pero fue a raíz de esa chamba que se hizo previa, de estar dándoles taller”.
Tauro Scanga fue una de las mujeres que participó en el ensamble. Ella marchó con su tambor: “Es muy sanador. El tambor siempre es un potenciador y un llamador para mucha gente. Expresarse a través de la música atrae muy buena energía, limpia”.
Sugey Luna, originaria de Sayulita, Puerto Vallarta, también se integró al ensamble. Para ella, el 8M más que una manifestación es “una expresión del ser”, por ello en ese día comparte el ritmo del tambor con otras mujeres. Expresarse a través de la música es una constante en ellas. Dana, por ejemplo, explica que es “una forma de liberar muchas cosas: tensiones, estrés, lo que sea”.
En el Zócalo de la Ciudad de México, el día de la marcha del 8M, los tambores de las integrantes del ensamble libre de percusión sonaron y construyeron un paisaje sonoro de la lucha de las mujeres en un país de realidades complicadas, pero de mujeres que se hacen fuertes cantando y tocando su protesta.
Para Sugey “ese día [de la marcha] fue como decir: ‘Nosotras existimos, nosotras estamos acá’. Y no fue solo del día ocho [de marzo], es decir, aquí empezó, pero el movimiento continúa, porque la lucha continúa”.

Y eso quedó en evidencia después de la marcha del 8M del 2025. Las mujeres del colectivo Dambó se reunieron el tercer sábado de marzo en la Plaza Tlaxcoaque, en la Ciudad de México, el lugar en donde cada semana se reúnen para ensayar y enseñarles a otras mujeres a tocar los tambores.
“Es algo que quiero: que todas las mujeres sepan que este espacio es para ellas y que todas podemos”, dice Andrea Tautiva, mientras el ritmo de su tambor, como candela, lo quema todo.