Durante la pandemia en México un pequeño sector acude a una modalidad de escuela presencial: escuelitas clandestinas, “burbujas” de unos cuantos niños o guarderías instaladas en departamentos disfrazadas de “terapias”. Modelos de educación o convivencia infantil surgen pese a la prohibición oficial de la enseñanza presencial.
El presidente López Obrador dice que el objetivo de su gobierno es mejorar el bienestar general de la población, pero académicos consideran que faltan políticas públicas para atender el “bienestar subjetivo”, aquel que incluye las experiencias individuales de vida y no sólo los criterios económicos.
Para las autoridades, el programa basado en transmisiones televisivas garantiza la “equidad” en servicios educativos, pero, ¿qué pasa con los niños y niñas que no tienen televisión, internet o luz eléctrica?
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