Tiripetío: ejercer la docencia en comunidades campesinas
Foto: Jaacqueline Silva

El Orgullo Tiri: 100 años de normalismo rural y represión

Jacqueline Silva, estudiante; Carlos Acuña, mentoría / Corriente Alterna | publicado el 25-06-2022

Escucha aquí el podcast:

La fiesta ha durado dos semanas en la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiroga” de Tiripetío, Michoacán. Han sido jornadas largas de escuchar sin tregua el retumbar de los zapateados y el rumor de las rondallas en los pasillos, de ver las paredes cobrar color con cada nuevo mural, de escuchar un discurso tras otro en el patio principal. 

Hoy, una callejoneada recorre el pueblo de Tiripetío, una de las 15 tenencias rurales que alberga todavía el municipio de Morelia, capital de Michoacán. Es jueves, 19 de mayo, y cientos de estudiantes bailan o echan gritos calle por calle hasta congregarse frente al edificio central de la escuela. 

Tres castillos pirotécnicos se encienden, casi al mismo tiempo.

Escrito con fuego, un mensaje ilumina el cielo.

“100 años de normalismo rural” 

“Tiripetío 2022” 

Los estudiantes respiran, por fin. Saben que esta fiesta es más que una ceremonia. Para los normalistas de Tiripetío representa, también, un alto al fuego, una suerte de tregua en medio de una refriega que se ha extendido por décadas. 

La primera normal rural de América Latina festeja su primer siglo de existencia con 14% de sus estudiantes enfrentando procesos penales. Desde febrero de 2022, 64 normalistas cumplen medidas cautelares que les impiden participar en eventos políticos o manifestarse de cualquier forma. Siete normalistas más fueron sentenciados en 2020 por el delito de obstrucción a las vías de comunicación y, actualmente, cumplen su condena en jornadas de servicio comunitario.

Las normales rurales se caracterizan, principalmente, por albergar a hijos de campesinos, jóvenes de escasos recursos que se forman como docentes para trabajar como maestros rurales en comunidades del país. Uno de los ejes de formación fundamentales es el llamado Módulo de Producción, donde los alumnos se mantienen en contacto con el medio rural al aprender a trabajar la tierra. La normal de Tiripetío alberga a 540 estudiantes, los cuales habitan en la escuela gracias a que cuentan con comedor e internado.

–Entrando a la Normal se tiene el riesgo de poder terminar con delito, porque vas a tener que pelear por tus derechos –explica un estudiante de segundo año que actualmente cumple con medidas cautelares–. Por ejemplo, en nuestra academia (generación) casi el 50 por ciento tuvo un proceso. Y siempre, por academia, caen dos, tres.

Y mientras el actual gobernador del estado, el morenista Alfredo Ramírez Bedolla, al calor de los festejos afirma que su gobierno es aliado de la Normal Rural “Vasco de Quiroga”, en Tiripetío los estudiantes se esfuerzan por mantener en pie las instalaciones donde viven y estudian.

“Comíamos sólo una vez al día”

–Te lo juro que yo sentí tanto miedo cuando llegaron esas camionetas blindadas en las que transportan a criminales de máxima seguridad. Me acuerdo que ni el sol se veía. 

Estamos en el “área existencial”, como se le suele llamar a los dormitorios de la escuela donde los normalistas hacen su vida no académica. Para la realización de esta crónica, visitamos Tiripetío en las vísperas de sus festejos de aniversario en siete ocasiones y acompañamos a siete estudiantes de entre 19 y 24 años en jornadas de hasta ocho horas, grabadora en mano. A causa del temor a cualquier tipo de represalia por parte de autoridades estudiantiles, policiacas o gubernamentales, se acordó con ellos no mencionar nombres, apodos o datos de identidad. 

–Era una toma de caseta. Detuvieron a 66 compañeros, dos eran menores de edad; yo iba entre ellos –dice el mismo estudiante–. Fuimos trasladados de madrugada. Yo pensé: “Ya nos desaparecieron”. Estuvimos en la cárcel alrededor de una semana.

Los hechos narrados ocurrieron el 18 de noviembre de 2020: 66 estudiantes de Tiripetío fueron detenidos por la policía sobre la carretera Morelia-Quiroga. Se les acusaba de haber tomado un autobús, de causar daños a la caseta de peaje de Pandícuaro y de agredir al personal que intentó interponerse.

–Esa vez nos manifestamos porque no había ración de comida. Había veces en que sólo comíamos una vez al día –cuenta uno de los jóvenes detenidos, que también exigían que se otorgaran las becas que les corresponden a los estudiantes.

Normal Rural Vasco de Quiroga en Tiripetío. Foto: Jacqueline Silva
Las normales rurales son una alternativa al narcotráfico y la migración / Foto: Jacqueline Silva

Acusados de ataque y obstrucción a las vías de comunicación –además de robo, privación ilegal de la libertad, lesiones y daño a la propiedad–, fueron trasladados a la Cárcel Preventiva Barandilla, ubicada a un costado de la Fiscalía General del Estado de Michoacán. A 64 de ellos se les inició un proceso penal y se les imputaron medidas cautelares que les impedían salir de Michoacán por seis meses. Al cumplir estas medidas, un juez declaró que sus delitos tenían, también, implicaciones federales por lo cual se les abrió otro proceso penal. En febrero pasado se les impusieron seis meses más de medidas cautelares que hoy, año y medio después, continúan cumpliendo.

Los estudiantes en proceso deben reportar su ubicación cada mes a la fiscalía y tienen prohibido participar en marchas, bloqueos, mítines o en protesta alguna: sus derechos políticos están suspendidos.

Fundada en 1922, la Normal Rural “Vasco de Quiroga” se ubicó, originalmente, en el municipio de Tacámbaro, 90 kilómetros al sur de la capital de Michoacán. En 1949 fue trasladada a Tiripetío. Las tenencias son pequeños pueblos que conservan vida y tradiciones agrícolas, pese a su cercanía con la urbe. Esto permite que las normales generen lazos con las familias de agricultores y se involucren en los sembradíos locales.

Lo sucedido en 2020 no es nuevo. En 2012, elementos de la Policía Federal ingresaron a la escuela para desalojar de manera violenta a los estudiantes: 176 jóvenes fueron detenidos. En 2017, policías estatales abrieron fuego contra una protesta de estudiantes: cinco resultaron heridos. Entre ellos estaba Gael Solorio, quien recibió un disparo en la cara, por lo que se mantuvo en coma inducido durante dos semanas. Sobrevivió, pero la bala sigue dentro de su cuerpo. 

A esto se suma el recuerdo de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de  Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, desaparecidos en 2014. O la represión, en 2021, en la que 95 normalistas, hombres y mujeres de Mactumactzá, Chiapas, fueron detenidos en un operativo donde se denunció uso excesivo de la fuerza y abuso sexual por parte de policías estatales.

Los normalistas de Tiripetío explican que estudiar bajo condiciones que no son dignas ni favorables afecta a su proceso formativo y compromete su futuro. Eso es lo que los obliga a organizarse y protestar de la manera en que lo hacen. Participar en estas protestas es considerado una obligación; es necesario para ser tomado en cuenta en cualquier toma de decisiones de la organización estudiantil y ser respaldados por la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México. 

–Nuestra lucha, las actividades que hacemos –explica un estudiante cuando se le pregunta sobre el carácter obligatorio de participar en las luchas–, son para beneficio de todos, no sólo para uno. Si nos corresponde algo, todos tenemos que luchar: es parejo, es nuestra responsabilidad. Nos mantenemos unidos para poder sacar la escuela adelante y que se resuelvan nuestros problemas.

Los actuales procesos penales que enfrentan muchos de ellos, aseguran, son una estrategia más para inmovilizarlos, para que dejen de luchar por sus derechos y el de las comunidades donde, en un futuro, esperan también ser docentes.

Habitar la Normal

En 1969, un año después de la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó el cierre de 15 de las 29 normales rurales que existían en el país. Acusaba que las normales eran “nidos comunistas” y planteó una reforma para “democratizar la educación”, tal como explica el artículo “Resistencia a la reforma educativa de 1969 en las Normales Rurales de México” escrito por Yessenia Flores Méndez, doctora en Ciencias Sociales. 

El temor de que el modelo de las normales rurales desaparezca sigue vigente al día de hoy: los estudiantes entrevistados insisten en la necesidad de defender la organización para que el proyecto normalista siga, para que no se reduzca la matrícula de ingreso y que las autoridades no ahoguen el proyecto normalista con la falta de presupuesto. 

Murales en la Normal Rural Vasco de Quiroga en Tiripetío, Michoacán.
Con los 100 años de la Normal Rural Vasco de Quiroga, en Tiripetío, la escuela se llenó de murales nuevos / Foto: Jacqueline Silva

Bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, la situación ha cambiado poco. Una de las promesas de campaña del hoy presidente fue reactivar la normal de El Mexe, en Hidalgo. En octubre de 2021 la escuela abrió de nuevo sus puertas, pero lo hizo sin una de las principales características del normalismo rural: el internado. 

Desde la fundación de las normales rurales, durante el gobierno de Álvaro Obregón, se estableció que éstas contarían con una zona de internado. Ofrecer una vivienda facilitaría el acceso a la educación a aquellos jóvenes de escasos recursos, provenientes de comunidades alejadas de los planteles. No sólo eso: habitar la normal junto a sus compañeros, vivir en colectivo, compartir la organización y la toma de decisiones, podría incorporarse a su misma formación profesional y experimentar la política y la democracia, señala Alicia Civera Cerecedo, doctora en Ciencias con Especialidad en Educación, en su artículo “El internado como familia: las escuelas normales rurales en la década de 1920”.

“La vida de los internados se sustentó en el interés por crear en los estudiantes un sentido de responsabilidad, más que de obediencia a una autoridad externa –sostiene Civera Cerecedo. Su objetivo desde el inicio fue formar a los maestros que se convertirían en líderes de las comunidades para promover el cambio educativo y cultural desde la escuela rural”.

Esto cobra más sentido, dicen los alumnos, al momento de egresar, cuando deben ejercer la docencia lejos de su familia, habitando en poblados desconocidos, donde su función como maestros suele rebasar el trabajo en las aulas. 

–Al salir de aquí vas a una comunidad rural que necesita el apoyo de un maestro –explica un estudiante de 19 años–. Te conviertes en una persona que orienta y asesora, que se involucra en una convivencia y compromiso con la comunidad. Puedes hacerle ver a la gente que lo que están viviendo no está bien: que ellos sepan que tienen derechos.

También la normal de Mactumactzá, en Chiapas, perdió su internado en 2003 y ahora las y los estudiantes deben pagar la renta de una vivienda, su alimentación y gastos escolares con la misma beca de dos mil pesos mensuales que les otorga el gobierno. 

Hay quien teme que ése sea el futuro del resto de normales rurales.

La Dirección General de Educación Superior para el Magisterio (DGESuM) dependencia de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se encarga de administrar el recurso para las escuelas normales del país. El Presupuesto de Egresos de 2022 indica que para este año se asignó un total de 773 millones 926 mil 777 pesos a la dependencia, lo que significa un aumento de poco más de 657 millones de pesos con respecto a 2021. Este aumento llega tras una serie de recortes ejecutados desde 2015 y luego de dos años de pandemia, en los cuales la DGESuM sufrió un recorte de 176 millones en 2020 y otro de 251 millones en 2021. 

Presupuesto asignado a Escuelas Rurales desde 2012
Diseño: René Zubieta

El actual presupuesto aún está lejos de lo que se destinó en 2015 cuando –tras la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa– se destinó más de mil millones de pesos a las normales: la cifra más alta en los últimos diez años. Sin embargo, el Presupuesto de Egresos de la Federación no señala cuál es la partida para cada una de las 251 escuelas normales del país, entre las que están las 17 normales rurales.

–Las normales viven bajo circunstancias que no son muy favorables. El Estado no se ocupa de ellas, así ha sido siempre.

Quien habla es David Cabañas, exguerrillero y hermano de Lucio Cabañas, el maestro egresado de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa y fundador de El Partido de Los Pobres, una guerrilla fundada en los años sesenta en Guerrero. Es un hombre moreno de espalda ancha, con bigote pachuco que no aparenta los 70 años que lleva a cuestas.

–Se plantea que no haya internado –dice enérgico, mientras se toma un momento para descansar luego de pasearse por el patio de la normal; cada tanto, algún estudiante se le acerca a pedirle una foto o un autógrafo–. Eso romperá la convivencia en un espacio donde se pueden formar como entes sociales: como personas que van a servir a la sociedad, al pueblo. Es indispensable, urgente, que existan las normales. En México hacen falta muchos maestros con ese profesionalismo que tenía Lucio, con esa actitud que tenía Arturo Gámiz [guerrillero fallecido en el asalto al Cuartel Madera, en Chihuahua, en 1965], con la actitud que han tenido otros maestros que, por ser así, están desaparecidos o fueron asesinados o fueron víctimas de tantas cosas terribles.

La sangre centenaria de Tiripetío

Cuando los estudiantes hablan del primer centenario de la normal sonríen con un gesto tierno: su pecho se hincha de entusiasmo juvenil. Suelen mencionar que uno de los logros de la Revolución Mexicana fue el acceso a la educación, especialmente para las zonas marginadas del país. Con ese objetivo fueron creadas las normales rurales, de las cuales sobreviven 17 en el mismo número de estados. Albergan a estudiantes de escasos recursos que deben demostrar su origen campesino o indígena para ingresar. 

En Michoacán, la “guerra contra el narcotráfico”, iniciada en diciembre 2006, ha desatado enfrentamientos entre cárteles y células del crimen organizado contra distintas fuerzas policiacas o militares, además de grupos de autodefensa o policías comunitarias. El mes de mayo, Michoacán ocupó el cuarto lugar a nivel nacional de homicidios dolosos con 204, según los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Muchos de los normalistas de Tiripetío provienen de localidades donde el conflicto armado es una realidad cercana.

–Las normales son una alternativa al crimen organizado y a la migración –afirma Tanalís Padillla, profesora-investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts y autora del libro Unintended Lessons of Revolution, una historia de las normales rurales–. Es una posibilidad de estudiar, de tener una opción digna de ganarse la vida. Son más necesarias que nunca. Facilita la posibilidad de estudiar porque son gratuitas, proveen los medios materiales necesarios: tienen un lugar dónde comer y vivir.

Los estudiantes de la generación actual de Tiripetío trabajaron durante semanas para que el aniversario número 100 de la normal no pasara inadvertido. Se bautizaron a sí mismos con un mote orgulloso: “Sangre Centenaria”. Para muchos de ellos, festejar fue también una oportunidad de demostrar que las normales rurales no son sólo una cuna de vándalos, como a veces los llaman los medios de información. 

Un 14% de los estudiantes de Tiripetío mantienen procesos penales abiertos
“A veces ya no puedes decir dónde estudias porque ya nos tienen tachados como criminales, sin que sepan el motivo por el cual necesitamos protestar”, dice uno de los normalistas de Tiripetío / Foto: Jacqueline Silva

–Nos afecta a un nivel hasta personal –explica un estudiante de primer año–. La gente tiene la idea de que si eres normalista ya eres ‘revoltoso, delincuente’, pero ellos no saben lo que tenemos que pasar para estar aquí.

Durante todo mayo los estudiantes de Tiripetío se empeñaron en demostrar lo que caracteriza a la escuela: los cinco ejes –deportivo, módulos de producción, político, cultural y académico– que sostienen el normalismo rural. Organizaron partidos de futbol, basquetbol y voleibol para presumir sus habilidades deportivas; exhibieron los animales que tienen en crianza –30 conejos, 25 puercos, 15 borregos–, así como las parcelas y cultivos que aprenden a producir; montaron bailables, canciones y renovaron los murales de las instalaciones para dar cuenta del trabajo cultural; ofrecieron conferencias sobre su labor académica y profesional. Todo esto, siempre, recubierto por un lenguaje político que rige buena parte de sus decisiones y actividades: el marxismo-leninismo.

–Hay una campaña muy fuerte contra las normales y las ideas socialistas-marxistas que manejamos. De que dicen que somos obsoletos, que ya pasó de moda. Pero como hijos de campesinos siempre nos ha funcionado el marxismo, así ya cumplimos 100 años. Es cosa de que te vayas acercando un poquito y te das cuenta de que no hay de otra, es la solución para poder transformar las cosas –explica uno de los estudiantes responsables de estudiar la ruta política-ideológica de la normal.

“Todo lo que había aquí se echó a perder”

Estas paredes de cantera solían albergar una hacienda. Ahora las puertas de madera están rotas, como casi todos los cristales. Hay trozos de piedra faltantes, cicatrices en cada uno de los muros. No es sólo el paso del tiempo: el deterioro del edificio central de la Normal de Tiripetío es consecuencia de lo sucedido hace diez años, de aquellos días en que Michoacán era gobernado por el priista Fausto Vallejo.

–Fue un error garrafal encerrarse aquí: creíamos que no entrarían al edificio porque es un recinto histórico, pensamos que respetarían eso. Les valió madre.

Algunos de los daños de la policía federal a la normal de Tiripetío
En 2012, policías federales usaron tanquetas para irrumpir en las instalaciones de la normal de Tiripetío / Foto: Jacqueline Silva

José estudiaba en la normal cuando, durante la madrugada del 15 de octubre de 2012, la Policía Federal realizó un operativo para liberar autobuses de empresas que los estudiantes retenían dentro de la normal para exigir una audiencia con el gobernador y discutir la reforma educativa en la que se les impondría el inglés y las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) como parte de un nuevo plan de estudios. La policía entró a la escuela para desalojar a todos. Los federales irrumpieron con macanas, escudos, gases lacrimógenos, tanquetas. A patadas y macanazos rompieron ventanas, puertas, chapas, mobiliario. Las tanquetas se utilizaron para romper la barda que rodea la normal y así entraron por varios frentes.

176 jóvenes fueron detenidos esa noche.

–Se escuchaban como máquinas. De repente se escuchan los golpes en las puertas de los dormitorios para abrirlas. Duré más de un mes despertándome por las noches porque en mis sueños escuchaba ese sonido como de motor; y a los compañeros que gritaban; y los insultos de los policías. Es muy traumático el hecho de escuchar que sucede todo esto en tu casa, porque aquí vivíamos.

“A partir del 2012 todo lo que había aquí se echó a perder. Ya tampoco tenemos gimnasio”, cuenta otro de los estudiantes.

Condiciones de precariedad en la Normal Rural Vasco de Quiroga en Tiripetío
Inundada de aguas residuales, así sobrevive la primera normal rural de América Latina / Foto: Jacqueline Silva

Tampoco funciona la lavandería de la escuela y el piso de los lavaderos está inundado. Hay salones que carecen de bancas. Ya nadie recuerda cuándo fue la última vez que el “área existencial”, donde los alumnos duermen, recibió mantenimiento. Esta zona consta de seis edificios de dos pisos con 12 dormitorios en cada uno. La mayoría de los escalones están rotos.

Algunas tuberías del drenaje están rotas, lo cual provoca que los corredores se encharquen. Ya todos se han acostumbrado al mal olor. Cae la tarde. Hoy es 7 de mayo de 2022. Al pasar entre los edificios de los dormitorios veo a los normalistas caminar a saltitos o rodear para evitar que sus zapatos toquen las aguas residuales.

“No pedimos mucho, sólo lo digno”

El 2 de mayo, el actual gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, firmó un decreto para nombrar mayo como el Mes del Normalismo Rural. “Nuestro más alto reconocimiento a las normales rurales del país y de Michoacán, porque aquí fue su origen. Estamos a favor de la educación pública, de la Normales”, dijo el gobernador en su conferencia de prensa matutina.

Unos días después, un contingente de la normal se manifestó en Morelia. Esta vez no gritaban consignas ni portaban pancartas con sus principales demandas. La marcha se dirigió hacia el Congreso del Estado de Michoacán, acompañada de banda regional, bailes y fiesta, pues se le entregaría a la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiroga” la Medalla Michoacán al Mérito Docente.

El actual director del plantel, Ervin Cervantes, recibió el galardón de manos de la diputada Ana Belinda Hurtado Marín, presidenta de la Comisión de Educación. En primera fila se encontraba el exgobernador Fausto Vallejo, a quien generaciones de normalistas identifican como uno de los principales responsables de la represión en su contra.

–La normal de Tiripetío seguirá siendo cuna de líderes sociales y transformadores mediante la formación de docentes con plena conciencia, comprometidos con el progreso y desarrollo del estado y del país –dijo la diputada Hurtado.

El 21 de mayo, el gobernador Ramírez Bedolla se presentó en la normal para develar una placa conmemorativa y firmar una iniciativa que declara “Primitiva, Benemérita y Centenaria” a la Normal Rural “Vasco de Quiroga”.

Pero entre los estudiantes la desconfianza imperó:

No son ellos los que deben festejar. Debe ser la clase obrera, campesina, y sentirnos orgullosos porque es un trabajo duro de nosotros y las bases estudiantiles de los otros años. El gobierno, al contrario, nos ha puesto trabas, hace aprehensiones.

–A ver, ¿por qué no se sentó con nosotros? Si está festejando el normalismo rural, nos sentamos y negociamos nuestros problemas. No pedimos mucho, sólo lo digno.

Una preocupación constante en Tiripetío

Lleva puesta una playera del Barcelona. Tiene 19 años y cursa el segundo año. Pasó la tarde viendo el encuentro cardiaco entre el Real Madrid y el Manchester City. Cuatro goles sobre tres. 

“Ahí, con mis paisanos, estábamos apostando en la app de Caliente MX –cuenta–. Perdimos todos porque pensábamos que iba a ganar el Real Madrid. Yo aposté 200, pero hubo un cuarteño [estudiante que cursa el cuarto año] que, si ganaba el Real Madrid, iba a ganar como 15 mil, así que le metió mil 300… pero ya nomás dijo: ‘Ah, ya me quedé pobre’”.

En 15 mesas largas de madera se acomodan los estudiantes para comer; a falta de cubiertos suelen usar las tortillas como cuchara. La precariedad de Tiripetío obliga a los estudiantes a buscar exprimir cualquier posibilidad para conseguir algo de dinero. Aseguran que son la normal rural que menos recursos recibe para alimentación: 66 pesos diarios para cada estudiante. Y el dinero a veces llega, a veces no. 

La Partida de Recreación Estudiantil es otra cuantiosa beca destinada a gastos personales, útiles escolares, vestido y transporte. Los afortunados beneficiarios reciben un total de 10 pesos al mes.

La cultura es uno de los ejes principales de las normales rurales
Adscritos a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), los normalistas de Tiripetío se definen como marxistas-leninistas / Foto: Jacqueline Silva

Los materiales para las prácticas docentes, así como el material didáctico que usan para ir a trabajar con niños y niñas de diferentes comunidades rurales de Michoacán, deben pagarlos de su bolsillo; sólo los alumnos de cuarto año cuentan con beca para cubrir este rubro.

–A veces hay trabajo aquí, con los señores del pueblo. Hay unos que te llevan, así como a las parcelas… Hay señores que te dicen que vayas ahí a hacer de albañil. Unos trabajan en el Oxxo de aquí cerca.

El presupuesto para las normales rurales debe ser entregado por la Secretaría de Educación Pública federal a los gobiernos estatales, a través de las instituciones educativas locales. Los estudiantes acusan que esos recursos tardan en llegar, llegan menguados o, de plano, desaparecen en el camino. 

Intenté solicitar información sobre la cantidad de recursos destinados a la Normal Rural de Tiripetío y cómo se gestionan los mismos. Sin embargo, el recién creado Instituto de Educación Superior y Media Superior del Estado de Michoacán aún no está registrado en la Plataforma Nacional de Transparencia. 

El Instituto está ubicado en el número 1775 de la Avenida Lázaro Cárdenas, en Morelia, dentro de un inmueble que, en el sexenio anterior, albergaba al Régimen Estatal de Protección Social en Salud. Una hoja de papel, en la entrada, anunciaba la nueva función del instituto cuando lo visité a mediados de mayo. Había escritorios, sillas y archiveros arrumbados, como en medio de una mudanza interrumpida. Se buscó entregar una solicitud de información en formato físico y solicitar una entrevista, pero no fue posible porque el personal responsable “no se encontraba disponible”.

“Es como si nunca hubieras estudiado”

–¿Cómo fue cuando los detuvieron por la toma de la caseta de Panindícuaro?

Responde uno de los 64 estudiantes con proceso abierto:

–Había siete compañeros detenidos. Estaba muy delicada la situación. No había comida, hubo veces en que comíamos una vez al día y así empezamos actividades radicales. Fuimos a una caseta y, pues, la tomamos cierto tiempo. Nos pusieron un cuatro en un tramo de la carretera para llegar a Quiroga. Ya nos estaban esperando. Nos detuvieron. Cuando te agarran es lo más feo porque se desquitan antes de que llegue Derechos Humanos. Patadas, golpes, amenazas.

Tener antecedentes penales tiene consecuencias: no poder ejercer como maestro rural en el futuro.

–Es como si nunca hubieras estudiado. Cuatro años desperdiciados –cuenta uno de los siete estudiantes condenados. Tiene el pelo rizado y castaño. Estuvo preso durante cuatro meses y diez días–. La condena que ahora cumplimos consiste en realizar servicio comunitario, tipo jornadas. Las jornadas son de tres horas, un día por semana y una jornada por semana. Tenemos tres compañeros que tienen 225 jornadas y somos cuatro que tenemos 300 jornadas. Sacando la cuenta, vienen siendo seis años.

"Yo no soy delincuente, ¿qué estoy haciendo aquí?"
“Yo no soy delincuente, ¿qué estoy haciendo aquí?” / Foto: Jacqueline Silva

El abogado Raúl Marroquín, del Centro de Derechos de las Víctimas de la Violencia “Minerva Bello”, trabaja ya en los casos legales de los estudiantes de Tiripetío en materia de derechos humanos e intenta revertir las sentencias. Explica que, en el caso de los siete jóvenes condenados, llevaron un proceso sumario: “Se les condenó sin una etapa de pruebas”. Es decir, que los estudiantes no tuvieron oportunidad de demostrar que se les detuvo de manera arbitraria.

Sentado en una silla de su dormitorio, otro estudiante con cabello quebrado y de 1.60 de estatura, aproximadamente, relata que tenía 19 años cuando lo detuvieron. Cursaba su primer año en la normal.

–Cuando llegamos a Fiscalía nos tuvieron cuatro horas en un campo; así, en una posición muy cansada en donde si tú te movías, te pateaban, te pegaban. Hubo un compañero al que se le cayó un zapato. Y le dijeron: “Si se te vuelve a caer te lo vamos a poner a patadas”. Y, total, que se le vuelve a caer. Nos tocó ver cómo le ponían el zapato a patadas y le estaban pegando feo, muy feo. Yo, en ese momento, pensé: “Yo no soy delincuente, yo no sé qué estoy haciendo aquí. Se supone que yo vengo por un sueño”.

Cae la noche en Tiripetío

Suenan canciones de los Enanitos Verdes, de la banda MS, Grupo Firme, Lady Gaga, 50 Cent, Bad Bunny. Cuando oscurece, después de clases y todas las actividades, los estudiantes visitan a sus compañeros en el “área existencial”. Cada habitación mide no más de 20 metros cuadrados, donde duermen siete jóvenes, en promedio. En la entrada de cada cuarto suele estar escrito el nombre del dormitorio, generalmente una referencia a la región de donde provienen sus habitantes: “Churumuco”, “Tierra Caliente”, “Meseta Purépecha”. Otros tienen nombres como “El Cielo”, “Casa Blanca”, “South Park”. 

Unos diez estudiantes descansan alrededor de las cuatro literas. Hablan de una cascarita de futbol, de sus recuerdos en otras normales y de las experiencias cuando han ido de práctica docente a primarias.

–¿Sacamos el ajedrez? ¿Nos echamos una partida rápida? ¿O qué? ¿Les da frío?

–¿Ustedes saben jugar ajedrez?

–Yo no sé nada. 

–Yo te enseño, pero ponlas en sus lugares.

Pasar una materia, entregar la tarea y prepararse para un examen son preocupaciones típicas de cualquier estudiante. Pero en Tiripetío el compañerismo o la amistad cobran otro sentido: viven juntos, se acompañan en todo momento y comparten la posibilidad, el riesgo y las memorias de las detenciones arbitrarias, los golpes de la policía, los procesos abiertos por protestar, el miedo a ser desaparecido o asesinado durante una protesta; la presión de tener que entregar trabajos académicos mientras otros compañeros esperan en prisión.

–A veces es medio complicado. Cuando tenemos jornada de lucha se avisa a los maestros y, para cuando termine, ya se tienen que entregar los trabajos o tareas. A veces usamos lo que resta de la noche para hacer tarea, o los tiempos libres como la hora del comedor.

–Es algo difícil estar en dos cosas a la vez. Tengo que dividir mis horarios para tener el tiempo para hacer tareas y también tener el tiempo para protestar –explica un estudiante de tercer año.

En sus inicios, “los curas las llamaban  ‘las escuelas del diablo’; el clero, furibundo, amenazaba con excomulgar a las familias de los muchachos que se inscribieran, y hacían correr rumores sobre las prácticas ‘inmorales’ que se realizaban en los internados”, explica Tatiana Coll, doctora en sociología por la UNAM, en su artículo “Las Normales Rurales: noventa años de lucha y resistencia”. Luego, durante la Guerra Fría, se señalaba a los estudiantes como “comunistas apátridas” y a las escuelas como “viveros de líderes rojillos”. A mitad de los años 60, las normales rurales fueron acusadas de ser “semilleros de guerrilleros” y en los 90 se hablaba de acabar con estas “entelequias de un pasado populista que ya no jugaban ningún papel”.

Tiripetío: cuna del normalismo rural
A pesar de la estigmatización, los estudiantes insisten en defender el prestigio de Tiripetío / Foto: Jacqueline Silva

Hoy, los medios los llaman “vándalos, delincuentes”. En enero de 2021, el presentador de noticias Juan José Rosales, de Frecuencia Informativa Michoacán, se refirió a los normalistas de Tiripetío como un “grupo delictivo”. “Discúlpame que me refiera a estos jóvenes como un grupo delictivo, pero ya no encuentro qué otra forma de decirlo”, comentó en una entrevista con el subsecretario de Educación Superior y Media Superior de Michoacán, Francisco Sánchez Alonso.

Pese a todo, la actual generación de normalistas de la “Vasco de Quiroga” –la “Sangre Centenaria”– suele caminar con la barbilla en alto: como si la principal lección aprendida durante su estancia en la normal fuera blindarse de orgullo para resistir eso que ellos definen como los “embates de las élites”.

–Somos el fruto de 100 años de lucha y, a pesar del abandono que hemos tenido como institución, no nos han podido cerrar y no nos han podido sacar, tampoco, de las calles. Tenemos 100 años, apenas, y esperamos tener muchos más.

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