En el marco de la Primera Semana Nacional de Cultura de Paz y del Festival Cultura de Paz en la UNAM, el pasado martes se llevó a cabo el conversatorio “La Lista Apresa y los vuelos de la muerte, sobre desapariciones de la Guerra Sucia” presentado por la periodista Marcela Turati, coordinadora de A dónde van los desaparecidos y parte de Quinto Elemento, Laboratorio de Investigación, y la latinoamericanista, Donají Valencia López.
Durante la charla presentaron un documento desplegable, mismo que mostraron en Guerrero con los familiares de los desaparecidos y que resume la investigación que realizó el equipo coordinado por la periodista.
Los hallazgos encontrados a raíz de la Lista Apresa, direccionaron su investigación a “los vuelos de la muerte” y las tácticas de desaparición usadas durante la Guerra Sucia. Estos vuelos, dijo Marcela Turati, no sólo ocurrieron en Argentina ni en el Polo Sur, sino que antes ya se habían practicado en México.

De una carta a La Lista Apresa
Turati contó que en 2024 visitó el archivo del Centro Académico de la Memoria de Nuestra América (CAMeNA) de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y solicitó toda aquella información relacionada con “los vuelos de la muerte”, mecanismo utilizado por el Estado para desaparecer campesinos y militantes, principalmente, y que consistía en arrojar cuerpos de personas al mar.
Señaló que fue así como llegaron a sus manos una serie de cartas dirigidas a Rosario Ibarra de Piedra, activista mexicana fundadora del comité Eureka y primera mujer candidata a la presidencia de México, en donde se revelaban datos importantes acerca de las personas capturadas y desaparecidas durante los primeros años de la década de 1970, en especial una lista con 183 nombres de posibles víctimas, que dió a conocer en 2024.
La carta que contiene la lista, aparentemente, fue escrita y fechada en 2004, y está firmada por una persona identificada como Benjamín Apresa, por quien se nombra así a la investigación: La Lista Apresa.
Las cartas enviadas a Rosario Ibarra fueron el punto de partida de la investigación coordinada por Marcela Turati, quien destaca que la mayoría de las personas ahí nombradas eran originarias de las comunidades de Guerrero y que esto ocurrió en 1974, cuando sucedió la guerrilla de Lucio Cabañas.

Los testigos silenciosos: una máquina de escribir y aviones árabes
Turati, quien coordinó la investigación, explicó que en su realización participaron los historiadores Camilo Vicente, Javier Jankélévitch y Lucero San Vicente, la latinoamericanista Donají Valencia, la fotógrafa Mónica González, los estudiantes Eui Chin JA Vázquez y Victoria Rangel, así como el Centro Prodh de quien recibieron asesoramiento.
Dentro de sus prioridades estaba hacer un seguimiento de cada una de las personas cuyo nombre aparece en la lista, además de constatar que la carta fuera verídica.
Después de varios meses, el equipo de investigación comprobó que la carta fue escrita con una máquina de escribir Olivetti modelo Gastron 82, utilizada comúnmente para redactar documentos oficiales dentro del ejército. Además, encontraron que la redacción de la lista coincidía con el manual de estilo utilizado en aquella época por la Secretaría de la Defensa Nacional.
“Entonces, una de las conclusiones a las que llegamos es: esta lista es auténtica. Esta lista la tuvo que hacer el ejército porque solo el ejército podría tener información de las policías judiciales, de la Dirección Federal de Seguridad, de los diferentes batallones, aparte esto, o sea, tanta gente reunida como de diferentes estados”, dijo Turati.
Esta lista es auténtica. Esta lista la tuvo que hacer el ejército.
Los viajes mencionados en las cartas, de acuerdo con la periodista, fueron 25. Estos se realizaron en dos aviones de carga ligera llamados Aravá 2003 y 2005. Donají Valencia explicó que en un juicio llevado a cabo entre los mismos militares a inicios de este siglo, se incluyeron bitácoras de los vuelos realizados con el Aravá 2005, las cuales pudieron sistematizar para su investigación.
“En esta averiguación previa se incluyen las bitácoras correspondientes del año 74 al año 81 de el Araba 2005. (…) Existe incluso un patrón de los vuelos que salían de Santa Lucía o la base aérea militar número uno, aquí en el centro del país, con destino a la base aérea militar número siete en Pie de la Cuesta, Acapulco, y posterior hay varios vuelos locales”, añadió Donají.

No se tienen datos específicos que vinculen a los desaparecidos con la acción de arrojar cuerpos al mar en esos vuelos, y las investigadoras no quieren afirmarlo hasta tener más datos de las bitácoras. Sin embargo, concluyeron que todas las pistas apuntan a que estas personas pudieron tener ese destino, pues, según dicen, incluso hay pescadores que declararon que no era un secreto para nadie que en Pie de la Cuesta, Acapulco, se arrojaban cuerpos al mar.
Eui Vázquez, integrante de la quinta generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas y colaborador en la investigación de la Lista Apresa, añadió que se siguen revisando los expedientes de las personas nombradas en la lista: “Estamos subiendo a carpetas el seguimiento de los circuitos de desaparición de las personas, esto ayuda a saber por dónde pasaron cada una de ellas y a tener más información”.
Un “black out” en la memoria mexicana
Un dato importante y que sigue dejando incógnitas para el equipo son los juicios de finales del siglo pasado y principios de este realizados entre militares, así como la investigación militar que se hizo en 2002 por “los vuelos de la muerte”. Fue a través de esto que se obtuvieron testimonios confirmando el lanzamiento de personas al mar y la vinculación de Sedena con esta táctica de desaparición forzada.
Para la periodista mexicana, es impactante saber que aunque en distintos años medios como Proceso, La Jornada y más, sí hablaron de lo que estaba pasando, por más de 20 años el tema quedó en el olvido, silenciado por la incredulidad de la gente y el carpetazo del Estado.
“En 2004 esa información la conocíamos, se publicó en los periódicos, pero por alguna razón se borró, o sea, como que muchas de las víctimas decían que esto era un invento del ejército para no decir dónde estaban los familiares, dónde estaban sus familiares desaparecidos”, contó Marcela.
La información habla por sí misma y aunque aún haya muchos datos por esclarecer, Marcela Turati dice que no se deben esperar otros 20 años para hablar de ello.
Casi al final de la charla, la periodista mexicana, añadió: “Sí estamos ante un momento de inflexión en la historia de entender las desapariciones en este país eh con la información que se ha estado obteniendo en los últimos años”
Estamos ante un momento de inflexión en la historia de entender las desapariciones en este país

Dignificar la memoria
Aunque algunas personas han cuestionado la importancia de que se realice una investigación acerca de algo que sucedió en el pasado, Turati señaló que “siguen habiendo personas en el presente que esperan obtener respuestas”. La información que se está destapando a partir de la investigación es valiosa para quienes aún esperan reparación y justicia.
“No solamente es el decir ‘se cierran las carpetas’, sino también tiene que ver con una dignificación de la memoria. Es el hecho de que el estado tenga que reconocer que hubo vuelos de la muerte y encima, como sea el estado que esté en turno reconocerlo históricamente, es reconocer que tú también eres responsable de de estos crímenes”, agregó Marcela Turati.
No solamente es decir ‘se cierran las carpetas’, también tiene que ver con una dignificación de la memoria.
El misterio Apresa
Hasta ahora no se tienen más datos de Benjamín Apresa, el informante de Rosario Ibarra. Las investigadoras siguen preguntándose si existió o no, o si se trata de un pseudónimo utilizado por algún militar. Incluso se preguntan por qué esa persona sentía miedo cuando escribió la carta.
