El día a día en México se teje entre viejos y nuevos oficios: influencers, organilleros, personas repartidoras por aplicación o campesinas. Cada quien tiene una historia que no siempre es retratada por el periodismo. Guillermo Osorno lo entiende perfectamente, y por eso busca ofrecer un retrato más complejo de esas personas que forman nuestra sociedad.
Con eso en mente, el periodista y editor, ofreció la clase magistral: “El arte de narrar historias audiovisuales”, sobre su proceso en la creación de documentales, a los integrantes de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de CulturaUNAM.
Al principio de la construcción de una historia audiovisual, dijo Osorno, hay que tomar una decisión fundamental: qué tipo de historia se quiere contar. Para ello, no basta con investigar exhaustivamente el tema; también es necesario preguntarse cómo uno mismo está implicado en la historia. Eso ayuda a entender mejor lo que se narra y “tener una sensibilidad para manejar la complejidad del personaje”.
Con un capítulo de su serie Un día… con Guillermo Osorno, que se transmite en Canal 22, mostró su forma de construir estas historias. Explicó que este proyecto retoma la tradición de la periodista Cristina Pacheco en el legendario programa Aquí nos tocó vivir, donde la cámara acompaña a personas en su jornada cotidiana: de casa al trabajo y de regreso.
En ese trayecto, en apariencia simple, se revela algo más amplio: Nuestras vidas, dice Osorno, funcionan como vehículo para contar temas que nos superan, lo que llamó la big picture. “Cada una de nuestras historias es una Odisea”, señaló.
Osorno, autor de Tengo que morir todas las noches, que inspiró la creación de una serie televisiva, fue enfático al destacar la importancia de mirar más allá de los personajes habituales en los medios. “Los medios no solamente deben interesarse por las personas poderosas o encumbradas, sino que pueden interesarse, de manera muy legítima, por las personas que tienen un oficio y que salen diario a trabajar”.
Explicó que esto le permite explorar la capacidad que tiene cada persona para reflexionar sobre sí misma y ubicarse en el mundo. No insistir en el mismo tema para obtener declaraciones, sino abrir la conversación y hacer una pregunta directa: “¿Qué quieres que la gente sepa de ti?”.

Mente abierta y actitud presente
Otra de sus claves es la disposición al diálogo.Reconocido por su trayectoria como cronista y editor, Osorno explica que la crónica también se construye a partir de las emociones: “la crónica considera la emoción como un dato”. Añadió que más que buscar una buena cita, al hacer una entrevista hay que estar presente y con profunda atención a lo que ocurre en ese momento.
Desde ahí, dijo, hacer preguntas rudas también forma parte del proceso, pero siempre teniendo “humanidad frente a estas personas y restaurarlas en un espacio de seguridad y confianza”. Más que obtener lo necesario e irse, se trata de mantener una relación respetuosa con la persona entrevistada.
Esa disposición atraviesa la forma en que se construyen las historias. Una buena pieza audiovisual conecta esa emoción con el espectador. Añadió que recursos como la música o el silencio pueden reforzarla, pero es importante que surjan de los propios personajes y no de una manipulación externa.
“Siempre hay una emoción en esta idea de que uno sale de casa para enfrentar un mundo hostil, y aun así terminar el día entero, por uno mismo y por los demás. Es una emoción común, pero también heroica”, concluyó.

