“…Mejor muerto que desaparecido” es una frase devastadora que aparece en Casas vacías, la primera novela de Brenda Navarro, escritora, socióloga y economista mexicana, quien estuvo presente durante el conversatorio inaugural de la Fiesta del Libro y la Rosa 2026 , titulado “Un nombre para mí: desapariciones y literatura”.
El conversatorio se realizó el pasado jueves 23 de abril, junto con la escritora argentina Dolores Reyes, donde platicaron con la coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, Rosa Beltrán y la directora de Literatura, Julia Santibáñez quién lanzó las preguntas “¿Por qué muerto mejor que desaparecido? ¿Qué provoca un cuerpo desaparecido?”.

Foto: Dayana R. Sedano
“Creo que provoca la necesidad de existencia”, respondió Navarro. Y justamente ese fue el lema de la fiesta este año: “Nombrar para existir”. Retomando Casas vacías, la autora aclaró que nunca lo pensó como un libro sobre maternidad sino sobre las violencias generalizadas hacia las mujeres.
En este sentido, explicó que para ella el libro trata de cómo una mujer nace, tiene un nombre y a partir de que se vuelve adulta, deja de tener una existencia como tal. “Cómo un ser humano va desapareciendo porque las propias dolencias le están exigiendo desaparecer”, dijo.
Para Navarro, las desapariciones son algo que sigue doliendo en México y que, desafortunadamente, han dolido desde hace mucho tiempo. Señala que los Estados-Nación construidos en el siglo XX están cimentados sobre “la ausencia de los cuerpos desaparecidos, de las ideas de la disidencia, de las personas que estaban tratando de mostrar otro tipo de verdad”. Verdades sepultadas y forzadas al olvido porque incomodaban a la narrativa oficial.

Foto: Dayana R. Sedano
Nombrar es una forma de resistirse al olvido, pero la autora de Ceniza en la boca también pone énfasis en el silencio. Para ella, en ocasiones “nombrar puede ser contraproducente”. La dicotomía entre espacio público y privado pone en dilema qué tan conveniente resulta nombrar a las cosas.
“Sí creo que hay veces que el silencio permite que las cosas existan. Hay veces que no nombrarlas permite que se sigan pensando fuera del espacio público y eso hace que persistan”, apuntó.
Sus novelas, aunque son ficción, tienen tanto de realidad que se sienten justamente así: reales. La construcción de una novela tiene que preocuparse por la forma en que se piensa al personaje. Navarro explica que un personaje ficticio tiene que percibirse y sentirse humano, tiene que caerte bien, caerte mal, ser contradictorio, ser torpe, ser desesperante, porque así son las personas, con más imperfecciones de las que nos gusta reconocer.
“Siempre estoy pensando en cómo construir una ficción de un modelo de humanidad que me haga sentir que no estoy tan sola”, añadió.

Para Navarro, escribir sobre desapariciones desde la ficción puede generar otro tipo de conversación, pues permite una confrontación con las palabras, el lenguaje y los significados, sin limitarse sólo a la narrativa o las cifras oficiales como en el caso del periodismo.
Hacia el final del conversatorio se cuestionó a ambas escritoras sobre sus referentes al escribir. Navarro dijo “Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”, frase que es parte de la canción Los dinosaurios del cantautor Charly García, un himno a la resistencia y la memoria. Este verso puede ser confuso para quienes no conocen el contexto detrás de la canción, pero Navarro –quien encuentra en el rockero argentino una gran inspiración al escribir– traduce la frase de una forma sencilla: “Nos están desapareciendo, pero quienes nos desaparecen también van a desaparecer”.


