Elma Correa y Julieta Venegas: “La amistad nos va a salvar”
Elma Correa y Julieta Venegas en la presentación del libro “Donde termina el verano”, en la Octava Edición de la FILUNI. (Foto: Alessandra Conrado).

La novela Donde termina el Verano cuya trama está atravesada por la violencia que existe en la frontera del país, no busca mitigar esa realidad, sino acompañarla de otros aspectos de la vida como los vínculos humanos, reflexionó Julieta Venegas sobre el libro de Elma Correa. 

En el marco de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI), realizada a fines de agosto, ambas autoras dialogaron sobre la violencia que se vive en el norte del país y sobre la manera en que la literatura puede explorarla sin reducir la historia a ella. “Hay violencia […] el mundo es así por desgracia. Entonces no lo retratas y te quedas ahí, sino que es un elemento como lo son otros elementos de allá”, dijo la cantautora.

El libro de Correa sigue la historia de Elisa y Aimé, dos mejores amigas que son separadas el verano en que terminan sexto grado de primaria después de un episodio marcado por la violencia brutal de las desapariciones. Perseguidas por la memoria y la culpa, se reencuentran veinte años después con la certeza de que la vida no suele ser tan amable como suponemos.

Durante la presentación, realizada el pasado 27 de agosto en la sala Clementina Díaz de Ovando, la conversación no solo se centró en reseñar la novela ganadora del Premio Biblioteca Breve 2026. Correa y Venegas, ambas originarias del norte, también hablaron sobre los lazos sociales y la necesidad de hermandad entre mujeres, la experiencia femenina en la literatura y por supuesto, la vida fronteriza.

Julieta Venegas participó en la presentación del libro de Elma Correa (Foto: Alessandra Conrado).
Julieta Venegas participó en la presentación del libro de Elma Correa (Foto: Alessandra Conrado).

Tierra de cachanillas

“Hay prejuicios hacia la diferencia”, comentó Correa cuando Julieta dio pie a un aspecto importante de la novela: hablar sobre multiculturalidad e identidad. Abordaron el tema a partir de particularidades de la frontera y las diversidades que la recorren.

Un detalle que fue visible tanto en la obra como en la presentación editorial, fueron las descripciones sobre el clima y ambiente que existe en Mexicali; desde el extremo calor hasta desierto polvoso y seco. Algo que Venegas apreció y halagó: “Yo he leído pocas novelas en las que me hablen de este paisaje, de este clima, de todos estos […] personajes y esta diversidad”.

En la novela confluyen gitanos, americanos, haitianos, y personas de distintos estados de la república. Más que funcionar como un simple retrato de la diversidad cultural del norte, estos personajes permiten explorar las dificultades que implica el desarrollarse en una sociedad clasista, racista y adultocentrista, explicó Correa durante la conferencia.

Donde termina el verano no va de personajes comunes, por el contrario, explora a quienes históricamente han sido subordinados y que habitan en territorio fronterizo. En ese contexto, se busca narrar cómo generar comunidad es una forma de resistencia.

Aunque la historia está marcada por una fuerte presencia femenina, Elma aclaró que su novela busca abarcar a un grupo más amplio: “No solamente se trata de las morras, sino de todo aquel que no es un hombre blanco heterosexual”.

La autora explicó que escribir sobre estos personajes responde a la necesidad de contar las historias de “los que hemos sido siempre ciudadanos de segunda clase”. 

Durante el evento, Julieta Venegas leyó un pequeño fragmento del libro que dio profundidad a la conversación y ayudó a contextualizar la obra. El pasaje aborda la ilusión que varias generaciones tienen respecto a la frontera y el llamado “sueño americano”:  “Ella y los otros niños, nacidos o criados en ese barrio, eran hijos del sueño americano, en la fantasía de una vida mejor al otro lado de la frontera que habían llevado sus padres y abuelos hasta ahí”. 

Elma y Julieta conversan sobre su propia comunidad y amistad (Foto: Alessandra Conrado).
Elma y Julieta conversan sobre su propia comunidad y amistad (Foto: Alessandra Conrado).

O mujer, o escritora o norteña

La escritora recordó que, durante su juventud, le resultaba difícil aceptar su identidad como norteña. Cuando quiso comenzar a escribir, no lograba encontrar mujeres jóvenes en Mexicali que, como ella, quisieran dedicarse a la narrativa: “No había con quién hacer comunidad”. 

En un entorno mayormente masculino, tampoco encontraba en las historias existentes una representación con la que pudiera identificarse: nadie hablaba de la experiencia de ser mujer en el norte de México.  Contó que para ella fue difícil construir y habitar su propia región. Una de las formas en que intentó ocultar esa situación fue contar historias que sucedían en lugares que no se nombraban o no existían: “Escribí unas cosas en las que yo me obligaba a no ser norteña [… ] negaba el escenario”. 

Para romper con el anonimato de las mujeres que escriben en las regiones del norte,  Elma se hizo un cuestionamiento importante:  “¿Qué hacía falta? Mi propia voz, que yo contara esas historias del norte desde un lugar que era el de ser una morra”.  Todos estos factores se cruzaron en el proceso de escritura de Correa.

Para Correa, hablar de geografía también implica hablar de identidad, aceptación y deconstrucción. En un país donde gran parte de la producción del conocimiento está focalizado en la capital, reconocerse como mujer originaria del norte fue también lo que la alentó a desarrollar una novela situada en su natal Mexicali. 

Al contar historias desde un territorio y una experiencia que le son propios, Elma Correa logra mostrar una perspectiva honesta sobre la experiencia de ser mujer y sobre cómo “los afectos nos salvan en las relaciones humanas”.

Elma Correa firma un libro al terminar la presentación. (Foto: Alessandra Conrado).
Elma Correa firma un libro al terminar la presentación. (Foto: Alessandra Conrado).

Morras que se apoyan

“Me interesaba hablar acerca de cómo las morras nos sostenemos entre nosotras en un mundo que nos es tan hostil, en un mundo que parece que no nos quiere, en un mundo que todos los días está tratando de deshacerse de nosotras”,  respondió Elma cuando el equipo de Corriente Alterna le preguntó cuáles eran sus intereses al momento de retratar los matices de las relaciones femeninas. 

La escritora también analizó las complejidades que atraviesan estos vínculos. Cuestionó la idea de la sororidad y planteó que desear vínculos construidos desde la solidaridad  no significa necesariamente que éstos vayan a suceder. 

La autora, recientemente reconocida por la editorial Seix Barral, invitó a fortalecer los lazos entre mujeres y a dejar de colocar a los hombres en el centro de las relaciones de modo que no sean el único vínculo del que dependa su sostén emocional. Julieta Venegas coincidió en que necesitamos de esa solidaridad colectiva ya que nadie puede estar sola. 

La vida, comentaron, no está hecha sólo de situaciones terribles: “Si fuese solo eso nadie la soportaría” señaló Venegas. De ahí nace la importancia de preservar las relaciones, los afectos y la amistad, incluso en personas que sin ser amigas se tienden la mano. 

Al hablar de las protagonistas, la conversación también llevó a la complejidad de las personas. Correa, lejos de buscar personajes femeninos que fueran perfectos e idealizados, construyó voces centrales que se sintieran cercanas a la realidad de una niña o de una mujer adulta.

En la ronda de preguntas, Elma cerró con una reflexión que calificó de cursi pero también de verdadera: “La amistad nos va a salvar […] en todos los sentidos […] a las morras y a los manes y a cualquier persona, a todos”. Añadió que esta era una de las ideas centrales al escribir la novela: preguntarse qué pasa cuando la amistad es lo único que nos mantiene de pie. 

Julieta Venegas mencionó que hay una tendencia a darle un gran valor al amor romántico, esto por los mandatos culturales con los que crecen, especialmente, las niñas. Para la cantante la novela muestra que las redes de cuidado y los lazos genuinos son refugios frente a un entorno hostil. 

La reflexión retomó uno de los ejes de Donde termina el verano, una historia donde, al igual que Elma Correa y Julieta Venegas en la sala Clementina Díaz de Ovando, hay dos mujeres que se acompañan en un mundo adverso. 

“La amistad nos va a salvar” dice Elma Correa a los asistentes. (Foto: Alessandra Conrado).
“La amistad nos va a salvar” dice Elma Correa a los asistentes. (Foto: Alessandra Conrado).