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El día que amaneció dos veces
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Personal de salud del Hospital Infantil de México se manifestó el 3 de marzo para exigir vacunas contra el coronavirus. Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.

Se juegan la vida sin vacuna

Los otros profesionales de la salud, quienes trabajan en el sector privado o en áreas no COVID, se juegan la vida sin vacuna.

Dulce Soto, reportera / Corriente Alterna el 7 de marzo, 2021

Otros profesionales de la salud, quienes trabajan en el sector privado o en áreas no COVID, no han sido inmunizados a pesar del riesgo que enfrentan cotidianamente. No es muy diferente en el sector público, donde el plan de vacunación no ha concluido. 

Hace un año que Cinthia Bustamante ve a su madre, de 63 años, y a su padre, de 65, “solo de lejitos”. Es médica cirujana en un consultorio de farmacia en Puerto Vallarta, Jalisco, y desde que arrancó la pandemia atiende a personas con COVID-19. Por la necesidad de estar al tanto de ellos, los visita una vez al mes, aunque los mira sólo a través de una ventana de la cocina que da al patio.

“Me quedo en esa zona que está bien ventilada y mi mamá se pasa a la cocina, me hace de comer guisados para que me lleve. Así la veo”, cuenta la doctora de 31 años.

La última vez que los abrazó fue el día de su cumpleaños, en enero del año pasado.

Cinthia atiende un promedio de 15 pacientes al día, varios con síntomas de coronavirus. Pese a ello, no ha sido inmunizada. Si espera la dosis por rango de edad, la recibiría entre junio de este año y marzo de 2022, como estima el Plan Nacional de Vacunación para la población joven. “Es frustrante. No me preocupa tanto por mí sino por las personas que me rodean”, agrega.

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Profesionales de la salud se manifestaron el 20 de febrero en Monterrey, Nuevo León, para exigir vacunas anticovid. Foto: Gabriela Pérez Montiel / Cuartoscuro.

Desesperados, cientos de profesionales de la salud de diversas áreas y estados del país comienzan a organizarse. Mediante un grupo de Facebook han empezado a censarse para exigir biológicos. Cinthia señala que, tan solo del domingo al miércoles, 800 trabajadores sanitarios se han unido al grupo y alistan una carta que entregarán a las autoridades federales.

“El personal de atención a la salud que labora en el ámbito privado se encuentra igual de expuesto que aquellos que trabajan en el sector público, que tampoco ha sido cubierto por completo, por lo cual debe ser igualmente apremiante incluir a dicho sector en el plan de vacunación nacional y no ignorarlo como hasta el momento se ha hecho”, exponen en la misiva.

Cinthia explica que una estrategia de vacunación será exitosa en términos epidemiológicos si incluye a todos los trabajadores de la salud. Al 21 de febrero, 221 mil 581 se habían contagiado y 3 mil 371 fallecieron, de acuerdo con la Secretaría de Salud. “No puedes vencer este bicho sin  proteger al sector salud. Es como si dejaras hoyos en una tubería”.

La inmunización contra el SARS-CoV-2 inició el 24 de diciembre del año pasado para el personal de salud; dos meses después, un millón 500 mil trabajadores no han recibido ni la primera dosis de la vacuna; 300 mil de ellos, en la primera línea de atención a la pandemia.

Aunque el plan era vacunar entre diciembre y enero a 1.1 millones de profesionales de salud que atienden directamente la emergencia,  sólo se han vacunado 771 mil 749; y, de estos, apenas 75% con las dos dosis. Y esto, sin contar que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registra 2 millones 273 mil personas ocupadas en diversas áreas del sector salud mexicano, tanto público como privado.

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Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.

No paran las protestas médicas

Sin una protección adicional a los cubrebocas y overoles, muchos trabajadores sanitarios enfrentaron el mes de enero, en el que más contagios y decesos se han registrado desde que inició la pandemia.

El año pasado protestaron en diversas ocasiones para exigir equipos de protección personal. Ahora vuelven a salir a las calles para exigir vacunas.  Entre enero y febrero, trabajadores de la salud han alzado la voz  en hospitales como el Rubén Leñero, el Materno Pediátrico de Xochimilco y la Clínica 55 del IMSS, en Culiacán, Sinaloa.

Apenas el pasado 22 de febrero un grupo de médicos de Monterrey, Nuevo León, protestó frente al Palacio de Gobierno. Dos días después, médicos residentes se manifestaron en el Hospital General Dr. Nicolás San Juan, en Toluca, Estado de México. El 23 de febrero, empleados del Instituto Nacional de Neurología bloquearon la Avenida Insurgentes Sur, en la Ciudad de México. En la misma semana, la avenida volvió a ser bloqueada por trabajadores del Instituto Nacional de Pediatría. Por esos mismos días, trabajadores del Instituto Nacional de Cardiología protestaron  al interior del hospital. 

El  2 de marzo, profesionales de la salud del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) bloquearon Periférico y la Calzada México-Xochimilco. Al día siguiente,  personal del Hospital Infantil de México cerró ambos sentidos del Viaducto Miguel Alemán. Los manifestantes aseguraron que 72% de los trabajadores de este hospital no ha recibido la vacuna. 

Aunque ninguno de estos hospitales recibe “pacientes COVID”, sí atienden enfermos que llegan por otros padecimientos, pero están infectados. Es el caso de una trabajadora social del INR. Dedicada a evaluar el nivel socioeconómico de pacientes y familiares, convive todos los días con el riesgo.

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Personal de salud del Instituto Nacional de Rehabilitación que no ha sido vacunado contra el coronavirus trabaja bajo protesta. Foto: Cortesía.

Además, afirma, el número de consultas por traumatismos aumentó debido a que los accidentes de tránsito crecieron con la disminución de la circulación de los automóviles por el confinamiento. Muchos de estos pacientes resultan positivos cuando los están atendiendo. Cuenta que 16 trabajadores del hospital fallecieron después de contagiarse. Ella misma contrajo COVID-19 en junio de 2020. Teme infectarse de nuevo y desarrollar una enfermedad grave.

El plan de inmunización contemplaba vacunar, además de a médicos y enfermeras, a trabajadores de inhaloterapia, laboratorio y química; radiología, camillería, limpieza e higiene; así como a operadores de ambulancias, a quienes manejan los alimentos en los hospitales, a los asistentes médicos y trabajadores sociales. Pese a ello, esta empleada del INR, quien pide omitir su nombre, no ha recibido ninguna dosis.

“Ninguna compañera de Trabajo Social ha recibido vacunación. Me siento como trabajadora de salud de segunda. Me siento despreciada y desvalorada”, dice en entrevista.

Los profesionales de la salud cumplen ya un año de temor y agotamiento. Sin una vacuna, lejos de sus familiares o viéndoles solo a través de una ventana, trabajar en un hospital es como jugar a la ruleta rusa.

Reservan información sobre “influyentismo”

Desde diciembre, cuando arrancó la campaña de vacunación, en México se ha denunciado que directivos de hospitales y sus familias, miembros de sindicatos y de partidos políticos, aprovecharon sus posiciones de poder y cargos para “saltarse la fila” y vacunarse primero.

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Personal sanitario del IMSS ha trabajado bajo protesta por no ser vacunado todavía. Foto: Cortesía.

El presidente López Obrador y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunciaron que estos actos se investigarían, pero las instituciones encargadas de hacerlo no cuentan con información al respecto o la reservaron. 

En respuesta a diversas solicitudes de información realizadas por Corriente Alterna, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) arguyó que se trataba de un “asunto estratégico de seguridad nacional” y la reservó por cuatro años. Asimismo, las secretarías de la Función Pública (SFP) y de Salud federal afirmaron no contar con quejas o investigaciones por esos hechos.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fue la única institución que proporcionó parte de la información requerida. Reportó que, del 5 de enero al 23 de febrero de 2021, recibió 930 quejas de trabajadores que refirieron atender a pacientes con COVID-19 y no estar programados para vacunación; 282 denuncias de que primero se vacunó a personal que no está en primera línea, y 38 quejas de empleados que señalaron que su unidad médica no había sido programada para vacunación. 

El IMSS detalló que 145 de esas quejas se derivaron a su Comité de Ética y continúan en proceso de atención. Sin embargo, reservó por cinco años el cargo de las personas que se “saltaron la fila”.