Vigilia por los desaparecidos: “Les buscamos porque les amamos”
Estudiantes dejan veladoras, zapatos y carteles frente a la Torre de Rectoría en apoyo a las madres y padres buscadores (fotografía: Maritza I. Hernández).

La voz de la señora Claudia San Román Aguilar irrumpe ante un grupo de estudiantes que la rodea en forma de media luna. Las personas presentes bajan la voz para escucharla. Frente al micrófono, expresa: “No tenemos miedo. En lo personal, el miedo que tengo es morirme sin saber en dónde está mi hija”.

La señora está acompañada de su esposo, Jesús García. Ambos visten una playera blanca con el rostro de Reyna Karina San Román Aguilar, su hija, quien desapareció a la edad de 25 años en Tlalnepantla, Estado de México. 

“Es muy doloroso estar buscando a mi hija y a los demás en los basureros. Es muy triste”.

Claudia San Román Aguilar.

“Es muy doloroso estar buscando a mi hija y a los demás en los basureros. Es muy triste”, asegura Claudia con la voz entrecortada. Sus manos tiemblan mientras sostiene una lona con el rostro de Kari, como la llama de cariño. Después de 12 años Claudia y Jesús siguen buscando a su hija. 

Ambos padres han recorrido distintos estados del país, entre ellos Jalisco, Michoacán, Guerrero, Puebla y Morelos en busca, no solo de su hija, sino de cada persona desaparecida. En esta travesía han enfrentado una serie de problemas, asegura Jesús, como extorsiones por parte de las autoridades.

Los padres de Reyna están presentes la mañana del 20 de marzo en la UNAM para participar en una vigilia convocada por los estudiantes de la Facultad de Química con el objetivo de brindar solidaridad y apoyo a colectivos de búsqueda. 

El punto de encuentro es la Facultad de Economía, hasta donde han llegado estudiantes, colectivos y personas interesadas en mostrar su apoyo a esta causa. Las madres y padres buscadores toman el micrófono para contar la historia de lucha que viven al buscar a sus hijas. 

La pregunta que más resuena es: “¿Dónde están?, ¿nuestros hijos dónde están?”, la misma que se hacen las madres y padres que llevan años buscando a sus hijos e hijas, entre la basura, aguas negras, canales, terrenos baldíos, fosas clandestinas, sin obtener respuesta de su paradero. 

La comunidad estudiantil es la primera en tomar el micrófono. Una alumna, que no quiso decir su nombre por seguridad, expresa de espaldas a la Biblioteca Central y la Torre de Rectoría los motivos de su presencia ese día: “Alzamos la voz y nos pronunciamos en contra de la violencia desatada por el crimen organizado y la impunidad del gobierno”. 

Otro estudiante menciona que: “incluso aquí en Ciudad Universitaria también ha habido desapariciones, hay que tenerlo claro. No son casos aislados”.

“¡¿Por qué les buscamos?! ¡Porque les amamos!”

La madre de Mariela Vanessa Diaz Valverde, estudiante de la UNAM que lleva ya ocho años desaparecida, falleció sin encontrarla, acusa otra alumna que tomó el micrófono. 

Desde la Facultad de Economía una decena de estudiantes acompañados de Claudia San Román Aguilar, su esposo Jesús García y la señora Rocío Méndez Chávez, que forman parte del Colectivo Uniendo Esperanzas Estado de México, caminan en un mismo grupo con dirección a la Torre de Rectoría.

Una vez que llegan ahí, frente al edificio de 59 metros de altura, el sonido de las voces incrementa, se hace una sola: “¡¿Por qué les buscamos?! ¡Porque les amamos!”. En uno de los carteles que lleva la comunidad estudiantil participante se lee: “México es una fosa”.

Veladoras, zapatos y algunas prendas de ropa, son colocadas en fila por un grupo de estudiantes enfrente de la Torre como una forma de recordar a las personas que siguen sin ser encontradas.  

En un momento de la vigilia, organizadores invitan a la gente a dejar la huella de su mano sobre la pared de color negro, ubicada a la izquierda de la Torre de Rectoría. Con un bote pequeño de pintura roja, cada estudiante se mancha ambas manos y, con la pintura aún fresca, las coloca sobre la pared o el piso. 

Una estudiante de la Facultad de Quimica, que sostiene una lata de aerosol de color rojo brillante, se agacha y presiona la tapa del envase para escribir en el piso la palabra “justicia”. “Siento mucha impotencia, y siento que tienes que tener conciencia social sobre lo que está pasando, porque hay muchas personas que se están englobando en su privilegio de que a ellos no les va a pasar nada. Yo quiero ver más allá”, expresa la joven de 20 años.

Cuando el miedo se vuelve coraje

Esta vigilia ha sido convocada después de que el grupo Guerreros Buscadores de Jalisco encontró zapatos, mochilas, ropa y restos óseos dentro del rancho Izaguirre en el municipio de Teuchitlán, en Jalisco, un sitio donde el crimen organizado entrenaba y mataba a jóvenes, según han dicho las autoridades federales. 

“Yo veo aquí una esperanza con todos ustedes porque son gente que se está preparando y con ustedes vamos a tener también parte de esa justicia y de esa verdad porque son gente con el estudio que nosotros quisiéramos”, manifiesta la señora Claudia.

Rocío Méndez Chávez porta una playera blanca con la imagen de su hija Sofía Lorena Meneses Méndez, quien desapareció el 28 de junio del 2018 en la alcaldía Iztapalapa. 

Sostiene entre sus manos una lona con la fotografía de Sofía acompañada de un mensaje en letras mayúsculas y de color rojo: “Vives en mi corazón, sin importar la distancia y el tiempo te seguiré buscando”. Hasta el día de hoy, después de seis años y ocho meses, Rocío no sabe dónde está su hija. 

Sofía desapareció en 2018, la última persona que la vio fue su pareja y otra persona. Ambos fueron detenidos, sin embargo, tiempo después, él se suicidó dentro del penal en dónde se encontraba, mientras que la otra acusada obtuvo solo diez años de condena. Nunca dijeron dónde está Sofía. 

Pese a que las autoridades detuvieron al victimario, explica la madre de la joven, no buscaron a Sofía porque “para los jueces esto no es relevante, no es importante. Juzgan a los desaparecidos, se fue con el novio o que estaba de vacaciones, me decían que no me preocupara”, asegura. La justicia que busca Rocío es encontrar a su hija como se la llevaron, viva. 

La vigilia llegó a su fin, pero frente a la Torre de Rectoría quedaron los zapatos, las prendas de ropa y las veladoras, como un recordatorio de aquellas personas que aún no han sido encontradas. La pregunta: “¿dónde están?” sigue sin respuesta, pero los colectivos de búsqueda continúan gritando sus nombres y mostrando sus rostros para ir en contra del olvido y seguir luchando por justicia.